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Deporte es salud


Por Cristina Gozzi.


Deporte es salud
María Alejandra Oliva fue nombrada, por tercer año consecutivo, la mejor deportista en artes marciales chinas. En su caso, esta práctica oriental, que empezó siendo un bálsamo para su salud, se transformó en una filosofía de vida. Al igual que ella, cada vez más entusiastas se animan con esta disciplina.

María Alejandra Oliva nació con una desviación de columna. “Al llegar a la adolescencia, ya tenía una escoliosis en un estado avanzado, con rotación de vértebras. Mis padres consultaron a especialistas. Les hablaron de hacer una cirugía, a lo que me opuse. Felizmente, ellos respetaron mi decisión”, confiesa. 
Mendocina, hija de madre reflexóloga y padre vegetariano, decidió empezar a practicar taichi y, más tarde, kung-fu. Se apasionó. Viajó a Barcelona para formarse en el centro Cenac con la doctora Li Ping –discípula de grandes maestros chinos y autora de El gran libro de la medicina china, el tratado más completo en la materia editado en español– e hizo un posgrado en la Universidad de Nanying, en Shanghai. 

Ya como especialista en medicina tradicional china, regresó a la Argentina, donde continuó su preparación espiritual con el maestro chino Lin Ching Sung. Hoy, no solo dicta clases de ambas artes marciales en la Asociación Metropolitana de Artes Marciales Chinas, sino que la Subsecretaría de Deportes del Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires le entregó, por tercer año consecutivo, el Premio Jorge Newbery a la mejor deportista en artes marciales chinas. Todo esto cobra más sentido todavía cuando confiesa que el arte marcial le salvó la vida. “Hoy tengo una columna flexible. Los músculos del costado se fortalecieron, dejaron de desviarse, y ya no sufro los dolores que tenía durante mi adolescencia. Hasta mejoró notablemente mi inmunidad: hace ocho años que no me resfrío. Claro que para lograr esto  tengo que entrenar todos los días”, cuenta este ejemplo de tenacidad a imitar. Con un temple de acero, quien no admite la pasividad agrega: “Esta rutina me sirvió para lograr una postura mental correcta. Uno puede asumir cuál es la patología que tiene, no para ponerse el rótulo y dejarse abatir, sino para obrar en consecuencia. No es cuestión de dejarse estar y que otro nos cure”. 

En la actualidad, cobra cada vez más notoriedad que el kung-fu y el taichi son prácticas beneficiosas para el cuidado de la salud. “Hoy se practican por diferentes razones: por deporte, para la protección y el desarrollo personal, para ganar disciplina mental, forjar carácter y aumentar la autoconfianza. Tanto el kung-fu como el taichi fortalecen la columna, trabajan sobre la seguridad interior, la postura, la destreza y el afianzamiento en la vida. Las personas muy nerviosas se conectan más rápido con el kung-fu; las más tranquilas, con el taichi. Con el tiempo, muchos alumnos se dan cuenta de que es necesario practicar ambas”, destaca Oliva, jueza nacional e internacional de taichi. 

Por su parte, el doctor Pablo Pelegri, médico clínico y deportólogo, a cargo del área de Medicina del Deporte del Centro Médico Contepomi y de Cetro, manifiesta: “El kung-fu es un ejercicio aeróbico intenso que aporta más fuerza muscular y elasticidad. A la vez, estimula el sistema cardio y cerebrovascular, lo que disminuye los factores de riesgo de ACV”. Y prosigue: “El taichi mejora la flexibilidad. En personas que sufren artritis, demostró aliviar el dolor. Hay estudios que prueban que con la práctica regular, disminuye la resistencia a la insulina. Es recomendable para aquellos con síndrome metabólico y diabetes. Ambos desarrollan la motricidad de manera muy completa”. 

Tuina 

La práctica de estas artes marciales se puede iniciar a cualquier edad. “Es para toda la familia: niños, padres y abuelos pueden competir en sus respectivas categorías. Hay un marco filosófico que une a las tres generaciones. Eso no suele observarse en otros deportes”, señala Oliva, única discípula mujer de Lin Ching Sung.

