INVESTIGACIÓN


Misterios de la mente


Por Mariano Petrucci.


Misterios de la mente 

La Psychonomics es una rama nueva de la economía. De la mano de la psicología cognitiva, intenta explicar cómo tomamos las decisiones, por qué somos animales de costumbre, y nuestra tendencia a la mentira y al engaño. También anticipa cómo debe ser la educación del futuro. Pase y lea.   

En la década del 70, un obrero paraguayo acertó todos los partidos del PRODE. Incrédulo, repasó los resultados hasta comprobar que estaban todos anotados como Dios manda. De mendigo (es una alegoría, claro) a millonario, pateó el tablero: dejó a su mujer, retornó a su tierra natal, hizo varias inversiones y se cansó de apilar billetes. Pero la dicha le duró un suspiro: dilapidó su dinero y volvió a fojas cero. Todo, por el “maldito” efecto habituación. ¿El qué? Se trata de uno de los hallazgos más notables de la psicología. 

“Está vinculado a nuestra tendencia homeostática al equilibrio. Por supuesto, hay acontecimientos que producen alteraciones abruptas en nuestra cotidianidad y nos toman por sorpresa, pero cuando los cambios son graduales, la adaptación a las flamantes condiciones es automática. Lo que influye en el ánimo para sentirnos más o menos felices, son respuestas de nuestro organismo ante una novedad que exige de nuestra parte cierta compensación para restaurar el balance con el ambiente. Sí, tal cual lo haría un termostato”, dice el economista Martín Tetaz sobre este fenómeno naturalmente simétrico. 

“Cuenta tanto para las buenas como para las malas: el psicólogo Philip Brickman entrevistó a veintidós ganadores de lotería y a veintinueve individuos que habían quedado parapléjicos tras padecer diversos accidentes. Al cabo de un tiempo del evento crucial, notó que todos reportaban niveles de felicidad similares a los que declaraban antes de esa circunstancia que les marcó la vida”. 

Tetaz se dedica a la “economía del comportamiento”, plasmada en su más reciente libro, titulado Psychonomics. “Se trata de una rama relativamente nueva de la economía, que aplica los descubrimientos de la psicología cognitiva para moldear el modo en que tomamos decisiones en contextos inciertos y no tan usuales. Partiendo de ello, podemos optimizar las políticas públicas, manejar efectivamente nuestras finanzas y, por qué no, sonreír más seguido”.

El “efecto habituación”, uno de los tantos temas a los que se aboca Tetaz en Psychonomics, es solo lo que se distingue del iceberg. El punto neurálgico (como casi siempre) es la mente. Cómo funciona la mente… ¿Cómo funciona? “La mente recibe información a partir de módulos perceptivos automáticos y específicos de dominio, como la visión, la audición o el tacto. Una pequeña parte de esa información traspasa los filtros atencionales y llega a la memoria de trabajo –que es como la memoria cache de la computadora–, manteniendo latente la información para que esta sea descartada, o procesada y guardada en los almacenes de memoria de largo plazo”, ahonda este investigador del Instituto de Integración Latinoamericana (IIL) y del Centro de Estudios Distributivos, Laborales y Sociales (CEDLAS). Y continúa: “Con la información del ambiente, sumada a la proveniente de la memoria episódica –que atesora los recuerdos que vivimos–  y a la de la memoria semántica –que no tiene que ver con lo vivido sino con lo que nos contaron, leímos o aprendimos de un tercero–, fabricamos modelos explicativos de lo que nos rodea, localizando patrones y regularidades”.

–A ver: ¿decidimos con la razón o con la emoción?
–Todas nuestras determinaciones están cimentadas en información que se sopesa antes de elegir un curso de acción. Normalmente, las emociones sirven para asignarles un valor a las distintas opciones. O sea que, en rigor, no se puede hablar de la dicotomía emoción/razón: el sistema cognitivo actúa con ambas conjuntamente. Daniel Kahneman, padre de la “economía del comportamiento” y Premio Nobel de Economía, postuló la existencia de dos sistemas: por un lado, un sistema automático, que se apoya en las emociones y se utiliza para las decisiones repetitivas y de poca trascendencia. Por el otro, un sistema deliberativo, que se pone en marcha con cuestiones más relevantes, como comprar una casa.

–¿Los recuerdos nos traicionan?
–La memoria episódica –aquello que nos ocurrió– conserva solo los recuerdos que nos dejaron alguna huella emocional, borrando la mayor parte de los sucesos triviales e irrelevantes. El inconveniente es que ese mecanismo opera con muchas fallas. No solo que editamos y tergiversamos buena parte de nuestros recuerdos, sino que somos presa fácil de la sugestión y nos acordamos de cosas que nunca nos sucedieron. Incluso más: suavizamos nuestro pasado; por eso, reiteramos experiencias que nos provocaron displacer, como tener una pareja tóxica. Conclusión: nunca podemos asegurarnos de tomar la decisión correcta.

Psychonomics para todos

“Justo te iba a llamar”, “Me quedé sin crédito en el celular”, “Es la primera vez que me pasa”, “Te queda muy lindo”, “Vuelvo en cinco minutos”, “No tengo cambio”, “Después te lo devuelvo”… En promedio, enunciamos tres mentiras en cada conversación de diez minutos. Al menos, para la serie Lie to me, basada en los estudios del psicólogo Paul Ekman.

