INVESTIGACIÓN


Miedo, un mal de esta era


Por Cristina Noble.


Miedo, un mal de esta era
Vivimos en una época de sobreexigencia, queremos controlar todas nuestras acciones y sentimos la presión de tener que ser muy productivos. El miedo aparece en cada una de nuestras acciones y en la inseguridad de la vida. ¿Por qué tenemos cada vez más miedo? Una manera de combatirlo es a través del Mindfulness.

Tenemos miedo de salir a la calle, de perder el trabajo, de no aprobar un examen, de que le pase algo a nuestra familia, de no conseguir una pareja, de perder lo que tenemos, de que nos suceda “algo”. Miedo las 24 horas. Permanente y por todo. Estamos cargados de sobreexigencias y queremos controlarlo todo. Dicen que es el mal del siglo, que ataca a todos sin distinción de sexo ni edad. ¿Porque sucede? ¿Cuáles son las causas? ¿Hay diferentes miedos? ¿Miedo y ansiedad, una pareja temible?

Clara Badino, directora de Visión Clara, Mindfulness Argentina, pionera en la difusión de esta práctica en nuestro país, y a cargo de los talleres “Mindfulness y el miedo”, dice: “Hoy en día el miedo es un sentimiento que tiñe cada uno de nuestros actos”. Pero hay diferencias, en grados y en tipos de miedo: no es lo mismo sentir miedo cuando uno atraviesa una calle tenebrosa a la una de la mañana que el miedo a la oscuridad, o a subirse a un colectivo, por poner algunos ejemplos.

“El miedo actual tiene mucho que ver con la ansiedad. En parte se lo debemos a la tecnología, algo maravilloso pero que nos está metiendo en un ritmo que no gobernamos y nos desajusta”. Clara Badino

Está ese miedo que se siente en el cuerpo como un relámpago, el que aparece ante una amenaza evidente; entonces, el corazón se sobresalta, la respiración se acelera, todo nos prepara para huir o dar batalla. En ese caso, es la memoria de la especie, el miedo atávico que viaja por el tiempo a través de nuestros genes y nos indica qué actitud asumir ante un riesgo palpable: ya sea una serpiente en el bosque amazónico, o un delincuente con un cuchillo en la selva de cemento. Es el miedo real.

“Pero existe otro –explica Clara Badino–, que es el producto de nuestras elucubraciones; ese es capaz de provocar un sufrimiento que nos complica la existencia todos los días, no bien abrimos los ojos, o aun en sueños. Hay que diferenciar el temor como instinto primario que está al servicio de la supervivencia y nos avisa ante un peligro inmediato, del temor sostenido que pasa a generar conductas de miedo. Las diferencias son sutiles; es como la diferencia entre el anhelo primario, que es fuente de desarrollo personal –uno tiene ansias de tener una pareja, una profesión, una casa, una familia, viajar–, y la ansiedad en que ese anhelo se puede transformar.
 
–¿Clara, el miedo está detrás de la ansiedad?
–Miedo y ansiedad van de la mano, es imposible que exista uno sin el otro. Las conductas de miedo están ligadas a la ansiedad que genera la posibilidad de que algo ocurrido en el pasado se repita.  La mente se va para atrás y dice: “Uy, aquello que sucedió aquella vez me dio miedo, y ahora  lo que puede sucederme me aterra”. Esa memoria vieja condiciona la experiencia nueva. La memoria a secas me sirve para saber que esto es un vaso; en cambio, la memoria vieja me va a traer información que no me permite vivir la actual experiencia como propia, particular. En los encuentros la gente suele decir: “Tengo miedo de esto porque una vez me pasó tal cosa”; es todo un trabajo darse cuenta de que ahora, en el presente, no pasa nada, ni hay indicios de que vuelva a pasar.   

