INVESTIGACIÓN


Mente entrenada. Mente sana


Por María Alvarado.


Mente entrenada Mente sana

Mentes tímidas, ansiosas, inmaduras y pesimistas son consecuencia de la falta de entrenamiento. Así lo explica el brasileño Augusto Cury, creador de la Teoría de la Inteligencia Multifocal. Lo esencial es tener escuelas que eduquen emocionalmente y entrenar las emociones.

El 50% de los habitantes de las sociedades modernas padece o va a padecer algún trastorno psíquico. Estrés, fobias, trastornos alimentarios, ataques de pánico, depresión, enfermedades psicosomáticas. Y la lista continúa. Vivir corriendo, llegar al final del día con la “lengua afuera”, atrás del dinero, de lo urgente o del éxito, con poco tiempo para disfrutar lo importante. Vivimos para atesorar bienes, propiedades, coches, tecnología, luego los aseguramos y vivimos para cuidarlos y protegerlos. Y aunque el cuerpo “grita” las consecuencias de llevar esa vida, el hombre no se detiene a reflexionar, a pensar porqué vivimos así. Augusto Cury, médico psiquiatra, ha desarrollado en los últimos años su faceta como autor, con el objetivo de llegar a todas las personas que deseen mejorar su calidad de vida. ¿Cómo? Entrenando la mente. 

“A muchos les preocupa el colesterol, pero no su dieta emocional. Se preocupan por sudar en el gimnasio, pero no por ejercitar su ‘yo’ para gobernar sus pensamientos. Son responsables cuando se trata de proteger su automóvil, su casa o su empresa, pero no para proteger su mente. No desean cohabitar con los residuos externos, pero no les preocupan los que se están acumulando en el interior”, argumenta el autor de Mentes brillantes, mentes entrenadas. Y continúa: “El mayor riesgo del éxito es que la persona se olvide de sí misma y se convierta en una máquina de actividad. Hoy ya viví dos tercios de mi existencia. El tiempo fue pasando. ¿Qué tipo de cuidados le estamos prodigando tú y yo a nuestra vida?”.

El panorama según el psiquiatra brasileño no es muy alentador. “La escuela nos prepara para manejar el mundo de afuera pero no para manejar nuestro mundo interior. Por eso, las estadísticas psiquiátricas son asombrosas. Según la Universidad de Michigan, una de cada dos personas desarrolló trastornos psiquiátricos (depresión, ansiedad, enfermedades psicosomáticas, síndrome del pánico, anorexia, bulimia)”. Y sigue: “Algunas investigaciones demuestran que más del 80% de los profesores presentan al menos tres síntomas psíquicos o psicosomáticos”. Si bien el diagnóstico es grave, existe una forma de revertirlo, a través de la gestión de la mente y de las emociones. “Es esencial que pasemos de la era de las escuelas informativas a la época de las escuelas formativas o escuelas de inteligencia. Estas educan las emociones, el intelecto, la sensibilidad, la imaginación y las habilidades que sustentan la excelencia de la socialización”.

–¿Cómo entrenamos la mente para que no enferme?
–La mente puede ser vista como una empresa, que preside un director y que precisa de una gestión adecuada. En caso contrario, se va a la bancarrota. En Mentes brillantes, mentes entrenadas explico varias herramientas que tenemos para entrenarla. Una de ellas es desarrollar la capacidad de proteger la emoción. Millones de personas tienen asegurado su coche, su casa, su industria, pero no tienen un “seguro” emocional. Un pequeño problema tiene un impacto muy grande. Una pérdida, una decepción, una frustración, una traición coartan la tranquilidad. Entonces, es necesario entrenar y proteger las emociones, es necesario proteger y manejar los pensamientos. No podemos dejar nuestra mente sola, sin control. En caso contrario, vamos a desarrollar ansiedades, angustia, pesimismo, timidez y, además, un humor depresivo. 

–¿Cómo hacemos para resguardar ese yo? ¿Hay que ir con un escudo por la vida?
–El yo es el centro de la psique, el centro consciente de la mente humana, y debe entender sus papeles principales. Entre ellos está la capacidad de exponer y no imponer las ideas. Capacidad de pensar antes de reaccionar. Capacidad de trabajar las pérdidas y frustraciones. Capacidad de desarrollar la resiliencia y mantener la salud ante las adversidades. Hay un par de herramientas que se pueden usar: el arte de la duda como principio de la sabiduría; dudar del sentimiento de incapacidad. ¿Cuántas personas sufren por anticipado por problemas que aún no sucedieron? Hay que dudar de nuestro pesimismo. Dudar de nuestra dificultad de trabajar las frustraciones. Como un abogado debemos defender esa psiquis. Dejar de ser víctimas para convertirnos en protagonistas de nuestra historia. 

