INVESTIGACIÓN


Soy mi jefe


Por Mariano Petrucci.


Soy mi jefe 

Con el fin de armonizar la vida laboral y personal, crece el número de freelancers argentinos. Aquí, entretelones de un fenómeno mundial: las profesiones más solicitadas, ventajas, contras y consejos para jugársela y no renunciar en el intento.

Aunque digan lo contrario, hay cosas que no tienen precio. El tiempo, por ejemplo. La autonomía, ser nuestro propio jefe, trabajar desde casa. Cada vez que abrimos y cerramos los ojos, las estadísticas con respecto a los profesionales freelance se engrosan a pasos agigantados. Para muestra basta un botón: Freelancer.com, una de las plataformas on-line que registra más contrataciones de este tipo, ostenta más de once millones de usuarios en más de doscientos países y regiones. “Es una tendencia que se está asentando cada vez más en todo el mundo y, particularmente, en la Argentina. Hay cuestiones macro para explicarlo, como los avances de la tecnología y la masificación de Internet. Como consecuencia de esto, aparecen plataformas y aplicaciones que actúan como enlace entre los trabajadores y las empresas, permitiendo a ambas partes embarcarse en negocios mutuamente satisfactorios”, grafica Sebastián Siseles, director regional de Freelancer para América Latina. Y continúa con el diagnóstico: “Por otro lado, la incorporación en el mercado de los llamados ‘Millenials’ o ‘Generación Y’, está modificando la forma –y el lugar– en que se prestan servicios. Son hombres y mujeres que nacieron con la era digital ya instalada y no conciben el trabajo como un fin en sí mismo, a donde se tiene que ir a fichar de 9.00 a 18.00. No. 

El empleo está integrado a sus vidas a través de sus celulares, sin horarios predefinidos. Lo comprenden como el cumplimiento de objetivos que pueden ser alcanzados tanto en una oficina como en un bar o desde el propio hogar. En resumen, los freelancers sintetizan el balance y el equilibrio perfecto entre el aspecto personal y profesional”. Nubelo, otra plataforma de trabajo online, elaboró un estudio sobre la base de 2500 entrevistas hechas en España, la Argentina, Colombia, México, Chile, Perú, Uruguay, Venezuela, Guatemala, Bolivia y Costa Rica, entre otras naciones. El dato revelador es que el 58% de los encuestados trabaja freelance full-time, y esta es su única fuente de ingreso. Por estos pagos, los resultados no varían demasiado: 52% (la mayoría lleva entre uno y tres años de-sempeñándose en esta modalidad). Pero no todos se animan a dar el salto fronteras adentro: el 32% combina la relación de dependencia con “changas” freelance. El sueño: poder, alguna vez, dar vuelta la taba.

Ahora bien, el debate cobra otras dimensiones cuando la pregunta pasa por si esta oleada acontece por una elección genuina de cada individuo o por la preocupante situación que atraviesan determinadas compañías para mantener su staff en forma permanente. Jorge Araujo, director de Nubelo Argentina y Chile, abre el juego: “Las estructuras organizacionales evolucionan dinámicamente intentando reducir costos fijos, en un paradigma tecnológico que varía a cada minuto, transformando en obsoleto lo que ayer era actual. Si el trabajo freelance, que se impone a un ritmo creciente, está marcando la pauta laboral es por sus múltiples beneficios, tanto para los empresarios –que encuentran solución a sus dolores de cabeza– como para los trabajadores”. 

Hay un hecho inédito que aporta su granito de arena: la “desrutinización” del trabajo. ¿A qué se refiere? “A que, cada día, se torna más complicado ocupar a alguien con rutinas diarias que generen una alta productividad fruto de la repetición. El freelancing es una excelente posibilidad para combatir este problema”, sugiere Francesc Font, desde Nubelo. Siseles opina basándose en las cifras del Ministerio de Trabajo, Empleo y Seguridad Social: “En 2013, el porcentaje de trabajadores asalariados era de un 70%, mientras que el 23% ejerció por su propia cuenta. Este número aumentó en correspondencia con años anteriores, demostrando que el fenómeno no es pasajero”. 

Hacia la oficina en el bar 

“Para ser freelancer es necesario reinventar nuestro perfil laboral. Es que a la faceta de trabajador debemos añadirle cualidades de emprendedor: motivación, disciplina y valor comercial”, enfatiza Araujo. Las profesiones que pican en punta dentro de este boom son los programadores, bloggers, traductores, especialistas en marketing, locutores y project managers. A nivel local, figuran en el podio los expertos en multimedia, los diseñadores (gráficos, de web, de logos, con manejo de Photoshop y HTML) y los redactores.

En Estados Unidos prevén que para 2020 sesenta y cinco millones de americanos serán freelancers. Y un informe confeccionado por la empresa IDC afirma que para 2015 el 37,2% de los empleados mundiales se sumarán a este auge (en el presente, arañan el 20%). Pero no nos vayamos tan adelante: en 2012 se gestaron más de seis millones de puestos on-line, que representaron cerca de un billón de dólares en trabajos realizados a través de la Web. “En un futuro no muy lejano, la contratación on-line y los teletrabajadores serán una regla y no una excepción”, sentencia Siseles.

