ENTREVISTA


Sonidos del alma


Por Mariano Petrucci.


Sonidos del alma 
Diego el Cigala es la máxima figura del flamenco del siglo XXI. Antes de la extensa gira que emprenderá por el país, confiesa por qué es tan fanático de nuestra música y sus referentes. Vida y obra de un español enamorado de la Argentina.  

Lo definió a la perfección un prestigioso crítico costarricense, tras dos noches de “extraña y sui generis mezcla de flamenco, jazz, bolero, tango y son”. Es de esas personas que no necesitan demostrarle nada a nadie: le basta con abrir la boca para que explote esa voz cavernosa, aguardentosa. Tampoco es amigo de los términos medios, ni de los grises. Él mismo es el que lo confirma: “Yo no voy con las modas, me importan un pimiento. Lo que hago es música de corazón e intento cantar lo que me va deparando la vida; si no, no sería arte”.

En su pasaporte se lee Ramón Jiménez Salazar pero, para todos, él es Diego el Cigala, quien hizo estallar en mil pedazos los esquemas del flamenco tradicional, aproximándolo a aquellos que no lo habían experimentado. Cuando fusionó sus raíces con otras culturas mundanas, lo tildaron de innovador, visionario y hasta revolucionario. Que los motes le parezcan medidos o exagerados depende de usted, ya que este madrileño de 45 años regresará por estos pagos para emprender un tour por algunas de las ciudades del país.  Su diatriba no aviva dudas: tiene una debilidad aguda por la Argentina. Se le desnudó cuando decidió editar –en directo desde el teatro Gran Rex– Cigala&Tango, entonando piezas como “Garganta con arena”, “El día que me quieras”, “Nostalgias”, “En esta tarde gris” y “Alfonsina y el mar”, entre otras. Y lo traicionó lo que navega por sus venas cuando reincidió e ingresó al estudio para darle forma a su más reciente placa (Romance de la luna tucumana), donde intercala el 2x4 con otro sello vernáculo: el folclore.

“Rara, como encendida, la vi bebiendo linda y fatal. Bebía en el fragor del champán, loca reía, por no llorar…”, se desgarra el Cigala. El poema de Enrique Cadícamo y Juan Carlos Cobián es infalible: estruja hasta los huesos. Bueno, a él le sucedió algo similar. “Cuando escuché ‘Los Mareados’ por el ‘Polaco’ Roberto Goyeneche… ¡Dios mío! ¡Qué letra más bonita! Tiene tanta pasión… Es un éxtasis”, confiesa. Y no le esquiva al bulto del porqué de tanto arraigamiento con lo celeste y blanco: “Cuando terminé Cigala&Tango me dolía haber dejado afuera canciones como 'Naranjo en flor' o ‘Nieblas del Riachuelo’. ¡Perlas esenciales! Sinceramente, me quedé con ganas de más. 

A la vez, en mis viajes a la Argentina, fui adentrándome en la obra de Mercedes Sosa: me hice su fan, ¡es mi ídola! A través suyo me llegó ‘Balderrama’, la chacarera 'Déjame que me vaya', ‘La canción de las simples cosas’… Paralelamente, aparecieron Atahualpa Yupanqui, Pedro Aznar y Andrés Calamaro, que me introdujo al Martín Fierro y la milonga”. La magia de la edición hizo que “La Negra” y el Cigala compartieran “Canción para un niño de la calle”. Los entretelones fueron así: “Su hijo, Fabián Matus, me envió de regalo la pista que había hecho su mamá para ‘Cantora’. Apreté play y se me caían las lágrimas –evoca–. La sensación fue como si Mercedes bajara del reino de los cielos, entrara por la ventana, me abrazara, cantara un rato y se fuera nuevamente. Es el último track de Romance… Es que no lo puedes oír antes porque te mata. Tanta desigualdad, inquietud, desasosiego, mentiras… Esas líneas reflejan cómo estamos, lamentablemente”.

Pero hay más del porqué de tanta identificación con lo argento. Una anécdota, precisamente, que lo remonta a su debut en ese mítico templo llamado Luna Park. “Recuerdo que estábamos con Chucho Valdés cuando un señor se me acercó y me entregó una antología con más de cien tangos de Goyeneche y Carlos Gardel. Me cautivó desde ese mismo momento. Ahora estoy muy orgulloso de poder hacerlos y respetarlos, aun cuando los impregno de esa influencia ‘cigalera’. El secreto está en ofrecer otro matiz a lo conocido. Enriquecerlo. Unir lo mío con la música argentina es un pacto de amor”, confiesa Diego.

Ah… Lo de “Diego” es el fruto de una disputa familiar en la misma pila bautismal. En cuanto a lo de “el Cigala”, revela que se lo pusieron los hermanos Losada en una de sus primeras giras, esas que ni siquiera imaginó en la infancia… ¿O sí? Porque este artista español es sobrino del gran maestro salmantino Rafael Farina e hijo del andaluz José de Córdoba, quien supo deslumbrar en los tablaos (dicen que, pese a ser una aficionada, su madre, Aurora Salazar, también cantaba para los aplausos). Y por más que le tiraba trotar detrás de una pelota, cuentan que el pequeño Cigala lo abandonaba todo cuando escuchaba que alguien comenzaba a tararear. El bichito le picó con tanta fuerza que a los 12 años ganó el certamen “Flamenco Joven” de Getafe, y una distinción en un concurso organizado por la Televisión Española (TVE). Así lo descubrieron figuras como Cristóbal Reyes, Camarón, El Güito, Tomatito, Mario Maya y Vicente Amigo, quienes lo hicieron parte de sus producciones. A Diego no le quedó más que desplegar sus alas y construir castillos en el aire. 

