ENTREVISTA


Hoy prevalecen las individualidades


Por Guadalupe Treibel.


“Hoy prevalecen las individualidades”
Susana Saulquin, socióloga de la moda, explica los cambios que atraviesa el mundillo de la indumentaria, como la muerte de las tendencias y del diseñador estrella, para dar paso a las personas, a las prendas éticas y al consumo consciente. Los invitados VIP son el arte, el juego y el humor.

El protagonismo hoy lo tienen las personas más que las prendas. Ahora todo es más personal, en parte gracias a la aparición de las redes sociales”, advierte la socióloga y autora Susana Saulquin en su más reciente libro, Política de las apariencias. La especialista en Sociología del Vestir y directora del posgrado en Sociología del Diseño en FADU/UBA augura un cambio de paradigma hacia prendas éticas, lúdicas, artísticas y personales, donde no faltan ni el humor ni la responsabilidad social, donde el lujo es sustentable, donde el protagonismo de las redes sociales es inapelable y la masividad, una forma de producción incompatible. Ducha en interpretar los síntomas de una época, la mirada de Saulquin ayuda a comprender lo que fue, es y vendrá en esta sociedad digitalizada. 
   
–Uno de los postulados de tu último libro es que hoy el protagonismo está en la prenda individual y el estilo personal, y ya no en las modas.
–Diría que el protagonismo hoy lo tienen las personas más que las prendas. Se busca tener experiencias, entretenimientos, vivencias; en resumen, un estilo de vida interesante. Pero aquella idea de “tal vestido me hace única” ya no es así. Lo que prevalece son las individualidades. Asociada a las redes sociales y a los grupos, una no está individualmente sola: contiene multitudes en su interior. Para mí, la trilogía dentro de la que se organiza esta nueva mirada respecto a la indumentaria es “arte, juego y humor”. Estas son las tres bases que permiten comprender mejor el vivir actual. Ya no se trata de tener el brillante para mostrarlo, sino de poner arte y sentido del humor a las prendas para divertirse y que la realidad sea más llevadera. Y si bien hay una vuelta a la extrema calidad y al lujo, es un lujo sustentable. 

–¿Dirías que la prenda sigue cargando cierto capital simbólico como constructor de prestigio, notoriedad, autoridad, etcétera?
–Desde ya que sí. La famosa distinción de capital simbólico de Pierre Bourdieu sigue siendo importante. Sin embargo, los que pautan el buen gusto y las formas de vestir ya no son los que ostentaban el capital simbólico por prestigio y posición social. Esa función pasó ahora a las individualidades. Además, el concepto sirvió para otras épocas, incluso para todas las raíces del vestir –la competencia, la distinción, el mirar y el ser mirado–, pero hoy se cuelan otros condicionantes individuales (sentirse bien, sentir placer, tener una buena imagen para presentarme frente al otro). Es otro paradigma y está en otra clave.  

–Si lo que prevalece es la individualidad, ¿donde queda la moda como instauradora de tendencias?
–La moda, como reguladora de las apariencias, pierde su lugar de privilegio; lugar que ocupan otras formas de vestir, como el diseño independiente. O, para el caso, el diseño interactivo, que utiliza nuevos materiales y que aún está muy parado en la Argentina y en el mundo. Porque el sistema es un poder hegemónico muy fuerte que intenta resistir y que, a mi entender, hoy quedó arrinconado a algo tan anacrónico como las pasarelas de los premios Oscar o el Fashion Police. ¿Porque quién se viste hoy día de manera autoritaria? Ahora todo es más personal, en parte gracias a la aparición de las redes sociales.

–Otro de los postulados planteados en el libro es el fin del diseñador estrella… 
–Sí, el gran designer no va más; el ego quedó viejo. Ahora son equipos de trabajo, colectivos creativos que se juntan. La estrella no tiene cabida en esta sociedad, donde se busca el bien común y el trabajo en conjunto. Una sociedad donde la gente se motiva por los proyectos, no por el estatus ni por mostrarle al otro. Son cambios interesantes, pero que requieren toneladas y toneladas de ética. Eso es lo que preocupa… En la Argentina, por ejemplo, es una palabra que no existe. En el comportamiento común de la gente, en el plano social general, el bien común no está a la orden del día. Sin embargo, tengo esperanzas en la nueva sociedad que se está gestando. Ojo, como toda nueva sociedad, va a tener su anverso y su reverso. La parte negativa es que todo era más fácil en la cultura de masas: la accesibilidad a las prendas, la propia moda y su acción de usar y tirar, usar y tirar, que generaba la ficción del poder, de la renovación constante. Bueno, el planeta no da más para eso. 

“Ya hay diseñadores que revisan sus colecciones con prendas éticamente construidas; por ejemplo, Alejandra Gougy o Alejandra Gottelli. También hay un movimiento fuerte en Tucumán, Catamarca, Salta o Misiones”.

