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Cumplí 40 ¿Y ahora?


Por Daniela Calabró.


Cumplí 40 ¿Y ahora? 

Es una década que marca más a la mujer que al hombre. Ellas ya han hecho todo: tienen un título, un buen trabajo y una familia, y por primera vez disponen de tiempo para ellas. Otras aún no han sido madres. Es una crisis pero también una oportunidad.

En cada bellota, que es la semilla del roble, se encuentra toda la información y el potencial para ser un nuevo árbol. Aun si esa bellota no contara con las condiciones más propicias para desarrollarse, lo haría de todas formas, como y hasta donde pudiera. De esa imagen se desprende la teoría de la bellota, del escritor y terapeuta norteamericano James Hillman, según la cual todos tenemos el potencial para ser personas nuevas si nos animamos a desafiar al entorno, a la comodidad y al statu quo. Marilén Stengel, autora de Ahora yo, toma esta teoría y la aplica a un momento clave en la vida de muchas mujeres: la llegada de los 40. 

“Nuestra expectativa de vida es de 78 años aproximadamente, con lo cual podemos decir que los 40 son la mitad de la vida. Y lo que empieza a suceder en esa década es que una siente que ya hizo todo lo que ‘tenía’ que hacer y ahora quiere empezar a elegir lo que ‘quiere’ hacer, que son cosas diferentes”, explica. 

–¿Por eso es que el título de tu libro es Ahora yo?
–Claro. A los 40, hay una especie de puesta al día de quién sos, dónde estás en tu camino, qué querés y con quién querés caminar. Es un momento muy fuerte, en el que decís: “Ok, ya estudié, ya trabajé en la profesión que elegí, ya tuve hijos o decidí no tenerlos”, ¿y ahora? A esa edad, te cuestionás todos los mandatos sociales que seguiste hasta ese momento.

–¿Como cuáles?
–Que una mujer tiene que ganar su dinero, ser buena profesional, ser buena madre, buena compañera, buena amante… esos mandatos son muy fuertes. Y cuando llegás a los 40, tal vez, te das cuenta de que tu alma viene pidiendo pista hace rato para hacer otra cosa, cambiar de rumbo. 

Momento de equilibrio 

“Los 20 son la década de formación, de preparación para el mundo adulto, el mundo del trabajo, el mundo femenino. Con la velita de los 30, llega la década en la que la mayoría de las mujeres si no tiene una pareja quiere tenerla, si no tuvo hijos quiere tenerlos, si no estudió quiere estudiar, y si estudió quiere encaminarse en su carrera. Es una década divina, pero agotadora”, dice Stengel, y prosigue: “Cuando llegás a los 40, te querés encargar de vos y de lo que querés en tu vida”.

Carl Jung, un pionero de la psicología profunda, decía que hasta la mitad de la vida construimos una máscara para poder salir al mundo. “Este yo se va construyendo a partir de todo lo que mi contexto me dice que está bien o está mal. Aunque una quisiera rebelarse, dependemos de las personas que amamos y son parte inevitable de nuestra formación”, explica Stengel, y prosigue: “Pero todos estos aspectos reprimidos no desaparecen, sino que, como dice Jung, van a la sombra. La sombra es el cúmulo de aspectos tuyos que han sido rechazados. A los 40, lo que el alma pide es la integración de las dos cosas: el yo y lo que fue a la sombra”. 

El trabajo y el amor 

Dos de los aspectos que más se ponen en juego en este tiempo de quiebre son el mundo profesional y la pareja, que hasta esta instancia llegaron, muchas veces, en piloto automático. “El pasaje del ‘tengo’ al ‘quiero’ se da tanto en lo vocacional como en lo emocional. No es casual que el mayor índice de divorcios se dé durante los 40”, asevera Stengel.

–¿Y eso por qué sucede?
–Porque es en esa etapa cuando la mujer dice: “No va más y todavía soy joven. ¿Voy a vivir otros 30 o 40 años con este señor con el que ya no quiero?”. Es parte de priorizarte a vos misma y pensar en todo el tiempo que te queda por delante.

–¿Cuáles son los problemas de pareja más recurrentes de esa etapa?
–Creo que hay una explicación social y cultural. Las mujeres, a partir de los años sesenta, salimos masivamente a trabajar. Y nos ha ido bien: demostramos que podemos ser científicas, médicas, astronautas… sobre todo en Occidente. Pero todavía no nos encontramos con varones que hayan hecho el camino inverso. Las mujeres de 40 de hoy nos encontramos con maridos que son divinos y que no siguen la división de roles estricta de nuestros padres, pero tampoco llegan a ser del todo coequipers. Las mujeres no quieren un hombre que las ayude, que sea su asistente, sino un corresponsable. 

–¿Eso genera tensión en el día a día?
–Exactamente; y por otro lado, ya no existe el paradigma de antes, en el que las parejas se mantenían unidas a cualquier costo. Tenemos que aspirar a tener alguien que camine al lado nuestro, ni arriba ni abajo. Yo discuto con muchas feministas: no quiero que el siglo sea nuestro, sino que sea de hombres y mujeres, que puedan mirarse a los ojos y trabajar juntos. Si no, no entendimos nada. 

–Decías que el quiebre también se da en lo profesional…
–En lo laboral es otro el conflicto. De golpe, te encontrás con mujeres que quieren dejar de ser gerentes de un banco para dedicarse a la aromaterapia, aunque eso les represente renunciar a grandes sueldos. Y cuando logran el cambio, se siente realizadas. 