Es que las ventajas se apilan como cajas. “Es uno el que elige dónde, cuándo y cómo trabajar. Esto quizás aparente ser un tantito más engorroso, debido a que uno debe ser su propio promotor y contador, pero hay un sinfín de herramientas que facilitan esta misión –desliza el community manager Álvaro Rodríguez Resino–. Otro punto para destacar es el factor económico: ser freelancer puede costar muy poco dinero. Hablamos de escritorios virtuales, de programas en la Nube, o de servicios de comunicación en tiempo real –por ejemplo, los de Google–. Y si nos atrevemos a tener una oficina, podemos pagar un espacio de coworking barato y lleno de oportunidades de networking, que nos dará la sensación de acudir a un sitio de trabajo, saliendo de nuestro domicilio”.

En la misma línea, Siseles agrega: “¿A quién no le tienta el placer de hacer solo la parte emocionante de su profesión? ¿O no padecer del estrés del ámbito laboral? Es más, se paga por hora trabajada, por lo que esforzarse desde temprano y quedarse hasta muy tarde no significa un inconveniente cuando eso se refleja en nuestras ganancias. Asimismo, uno está mucho más expuesto a una amplio abanico de proyectos y entornos que optimizará sus habilidades. Y esto no solo se da en el país, sino también en el exterior. Los países que más nos solicitan freelancers argentinos son Estados Unidos, Reino Unido, Australia y Canadá”.

Es que dentro de la freelancemanía, el denominado trabajo 3.0 (el término describe el progreso del uso de la Web y sus formas de interacción, en comparación con el 2.0) es una pieza clave. “El mercado laboral y sus exigencias se mueven vertiginosamente. Y las nuevas tendencias del universo tech fueron el mayor detonante para este darwinismo profesional”, sostiene Araujo. Y profundiza su análisis: “El concepto 3.0 es la internacionalización del trabajo. Se desarrolla exclusivamente de una manera on-line, basado en las plataformas de gestión de trabajo y negocios ofrecidas por las Tecnologías de la Información y la Comunicación (TIC). Esto implica un antes y un después en el campo laboral tradicional: particulares y empresas pueden contratar trabajadores en cualquier lugar del planeta, y el trabajador puede hacer sus deberes desde cualquier computadora o dispositivo móvil que posea el software adecuado y conexión a Internet”. 

Sebastián Siseles coincide con su colega:“Internet 3.0 está por explotar. Es algo inminente, básicamente, por el vínculo entre las mobile applications y el trabajo”. Pero concluye, poniendo paños fríos: “No obstante, el gran cambio aún no llegó. Si bien no falta mucho para que suceda, no creo que hayamos visto ese paso trascendental que se dio entre Internet 1.0 e Internet 2.0, con Google y Facebook como los mayores exponentes en este sentido. Tenemos que poner manos a la obra para concretarlo, y poder así definir al empleado 3.0 como un trabajador freelance que puede cumplir con sus tareas y obligaciones, en forma completa, desde su teléfono, sentado en un bar”.

No todo lo que brilla…

Según Nubelo, al 24% de los freelancers argentinos les preocupa la falta de continuidad laboral. Es que no son todas rosas en esto de ser “tu propio jefe”. “Los beneficios sociales –jubilación, seguro médico– corren por cuenta propia. A la vez, un trabajador autónomo está constantemente haciendo bús-quedas laborales. Antes de terminar un proyecto debe asegurarse el próximo: esto implica que aquellos que no son ordenados o metódicos pueden experimentar una merma en su trabajo si no contemplan el giro necesario entre un empleo y otro”, destaca Sebastián Siseles desde Freelancer. Jorge Araujo, aporta: “Amén de que no hay sueldo fijo –la gran traba para dar el salto–, hay que lograr una compatibilidad entre el horario laboral y el personal, y saber que no gozaremos de vida social en la oficina –no hay compañeros, conversaciones, ayuda–. Nada es fácil; la cuestión es proponérselo y luchar por lo que uno quiere”.

Es una tendencia que se está asentando en todo el mundo y, particularmente, en la Argentina. Claves: los avances de la tecnología y la masificación de Internet. Sebastián Siseles.

De sexos y edades

Otras conclusiones acerca del informe hecho por Nubelo: los hombres son quienes más se desempeñan en esta modalidad (65% contra el 35% de las mujeres –sobre todo, las que tienen entre 30 y 45 años, con estudios superiores y con hijos, por lo que valoran tener un horario propio–). Los trabajadores 3.0 son eminentemente jóvenes de entre 26 y 35 años (44%), seguidos por los que tienen entre 36 y 45 (27%). Quienes tienen 45 o más representan el 15%. El 13% restante son los menores de 17 a 25 años.

La Argentina, de punta a punta 

Con respecto a la distribución demográfica en nuestro país, el 40% de los usuarios de Freelancer.com residen en el Gran Buenos Aires, el 12% en la Ciudad de Buenos Aires, el 11% en Córdoba y el resto pertenece, principalmente, a Rosario, Mar del Plata, La Plata, Santa Fe, Mendoza, Tandil y Bahía Blanca.

Más información:
www.freelancer.com
www.nubelo.com

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