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Los héroes desconocidos


Por Agustina Tanoira.


Los héroes desconocidos
Al historiador Pablo Camogli le gusta rescatar el rol de los sectores populares. ¿El objetivo? Descubrir “qué rol habría cumplido un ciudadano como cualquiera de nosotros en el pasado”. En su último libro habla de los personajes desconocidos de la historia.

La relación de Pablo Camogli con la historia data de hace muchos años. De cuando era chico y vivía en un entorno de bibliotecas e intelectuales. Con padres y abuelos periodistas y escritores, los libros siempre fueron esenciales en su mundo. “En el living de mi casa la pared principal estaba cubierta por una biblioteca que iba del piso al techo”, recuerda. “Allí comenzó mi interés por la historia, aunque creo que el principal responsable fue mi padre, que siempre me contaba historias sobre la Independencia, los granaderos y San Martín”. Pero, además, su infancia quedó signada por la guerra de Malvinas. 

“Yo tenía 5 años –cuenta– y ese hecho histórico me impactó muy fuertemente y me generó mucha curiosidad. Las imágenes bélicas y el interés por el conflicto con Gran Bretaña me marcaron mucho y me hicieron dirigir mi atención hacia el pasado”. 
Y hacia el pasado se volvió, pero con una mirada distinta. Con la idea de indagar en la trastienda de la historia, en aquellos hechos, lugares y personajes que reflejan lo que sucedía detrás de los grandes próceres, de los héroes y las batallas.

–¿Cómo creés que debe contarse la historia y por qué?
–No creo que haya una sola forma de contar la historia. Cada historiador tiene su propia receta. Por eso, no creo en la neutralidad u objetividad de los historiadores. El único grado de objetividad que podemos tener es explicitar de entrada el lugar desde el que vamos a investigar y eso no es algo que hagan todos. 

–¿Cuál es tu receta, entonces?
–Prefiero ser explícito y aclarar que lo que me interesa es rescatar el rol de los sectores populares en el pasado. En otras palabras, trato de sentirme reflejado en la historia. Me gusta pensar qué rol habría cumplido un ciudadano como cualquiera de nosotros en el pasado. Si logro generar esa empatía, creo que la misión está cumplida.  Para mí lo importante es entender qué pasó y por qué. Pero referido al rol que desempeñaron los sectores populares y a su capacidad para actuar sobre la realidad. 

Contame una historia

Desde una perspectiva muy humana Camogli se inmiscuye  en un  período de la historia argentina que, aunque ha sido muy investigado, aún no ha agotado toda su riqueza conceptual y narrativa. Por eso, en Contame una historia. Relatos sobre la Revolución y la Independencia (Aguilar), se descubren pequeñas narraciones de hombres y mujeres de esta época , personas comunes –algunos desconocidos, muchos olvidados– que se convirtieron en guerreros, espías y mártires. Entre otras, está la historia de Juan Antonio Álvarez de Arenales o el resucitado de la Florida; la de Juana Moro, una ignota heroína de la Independencia; la de Felipe Pereyra Lucena, el jefe más joven de la artillería argentina, que murió en combate a los 22 años, y la de la primera autoridad designada por las Provincias Unidas en Malvinas, que no fue Luis María Vernet sino un guaraní de las Misiones. 

–¿Este libro surgió a partir de una columna en el programa radial Mate Cocido?
–Sí, fue una experiencia hermosa, que empezó casi como un juego y que se fue transformando en una marca de nuestro programa. Mate Cocido era un típico programa de la mañana, con mucha información, pero que intentaba salir de la vorágine de la inmediatez. Para eso teníamos varias secciones fijas, una de las cuales era “Contame una historia”, en donde yo leía un breve texto sobre algún hecho del pasado, por lo general vinculado a las efemérides. Después comentábamos algo entre los tres integrantes del programa y cerrábamos el espacio con un tema musical.

-¿Qué aprendiste de esa experiencia?
–A mí personalmente me sirvió mucho. Con ese trabajo percibí que hay otras formas de contar la historia y que también son válidas. Que no solo con un trabajo académico se puede contar algo del pasado y que, en última instancia, lo interesante de la historia es la historia misma. 

