TENDENCIA


Robots de aulto vuelo


Por Oscar Armayor.


Robots de aulto vuelo 

Cada día se habla más de los drones. Alguna vez fueron criaturas de ciencia ficción, pero hoy son realidad y se usan en numerosas actividades comerciales y profesionales.

Un zumbido de insecto alertó a los curiosos que aguardaban en un parque de la ciudad rusa de Syktyvkar. Todos en tierra alzaron miradas llenas de curiosidad. El insecto era un octocóptero, que descendió hasta una altura de unos veinte metros, abrió su panza y por medio de una larga cuerda comenzó a bajar una caja. Una caja cuadrada y chata, que ostentaba una marca impresa en el cartón:“DODO pizza”. ¡¿Delivery de pizzas con drones?! ¿A quién se le pude ocurrir semejante delirio? A Amazon, por ejemplo, solo que pretende entregar algo más que pizzas; también, paquetes con libros, DVD, CD, software, videojuegos, electrónica, ropa y medicamentos, desde su sede central de Seattle, en Estados Unidos.

Hoy en día casi nadie ignora que un drone es una aeronave que vuela sin tripulación. Estos vehículos aéreos empezaron a desarrollarse después de la Primera Guerra Mundial, pero no fue sino hasta fines del siglo XX que comenzaron a utilizarse para lanzar ataques con misiles, realizar operaciones de espionaje y capturar imágenes fotográficas y fílmicas de alta resolución, sin necesidad de poner en riesgo a la tripulación de cualquier aeronave tradicional. Pero mucho antes de lo imaginado, esta tecnología pasó del ámbito militar al civil y comercial, para revelarse como una herramienta de gran importancia. 

Se podrían enumerar decenas de aplicaciones útiles de los drones, pero las más difundidas en la actualidad están centradas en vigilancia y observación, agricultura, comunicaciones y transporte. El término “vigilancia” nos remite no solo a lo que se refiere a seguridad y lucha contra el delito. De hecho, diversos países  están utilizando drones a tal fin; Brasil, por ejemplo, usa estos aparatos para vigilar la Triple Frontera; también Estados Unidos los emplea para controlar su frontera con México. El municipio de Tigre, en la provincia de Buenos Aires, cuenta con una flotilla de dos drones para defensa civil y bomberos, tránsito y seguridad vial e inspección municipal. Sin embargo, el concepto de vigilancia y observación va más allá y se extiende al ámbito de la cartografía, la arquitectura, al control de  los recursos naturales, la localización de personas víctimas de desastres naturales, el estudio de los huracanes y hasta la detección de núcleos larvarios en la lucha contra los mosquitos.

Volando de aquí para allá 

Los drones también se han convertido en un valioso auxiliar de la agricultura. El ingeniero agrónomo Andrés Méndez, del Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria (INTA) de Manfredi, provincia de Córdoba, explica: “Muchas empresas agropecuarias adquirieron drones para conocer mejor la variabilidad de los lotes; realizar un mejor seguimiento de los cultivos y, así, encontrar los problemas rápidamente, como un ataque de plagas y enfermedades; detectar fallas de siembra, o para hacer una simple recorrida desde la altura en momentos en los que es difícil caminar por los cultivos”. Andrés señala que estos aparatos pueden realizar tareas de fumigación, dependiendo de su tamaño, de agrimensura e incluso podrían transportar piezas de repuesto para maquinaria. Sin embargo, aclara que hay algunas limitaciones para esta tecnología: “Los pilotos tienen que estar capacitados para hacer que el equipo vuele de la mejor manera, para lo cual empieza a tener mayor importancia un sistema automatizado. 

Existen drones equipados con GPS que pueden salir desde una base, hacer el vuelo ya prefijado con un software y, una vez terminada la tarea, regresar a la base para cargar de nuevo las baterías”, concluye. Es en el área de las comunicaciones, donde los drones estarían en condiciones de revolucionar Internet. La empresa Google compró Titan Aerospace, fabricante de drones solares de más de 15 metros de envergadura, cubiertos totalmente de células solares. Estos aparatos podrían dar vuelta al planeta a casi 20.000 metros de altura durante períodos de hasta cinco años, sin ningún mantenimiento. 

Tales virtudes los convertirían en verdaderas antenas atmosféricas, que harían posible el acceso a Internet a millones de personas que aún hoy no cuentan con este servicio. También es un hecho que los drones ya están en condiciones de transportar cargas pequeñas. Matternet, una empresa radicada en Silicon Valley, se encuentra desarrollando un sistema de aeronaves no tripuladas destinadas a regiones del planeta que no cuentan con vías transitables. Casi mil millones de personas en el mundo viven en zonas a las que no se puede acceder por rutas convencionales y que carecen de pistas de aterrizaje para aviones y helicópteros. Es a estos lugares donde los drones podrían llegar para entregar medicinas, alimentos y artículos para emergencias, de manera rápida, eficiente y a muy bajo costo.