–El miedo a ser asaltado, aunque uno directamente no lo haya sufrido, se basa en hechos reales, en indicios claros de que nos puede pasar en cualquier momento…
–Eso es miedo real. Están sucediendo hechos violentos en el mundo entero, muchos generados por la droga, y negarlos sería no querer ver. Pero si tenemos la capacidad de estar presentes, con una calidad de atención elevada en el aquí y ahora, seguramente vamos a estar menos expuestos… Si uno va por la calle metido en sus cosas, en sus pensamientos, ausente de lo que pasa alrededor, con auriculares, conectado al celular, o a otras instancias que se desvinculan de ese momento en que camino por la calle, es casi seguro que va a ser objeto de algún arrebato o robo. Aquellos que  asaltan están plenamente en el aquí y ahora, tratando de aprovecharse de  los que van como zombis. El ladrón usa una calidad de atención que le permite actuar de una manera sigilosa y rápida, pero cuenta con la desatención de la gente, y una vieja técnica: lleva el foco de la atención al movimiento, como hacen los magos.
 
–¿Hay más miedo ahora que hace algunos años?
–Mucho más. El miedo actual tiene mucho que ver con la ansiedad. En parte se lo debemos a la tecnología, algo maravilloso pero que nos está metiendo en un ritmo que no gobernamos para nada y nos desajusta. Los trastornos de ansiedad crónica, las enfermedades autoinmunes, los ataques de pánico están asociados a un estilo de vida de vértigo que antes no existía, y que forma parte de nuestra mente. De chica, no estaba metida en la locura de la velocidad, no tengo registro de alguna escena con mi madre apurándome para terminar los deberes, por ejemplo, o corriendo de la clase de Inglés a la de Computación. 

No había  miedo a que los hijos no triunfaran. Hoy veo a mis nietos metidos en una actividad después de otra. El otro día hablaba con Felicitas, mi nieta de 9 años, y ella me decía que la ponía muy nerviosa levantarse y tener que vestirse rápido. Ese acelere que está instalado desde que nacen, desde que los chicos van al Jardín, lleva a la ansiedad y al miedo. Miedo a no poder cumplir con las expectativas de los demás y luego con las propias. Vivimos en la era de la sobreexigencia, la sobreestimulación y la sobreadaptación Todo es sobre. 
Por esa razón hay tanto miedo y ansiedad. Hace unos días un chico joven me decía: “A mí lo que me da mucho miedo es no llegar a ser nada… Me da miedo estar perdiendo el tiempo”. Le dije: “¿Cómo nada? ¡Si ya sos! Sos una persona íntegra, con tus propios pensamientos y emociones… Mirate bien”.  El vértigo y la necesidad de la mente de controlar lo que pasa, de manipular la realidad interna y externa van de la mano. El tema es que no controlamos nada, y eso da una gran inseguridad. Proponerse tener el control de nuestras vidas y todo lo que las rodea es una utopía que nos desregula de distintas maneras, con menor o mayor intensidad.

–Lo que ocurre es que estamos educados para que la vida sea un camino lineal y ascendente. Parecería que para no marginarse hay que andar a mil y ser súper productivo…
–Pero no es así. Ese tema lo trabajamos mucho en las corporaciones; hablamos de la cuestión de una productividad autorregulada. La idea de ser muy productivo asociada a la simultaneidad de tareas, el multitasking –término que viene de la informática y significa ejecutar dos procesos al mismo tiempo–, tiene un costo altísimo. En la actualidad se está viendo que con un mejor estado de presencia –estar aquí y ahora en cada una de las cosas  que hacemos– se llega a una productividad de mayor calidad, no enferma, y queda más tiempo. Cierta vez, una ejecutiva nos decía que gracias a la práctica del Mindfulness le quedaba tiempo para pasear al perro por la mañana. La acción simultánea de distintas tareas lleva a la desregulación y no mejora la calidad de los productos. Pero no cumplir con la expectativa de ser súper productivo a la manera del multitasking da mucho miedo: a no ser entendido, a perder un buen trabajo o posiciones en la empresa.