–¿Antes la humanidad no se enfermaba como ahora? ¿Qué ha sucedido?
–Una de las cosas importantes fue el cambio en la construcción del pensamiento. Alteramos los centros de construcción del pensamiento por los excesos de preocupación, de trabajo intelectual, de competencia, de uso de los teléfonos inteligentes, y el exceso de información. En el pasado la información se duplicaba cada doscientos años; hoy se duplica cada un año. Un niño de 7 años tiene más información de la que un emperador romano tenía en la cúpula de Roma. El exceso de información no es traducido como conocimiento, y los conocimientos no son traducidos como experiencia. 

–¿Es posible ser inteligente pero emocionalmente inestable?
–Es posible ser culto, tener maestrías, doctorados y posdoctorados, y ser un niño en lo emocional. Ser inestable, no tener la capacidad de trabajar los estímulos estresantes, no tener capacidad de filtrar las dificultades de la vida y hacer de cada dolor una oportunidad única para crecer. Es posible tener muchísima cultura y no saber qué hacer con las críticas y contrariedades. Es una gran paradoja. Muchos jóvenes están saliendo de la universidad pero no están preparados para competir, para expresar las ideas, para trabajar en equipo, para reinventar, para transformar el caos en oportunidad creativa. Y para poder escribir los capítulos más importantes de la vida en los momentos más estresantes. Tienen mucha cultura y técnica, pero no cultura emocional, cultura del “yo” como gestor psíquico. 

–Entonces, ¿ser inteligente implica los dos aspectos, la cultura y el manejo de lo emocional?
–Ser inteligente significa desarrollar las funciones más complejas de la psiquis: compasión, capacidad de altruismo, pensar como humanidad y no como grupo social. Una de las funciones más importantes de una persona verdaderamente inteligente es no pensar como grupo (argentino, brasileño, de tal partido, religión, etc.) sino pensar como especie y como humanidad. Estamos viviendo en un mundo donde los recursos naturales están siendo destruidos porque no pensamos como humanidad, no pensamos en la próxima generación y en 2030 años un barril de agua costará más caro que un barril de petróleo. Habrá inseguridad alimentaria, calentamiento global. No estamos formando pensadores para dar respuesta a estos graves problemas. 

–En la inteligencia, ¿qué porcentaje es genético y cuanto puede ser aprendido o estimulado?
–No hay duda de que la parte genética es importante, pero no es fundamental. En psiquiatría y psicología son más importantes los aspectos de educación del yo, los aspectos sociales y los aspectos de la enseñanza de los padres y de la escuela. Hay algunas personas que nacen más agitadas que otras, algunos niños tienen más sensibilidad ante los problemas, y se traban con más facilidad ante los miedos y dificultades. Pero todas estas cosas pueden ser cambiadas si nosotros construimos “ventanas light”, es decir, experiencias saludables. Por ejemplo: si un padre, en vez de dar muchos regalos a sus hijos o sobreprotegerlos, comparte su historia, habla sobre sus lágrimas y sus frustraciones, ellos van a aprender a llorar sus tristezas y a desarrollar la resiliencia, la capacidad de soportar contrariedades. Y van a poder sobrevivir a las angustias, crisis, traiciones, pérdidas. Así hay una transferencia del capital de la experiencia. Más del 90% de los padres no transfieren ese capital; transfieren reglas o capital financiero, transfieren lo trivial pero no lo esencial. Otro ejemplo: un padre que critica, que es intolerante y hace un escándalo ante cualquier error del hijo produce ventanas traumáticas, áreas que secuestran el yo y bloquean su capacidad de dirigir la mente hiriendo su inteligencia. 