–Antes, muchos hombres y mujeres trabajaban toda la vida en la misma empresa, sin cuestionarse su vocación. ¿Qué es lo que cambió?
–A partir de los años setenta, hubo un gran cambio de paradigma, las empresas dejaron de ofrecer un empleo seguro, para ofrecer empleabilidad. Ahora hay un permiso social de exploración. Antes era mal visto que alguien cambiara de trabajo.

–Hoy la rotación laboral es moneda corriente…
–Es que creer que a los 18 podés elegir la actividad que vas a realizar el resto de la vida es un delirio. Tenemos vidas laborales larguísimas, en las que desarrollamos, al menos, tres o cuatro actividades profesionales distintas. Pero cada vez que decidimos cambiar de rumbo, hay que salir de la zona de confort y eso es trabajoso, porque implica una renuncia. 

De padres e hijos

El desafío de sentarse en la cama, mirarse al espejo y decir “ahora yo”, suena tentador. Sin embargo, puertas afuera de la habitación, la realidad nos indica que los hijos y los padres también nos reclaman para ellos. 

“A lo largo de los 40, es usual que tengas que comenzar a cuidar a tus padres o a los padres de tu marido. Y esto es todo un tema, porque hay muchas mujeres que todavía tienen hijos chicos y cuidar a un padre les representa muchísimo trabajo. Además, es un cuidado que nunca se termina y que, a veces, genera culpa”. 

Para sumar condimentos a semejante entramado emocional, en ese momento una empieza a mirar a sus padres con una mirada más benevolente: “Vos ya tuviste hijos, te llenaste de miedos, cometiste errores; y entonces empezás a comprender a tus padres. Ya no los ves con la mirada crítica de los 20, y descubrís que los más grandes de la tribu son siempre valiosos”. Justo entonces, cuando empezás a verlos como referentes o contrapuntos para tu propia maternidad, es cuando tenés que comenzar a cuidarlos. 

–Y mientras tanto, no se puede descuidar a los chicos y la vida profesional. ¿Cómo se hace para lograr un buen equilibrio?
–Aquí vuelvo a lo de los pares. En mi experiencia, he notado que las mujeres más satisfechas en su vida personal y laboral son las que tienen varones realmente pares. Cuando el bebé puede estar con el padre, no hay conflicto, literalmente. Tampoco lo hay cuando pueden estar medio día con uno y medio día con el otro. Los conflictos internos y la culpa están cuando hay que dejarlos con alguien más. 

–La maternidad se ha ido postergando y muchas mujeres de 40 tienen hijos muy pequeños. ¿Puede encararse una transformación interna en esos casos?
–Es cierto que cuando los hijos son muy chiquitos, no podés ponerte a estudiar algo nuevo, o cambiar de rumbo laboral. Pero quizá algunos años más tarde sí. Una cosa que pasa mucho es que las mujeres se dan cuenta de que quieren más tiempo para criar a sus hijos, por lo que no vuelven a trabajar en relación de dependencia. En lugar de eso, se ponen a emprender. 

–Es otra forma de redefinirse…
–Siempre hay una manera posible. Solo hay que buscarla y no hay que tener miedo de lo nuevo. Las crisis de transformación son parte del derrotero humano, de la vida misma. El dolor es tan inevitable como el goce y no hay que quedarse pegada a ninguno de los dos.  
Entre los 15 y los 99 titulo

A Marilén Stengel no le gusta dictar cátedra. Estas son solo sugerencias: 
•Seguí tu vocación. La que te guste en el momento de la vida por el que estés pasando. 
•Más allá de lo que hagas, respetate a vos misma. No hagas nada que te degrade moral o físicamente.  
•Cultivá tu curiosidad. Porque eso te lleva a aprender y todo lo que aprendas te va a servir. 
•No permitas que el amor te duela; cuando el amor duele, es maltrato. 
•Desarrollá una sana adicción a la lectura. Con un libro nunca estás sola y además te enseña un montón de cosas. 
•Mantené tus horizontes lo más abiertos posible. Mantenete en un estado de apertura y de aprendizaje. 
•Formá una red de amigos. No hace falta que sea infinita, puede ser de dos o tres personas. Caminar por la vida con una red hace que tengas en donde apoyarte.

Marilén Stengel es periodista, licenciada en Letras, consultora de comunicación y asesora de diversas organizaciones en las áreas de liderazgo y gestión grupal. En Ahora yo. Ser mujer, tener 40 y elegir tu vida, ofrece un panorama de lo que nos sucede al llegar a la cuarta década y brinda herramientas para ese momento de cambio.

Por los demás

A los 40, explica Stengel, también se toma verdadera conciencia del entorno en que uno vive: “Empezás a preguntarte no solo lo que querés ganar vos, sino qué querés dejar en el mundo. Comienza a aparecer esto de querer devolver algo de lo que recibiste. Nace un interés por formar gente o trabajar en alguna ONG. Porque es otro tipo de trascendencia. Vos podés trascender a través del arte, de tus hijos, de tu trabajo o a través del trabajo con otro. Por eso, se ven tantas mujeres que en esta década comienzan a trabajar con niños, con viejos, con discapacitados o en cualquier lugar que puedan ayudar”.

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