INVESTIGACIÓN


¡Chau bloqueo!


Por Ana Claudia Rodríguez.


¡Chau bloqueo!
En estos tiempos la inventiva es un valor en alza. Pero ¿qué pasa cuando las ideas se traban? Los expertos nos dan las claves para que nuestra inspiración esté a flor de piel.

Cuando Ricardo Cavalli era estudiante, mucho antes de convertirse en el mejor saxofonista de la Argentina, se dio cuenta de que dos cosas iban a hacer palanca en su creatividad: una, los ejercicios concretos con los que podría encontrar su propia voz; y dos, entenderse a sí mismo para, luego, convertirse en un gran músico. Ahora, muchos años después, en la habitación blanca y prolija de un edificio en el barrio de Belgrano, Cavalli vuelve a repetir ambas ideas ante los alumnos del curso “Desbloqueando la energía creativa”, que imparte en tres jornadas. Tiene adelante a siete músicos, de entre 20 y 50 años, que buscan aceitar los canales de su imaginación para que sus instrumentos –una batería, una guitarra, un saxo alto o un piano– suenen mejor. 

Cavalli se presenta sin pretensiones: “Tengo 45 años, empecé a tocar el saxo a los 16 y en 1998 me fui a la Universidad de Berklee, en Boston, Estados Unidos, porque me interesé por la improvisación”. Allí, de la mano de grandes maestros (George Garzone, Joe Maneri, Jerry Bergonzi) y durante tres años, aprendió a ser él mismo cuando sus dedos rozaban el metal del saxofón. Aprendió a espantar el bloqueo mental cuando el resultado esperado, encima del escenario, era solo uno: crear. “Díganme, ustedes, ¿qué buscan en este curso?”, pregunta en el aula Cavalli, como lo viene haciendo desde hace seis años, desde que empezó a enseñar.  

Y entonces Gustavo (un alumno) dice que él quiere vencer los temores (“pensar menos y tocar más”); Daniel va detrás de la fluidez, al igual que Mario y Guille; y las nuevas ideas las pide Tato. En las siguientes dos horas se hablará de la intuición, de la relajación o de la conveniencia de hacer foco, pero antes que nada el profesor tranquilizará: “Mi correo electrónico está abierto para despejar cuantas dudas surjan. Yo los acompaño en este proceso para afilar su creatividad”. 

En la práctica debemos buscar solo el gozo, hacer las paces con nuestras creaciones y, sobre todo, estar en equilibrioRicardo Cavalli

Y es que aunque el mercado esté repleto de fórmulas mágicas que prometen resultados instantáneos, la optimización de la energía creativa es un camino lento y sutil. Existen  muchos métodos y manuales: la demanda está en alza porque quién no ha querido, en pleno siglo XXI, maximizar su inventiva. El auge empezó en 1950 con la publicación de un manifiesto que reivindicaba la importancia de la creatividad. Lo firmaba Joy Guilford, presidente de la Sociedad Americana de Psicología, que calificaba de “escándalo” el poco interés suscitado hasta el momento por la materia. “La reprimenda surgió efecto porque los estudios, a partir de la fecha, se multiplicaron”, dice Carlos Churba, arquitecto y psicólogo, y titular de la cátedra de Creatividad e Innovación en la Universidad de Belgrano. En su caso, él recuerda que fue recién en 1994 cuando apareció el primer máster en la materia en la ciudad española de Santiago de Compostela, donde fue invitado para formar parte del plantel de instructores. El mismo año Churba publicó el libro La creatividad (ya va por la séptima edición) y empezó a dar clases. Su público está formado por jóvenes publicistas, diseñadores o arquitectos; por emprendedores o profesionales que tienen un proyecto por desarrollar y necesitan un empuje, o bien por personas de mediana edad (sobre todo mujeres) que quieren doblegar alguna de sus trabas. Como la señora que –cuenta– hace poco acudió a él porque, en un curso de cerámica, la profesora le rompía las piezas cuando el resultado no era de su gusto. “Lo que hizo ella fue bloquearla”, apunta Churba. 