Según la Psychonomics, tenemos cierta debilidad para caer en las redes del engaño y la manipulación. ¿Será? “El engaño es una de las características fundamentales de nuestra especie. Esto prueba nuestra inteligencia para adentrarnos en la mente del otro”, sostiene Tetaz, profesor de la Universidad Nacional del Noroeste de la Provincia de Buenos Aires (UNNoBA) y la Universidad Nacional de La Plata (UNLP). Y advierte: “Las investigaciones de Victoria Talwar, especialista en comportamiento infantil de la McGill University, demuestran que los chicos comienzan a mentir a los 2 años, aunque al principio lo hagan burda y evidentemente. Recién alrededor de los 4 años empiezan con la verdadera capacidad de engañar. Esto, prácticamente, no tiene excepción: el 96% de los chicos mienten. Y mi sospecha es que los que no lo hacen presentan algún problema concreto en su desarrollo cognitivo, como en el caso de los niños autistas”.

–¿La Psychonomics atañe a los niños?  
–Nos atañe a todos, ya que nos hace reflexionar sobre dónde estamos y hacia dónde nos dirigimos. Si hace veinte años, Terezinha Carraher escribía el libro En la vida diez, en la escuela cero, hoy deberíamos aggiornarlo y bautizarlo En la compu diez, en la escuela cero. Es que la escuela que pensamos en el siglo XVIII como elemento funcional de la Revolución Industrial, debe darle paso a un modelo flexible y personalizado que facilite que todos los jóvenes exploten al máximo todo su potencial.

–En tu libro, anticipás la educación que se viene. ¿Cómo será?
–Es muy interesante lo que está llevando adelante el norteamericano Salman Khan, quien, desde una entidad no gubernamental y sin fines de lucro, realiza videos sobre la currícula escolar que pueden mirarse en YouTube. Cuando los alumnos consideran que incorporaron el conocimiento, se someten a evaluaciones online, organizadas de forma tal que no pueden pasar al siguiente tema si no lograron resolver satisfactoriamente diez ejercicios consecutivos. Todo esto sucede adentro del aula, donde el maestro puede monitorear, en tiempo real desde su computadora, el grado de avance de cada estudiante y detectar si tiene dudas o dificultades. 

–Tecnología y personalización.
–Sí, y cooperación entre pares. ¿Cómo? Solicitando la ayuda de compañeros, tutores con buen desempeño certificado, que les transmitan su experiencia y colaboren con ellos para transitar mejor la cursada. 

–Hay algo que es insoslayable: la resignificación del rol del docente.
–Es que estamos caminando hacia un paradigma donde el maestro no tendrá que proporcionar todas las respuestas. Digámoslo:?nunca podrá competir con Mr. Google. Por lo tanto, su función será plantear preguntas que disparen y guíen el proceso de autoaprendizaje. Probablemente, el desafío de la escuela del futuro sea animarse a abandonar las reglas del modelo presencial de tiza y pizarrón, y sumarse al reto de construir una cultura inédita, en donde el colegio se parezca, cada vez más, a un juego online. Y que los contenidos de Geografía, Historia, Matemáticas y Ciencias estén disponibles en formatos digitales amigables, para que pueda accederse a ellos las veinticuatro horas. Cuando llegue ese día, nuestros jóvenes aprenderán en entornos que les serán altamente significativos.   

¿Qué es lo que nos hace felices?* 

En la década del setenta, Richard Easterlin demostró en un estudio que la gente que vive en países de mayor ingreso per cápita no es realmente más feliz que aquellos que habitan tierras subdesarrolladas. Hay tres explicaciones para esta aparente paradoja: la primera, de Carol Graham, afirma que, en rigor, sí somos más felices, pero hasta que nuestros ingresos alcanzan un umbral de necesidades básicas. La segunda apunta a la existencia de un “efecto envidia”, que hace que no seamos más felices si aumentan los ingresos de todos. Finalmente, somos presos del efecto habituación: simplemente, nos adaptamos a nuestra nueva realidad. ¿Qué nos reconforta entonces? En una investigación que hicimos con Pablo Schiaffino concluimos en que la clave pasa por el uso del tiempo (en particular, el que pasamos con  nuestra familia, amigos, pareja) y el hecho de (man)tener actividades sociales. *Por Martín Tetaz.

Todos somos uno… y viceversa

Los seres humanos cometemos errores, o sesgos, de manera sistemática a la hora de tomar decisiones (sobre todo, cuando lo hacemos en contextos de incertidumbre). Al parecer, simplemente usamos reglas, o heurísticas, que nos funcionan, aunque no nos permitan alcanzar los mejores resultados. Uno de esos sesgos, por ejemplo, es el de representatividad. Tenemos la propensión a creer que la realidad que nos rodea es representativa del total del país, cuando, en verdad, tendemos a juntarnos con personas de nuestro mismo nivel socioeconómico, que suelen pensar como nosotros y compartir muchas de nuestras prácticas.

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