–¿Y la sola práctica del Mindfulness permite superar ese miedo?
–Más que superar, sería asimilar el miedo. A través de la práctica diaria y constante de esta meditación que lleva a estar presente y atento a lo que nos pasa, y lo que hacemos en el aquí y ahora, es posible que nos relacionemos con el miedo de manera diferente. Se requiere disciplina y convicción: es  una práctica simple pero no fácil, nos permite ver cómo funciona nuestra mente condicionada, cómo nos restringe... A través del Mindfulness podemos llegar a darnos cuenta de cuándo actuamos bajo el efecto del miedo. En lugar de evitarlo, se trata de abrazar ese sentimiento…

–¿Abrazarlo?
–Sí, porque forma parte de lo que somos. En lugar de evitar el miedo y otros sentimientos y emociones que incomodan o producen dolor, se trata de darles un lugar en nosotros mismos, mirarlos con compasión. Vivimos en una cultura que intenta evitar desde el dolor hasta las pequeñas molestias, y eso nos vuelve vulnerables. La mente condicionada como está lo primero que hace ante cualquier inconveniente es rechazarlo y esa reacción  hace que la tensión crezca.

–Somos capaces de herir gravemente por miedo…
–Es que nos enojamos mucho porque creemos que es posible controlar nuestras vidas. La ira tiene miedo, el malhumor tiene miedo, la desesperación tiene miedo, todas las emociones que nos desregulan tienen como cimiento el miedo. Vivimos reaccionando por miedo. En realidad, más que en defensa propia, lo hacemos por el deseo desesperado de controlar lo que nos pasa. Y no controlamos nada… Cuando nos damos cuenta de que solo podemos poner la mano en el timón –metáfora de cuando navegamos– y nada podemos hacer con  los vientos y las mareas pero sí tratar de acomodar el barco a esas variables, entonces, es más posible que nos calmemos. 

–Admitir las limitaciones trae paz, sería la fórmula…
–No hay fórmulas, hay trabajo interno. Cada uno necesita mirarse a sí mismo y ver qué pasa… La experiencia indica que se recupera el tiempo interno y externo.

–¿Qué se puede hacer desde el Mindfulness ante un ataque de pánico?
–Recurrir al cuerpo, una herramienta poderosísima. A través del cuerpo uno puede darse cuenta de que está asustado, porque a veces la mente está tan fuera de sí que ni se da cuenta de que está dominada por el terror. Es a partir del cuerpo que uno puede identificar el miedo que se siente: el cuerpo se paraliza, se tensa. Los primeros límites que violamos son los ritmos corporales. Y a la hora de gobernar el miedo, el cuerpo también es la clave, es lo primero. El miedo que está en la mente tensa el cuerpo, y a través del Mindfulness lo que hacemos es abrirlo: el trabajo corporal, ser conscientes del aire que respiramos, abre el cuerpo y la mente. Ante un ataque de pánico, lo mejor es tomar conciencia de la respiración, pero si la mente está muy loca, puede ser que no alcance. Entonces, lo mejor es buscar un espacio para estirar los hombros, las piernas, sentirte, olerte…  Uno de los síntomas del ataque de pánico es la visión borrosa. Cuando estás desregulado, hace muy bien volver a los sentidos. A partir del cuerpo empezás a parar. Hay momentos en los cuales a la mente no se la detiene así nomás: cuanto más uno la quiere frenar, más va a galopar.

¿Qué es el Mindfulness?

Es una disciplina meditativa creada por Jon Kabat-Zinn, profesor emérito de Medicina. Él la puso en práctica hace treinta años por primera vez, en la Facultad de Medicina de la Universidad de Massachusetts, con enfermos oncológicos, psicológicos y quienes padecían dolor crónico, y hoy se ha convertido en un boom en los centros más importantes de salud de Europa y América del Norte. Su aplicación se extiende a quienes sufren síntomas propios del estrés. El Mindfulness reeduca la mente, el cerebro y el cuerpo si se practica con disciplina y continuidad, revalorizando el tiempo presente como único momento real. La práctica del Mindfulness cultiva la capacidad de observar neutralmente pensamientos, emociones, sentimientos y sensaciones físicas, reconociéndolos como cambiantes. Esto permite ir modificando en forma gradual la manera de percibirlos y manejarlos. La respiración, el cuerpo y el observador neutral  (que somos nosotros mismos) son herramientas poderosas que funcionan como los pilares de esta práctica meditativa.

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