El profesor lo deja claro desde un primer momento: la creatividad tiene que ver con una actitud abierta. Las defensas, en las antípodas, cierran toda posibilidad de invención. El experto identifica tres tipos de defensas. En primer lugar, las de carácter afectivo: el miedo a cometer faltas, la necesidad de encontrar soluciones rápidamente, una exagerada necesidad de seguridad o una falta de confianza en la propia capacidad creativa. El segundo grupo está formado por ladrillos de tipo cultural: la presión de conformidad, por ejemplo (cuando salta la alarma interna que advierte de los peligros), o la tendencia al éxito, donde una meta muy alta dificulta el proceso porque la exigencia atenaza. Por último, nos separa de la creatividad una muralla de aspectos cognitivos. O, lo que es lo mismo, una hilera de limitaciones vinculadas a cómo miramos la realidad: si nuestro punto de vista es estereotipado, será difícil que nuestras ideas tengan frescura. Resolver los problemas siempre de la misma manera o quedar sujetos a las funciones convencionales opacarán seguramente nuestra fantasía. Allí está el atasco. Y la solución –el desbloqueo– viene en tres pasos. Para Churba, primero, hay que  identificar las defensas; segundo, aceptar que tenemos activas esas defensas, y tercero, aplicar las herramientas para desenredar, para lograr que la energía creativa pueda volver a fluir. 

Guerra y paz 

La indagación para detectar los bloqueos es un proceso tan  personal como profundo. Y Cavalli, en esta primera clase, clava la pala para empezar a remover los cimientos internos de sus siete alumnos. Ellos lo escuchan boquiabiertos (es literal): “¿Qué relación tenemos con nuestro instrumento musical? A lo largo de los años, lo vamos llenando de presiones: debo tocar bien porque llevo mucho tiempo en esto, porque tengo muchos títulos, porque, si no, ¿qué dirán de mí? ¿Ponemos sobre el instrumento más carga de la que deberíamos? Contestate: ¿Por qué y para qué te dedicas a esto?”. Y Cavalli sigue: “En la práctica debemos buscar solo el gozo, hacer las paces con nuestras creaciones y, sobre todo, estar en equilibrio”. La armonía en uno mismo parece ser un requisito indispensable para que brote el ingenio. Lo menciona también el director de cine estadounidense David Lynch, en su libro Atrapa el pez dorado, en el que da muestras de cómo la meditación trascendental es en su caso la llave que le abre fácilmente todas las puertas de la creatividad (y, vista su obra, hay muchas de esas puertas en el universo Lynch). “La meditación, el yoga… cualquier práctica que permita conectarnos con nuestro espacio interior es recomendable. Hay gente que llega a ese estado de forma automática, pero a otros, en cambio, nos lleva un poco más de tiempo. Se trata de sintonizar la frecuencia correcta, como haría una radio”, dice Cavalli. 

En clase, para sintonizar, el músico se toma cinco minutos y así relaja al grupo, que sigue sus consignas con los ojos cerrados: respirar y aflojar el cuerpo. Churba hace lo propio en sus talleres; usa métodos de relajación y visualización, también en caso de bloqueo: “Cuando una persona se atasca, debe bajar el ritmo y hacer otra cosa. Es una de las grandes paradojas del proceso creativo: para recuperar el control, tenés que soltarlo”. Y es que sobre todo en las etapas de infertilidad creativa (“le pasa a todo el mundo, hasta a los más grandes”) hay que saber moverse entre esas aparentes contradicciones. Las musas llegarán cuando la persona logre el equilibrio entre una vida social rica y un tiempo en soledad; entre el sinfín de estímulos que lo llenen y el vacío que lo preceda para que pueda generarse lo nuevo; deberá también sentirse libre pero siempre dentro de una disciplina, con determinadas reglas y horarios, porque “si no hay un recipiente que le dé forma,  el agua se diluye” , ilustra Churba. ¿Hay que programarse para realizar la tarea? La respuesta es contundente: sí. Y Cavalli lo ilustra con un ejemplo: “Hasta el genio ruso Igor Stravinsky permanecía ocho horas cada día en su estudio. El músico solía decir: ‘Yo estuve allí sentado y predispuesto. Si la inspiración no vino, nada puedo hacer... Pero yo estuve allí’”.

