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Todos para uno


Por Mariano Petrucci.


Todos para uno 

El debut auspicioso del?“Tata”?Martino alimenta las esperanzas en cuanto al futuro de nuestro seleccionado de fútbol. Inspirarse en el modelo alemán es un gran ejercicio para seguir por la buena senda. Su secreto: el trabajo en equipo.  Futboleros, un ejercicio de asociación libre. ¿Argentina? Messi. ¿Brasil? Neymar. ¿Uruguay? Suárez. ¿Holanda? Robben. ¿Alemania? ¿Neuer? ¿Götze? ¿Müller? ¿Schweinsteiger? ¿Özil? No. Olvídese. La explicación no pasa por un apellido (aunque tengan el peso específico para que pensemos lo contrario). Es que en el seleccionado europeo que se consagró campeón del mundo el pasado 13 de julio, la suma de las partes hace al todo. Resúmalo en una sola palabra: “equipo”. Agréguele seis más: “no dependen de un solo jugador”.
 
“Cada persona de mi grupo aporta su granito de arena. Yo quiero que cada uno sea un héroe”. La frase no es de Joachim Löw, DT de la Mannschaft, y tampoco es un homenaje al aliento de Javier Mascherano a “Chiquito” Romero, antes de la tanda de penales con Holanda. Pertenece el argentino Gabriel Rabinovich, investigador en inmunopatología, quien se destaca, a lo largo y a lo ancho del planeta, por sus descubrimientos en la lucha contra el cáncer. Significa que aquello de que la unión hace a la fuerza excede las dimensiones del más famoso de los rectángulos verdes. Y no hay excepciones: ocurre donde quiera que fuere. ¿O el payaso no necesita del malabarista en el circo? Sin protagonista, sin elenco y sin iluminador, no hay función. “Todos deseamos sentirnos en el centro de la historia y que esa historia se resuelva con nosotros incluidos. 

Tal vez sea mucho mejor pensar como esos pueblos medievales que construían una catedral en cuatrocientos años. Cuando estaban poniendo piedra sobre piedra, sabían que no la iban a ver concluida. Entonces, deberíamos asumir que somos chiquititos en el devenir de la humanidad, y ponernos de acuerdo en ir juntos hacia una dirección. No hay que quemar etapas creyéndonos los salvadores de vaya a saber uno qué. En el ámbito que sea”. La definición del agudísimo escritor Eduardo Saccheri cae como anillo al dedo para entender de lo que estamos hablando.  “En los ochenta, Gary Lineker afirmó que el fútbol consiste en un juego de once jugadores por lado y una pelota… en el que siempre ganan los alemanes. Es una exageración, claro, pero no es casual que hayan conseguido su cuarto Mundial. Se dio por decantanción: por la prepotencia de su autocrítica, por la planificación, por la defensa de las ideas y los proyectos, y por la seguridad de que nunca hay que descansar en ningún súper crack. Ese es el ADN alemán”, diagnostica Sergio Levinsky, periodista y sociólogo argentino que reside en España (puede seguirlo en www.sergiolevinsky.com).

“Juntos somos más” o “Unidos, jamás seremos vencidos” son eslóganes tan trillados como fidedignos. De ellos se valió la Federación Alemana de Fútbol (conocida por su sigla, DFB) para adoptar una estrategia que se basó en cerrar filas, apostar por procesos extensos y trabajar mancomunadamente. No solo eso: lo salpimentó con inversión en formación y estructura, cambio de paradigma técnico/táctico y capacidad de reinventarse ante los traspiés. “Su triunfo es lógico porque es la consecuencia de un esfuerzo denodado que les demandó años. Pero lo encararon sin excusas y en conjunto. Y aquí están los resultados”, sentencia Levinsky.

El secreto: nosotros 

No les pasó una vez, sino dos. Tras una pobre actuación en los Juegos Olímpicos de 1936, el seleccionado alemán se sumergió en una crisis. Sepp Herberger se calzó el buzo de entrenador para enderezar la nave, pero los comienzos no fueron sencillos: Francia 1938 pasó sin pena ni gloria, y con la Segunda Guerra Mundial instalada, la FIFA suspendió las competiciones internacionales hasta que se solucionara el conflicto. 

“Tienen que ser once amigos”, les inculcaba Herberger a sus dirigidos. Lo colectivo frente a lo individual no es nuevo: convencido de que las relaciones interpersonales son la cuna de las grandes proezas, Herberger hizo lo imposible para mantener el contacto con sus players durante aquel receso forzado. Dieciséis años tuvieron que pasar para que Alemania volviera a participar de la máxima cita futbolística, ya que fue excluida de Brasil 1950. ¿Quién fue el líder en Suiza 1954, cuando se alzó, por primera vez, con la copa Jules Rimet? Sí, el mismísimo Sepp. Los dirigentes se lo reconocieron y lo dejaron en el cargo hasta ¡1964! El sentido de continuidad no es caprichoso. Vayamos a otro ejemplo: la Eurocopa de 2000, otro cimbronazo para los teutones. Su eliminación temprana desestabilizó sus cimientos deportivos. Humillados, aprovecharon el golpe para iniciar una revolución. 

