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Con sello propio


Por Revista Nueva.


Con sello propio 
Triunfó en Nueva York, pero decidió volver a su Tucumán natal para impulsar desde allí el diseño argentino. 

Manuel Sáez es un diseñador industrial que rompe el molde. Su andar es rápido y desborda energía; las 24 horas no le alcanzan para  hacer todo lo que su mente creativa inventa. No le teme al rídiculo, ni tiene esos miedos típicos del que dirán; “se manda”, como se dice coloquialmente. Gracias a estas virtudes y, principalmente, a que en sus diseños trata de mantener el balance entre la innovación, el precio y la factibilidad, llegó muy lejos, mucho más de lo que habría imaginado cuando estudiaba en Concepción, su ciudad natal, en Tucumán. Hablamos de Manuel Sáez (41), uno de los diseñadores industriales argentinos más destacados, con más de setenta premios internacionales ganados. 

En 2007, junto al equipo de Humanscale, ganó el premio de Diseñador del Año otorgado por IDA (International Design Award), uno de los más prestigiosos del rubro, y su kit de emergencias fue seleccionado para ser parte de la colección permanente del MoMA de Nueva York. Estudió en la Argentina, pero un verano viajó a estudiar inglés a Nueva Orleáns y no volvió. Hizo un máster en la Universidad de Bridgeport y un posgrado en el Massachussets Institute of Technology (MIT). Trabajó sin pausa en estudios de diseño hasta que creó el suyo en Nueva York. Hoy está de vuelta: llegó hace ocho meses, con el objetivo de hacer desde la Argentina, y en especial desde Tucumán, cosas de relevancia mundial. “Es un objetivo ambicioso pero es posible”, dice.

–Triunfaste en Manhattan, el lugar donde todos quieren triunfar, y volviste para instalarte en Tucumán. ¿Cómo se hace para dejar un puesto acomodado? 
–Volver fue una decisión que pensé mucho, no solo por mí sino también por mi familia, pero tengo la suerte de que Tracy, mi mujer, me apoya en este proyecto. Vivir en Nueva York tiene muchos beneficios, es el centro del mundo y un lugar muy importante para la gente creativa. Posee una energía constante que te alimenta y te empuja a estar siempre en tu mejor forma compitiendo con los mejores, es excitante y divertido. Pero después de quince años, creo que la idea de “hacer desde mi país” es mucho más desafiante y puedo tener un mayor impacto positivo.  

–¿Que ventajas tenés en Tucumán? 
–Más calidad de vida. En Tucumán estamos al pie del cerro, en Yerba Buena, que es un lugar verde donde se respira pureza y se escucha el canto de los pájaros todo el día. Pero creo que la mayor satisfacción es que puedo pasar más tiempo con mi familia y mis amigos. En Tucumán la vida va más despacio que en Nueva York y me permite disfrutar de momentos de calidad con con mis hijos, Sofía y Mateo. Esto es muy importante para balancear lo profesional y lo personal y así vivir mejor.

–Querés lograr que el diseño sea una industria floreciente ¿Se puede? ¿Qué nos falta y qué tenemos?
–En la Argentina hay mucho potencial. Lo que nos falta es más industria. Lo que tenemos es un capital humano calificado que busca un canal para expresar su creatividad. Promover el desarrollo industrial apoyando a las pymes productivas y sus emprendedores es un proyecto que estamos encarando a través de la Fundación LIDE (Liderazgo en el Diseño y el Emprendedurismo), que comencé hace un par de meses. El objetivo es hacerle ver al emprendedor que para que un negocio sea saludable debe tener todas sus patas fuertes y trabajar en armonía: el liderazgo, la creatividad, lo comercial y la logística. 

–¿A quienes admirás? 
–A los jóvenes que están haciendo diseño, ya sea a los que están empezando o los que todavía están estudiando. En Tucumán dirijo las carreras de Diseño Industrial y Diseño Textil e Indumentarias de la Universidad de San Pablo y allí veo a diario el talento y la creatividad que los jóvenes diseñadores despliegan al resolver problemas.

–¿Quiénes te iluminaron en tu camino?
–Lo curioso es que en mi carrera las personas que más me ayudaron a crecer no fueron diseñadores sino gente común con buenos principios y pasión por lo que hacen. Creo que se puede aprender de todos los que nos rodean con diversidad de pensamiento, costumbres y culturas. Esto ayuda a tener una apertura mental en la manera de ver las cosas.

–Uno de tus diseños son las bicicletas ergonómicas de fibra de carbono. ¿Que ventajas tiene?
–La fibra de carbono es un material más liviano y resistente que el acero, lo cual es muy bueno para mejorar la eficiencia. En el caso de la bicicleta universal, que es el modelo que lanzamos en fibra de carbono, la ventaja del material está aumentada por su característica de ajuste para lograr un calce perfecto con el ciclista.

–Manuel, ¿cuáles son tus proyectos?
–Hace tiempo que venimos trabajando en una moto eléctrica de carácter utilitario y planeamos hacerla en la Argentina. En Tucumán estamos instalando la primera fábrica de producción industrial de productos de fibra de carbono donde haríamos este nuevo vehículo. Es un proyecto grande ya que va mas allá del diseño; en este caso ¡es el diseño de una fábrica!

–¿Cual es tu sueño?
–Hacer desde la Argentina, y en especial desde Tucumán, cosas que impacten positivamente en el mundo. Poder ayudar a la mayor cantidad de personas posible a vivir al máximo de su potencial.  Es un sueño lindo, ambicioso que vale la pena… y en eso estamos trabajando. 

El mejor diseño en el mundo…

“A priori diría la rueda, pero me parece que el tornillo es muy importante y no está tan reconocido. ¡Es fantástico! Se usa para agarrar casi todo que no está clavado o pegado. También, en la hélice de un avión, el ventilador de la casa, el molino de viento...  Está en todos lados y pasa desapercibido. Sea quien fuere que lo inventó se merece un premio”.


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