La creatividad demanda concentración. Y para eso es necesario analizar cuál es el nivel de vulnerabilidad en el espacio creativo: probar cómo funcionamos en el caos (haciendo muchas cosas a la vez) y en una paz total. Encontrar nuestro ritmo. “El estudio del arte es el estudio de uno mismo –termina Cavalli–. Es nuestra responsabilidad encontrar cómo rendimos mejor, cómo favorecemos nuestro canal creador. Se trata, digámoslo así, de una exigencia amorosa”. 

El cerebro: aliado y enemigo 

La buena noticia es que el cerebro humano posee una red de cerca de 100.000 millones de neuronas, que tiene un tamaño tres veces mayor que el de cualquier otro primate y, sobre todo, que nos permite desarrollar capacidades únicas, como crear. La mala noticia es que el principal detractor de nuestra imaginación habita en nuestro interior, porque es el mismo cerebro el que genera los pensamientos limitantes. En realidad, la perversa voz interior que bloquea nuestra creatividad está bajo el control de la parte más rudimentaria de nuestro cerebro, la que se encarga de la supervivencia. Su característica fundamental es que interpreta todo estímulo externo como una amenaza. Desde la Red Latinoamericana de Portales Educativos lo explican así: “En la vida, si encuentras a alguien más grande que tú, huyes; si es más pequeño, se convierte en tu presa; y si es de tu mismo tamaño, te mides y las opciones son dos: te apareas o luchas. Con las ideas ocurre lo mismo, si tienes una idea pequeña, la desechas; si es una de tu mismo tamaño, luchas o la incorporas en tu vida; pero si es una gran idea, huyes. Es por eso por lo que, a veces, dejar las cosas como están parece la mejor opción”.

Lecturas recomendadas 

Zen en el arte del tiro con arco, Eugene Herrigel.Free Play, Stephen Nachmanovitch.De lo espiritual en el arte, Vasili Kandinsky.El poder de la inteligencia creativa, Tony Buzan.

La clave

La información se deberá asimilar en nuestro interior durante un tiempo para que luego pueda surgir, desde el subconsciente, en el momento de crear. Los datos aflorarán así de forma natural.

Manual creativo

Para generar ideas, el experto Carlos Churba menciona tres aspectos básicos en su blog: Principio de distanciamiento: Cuando estamos enfrentados a un problema por resolver y nos sentimos bloqueados, es conveniente alejarnos del problema para poder adoptar un punto de vista diferente al habitual. Hay que dejar de lado las primeras soluciones que se nos aparecen para permitirnos imaginar asociaciones inusuales ya que la generación de ideas creativas necesita de algo más que la lógica: necesitamos estar abiertos a la intuición, al juego, tanto con pensamientos como con ideas laterales. Principio de valoración diferida: Hay que separar el momento en el que se generan las ideas del momento en que se evalúan. 

Así se evitarán errores por juzgar prematuramente las novedades que se escapan de lo esperable o lo conocido y que, por consiguiente, podemos considerar fantasiosas, delirantes o irrealizables (se recomienda poner freno a las llamadas “frases asesinas”, como “Nunca lo hemos hecho así”, “No va a funcionar”, “No tenemos tiempo”, etc.). Para crear es necesario abandonar el campo de la realidad establecida; así evitamos quedar atados a nuestros hábitos y conocimientos que impiden el surgimiento de lo nuevo. Principio de experimentación lúdrica: Este principio se vincula a las técnicas de creatividad que hacen uso del azar para alcanzar nuevas ideas. Los métodos aleatorios de Fustier o la “serendipidad” –se encuentra una cosa, cuando en realidad se estaba buscando otra–, entre otros, son algunos de los mecanismos que expresan esta manera de hacer descubrimientos felices e inesperados por casualidad.

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