Suele decirse que, incluso con todos los errores que pesan sobre sus espaldas, los germanos conciben una sola manera de hacer las cosas: bien. “Empezamos con todo esto hace más de diez años”, admitió Löw, minutos después de superar a la Argentina en el suplementario. “Jogi” no es un paracaidista: fue ayudante de Jürgen Klinsmann en el Mundial 2006, cuando “Las Águilas” fueron anfitrionas y terminaron terceras. El célebre exdelantero renunció a su puesto e impulsó a su coequiper a que lo sucediera. En ocho años, el modelo se impondría. “El fracaso de 2000 hizo que clubes, federaciones locales y jugadores se reunieran para buscar una mayor competitividad. Así decidieron como prioritario limitar el acceso de estrellas extranjeras a su torneo, y crear una base de jóvenes que tuvieran su espacio y pudieran brillar en las décadas futuras.

En vez de desperdiciar fortunas en refuerzos de lujo, destinaron hasta mil millones de dólares en la edificación de escuelitas de fútbol, en lo que se bautizó ‘Programa de Formación de Talentos’. En la actualidad, el país cuenta con 366 centros de preparación para menores, empleando a treinta mil entrenadores para que veinticinco mil niños prueben sus dotes. Thomas Müller o Phillip Lahm fueron algunos de ellos”, dice Levinsky. Y advierte: “Asimismo, integraron a hijos de inmigrantes, lo que fue un símbolo de la Alemania unificada. Así es como Mesut Özil tiene orígenes turcos; Sami Khedira, tunecinos; y Jerome Boateng, ghaneses. Por otra parte, supieron abrirse e incorporar a los jugadores polacos Miroslav Klose y Lucas Podolski”. 

Inversión en formación y estructura, cambio de paradigma técnico/táctico y capacidad de reinventarse ante los traspiés. Las claves del éxito alemán.

O sea: quienes deslumbraban en las escuelitas y recibían tratamientos VIP (donde a su poderío físico y mentalidad arrolladora, les sumaron improvisación y estética) son los que no necesitan de la pincelada, la inspiración o la magia oportuna de un Maradona. Así, seis muchachos que se colgaron la medalla dorada en la Eurocopa Sub-21 de 2009… hicieron lo propio en el Maracaná. Así, entre 2002 y 2014, Alemania alcanzó cuatro semifinales consecutivas y dos finales mundiales.

“En 2013, el Bayern Múnich y el Borussia Dortmund se disputaron la Champions League. Casi una treintena de sus futbolistas provenían del ‘Programa de Formación de Talentos’ –explica Levinsky–. Pero hay una idiosincrasia: el Bayern lo había logrado todo con Jupp Heynckes. No se conformó y quiso pulir su juego y su estilo: contrató a Pep Guardiola”.

Hay un modus operandi. Una genética. Un deber ser. Por caso, en este punto del mapa no hay magnates rusos ni jeques árabes dueños de ninguna institución (de hecho, más del 50% de ellas debe estar en manos de sus responsables y socios). Otra medida ejemplar: el congelamiento de los precios de las entradas a los estadios. “No es azaroso que la Bundesliga sea el certamen más rentable de Europa, con el mayor promedio de asistencia de público del continente –cuarenta y cinco mil por partido–. Todos los clubes gozan de una situación financiera estable”, subraya Levinsky.

Alemania no deja nada al libre albedrío. Ni siquiera el lugar de concentración que utilizó en Brasil, que levantó con sus propios arquitectos. Wolfgang Niersbach, presidente de la DFB, declaró antes de aterrizar en tierras brasileñas: “Estamos listos para quedarnos con la copa. ¿El secreto? Trabajar mucho”. Aunque hay otro, y bien lo sabe el capitán Lahm: “Tener a los mejores jugadores da igual. Lo único que importa es el equipo”.

Aliado 2.0 

En un acto de absoluta innovación y patriotismo, la multinacional SAP (líder en tecnología informática y una de las empresas más gigantes de Alemania) creó la aplicación “Big Data”. Joachim Löw y su cuerpo técnico la usaron solo en los entrenamientos y partidos amistosos, ya que la FIFA se lo prohibió para los encuentros oficiales. ¿De qué se trata? De una herramienta de última generación, llamada “Match Insights”, que analiza, en tiempo real, la eficacia deportiva, la posesión del balón y el rendimiento físico del seleccionado. A través de sensores colocados en los jugadores y en la pelota, combinados con un seguimiento de cámaras, se producen datos que luego son procesados en un complejísimo sistema de análisis computarizado. Con esa información, que viajaba instantáneamente a los celulares y tabletas del DT, el conjunto germano pudo pulir y optimizar muchas de sus estrategias de juego. Sí, todo tiene su explicación…

Todos unidos triunfaremos 

Qué consiguió Alemania en el último Mundial de fútbol:
* Sumó su cuarta copa, alcanzó a Italia en la tabla general y se puso a tiro de Brasil, que tiene cinco.
* Fue el primer equipo europeo en ganar un Campeonato del Mundo organizado en continente americano.
*Miroslav Klose no solo se convirtió en el máximo artillero de los Mundiales (dejó segundo a Ronaldo), sino que es el jugador con más victorias en este torneo (superó a Cafú) y en su propia selección (dejando atrás a Lothar Matthäus).
* El 7-1 a Brasil en semifinales es uno de los resultados de mayor impacto en la historia de este certamen.

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