El Sinatra del flamenco

“Es un cantaor genuino, que puede combinar infinidad de géneros… Aunque yo odio dividir la música en géneros. Y a él le pasa algo parecido. Me gusta que su repertorio sea el de nuestros ancestros; eso tiene que ver con la sangre, con lo que traemos, con lo que portamos. Así es como nunca pierde ese sello flamenco y gitano que nos emociona”. Pavada de elogio el de Adriana Varela, con quien hizo un dúo en “Por una cabeza”. Hubo un antes del flechazo arrabalero, por supuesto. Dan testimonio de ello Undebel, Entre Vareta y Canasta, Corren tiempos de alegría, Picasso en mis ojos y Dos lágrimas. Es que su discografía fue bondadosamente recibida por el público y los expertos. Y por sus colegas… y maestros. Así fue como el mismísimo Bebo Valdés quiso grabar para él. Los testigos de esa reunión coinciden en que fue conmovedora. “Lloró hasta el apuntador”, manifestó el cineasta y guionista Fernando Trueba, quien les produjo el álbum Lágrimas negras. 

A propósito, este CD rompió con todas las fronteras y desperdigó la fama del Cigala por los cuatro puntos cardinales del planeta. Para los periodistas especializados, se habían congregado “un clásico de la música cubana” y el “Sinatra del flamenco”. “Los tres años que estuve con Bebo fueron como un máster –añade–. Gracias a su presencia, pude gozar de todo lo que vino después. Sin él, nada habría sido posible. ¡Me llenó la cabeza de tanta música! Me aconsejaba que atendiera a los tangos argentinos, que investigase los boleros rancheros de Javier Solís… Es mi héroe. Dios lo tenga en la gloria”. Aquella dupla hizo que la lista de premios se volviera interminable. “Yo no soy solo flamenco, soy bastante más que eso. Trascendí esa fase, así que me tiene sin cuidado lo que puedan pensar los ‘flamencólogos’. Lo interesante en este trabajo es salir airoso y contento.

Lo mío son los sonidos del alma. Pero mi música es mía y el primero que la tiene que disfrutar soy yo, para luego poder transmitirlo. Sin salirme del carril, ni olvidándome de quién soy o de dónde provengo, siempre persigo lo diferente. Mis ideas parten desde la concepción de que la aventura y los retos están servidos”, monologa este morochón de pelo largo y ondulado, barba tupida, argolla en la oreja izquierda, y anillos y pulseras dorados por doquier. Si de referentes se trata, los nombres y apellidos se extienden desde Paco de Lucía (“Un genio por excelencia, con el que tuve la suerte de colaborar para su disco Cositas buenas”) hasta Camarón de la Isla (“Más genio todavía”) y Miles Davis (“Un creador, un adelantado a su tiempo, que tocaba como los flamencos. Hacía jazz, sí, pero el espíritu era el mismo”). De eso, y de otras tantas cosas intangibles, deviene una manera, un carácter, una expresión, una per-so-na-li-dad (así, bien remarcado). “Yo me meto en el papel como si viviese lo que estoy diciendo. Aparte de cantar, hay que interpretar. Hay que buscarle un porqué a lo que hacemos. De lo contrario, nada merece la pena”, concluye.  

Codearse con los mejores

A partir de su tercera placa discográfica, las principales personalidades del mundo de la música comenzaron posar la mirada en Diego el Cigala. Así es como en Corren tiempos de alegría contó con la participación de Bebo Valdés y Jerry González. Lágrimas negras, a solas con Bebo, fue designado “Album Of The Year”, por The New York Times. Por su parte, Antonio Mercero y David Trueba lo convocaron para las bandas sonoras de las películas ¿Y tú quién eres? (en la que se aborda la enfermedad de Alzheimer) y Soldados de Salamina. En su CD Picasso en mis ojos, reúne a Paco de Lucía, 
Tomatito, Raimundo Amador y Josemi Carmona. En Cigala& Tango compartió escenario con Néstor Marconi, Juanjo Domínguez, Pablo Agri, Diego Sánchez y Andrés Calamaro.

Cine y Cigala

El séptimo arte suele inspirar a este artista español a la hora de elegir su repertorio. “Me impactó la secuencia de La lista de Schindler en la que está el protagonista y todos los alemanes bailando un tango… ‘Por una cabeza’... Lo grabamos con Adriana Varela. Quedó un tema de la rehostia”, repasa. Y agrega: “Me encantó la escena de la película Martín Fierro en la que, antes de que entren los guardias y se lo lleven detenido, Alfredo Alcón, de barba y sombrero, toma la guitarra y entona: ‘Yo no soy cantor letrado porque lo mío es cantar…’. Quedé fascinado. Cada dos por tres buscaba esa partecita del film en YouTube. Y terminé incluyendo ‘Milonga de Martín Fierro’ en Romance de la luna tucumana”.

La gira 

Diego el Cigala dará el puntapié inicial de su tour el 4 de septiembre en Mendoza. Ese mes también estará en Buenos Aires, Neuquén, Rosario, Bahía Blanca, Mar del Plata, Tucumán y Córdoba. Lo acompañarán el reconocido guitarrista de flamenco Diego Del Morao, Jaime Calabuch (piano), Yelsy Heredia (contrabajo), Isidro Suárez (percusión), y Dan Ben Lior (guitarras).?Para conocer la grilla completa, ingresar en su sitio web: www.elcigala.com

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