–¿Por qué creés que existen tantos mitos y leyendas, que como tales carecen de un sustento historiográfico pero aun así están aceptados como si se tratara de hechos reales?
–Porque la historiografía que creó y difundió esos mitos estaba gestando la Nación argentina y requería para ello de mitos fundacionales que sustentaran el proceso que ellos mismos estaban conduciendo. El pasado mitológico servía para cohesionar y homogeneizar un discurso sobre la nación en ciernes que, incluso, era cuestionado por muchos actores sociales de la época. Ese relato mitológico se alimentó de una serie de mitos más pequeños que hicieron creíble toda una visión del pasado nacional. 

–Con relación a la declaración de la Independencia, ¿qué es lo más importante que habría que recordar del 9 de julio de 1816?
–Que la declaración de la Independencia no fue de la Argentina, sino de las Provincias Unidas de Sud América, una visión americanista que siempre suele ser obviada a la hora de recordar el congreso de Tucumán. Esta declaración evidencia las tensiones políticas internas de la revolución y es la muestra de la primacía política que, aquel 9 de julio de 1816, tenía el grupo liderado por San Martín, cuya visión americanista fue muy marcada. Otra cuestión importante es entender que en Tucumán no estuvo representada la Argentina, sino un grupo de provincias que poco tienen que ver con las actuales. Estuvieron presentes provincias del Alto Perú (lo que hoy es Bolivia) y no estuvieron las provincias del litoral, que habían declarado su independencia un año antes bajo el liderazgo de José Artigas.

–¿Cómo era el clima que se vivía en esa época?
–Complejo. De efervescencia lógica por la declaración de la Independencia, pero también de fuerte tensión debido a las dificultades militares que tenía la revolución y al creciente conflicto con las provincias del litoral. En aquellos meses de 1816, en los cuales el partido sanmartiniano tuvo la preeminencia política, las cosas parecieron encauzarse hacia la resolución definitiva del proceso revolucionario. El cruce de los Andes y la recuperación de Chile marcó el quiebre definitivo en el desarrollo de la guerra de la Independencia. A partir de allí los realistas solo podrían retroceder y los patriotas avanzar. El problema fue que al irse del país, San Martín perdió el control sobre la logia y sobre la realidad política, y aquella esperanza de organización y resolución de los conflictos se esfumó rápidamente. 

–En una entrevista afirmaste que la historia se escribe desde el presente. ¿En qué sentido creés esto?
–No hablo de categorías analíticas sino del contexto que determina al historiador a acercarse al pasado con cierto tipo de inquietudes. En la actualidad vivimos cierto auge de los sectores populares, no solo en la Argentina sino en buena parte de América. Es ese presente, en consecuencia, el que me invita a mí a preguntarme por el rol de esos sectores en el pasado. Y no es una preocupación exclusiva mía; incluso investigadores que vienen de una historia más tradicional, como el Instituto Ravignani, están en la misma búsqueda. Me parece que es todo un síntoma de época, una época en donde queremos ser protagonistas del presente y en donde también nos queremos ver reflejados en la historia.

Su método 

Leer, leer, y si nos queda un poco de tiempo libre, leer. Ese es el gran secreto de Pablo Camogli para describir su trabajo de investigador. “La historia se sustenta en documentos escritos, no solo de época; también en los estudios realizados por otros historiadores u otras disciplinas, como la antropología, la arqueología, la sociología, la geografía, etcétera”, cuenta. Por eso, para preparar su libros suele tomarse entre cinco y seis meses para la lectura, tanto general como específica, y otros seis a ocho meses para la escritura. “Mientras escribo, además, trato de chequear datos o buscar algunas cosas más puntuales –revela–. Pero durante todo el proceso estoy buscando nuevas fuentes y ampliando la bibliografía. Después, con el paso del tiempo y la acumulación de trabajo, uno va formando una base de contenidos y una teoría general del pasado que te sirve para cada nueva investigación”.

¿Quién es Pablo Camogli?

Pablo Camogli tiene 38 años y es oriundo de Oberá, Misiones. Es licenciado y profesor de Historia por la Universidad Nacional de Cuyo, y Técnico Superior en Periodismo. Trabajó en varios medios gráficos y digitales de Misiones, Córdoba, Buenos Aires y Mendoza. Recibió el tercer premio en el Concurso Cátedra Sanmartiniano (2007), y una mención en el Concurso de Historia Nacional organizado por el gobierno de la provincia de San Luis. Contame una historia. Relatos sobre la Revolución y la Independencia es su sexto libro.

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