–Si la renovación constante caduca, caducan también las temporadas…
–Sí, y lo pongo en el libro. A partir de 1860, la sociedad industrial organizó las temporadas para que hubiera una continua renovación, algo que antes no existía y que ahora perdió sentido. Incluso desde lo climático, considerando que ya no hace ni mucho calor ni mucho frío; los espacios están climatizados y con un buen abrigo con capucha, la gente se arregla. 

–Parte de la nueva ética incluiría que el diseñador estuviera involucrado en todo el proceso de la prenda: obtención de los materiales, tintura etcétera…
–Eso es lo nuevo, que –a su vez– incorpora otra esfera: la trazabilidad, es decir, toda la historia de la prenda, un lujo nuevo que la vuelve más atractiva. Ya hay diseñadores que revisan sus colecciones individuales con prendas éticamente construidas; por ejemplo Alejandra Gougy, de Cosecha Vintage, o Alejandra Gottelli, de Cúbreme. También hay un movimiento fuerte en las provincias, sobre todo en Tucumán, Catamarca, Salta o Misiones, donde las propias universidades incorporan técnicas de artesano, materiales propios y responsabilidad social. Y en este nuevo contexto, el algodón -el material del siglo XX– se convirtió en el chico malo del siglo XXI por la cantidad increíble de pesticidas que necesita. Y el algodón orgánico casi es peor porque requiere muchísima cantidad de agua y mucho más terreno. El problema es que el denim, el jean, está hecho a base de este material. Por eso es necesario pensar materiales nuevos que lo reemplacen.

–¿Por ejemplo? 
–El formio es uno de ellos. Pienso que la lana puede ser muy interesante. Ni qué hablar de los camélidos, aunque sean para el lujo. 

–Otra modificación que resalta en Política de las apariencias es la eclosión de los centros de la moda, como París, Nueva York, Londres, etcétera– y la multiplicación de nuevos espacios mundiales, incluidos los virtuales. 
–Se empiezan a fragmentar y expandir los puntos de generación de sentido. Y esa expansión implica que París ya no define excluyentemente lo que se usa. La sociedad digital vino a cambiar todo y no se pueden detener los avances. Pero también hay que decir que tiene su porción negativa, como la adicción que las redes generan y la compulsión a la permanente comparación con el otro. No hace bien estar inventándose constantemente una personalidad que tal vez no sea la propia.   

–¿Y quién delinea el buen gusto? 
–Desaparecida la moda, lo que quedará será el estilo de cada uno. Porque la idea de “buen gusto” ya quedó dirimida. Si no, fijate las nuevas colecciones, que ya son un disparate, como Karl Lagerfeld creando un supermercado con Chanel para acercarse a lo cotidiano en un gesto desesperado por buscar cosas nuevas. “Elegancia” y “buen gusto” son expresiones que no van más. Antes estaba pautado; hoy, en cambio, solo se puede decir: “No me pondría tal o cual cosa”. 

–En este nuevo orden de la indumentaria, también observás que el cuerpo real llegó para quedarse. 
–Se acabó la pavada de la estrategia masiva de homogeneizar los cuerpos y del requerimiento de tener un cuerpo apto para la seducción. Hoy podés darte el lujo de ser vos misma. Hay un movimiento hacia lo natural. Cada vez que algo es desesperante y llega a su punto máximo (como lo ha sido la bulimia y la anorexia), tiene su contratendencia. Ahora los kilos son sintomáticos de la personalidad. Y si querés usar tacos, tenés la libertad y el poder de que sea solo por juego y ya no por el cliché de lo femenino.  

–A pesar de la innovación constante, las últimas décadas no han mostrado una prenda revolucionaria. ¿Creés que está por llegar?
–Absolutamente. Está faltando la prenda del siglo XXI. Si se vuelve y vuelve al vintage, es por miedo al cambio. En La muerte de la moda, yo hablaba de “la túnica como prenda emblemática”, es decir, una prenda nueva, simple, que permita jugar con opciones distintas. Esta puede ser una posibilidad interesante.   

–Susana, los cambios necesitan profundizarse y establecerse. ¿Cuándo prevés que se solidificará este nuevo modelo de prendas individuales, éticas y también lúdicas…?
–Para llegar al bien común, diría que faltan unos buenos veinticinco años. Porque aún es muy caro hacer prendas limpias. Pensá que es un giro copernicano: otra forma de pensar, otra forma de ver la realidad. Pero con nueva tecnología se llegará.  

nueva, todos los domingos con:


El Norte La Capital Nuevo Diario El Día La Gaceta Rio Negro Primera Edición Uno - Mendoza Uno - Entre Ríos Uno - Santa Fe Diario Norte Puntal - Córdoba La Nueva Diario Democracia El Independiente Diario Norte