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Dime qué comes y te diré como serás


Por Alejandro Duchini.


Dime qué comes y te diré como serás 
Una alimentación variada y nutritiva es fundamental para la salud de los chicos. Sin embargo, hay cada vez más sobrepeso (10% de los preescolares y adolescentes y el 18% de los escolares) y menos comida casera. ¿Cuáles son los caminos para generar buenos hábitos alimenticios?

Tomar medidas efectivas orientadas a los mil días críticos de la vida, que es el período comprendido entre la concepción y los 2 años de edad, es lo más eficaz para prevenir deficiencias de crecimiento y disminuir el riesgo de obesidad. Es que el crecimiento saludable es la consecuencia del cuidado de pequeños detalles que tienen influencias trascendentales para toda la vida”. Palabras del doctor Esteban Carmuega, director del Centro de Estudios sobre Nutrición Infantil (CESNI), al hablar sobre la importancia de la buena alimentación en nuestros primeros años, hábito que debería prolongarse en la infancia y mantenerse a lo largo de la vida. Una Encuesta Nacional de Salud y Nutrición arrojó este resultado: “Cuatro de cada diez niños menores de 5 años padecen alguna forma de malnutrición”. Se trata de retraso crónico de crecimiento, anemia por deficiencia de hierro u obesidad. “No se debe solo a una mala alimentación, sino a varias condiciones que siendo prevenibles se conjugan en momentos críticos del crecimiento”, agrega el especialista del CESNI.

En el caso de la alimentación, son varios los factores que deben tenerse en cuenta hasta llegar a una dieta variada y de calidad. Tomar leche materna durante los primeros seis meses de vida es el primer paso. Luego llegará el turno de los alimentos ricos en hierro a manera de prevención. “El pecho debe ser lo único que recibe un niño hasta los seis meses de edad; a partir del sexto mes, sin abandonar la lactancia, está en condiciones de recibir otros alimentos distintos en un proceso que tiene tanto valor nutricional como de aprendizajes importantes. Alrededor de dos terceras partes de las madres incorporan otros alimentos antes de los seis meses, lo cual es un error. La lactancia materna disminuye el riesgo de obesidad infantil”, se explaya el doctor Carmuega. Para él, sin embargo, no se pueden minimizar otras cuestiones. “Una madre que fuma, tanto de forma pasiva como activa, corre un mayor riesgo de que sus hijos tengan un bajo peso de nacimiento y retraso crónico del crecimiento, pero además incrementa su riesgo de padecer obesidad en la etapa escolar”, describe. “Todos, padres, equipos de salud y la sociedad en su conjunto, debemos poner un mayor foco en la alimentación temprana para promover un crecimiento saludable”, agrega para completar su explicación.

La obesidad: un mal que crece 

Los últimos estudios acerca de la nutrición en el país se realizaron solo en algunas provincias, por lo que hay escasez de porcentajes absolutos. De lo que se conoce, la obesidad muestra un preocupante crecimiento. Sobre todo entre los niños y los adolescentes. En 2012, estudios realizados por el CESNI arrojaron que la obesidad afecta al 10% de los preescolares y adolescentes y al 18% de los escolares. Se sabe además que el 40% de nuestra población infantil tiene exceso de peso y que uno de cada dos adultos también. Y que el mal se instala a edades cada vez más tempranas. Esta tendencia se puede cambiar solo con hábitos mejores, tales como una alimentación saludable y una vida menos sedentaria.

“Hay que ofrecer alimentos variados, de una manera comprensiva, acompañándolos en el aprendizaje de los nuevos sabores. Es importante comprender la dimensión que representa para un niño enfrentarse con aromas, sabores, texturas, colores; aprender una forma de deglución diferente, que implica una posición y movimientos de la lengua y el paladar distintos, y el uso de la cuchara”, describe el doctor Carmuega. “Es en la primera etapa donde los niños aprenden a decir que no cuando sienten saciedad y a aceptar como normal una variedad de alimentos, entre ellos vegetales y frutas. Es un error exponerlos a comidas demasiado dulces o agregar azúcar, miel o sal. Y otro error es que los niños se acostumbren a recibir jugos y gaseosas cuando deben aprender a saciar la sed con agua”, agrega. “En la etapa preescolar, se debe generar el hábito de la comida compartida, en un ámbito familiar y sin tensiones. Cuando los niños comen frente al televisor o jugando y tienen acceso a la heladera, se hace más difícil poner atención en la comida y existe el riesgo de comer demasiado”, puntualiza. Y aconseja:“Si las fiestas, las visitas, los regalos y los premios se vinculan con golosinas, es muy difícil que los niños no asocien en su cerebro placer con comer dulce. Los chicos pueden aprender desde muy temprano las pautas de una alimentación saludable en la medida en que la familia comparta esos mismos criterios”.