–La responsabilidad y la influencia de los padres y maestros en la mente de los chicos es enorme…
–Educar a un niño es más complejo que dirigir una ciudad o una empresa con miles de empleados. No tenemos instrucciones. Los padres, como los periódicos, señalan los temas más problemáticos del hijo. Los chicos, por ejemplo, se lavan los dientes millones de veces al año y nunca los elogiamos; ahora, una vez que el niño no se lava los dientes hacemos un escándalo y lo criticamos. Un profesor ante un aula ve miles de comportamientos saludables de un alumno: es generoso, presta atención, es tranquilo. Y el profesor nunca repara en eso. Ahora, cuando el alumno comete un error y es rebelde o agresivo, lo humilla públicamente. Jamás un maestro o un padre puede humillar públicamente a un hijo o un alumno, porque trae consecuencias para toda la vida. Presionar, levantar la voz, formular muchas críticas asfixian la creatividad, la espontaneidad, la generosidad. Hay que elogiar tres veces más de lo que criticamos. Alguien que critica de más está apto para trabajar con máquinas, pero no para formar seres humanos saludables e inteligentes.

–¿Cómo está el sistema escolar en cuanto al entrenamiento de la mente?
–Los maestros y profesores son quienes pueden trabajar la psiquis de los chicos para que no se enferme. Pero son desvalorizados financieramente, no son entrenados adecuadamente para conocer las bases más profundas de la mente humana. El problema es que el sistema educativo mundial está enfermo, formando personas enfermas para una sociedad enferma. ¿Por qué? Porque bombardea la memoria con millones de informaciones que nunca necesitaremos y casi nada se enseña sobre las bases de la mente humana, sobre las funciones más importantes de la inteligencia. Casi nada sobre cómo proteger las emociones, cómo alejar los pensamientos negativos, cómo ponerse en el lugar de los otros, cómo de-sarrollar el carisma y ser un distribuidor de elogios. Cómo ser empáticos, cómo aprender a pensar antes de reaccionar, cómo ser simpático y distribuir sonrisas para los hijos y empleados. No somos entrenados en las funciones más complejas de la inteligencia. Hace cinco siglos que la escuela no cambia. Por ejemplo, los alumnos son sentados en filas, de un modo que dificulta el debate y la espontaneidad. Dos o tres años de esto causa secuelas de por vida, como la timidez. Casi el 80% de los jóvenes presentan síntomas de timidez e inseguridad. 

–Hay que cambiar el sistema educativo…
–Tenemos que pasar de la era de la información a la era del “yo” como gestor psíquico. Estamos desarrollando un programa que se llama Escuela de la Inteligencia. Es una hora por semana para niños a partir de los 4 años para que aprendan las funciones de la inteligencia, para que aprendan a proteger su emoción, a ponerse en el lugar del otro, a gestionar su mente. A desarrollar la resiliencia, la creatividad, a reinventar su historia en cada crisis. Hay doscientos mil alumnos en Brasil participando del programa (escoladainteligencia.com. br). Ahora estoy trabajando exclusivamente para escuelas públicas. Ya hay más de treinta países interesados en aplicarlo. Inclusive los países que se ubican en los primeros lugares de las evaluaciones PISA están atrasados en estos aspectos. China está en la cima y, sin embargo, trescientas mil personas se suicidan por año. 

Una mente sana 

“Para lograrlo hay que contemplar lo bello, hacer de las pequeñas cosas un espectáculo, hablar sobre nuestras vidas con las personas más próximas, transferir el capital de las experiencias, criticar cada idea perturbadora en el momento que aparece. El yo debe reunirse con nuestros fantasmas, con nuestros miedos, crisis, dificultades, sentimientos de incapacidad, pesimismo. Todos los días hay que enfrentarlos y preguntarse por qué surgen estos miedos. Cuando intervengo mi mente empiezo a domesticar esos fantasmas. Nuestro yo es muy lento y no está preparado para ejercitar estas funciones. Estamos en la Edad de Piedra en cuanto a estas funciones”, sostiene Cury.  

Preservar al yo del estrés 

“No es para nada fácil preservar a nuestro yo en un mundo tan estresante porque nuestro yo es muy presionado por un sistema altamente estresante. El mundo se convirtió en una aldea global de información y en un manicomio global. Hay mucha competencia, presión, todo ‘ya’. Si a un joven no le funciona el celular un minuto, se estresa. Si la computadora no abre, entra en crisis. Es una sociedad ansiosa, urgente. Lo normal es ver gente estresada, tensa, con dolores de cabeza o musculares. Y lo anormal es estar tranquilo, sereno, estar saludable”, concluye Cury.

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