ENTREVISTA


De Santo auténtico


Por Belén Herrera.


De Santo auténtico 

Radicado en la provincia de Córdoba, Damián De Santo se instala en Buenos Aires de lunes a jueves para grabar Viudas e hijos del Rock & Roll. Desde hace siete años logra mantenerse vigente dentro de los medios, incluso a la distancia.

Quien crea que Damián De Santo regresó a la tele para protagonizar Viudas e hijos del Rock & Roll después de unos años sabáticos está equivocado. Durante los cuatro años que el actor estuvo fuera de la pantalla chica trabajó y mucho. Con las sierras cordobesas como escenografía y los sonidos de la naturaleza como banda sonora, Damián hizo de todo. Desde atender a la gente que elige pasar unos días en su complejo de cabañas en Villa Giardino hasta rodar La boleta –que se estrenó a fines del año pasado– y grabar algunas participaciones esporádicas en ciclos como Lo que el tiempo nos dejó, Decisiones de vida y Viento sur. Lo que se dice un “laburante”. “Tengo la pasividad del tano, y al geminiano le agarra el ataque”, explica De Santo.

Ahora el actor volvió a Telefe para protagonizar una ficción junto a Paola Barrientos, Julieta Ortega y Celeste Cid. “Mi personaje se llama Diego Lamas. Es DJ, tiene 42 años, y siempre estuvo enamorado de una chica (Barrientos) que conoció en Villa Gesell cuando tenía 18. Ellos se enamoraron, hubo un desencuentro, no se vieron nunca más y a partir de ahí él quedó prendado de esa historia. Él está por casarse pero en un noticiero la ve, la busca y ahí empieza la trama”, explica.

–¿Tenías ganas de volver a la tevé después de cuatro años?
–Me aparecieron las ganas cuando llegó el proyecto. Hice una miniserie con el Turco Naím, que está ahí dando vueltas, también hice una película y un par de cosas, aunque no de tanta intensidad. Pero no extraño. Estoy bien. Me da placer cuando leo algo para lo que me llaman y el proyecto es lindo. Ahí me engancho.

–¿Genera presión que el público asocie Viudas e hijos… con Graduados?
–No, no me genera presión. La historia no tiene nada que ver. No la quiero despegar, al contrario. Sería bárbaro poder pegarla a Graduados porque fue un programa exitoso. 

–¿Cómo ves la tevé actual?
–Veo poca tele, sobre todo cuando trabajo. La tele tiene un poco de todo. Me gustaría más ficción o más cine en tevé. Hay muchas películas que se hicieron que no las pasan. Y como extraño La aventura del hombre, pongo Discovery. No sigo ningún programa. 

–¿En algún punto te ves identificado con tu personaje?
–Totalmente, porque mi vida transcurrió en la Costa, mis veranos eran tres meses de vacaciones en Mar de Ajó.

–¿Qué recuerdos tenés de los veranos?
–Maravillosos, de una libertad poco comparable con la de ahora. Con una tranquilidad para mis papás y mis abuelos... excepto que nos pudiera pasar algo en el mar. Había peligros mínimos, uno podía disfrutar sin pruritos de la adolescencia, tanto durante el día como a la noche.

–¿También tuviste amores de verano?
–Claro, los primeros amores. Tenía amigos del verano y las chicas empezaron a crecer y nos empezaron a gustar. La verdad es que era hermosa la sensación de estar de novio en la Costa; después no las veías en Buenos Aires, pero nuestros amores de verano eran muy fuertes.

–¿Seguís yendo a Mar de Ajó?
–Sí, es mi lugar de la Costa. Tengo primos. Mi mamá y mis abuelos están enterrados en el cementerio de Mar de Ajó. Implica mucho para mí esa parte de la Costa. ¡Cómo creció todo, es otra cosa! Donde yo cazaba con aire comprimido ahora hay casas y antes había médanos. Pero, bueno, yo conservo la casa de los abuelos ahí y voy siempre.
Café de por medio, Damián habla, se ríe, recuerda anécdotas y hace chistes, porque si hay algo que lo caracteriza es su buena predisposición y su sentido del humor. Pero en un momento la charla se interrumpe. Su teléfono suena y el actor deja paso al padre. Es Joaquín (13), el mayor de sus dos hijos, quien lo llama desde Villa Giardino donde vive junto a su hermano, Camilo (8), y su mamá, Vanina, el mismo lugar del que Damián llegó la mañana en que realizamos la entrevista en uno de los bares del estudio que Telefe tiene en Martínez.

