TENDENCIA


Las musas del rock


Por Tamara Smerling.


Las musas del rock 
Agustina Larrea y Tomás Balmaceda indagan, en el libro Quién es la chica, en las mujeres que inspiraron las principales canciones de amor y de desamor de las últimas décadas.

Las chicas son de alguna manera la llave del mecanismo que activa el deseo. Entonces, como todo es deseo, plasmar algo que tenés adentro tuyo en música es deseo, y gustarles o conquistarlas también es deseo”, dice Fito Páez en Quién es la chica, el libro que editó Penguin Random House, en donde Agustina Larrea y Tomás Balmaceda indagan en las musas que inspiraron las canciones más emblemáticas del rock nacional de las últimas cinco décadas. 

“Promesas sobre el bidet”, “Asesíname” o “Dime quién me lo robó”, de Charly García; “Media Verónica” o “Flaca”, de Andrés Calamaro; “Muchacha (ojos de papel)”, “Maribel” o “Ana no duerme”, de Luis Alberto Spinetta; “Un vestido y un amor” o “Brillante sobre el mic”, de Fito Páez; “Hacelo por mí”, de Attaque 77; “Un poco de amor francés”, de Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota, o “Avanti morocha”, de Los Caballeros de la Quema, son algunas de las doscientas melodías que sonaron en las radios durante más de un verano y que quedaron en la memoria colectiva de un puñado de generaciones. 
Agustina Larrea, una de las autoras del libro, detalló el porqué de un texto donde las mujeres provocan más que un suspiro. 

–¿Cómo se les ocurrió la idea de escribir este libro? 
–Tomás y yo somos amigos desde hace varios años. Comenzamos intercambiando citas de letras del rock y del pop argentinos que, por algún motivo, nos llamaban la atención. Llegamos a hacerlo por mensaje de texto y luego pasamos al correo electrónico. Después de un tiempo nos dimos cuenta de que esas citas muchas veces tenían que ver con algo vinculado a alguna mujer. Esa selección fue aumentando y aumentando hasta que vimos que podíamos hacer algo con ese material. 

–¿De qué modo realizaron la selección de canciones?
–El libro iba a tener unos diez capítulos porque pensábamos investigar la cocina, digamos, de apenas diez canciones. Pero cuando comenzamos a indagar en los distintos artistas y en sus formas de inspiración, el material se fue multiplicando exponencialmente. Fue tirar de una cuerda y que vinieran más y más historias. Así que la decisión de nuestro editor, Marcelo Panozzo, fue que hiciéramos una especie de enciclopedia para poder desarrollar todos los temas o al menos los más importantes. Así llegamos al formato del libro actual, que cuenta las historias de la inspiración de más de doscientas canciones de nuestros músicos.

–¿Cuáles son tus canciones de amor (o de desamor) preferidas del rock nacional? 
–¡Un montón! Por elegir solamente algunas, que además se pueden encontrar en el libro, voy con “Fue amor”, de Fito Páez; “Un osito de peluche de Taiwán”, de Los Auténticos Decadentes (el autor es el genio de Jorge Serrano), y “Quiero estar entre tus cosas”, de Daniel Melero.

–¿Cuál fue la anécdota que les llamó más la atención sobre los relatos que expusieron estos músicos acerca de sus composiciones y las musas que los inspiraron? ¿Qué los sorprendió?
–Por suerte no dejamos de sorprendernos a lo largo de toda la investigación. Nos dimos cuenta de que a la hora de componer canciones no hay una fórmula ni un único método. Sí podemos decir que hasta los músicos que parecen ser más duros tienen su costado romántico y tierno. Las anécdotas son muchísimas. Siempre elijo una que me gusta bastante y es la historia detrás de “Diosa”, de Los Auténticos Decadentes. Jorge Serrano nos contó que ahí fusionó dos puntos interesantes: por un lado, se inspiró en Las Diosas del Verano, un segmento que tenía el programa de Marcelo Tinelli en los noventa, donde se veía a chicas muy lindas en la playa. Por el otro, también tomó como imagen El nacimiento de Venus, de Botticelli. ¡De esa mezcla nace esa canción tan divertida y a la vez increíble! 

–¿Hubo alguna historia íntima o mínima que los conmovió profundamente en estos relatos?
–Muchísimas. Hay historias súper conmovedoras alrededor de hijas y madres, porque el libro no solamente habla de amores o desamores de los músicos. Hay una anécdota muy fuerte que nos contó Fito Páez cuando lo entrevistamos, que finalmente lo llevó a componer “Sofi fue una nena de papá”. La canción no es de las más populares de su carrera, pero hay algo detrás que nos impactó mucho: la inspiradora es una chica que estaba presa. Fito un día estaba viendo el libro de una gran fotógrafa argentina, Adriana Lestido, que hizo un trabajo justamente sobre mujeres privadas de la libertad. Entre las chicas que retrataba había una que en su celda no tenía más que tres o cuatro cosas y ¡una foto de Fito! Esto a él lo movilizó un montón, el simple hecho de pensar que la imagen que esa chica veía todos los días era la de él en la pared de su celda le pegó muy fuerte. Tanto que finalmente le compuso esa canción y hasta llegó a ponerse en contacto con ella. Algo muy impresionante.

–Las musas, ¿existen realmente o son solo una excusa de los músicos para componer canciones?
–Personalmente creo que las dos cosas. Los músicos son pícaros y corren con la ventaja de poder dedicar canciones a sus seres queridos. Los que nos dedicamos a otros trabajos no podríamos. Soy periodista y no se me ocurriría decirle a mi novio: “Esta volanta la hice pensando en vos” o “Te dedico este cable que escribí sobre los fondos buitre”. ¡Pero los roqueros sí pueden!

–¿Llegaron a alguna conclusión después de realizar toda la investigación de Quién es la chica? ¿Realmente se puede vivir del amor? 
–La conclusión es que no hay un único método de composición y que la gran diversidad de artistas locales hace que sea muy rico indagar en eso. Algunos escriben en cinco minutos lo que a otros les lleva años. Algunos hacen primero la melodía y de ahí van a la letra. Incluso, aunque varios se pongan a teorizar sobre el tema, hay una cuota de magia que es necesaria para que, después, eso que quizás está guardado en un cajón se convierta en un tema que movilice a cientos de personas en un show o se baile en una fiesta. Sí hay un poder impresionante en estas mujeres que fuimos encontrando, que en muchos casos fueron testigos de grandes momentos de la historia del rock local por el simple hecho de estar cerca de los músicos. ¿Si se puede vivir del amor? ¡No quedan dudas!

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