INVESTIGACIÓN


El pop art vuelve con fuerza


Por Cristina Noble.


El pop art vuelve con fuerza 

Este estilo tan querido regresa al top trendy. A las exitosísimas exposiciones en las principales capitales de arte del mundo, se les suman los altos precios que se pagan por las obras. Un boom Imparable.

A más de medio siglo de su irrupción, el pop art reaparece convertido en un boom. Distintas señales así lo indican. En las principales capitales de arte del mundo se organizan mega- exposiciones con concurrencia multitudinaria, los autores pop son aclamados como estrellas de televisión y en las subastas se pagan fortunas por sus obras. Por otra parte, el espíritu de revival se multiplica y hoy se organizan muestras especiales de artistas que en otras épocas no eran considerados. 

Para 2015, en la Tate Gallery de Londres y en el Walker Art Center de Minneapolis se proyectan megaexposiciones sobre el pop art. Y en estos días, el extravagante “rey del pop”, Jeff Koons, que fue esposo de la Cicciolina (la vedette porno y exparlamentaria italiana), tiene una retrospectiva de cuatro pisos en el museo Whitney de Nueva York. Una muestra que convierte a Madison Avenue en un incesante desfile para ver la obra de uno de los artistas vivos más cotizados. El año pasado, su escultura Balloon Dog (orange), inspirada en esos perritos confeccionados con globos inflados, se subastó en 58 millones de dólares. 

Y la fiesta continúa. Porque la “retro” de Koons se muda al Centro Pompidou de París el próximo octubre. Este artista reconoce como su principal fuente de inspiración a Andy Warhol, quien se hizo famoso por pintar las cosas de la vida cotidiana que más le atraían (dólares, latas de sopa, jugos de tomate) o sus estrellas de rock y de cine más admiradas. Su emblemática serie de serigrafías de su sopa favorita, marca Campbell, que en los sesenta se vendió a sesenta mil dólares fue el comienzo de su fama (y de su suerte): el año pasado una reiteración de imágenes de su serie Desastres se remató en ciento cinco millones de dólares.

Marta Minujin es la exponente más mediática del pop criollo y además es muy reconocida en el mundo. En el año 2011, el Malba organizó una retrospectiva suya con obras que iban desde los comienzos de los sesenta hasta casi los noventa. Una gran foto de una joven Marta Minujin riéndose y quemando en París su propia obra como último acto de una exposición abría el catálogo. Todo un símbolo de la época. Sin perder su estilo provocador, Minujín ahora no incendia sus trabajos, sino que los vende, y bien caros, y no reniega de los reconocimientos. “Yo soy una genia, y me contradigo”, dice, y se ríe de sí misma.  Recientemente, el Guggenheim adquirió dos obras suyas. Y hace unos meses, Minujín confeccionó un gigantesco lobo marino con 80.000 alfajores inflados, como homenaje a Mar del Plata, en el marco de la muestra inaugural del Museo de Arte Contemporáneo en esa ciudad, dedicada justamente al arte pop. La exhibición, un evento interactivo, convocó a más de 600.000 personas en sus primeras semanas. Se trató de un buen ejemplo del arte como fenómeno de masas.

¿Qué tiene el pop, qué lo convierte en atractivo para el gran público y éxito de recaudación en el mercado del arte? Según Patricia Rizzo, curadora y autora del libro Instituto Di Tella, Experiencias 68, el pop siempre es atractivo. “En realidad nunca perdió vigencia, algo que ocurre siempre con los grandes movimientos. El arte pop es entrador, usa imágenes y una estética seductora a nivel popular, a la gente le da curiosidad y por eso tiene tanta convocatoria. El pop es una conjunción de expresiones, es arte espectáculo. Desde que nació, en los sesenta, rompió convenciones, límites y la solemnidad de los museos”. “Muerte a los museos”, era la consigna de los irreverentes artistas ditellianos. “En los sesenta el Di Tella era como nuestra casa –cuenta Roberto Jacoby–, un lugar donde nos alentaban, nos dejaban ser; en otras partes no éramos bien vistos”.

El pop criollo de los años sesenta 

La semilla que originó el espíritu del Instituto Di Tella, con sus happenings y la participación directa del público en las performances, puede rastrearse ya en las propuestas de movimientos de vanguardia como el dadaísmo, el futurismo, el constructivismo y el surrealismo, que buscaban integrar el arte y la vida. En los sesenta, las influencias de artistas como Pollock, Duchamp y Fontana eran directas en los artistas ditellianos. En 1959, en la galería Reuben de Nueva York, Allan Kaprow presentó dieciocho happenings en seis partes, mix de escultura, música, baile, proyecciones y la creación de una pintura in situ. Sin duda, fueron el antecedente de los happenings porteños y las distintas “intervenciones” sesentistas, como las desopilantes obras y happenings de Marta Minujín que hicieron historia. La Menesunda, el primero, fue un escándalo: consistía en un circuito compuesto por dieciséis ambientes que el espectador/participante debía recorrer en grupo para enfrentarse a diversas situaciones.

Un túnel de luces de neón conducía a una sala con diez televisores encendidos a todo volumen. Luego se pasaba por una habitación en la que se hallaba una pareja semidesnuda recostada en una cama. Posteriormente, el público ingresaba en una estructura gigante que representaba el interior de una cabeza de mujer, donde una maquilladora le aplicaba sus productos. Una vez más, un túnel conducía al espectador hasta otro ambiente. Su aroma imitaba al de un consultorio odontológico, del cual solo se podía salir si se marcaba el número correcto en un dial gigante. Inolvidables también fueron los Vivo Dito de Alberto Greco (marcaba con tiza el contorno de cualquier persona que pasaba por un lugar público) y los trabajos de Nicolás García Uriburu, que, entre otros ríos, coloreó el Rihn junto a Joseph Beuys. Por su parte, Oscar Bony disparó sobre su propia imagen y en 1966 hizo una gigantesca escultura de un falo sentado sobre un inodoro, escandalizando a todo el mundo en un período en que el gobierno regulaba hasta el uso de la vestimenta en las fiestas privadas. 

“Creo que actualmente hay un revival del pop porque la gente quiere revivir momentos de mucha libertad y alegría”, explica la curadora María Ángeles Fernández Rajoy. “Al menos en la Argentina, tenemos nostalgia de un país optimista donde parecía que cualquier cosa era posible”. Hay quienes creen que el pop es un gran éxito porque refleja como ninguna expresión artística lo efímero, la cultura del espectáculo que no se propone otro objetivo que el juego. “Nunca en la vida me divertí tanto como en los sesenta –recuerda Minujín–. Era el período de la imaginación al poder, cuando los estudiantes del Mayo Francés escribían en el arco del triunfo: ‘Sean realistas, pidan lo imposible’”.

El resurgimiento del pop quizás esté revelando, más que una evocación de épocas felices del pasado, deseos de imposible en los tiempos que vienen. 

nueva, todos los domingos con:


El Norte La Capital Nuevo Diario El Día La Gaceta Rio Negro Primera Edición Uno - Mendoza Uno - Entre Ríos Uno - Santa Fe Diario Norte Puntal - Córdoba La Nueva Diario Democracia El Independiente Diario Norte