En el mismo sentido, Carmuega es crítico acerca de otro factor que genera obesidad:“El picoteo o snacking, ese consumo de alimentos entre las comidas principales que se realiza de una manera inadvertida, conlleva un riesgo. Pan, galletitas, golosinas y bebidas azucaradas se consumen sin mayor control, entre horas, en el recreo o en la calle. Estos consumos implican más de una tercera parte de la energía consumida y suelen tener una baja calidad nutricional”. Y agrega: “En general, se tiende a cuidar más la alimentación de los niños cuando son pequeños y luego ellos reciben menos atención; ¡incluso hay temor de contradecirlos! Sin embargo, la conformación de patrones alimentarios saludables es un proceso que comienza en el embarazo y no termina sino hasta muy avanzada edad”. Hoy se sabe que aquellos que recibieron vegetales en su primer año de vida tienden a mantenerlos en su dieta en etapas posteriores. Como contrapartida, lo mismo ocurre con los que se acostumbran a grandes cantidades de sal. Para Carmuega, estos hábitos son modificables en tanto la familia se comprometa. Por eso, los hábitos saludables deben comenzar en la gestación.

Sin embargo, y tras señalar la importancia que tiene un buen desayuno, Carmuega advierte: “Sería un error pensar que la obesidad es una consecuencia de la mala alimentación. Es una enfermedad muy compleja, en la que intervienen numerosos factores, como la susceptibilidad genética, la cantidad y calidad de la alimentación y la actividad física. Hoy muchos de los factores de riesgo de la obesidad se transmiten también familiarmente y no solo desde lo genético”. Por eso señala que es importante ejemplificar la práctica deportiva desde la familia. 

Manos a la comida 

Carolina Palacios es una mamá con dos hijos (Benjamín, de 6 años, y Lourdes, de 4) y un marido, Agustín. Cuando Benjamín tenía que empezar a comer y las recetas del pediatra no eran muy variadas, buscó ideas en libros pero no encontró nada novedoso. “Entonces, decidí hacer ese libro que me habría encantado encontrar. Tenía que ser alegre, completo, confiable, fácil de leer y de usar, cálido, sólido en su contenido… ”. El primer trabajo se tituló Recetas para “MI” Benjamín y el segundo Recetas para Lourdes y Benjamín que ya van al jardín. Para concretarlo, se inspiró en su niñez, como dice, y se rodeó de un equipo de profesionales. “Empecé a probar recetas hasta ver cuáles eran las más aceptadas por ellos, porque les notaba cierta rebeldía hacia algunos alimentos. Sobre todo con las frutas y las verduras. Fueron mis hijos los que me motivaron, los que me abrieron el camino y me indicaron qué pasos seguir para hacer más fácil lo que se hace difícil. Por eso quise compartirlo. Además, entiendo que en la comida hay mucho amor”, comenta.

En ambos libros hay sugerencias, opciones y materiales para hacer comidas diferentes. A la hora de concretarlo, se inspiró, además de en sus hijos, en lo que comían chicos en otras casas. “Muchas veces me dicen que no quieren probar una nueva comida. Entonces, la vuelvo a hacer en el corto plazo hasta que pasa a ser un plato habitual. Algunas llevan más tiempo que otras. Por eso, hago hincapié en el formato, como croquetas, buñuelos, tartitas, budines con forma de muffins y formitas. Muchas veces les gusta más comer con la mano que al plato. Eso hay que aprovecharlo. Y le doy importancia también a la vajilla: servirles en platos de plástico con dibujos de sus personajes preferidos, por ejemplo. Lo más importante es organizarse. Hacer un menú semanal, comprar las cosas con anticipación y planificar”, recomienda. “Es muy importante lo que ven en la casa. Los hábitos se adquieren desde chicos. Luego van creciendo y reciben la influencia del mundo que los rodea. Por eso, la perseverancia y la constancia son claves. 

También, educar con el ejemplo, como todo en la vida: si sabemos que lo mejor es que se acostumbren a tomar agua y nosotros comemos con jugo o gaseosas, les damos un mensaje contradictorio”, opina quien impulsa a la fruta como postre, y agrega: “Veo como negativo pedirles que compartan la mesa familiar mientras nosotros estamos con el celular. Es raro. Desde su experiencia, Palacios suelta algunos consejos: “Es importante no enojarse cuando no quieren comer algo. Ni optar por el camino más corto de darles lo que sabemos que van a comer sin problema. Está bueno saber que es un camino difícil. Que seguramente muchas veces nos frustrará transitarlo; sobre todo, cuando invertimos nuestro tiempo en prepararles algo que ni siquiera quieren probar. Pero debemos tener siempre en cuenta que es importante no rendirse, para ver los frutos”.
 

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