INVESTIGACIÓN


Mundo Lúdico


Por Mariano Petrucci.


Mundo Lúdico 

El siglo XXI redefinió el concepto de jugar. La tecnología conformó un mapa diferente al que conocíamos con respecto a los niños y su costado lúdico. Cuál es el rol de la escuela y los adultos. ¿Llegó la hora de barajar y dar de nuevo?

En el cuarto de Thomas y Sofía conviven armoniosamente Batman, Barbie y la Brazuca –la pelota del Mundial de fútbol que nos ganó Alemania–. Como telón de fondo, Jake y los piratas del Nunca Jamás hacen de las suyas desde la pantalla chica. En la cocina, mamá Eliana sentencia, casi rendida: “Nada los entusiasma más que cuando les permito enchufar la Play”.  Viaje un par de décadas atrás (un par nomás). La conclusión es inevitable: jugar ya no es lo mismo. “Este concepto se redefinió. A través de nuestros actos, usos y vínculos con el entorno, el juego se orienta y reorienta incesantemente en diversas direcciones”, señala Carolina Duek, quien pasó los últimos años analizando el proceder de los más peques. Esta doctora en Ciencias Sociales, magíster en Comunicación y Cultura, y licenciada en Ciencias de la Comunicación examinó envíos de televisión, entrevistó tanto a padres como a hijos, y observó su desempeño en diferentes ámbitos de esparcimiento y recreación. 

“No se trata de prohibir, sino de comprometerse de manera activa en la crianza. Hay que prestar más atención. El rol de los adultos es el de siempre: presencia e intervención”.

El resultado es un libro, Juegos, juguetes y nuevas tecnologías, que bucea en las elecciones, predilecciones y descartes de los bajitos siglo XXI. ¿Los dispositivos de avanzada desplazaron a los chiches tradicionales? Aunque, en la actualidad, hasta un bebé estira sus dedos para maniobrar ágilmente el touch de los celulares, no nos apresuremos. “No es que se eliminaron los juegos de antaño, sino que se reubicaron en un mapa inédito de oferta y consumo. No hay actividades excluyentes, sino que sufrieron una transformación ‘superficial’: la reconversión del dominó, las cartas y el ludo, entre otros, se dio por la aparición en las fichas y cajas de los personajes de los programas de televisión. No se trata de tener un dominó cualquiera, sino ‘ese’ que viene con los dibujos de Ben10”, ahonda Duek, investigadora del Conicet. Pero advierte: “Efectivamente, existen nuevos soportes y propuestas, pero encontramos grandes continuidades no solo en la dinámica de los juegos, sino también en los sentidos que los jugadores les asignan a sus propias prácticas. 

“Jugar, paralelamente, con un tablero de ajedrez y con la computadora se da mucho más de lo imaginado. Por eso, es falso que los chicos no jueguen como antes”.

No obstante, jugar, paralelamente, con un tablero de ajedrez y con la computadora se da mucho más de lo imaginado. Por eso, es falso que los chicos no jueguen como antes. Lo que ocurre es que la ‘romantización’ del pasado es una de las operaciones más corrientes, a cargo de adultos que añoran su infancia. La desestimación del presente y la noción permanente de ‘pérdida’ es uno de los reclamos más frecuentes por parte de los padres. En relación con el hoy y el ayer, no hay ventajas ni desventajas específicas que podamos determinar de una forma general y abstracta. Lo digo enfáticamente: dejemos de una vez por todas de pensar en el pasado como perfecto e ideal, y reflexionemos sobre las acciones que pueden contribuir a que el escenario lúdico infantil se enriquezca”.

–¿Y se enriquece con la tecnología?
–Convengamos que la tecnología facilitó una mayor conexión entre niños y niñas. Probablemente, Facebook sea una de las mayores claves para esto: la sencillez de la interfaz de usuario de la red social abre un mundo muy próximo –aunque, a la vez, muy distante–, en el cual se construye un grupo de “amigos” con los que  se juega a “jueguitos”, se chatea, se intercambian fotos, comentarios y preferencias. Facebook es una vidriera sin igual. Claro que eso trae aparejada una serie de consecuencias y características, como mostrar lo que cada uno hace de manera “valorizante”: exhibimos elementos y vivencias de nuestro devenir diario que nos valorice frente a los otros. 

–El debate pasa por cómo utilizar razonablemente las apps, la TV, la compu, las consolas, los celulares…
–El comportamiento de los niños con todos ellos es variado. Un número considerable de mis entrevistados, que tenían entre 6 y 9 años, contaban con el celular para comunicarse con sus padres por si regresaban solos de la escuela o si estaban en alguna jornada extracurricular. En nuestro informe, la televisión en los hogares apareció como una presencia constante, “siempre prendida” y no problemática. 

–¿No problemática?
–No, de hecho, hay una ‘hiperpedagogización’ de la oferta televisiva. Disney Channel, Discovery Kids y Cartoon Network emprendieron un viraje hacia contenidos pedagógicos y educativos. La TV dejó de ser una amenaza y les hace un guiño cómplice a los padres. Nuestros testimonios dieron cuenta de que no había límites de tiempo con este aparato: exactamente al revés de lo que sucede con las consolas y computadoras, a fin de evitar excesos on-line. 