A propósito, su mentor, presidente de la Federación de Artes Marciales de Latinoamérica, rescata los efectos de la tuina, una técnica antiquísima que, en reiteradas ocasiones, adoptamos sin ser conscientes. “Cuando una persona camina, masajea sus pies; cuando tiene dolor de estómago, automáticamente apoya la mano sobre él para calmarlo. Muchas veces, dos o tres minutos de masajes o una presión en un solo punto del cuerpo ya calman la afección”, sostiene quien trajo el arte marcial a la Argentina y a América Latina hace más de treinta años.

Ching Sung esgrime que, en orden de prioridades, lo primero que altera la salud es el clima. “En segunda instancia, están las emociones: la angustia, que afecta el estómago; la tristeza, el pulmón; el miedo, el riñón; el exceso de alegría, el corazón. Así es como algunos individuos se infartan después de sacarse la lotería. Por ello, si una persona practica regularmente alguna de estas artes marciales, aprende a manejar y controlar las emociones extremas”, pregona quien define como tercera causa de enfermedades a la mala alimentación (el alcohol, el exceso de sal y azúcar, y las grasas). Oliva insiste en que una mente flexible, no rígida, hace posible que uno pueda ir adaptándose a los cambios. Asimismo, recuerda que al activarse el metabolismo del cuerpo, se oxigena la sangre. Por eso, remarca la importancia de no quedarse quieto.

Las clases de María Alejandra Oliva

Allí, la relajación cobra un valor primordial. “Comenzamos con una práctica de meditación zen –en japonés– o chan –en chino–, en la que intentamos hacer un vacío de la mente, controlando el pasaje de pensamientos”, sostiene Oliva. Y agrega: “Es muy importante que personas que nunca lo practicaron lo hagan en el contexto de un grupo. Así, se consigue la generación de vibraciones cruzadas, que favorecen el bienestar de todos”. Por último, asegura que si la práctica es continua, los individuos logran atravesar niveles que trabajan la tolerancia, la paciencia y la concentración, adoptando una forma de vida más saludable.

Fundamentos

La medicina tradicional china se basa en el concepto del chi, o energía vital, que recorre todo el cuerpo. Quienes la practican pregonan que la enferme-dad se presenta cuando se altera el flujo del chi y se produce un desequilibrio entre el yin (energía negativa) y el yang (energía positiva). Los diagnósticos incluyen la sutil observación de la cara del paciente, del aspecto de los ojos y de la lengua, del sonido de la voz, y la toma del pulso en distintos puntos del cuerpo para evaluar el flujo de la energía.

Los tratamientos se basan en terapias de hierbas y alimentación sana, prácticas físicas derivadas de las artes marciales, meditación, acupuntura y masajes terapéuticos. Todas ellas tienden a reforzar las propias defensas del organismo, a restablecer el equilibrio mente-cuerpo-espíritu, y a evitar el consumo innecesario de medicamentos. Si bien en Occidente es considerada  una medicina complementaria, en 1979, la Organización Mundial de la Salud reconoció a la acupuntura como eficaz para el tratamiento de 49 enfermedades y trastornos, lista que se va ampliando a medida que se estudia en profundidad.  

Las prácticas corporales más difundidas

• Kung-fu: Es el arte marcial chino más antiguo del mundo.  La disciplina alcanzó gran proyección luego de que el Buda Bodhidharma desarrollara, en el año 873 a. C., un sistema de ejercicios basados en las distintas formas de ataque y defensa de doce animales. Entrena la parte yang del practicante, quien, a través de ejercicios de ataque y defensa, mejora su fuerza, la flexibilidad y la tensión de su musculatura. 
• Taichi: Es una forma marcial que se practica para lograr el equilibrio mente-cuerpo-espíritu. Se basa en movimientos suaves y flexibles, en la relajación, y la ejecución de movimientos circulares ejecutados siempre con lentitud y a una velocidad constante. Significa “meditación en movimiento” y entrena el aspecto yin del practicante.

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