Todo esto suena muy lindo, pero aún no existe en el mundo un marco regulatorio para el uso comercial de los drones. En Estados Unidos, por ejemplo, todavía no están permitidos y se plantea todo un debate al respecto. El cielo de una ciudad podría saturarse de drones yendo y viniendo con las consecuentes colisiones que pondrían en peligro la seguridad de sus habitantes. Los expertos trabajan en la configuración de algoritmos o sistemas inteligentes, que permitan que un drone guiado por GPS sobre una ruta establecida pueda ser capaz de modificar su curso ante la inminencia de una colisión con otro vehículo o con un objeto. Acaso el mayor anhelo sea lograr que las máquinas puedan tomar decisiones de manera autónoma y por sí mismas. Como si tuvieran… ¿conciencia?. ¿Podrán?

En la tierra

Ramiro Saiz es ingeniero en Informática y Técnico en Electrónica, y desde hace algún tiempo, desarrollador de drones en Quilmes. Él mantiene los pies en la tierra, por ahora: “Ya se han desarrollado radares del tamaño de una moneda, y en poco tiempo más serán instalados en drones no más grandes que una mano. Estos radares pueden detectar obstáculos a pocos metros, lo que permitirá que el diminuto vehículo rectifique el rumbo mientras se desplaza libremente en el interior de una casa realizando tareas de vigilancia”, comenta. 

Bien, ya estamos hablando de una autonomía casi absoluta, solo limitada por el tiempo de duración de la carga en las baterías. “Las baterías de litio polímero, que se están usando, pueden tener una duración de unos 30 minutos, pero si el drone transporta algún objeto, la carga apenas superaría los 15 minutos”, explica Ramiro. Muchos de los insumos que se necesitan para armar un drone provienen de China. O sea, las placas controladoras, integradas por sensores de altitud y velocidad, sistemas de comunicación, de radio control, telemetría y transmisión de video, para nombrar algunos. Incluso los motores y las hélices. ¿Qué aplicaciones espera darles a sus drones? Ramiro afirma sin dudas: “Me interesan las filmaciones aéreas para el campo, el control de antenas de transmisión y torres de alta tensión, y también líneas de ferrocarril. Y mediante cámaras térmicas, poder detectar a personas que hayan quedado atrapadas bajo un derrumbe. Me han propuesto hacer delivery, pero por el tipo de ofrecimiento me negué, por razones éticas”, concluye.

La pregunta del millón 

En el mundo, muchos legisladores se hacen esta pregunta: ¿Hasta dónde estas sofisticadas naves pueden ser usadas para vulnerar la intimidad de las personas con el pretexto de vigilar para proteger su seguridad? Todo dependerá de quién y con qué intenciones los utilice, claro. Un drone provisto de una cámara de alta definición y lentes de gran alcance podría seguir a gran altura a un individuo durante horas y estudiar todos sus movimientos sin que este lo advirtiera. Desde la perspectiva de la tecnología en sí misma, el futuro de los drones es un hecho promisorio; eso sí, no se sabe cuánto lo será para los seres humanos. 

Solo es de esperar que los beneficios sean mayores que las complicaciones. Algún día todos volaremos en aviones sin piloto. Aunque, pensándolo bien, en los vuelos actuales muchas de las operaciones de navegación son ejecutadas por las computadoras, incluso la delicada maniobra del aterrizaje.¡Sí, del aterrizaje también! De modo que mientras vemos aproximarse la pista a través de la ventanilla, cabría preguntarnos: “¿Y dónde está el piloto?”.
En poco tiempo más, a nadie le sorprendería un aviso publicitario que dijera: “Haga su pedido por teléfono y lo recibirá dentro de los próximos 30 minutos… desde el cielo”. 

ABC de los drones 

*¿Qué características tienen los drones?
En principio, se asemejan a helicópteros o a aviones. Los cópteros pueden tener varios motores y según su número se denominan “cuadricópteros, hexacópteros, octocópteros”. Los que son tipo avión poseen un solo motor. Todos emplean hélices y los motores son impulsados por energía eléctrica generada por baterías recargables.
*¿De qué están hechos?
Pueden ser de plástico, fibra de vidrio, aluminio y una especie de gomaespuma densa. Sus medidas varían desde miniaturas que caben en la palma de una mano hasta los más grandes, que pueden medir 1,50 m, sin considerar los drones que se proyectan a tamaños similares a los de los aviones convencionales.
*¿Cuánto cuestan?
Pueden costar entre 500 y 70.000 dólares, dependiendo de la tecnología incorporada y del número de motores. Una mayor cantidad de motores aumenta la potencia para elevar objetos pesados. 
*¿Qué cámaras incorporan?
Desde las pequeñas, versátiles y de alta definición tipo GoPro, pasando por las cámaras fotográficas y de video comunes, hasta multiespectrales o térmicas, para detectar calor. Todo dependerá de lo que se desee detectar. 
*¿Cómo se toman las fotografías?
Mediante la sincronización con un GPS, permite que todas las fotografías queden geoposicionadas, formando mosaicos. Más tarde, mediante el software de una computadora, estos mosaicos fotográficos darán lugar a la configuración de un mapa del área relevada.

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