–O sea que los “miedos” actuales se pasaron del lado de los dispositivos ultramodernos.
–Sí, pero se da una paradoja: son comprados por adultos que, luego, los limitan. La ecuación entre la adquisición, el empleo y las negociaciones familiares es compleja y despierta contradicciones puertas adentro. No hay que alarmarse: no hay manejos buenos ni malos, sino formas de entender estas prácticas. 

Tutores

Para Duek, el universo infantil puede ser una entrada reveladora a la sociedad contemporánea, a sus incoherencias, antítesis, fantasías y temores. En ese marco, y pese a los cambios, sigue destacándose un actor tan protagonista como irremplazable: la escuela.   
“La vida on-line de los niños se edifica sobre la off-line: nosotros no registramos a nadie que se contacte, por medio de las redes sociales, con personas que jamás vio o que no conozcan siquiera a alguno de sus amigos. En todos los casos, descubrimos tramas y lazos que suelen comenzar en el colegio. La escuela no dejó de ser una de las instituciones más importantes, junto con la familia”, sostiene Duek, docente en la Facultad de Ciencias de la Comunicación de la Universidad de Buenos Aires (UBA), y autora de libros como El juego y los medios. Autitos, muñecas, televisión y consolas e Infancias entre pantallas. Las tecnologías y los chicos. Y defiende, casi como una bandera: “La familia es el lugar adonde volver, el espacio de la tarea, de la cena y del baño. Es el pilar de la cotidianidad”.

–¿Cuál es el papel de los adultos en esta realidad?
–Mediar, discutir, acordar y explicar todo aquello que rodea a nuestros hijos. Esto se consolida compartiendo, sostenidamente, momentos significativos, para así poder elegir, seleccionar y organizar el vínculo que los más chicos tienen con el ambiente. No se trata de prohibir, sino de comprometerse de manera activa en la crianza. Hay que prestar más atención. Pero, a no confundirnos, porque el rol de los adultos es el de siempre: presencia e intervención.

–Es el de siempre, pero debe aggiornarse al boom tecnológico. 
–A ver: es necesario que los más chicos transiten su “vida” por las plataformas junto a un adulto que los guíe. No tanto por las experiencias nefastas –que las hay–, sino por la posibilidad de secundar y auxiliar a nuestros hijos cuando están conectados. 

–La prioridad es compartir... 
–Pero compartir jugando, mirando, conversando… No seguir a los chicos en esa relación que tienen con lo tecno es como no haberles abierto nunca el cuaderno de clases: hay que preguntarles qué sitios visitaron, pero no desde el autoritarismo, sino desde el acompañamiento. No se trata de estar absolutamente todo el día haciendo cosas con ellos, sino de pensar contextos para confluir. ¿Nos lamentamos porque los niños no leen? ¿Pero hay en sus casas una biblioteca, un rincón donde puedan tener cercanía con la palabra? ¿Los sacamos de enfrente de las pantallas para llevarlos a una plaza, o para asistir a un espectáculo callejero? Los cuestionamientos son válidos, pero es necesario escaparse de la queja cómoda. 

El  libro

En Juegos, juguetes y nuevas tecnologías, Carolina Duek propone una integración de los medios de comunicación y de todos los dispositivos electrónicos en el análisis de los juegos contemporáneos. Para la autora, los usos y las apropiaciones de los aparatos de punta se combinan con los juguetes “tradicionales”: es en las formas que adquiere la intersección entre ellos donde se construyen nuevas prácticas y significados. Junto a su equipo, Duek analizó los contenidos de programas y canales para niños, a fin de examinar cómo se representan los juegos o qué tipo de acciones se objetivan como tales.  

Modalidades*
Los derechos de los niños y adolescentes pueden ponerse en jaque desde las tecnologías de la información. ¿Cómo?

•Grooming: Cortejar a menores a través de la Web.
•Ciberbullying: Subir contenidos de burla y ridiculización contra personas específicas. 
•Sexting: Envíar contenidos eróticos o pornográficos por medio de teléfonos móviles.
•Sextorsión: Chantajear a una persona con una imagen o video de sí misma desnuda o realizando actos sexuales. 
•Vulneración de la privacidad.
•Robo de identidad

*Consejos*
Pautas para que el uso de las tecnologías sea una experiencia entretenida y segura: 

*Hablar con los hijos acerca de los peligros en la Red. No hacer en la Red lo que no harían cara a cara. 
*No responder correos electrónicos o aceptar solicitudes de amistad, aunque parezcan confiables. Constatar con quiénes chatean en la Red, ya que muchos perfiles son falsos. 
*Poner la computadora en un lugar público de la casa. 
*Los niños deben compartir sus contraseñas con los padres. 
*Limitar el tiempo de navegación. Establecer horarios de  acceso.
*Nunca dar datos personales ni llenar formularios.
*Contar con un software que filtre contenidos y bloquee webs.
*Los padres deben solicitar ser amigos de sus hijos en las redes. 
*Es conveniente que los niños no descarguen por su cuenta programas de la Web. Muchos de ellos traen consigo un software espía que obtendrá información sensible de la PC.
Fuente: Consejo de los Derechos de Niñas, Niños y Adolescentes.

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