–¿Viviendo en Córdoba cómo te organizás con tu trabajo en Buenos Aires?
–Me subo al micro el jueves a la noche y el viernes a la mañana estoy allá, y el domingo a última hora me vuelvo y llegó acá el lunes a la mañana. Una locura, pero bueno…

–¿No te estresa?
–No, porque cuando me mentalizo ya está.

–¿Cuál es tu trabajo en las cabañas?
–Hago de todo, desde atender a la gente y arreglar un caño que pierde hasta cortar pasto y maderas de los troncos para que los huéspedes hagan asados.

–¿Cómo te decidiste a abrirlas? 
–Tenía muchas ganas de irme a vivir a otro lado que no fuera Buenos Aires ni las afueras inmediatas de la ciudad. Pero entre el deseo y el momento en que las abrimos pasó un tiempo prudencial. Además, si me iba lejos y no me llamaban para trabajar, ¿qué iba a hacer? Entonces, pensamos con la Flaca (N. de R.: Vanina, su mujer desde hace quince años) en hacer cabañas. Pero no sabíamos dónde. 

–¿Cómo eligieron Villa Giardino?
–A Giardino caímos porque ella estaba embarazada de Joaquín y tenía pérdidas; entonces, como yo conocía Giardino por el hotel de actores, y unos amigos tenían cabañas, los llamé y les pedí si me alquilaban una por dos meses. El día que llegamos no tuvo una pérdida más, ni un vómito más, y nos volvimos con una panza de tres meses y medio. Prometimos hacer algo ahí. De hecho, agarré dos ojotas y en el terreno donde están las cabañas hoy, levanté una piedra y dije: “Las tiro acá y si esto tiene que ser nuestro, van a estar”. Tiempo después de mover con las máquinas la tierra y de hacer los caminos, nació Joaquín. A los 3 años me dijo: “¿Me levantás esta piedra que quiero ver si hay un bicho bolita?”. La levanté y estaban las ojotas, en el centro del complejo. Era mi lugar, nuestro lugar. 

–¿No extrañás el ruido de la ciudad?
–No. Me mata el gusto de mate con olor a cloro. Tengo una perforación con agua mineral y tomo un mate tremendo. Y crece mucho en la huerta lo que regamos con esa agua. Vuelvo así, para trabajar, coqueteo un  poco con la naturaleza y el trabajo.

–¿Nunca intentaste armar un proyecto actoral en Córdoba?
–No, no mezclo. La energía está donde la tengo que poner, en el momento que la tengo que poner. 

–¿Te asusta que el público pueda llegar a no reconocerte?
–No. No tengo ningún tipo de problema con eso. Si se olvidan los de mi generación, es porque nunca vieron tele o hice todo mal.

–Y la gente se sigue acordando…
–Pero no estoy es pos de ganarles a las generaciones que vienen. Hace veintisiete años que me dedico a la profesión. Mi inquietud era poder vivir de la actuación y de hecho agradezco a mi trabajo porque gracias a él tuve las cabañas. No me asusta no trabajar de la profesión. De hecho esa libertad hace que yo pueda trabajar mejor, más libremente. No tengo la carga de saber que tengo que ganarme los pesos para pagar el supermercado. No soy millonario pero soy rico porque poco a poco fui logrando lo que quería; tampoco aspiré a cosas muy grandes. Mi abuelo decía: “Comprate el auto que puedas mantener, no el que te puedas comprar”. Entonces, me parece que en función del proyecto que soñé, lo cumplí. Me lo cumplí. No hacia afuera. Si el otro cree que soy un mediocre, es un problema del otro, no mío.

–Y lograste que los productores siempre te tengan en cuenta…
–Porque creo que soy de esos actores con el que siempre pueden contar, que tengo buena onda a la hora de trabajar, que trabajo fuerte y no me hago el exquisito. Trabajar duro es natural en mí porque vengo de una familia de clase media en ascenso. Soy un agradecido de la profesión y soy un agradecido del otro. Hice el trabajo del otro, por eso sé respetar mucho el trabajo de los demás. Tengo esa relación afable con la gente y creo que eso se nota. Es indudable. No soy especial, soy normal. 


 

 

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