ENTREVISTA


“Lo que me importa es poder actuar”


Por Leo González.


“Lo que me importa es poder actuar” 

El año pasado Abel Ayala volvió a la pantalla chica para personificar al entrañable Guachín en la serie Sos mi hombre. Este año se lo pudo ver en El legado, y ya tiene varios proyectos tanto para cine como para televisión. La historia de un joven que empezó su carrera jugando y se convirtió en un gran actor.   

Hacerle una entrevista a Abel Ayala es como hablar con un amigo. Gracias a la sencillez y humildad que tiene, cualquier formalismo o postura se pierde en la charla. Su historia es muy interesante. Nació en 1988 en el seno de una familia muy pobre y a los 9 años decidió irse a vivir a la calle. Estuvo viviendo entre los trenes de la estación Constitución un par de meses, decidió que eso no era lo suyo y pidió ayuda. Así fue como llegó al hogar El Arca, para niños de la calle, en donde se crió y se educó. Las vueltas de la vida lo llevaron a protagonizar la película El Polaquito, en donde descubrió su vocación. A esta historia de superación, los medios la transformaron en la “historia del pibe de la calle que triunfó”, nada más lejos de la verdad. Como cualquiera en su profesión, estudió, se preparó y fue a dar batalla en las grandes ligas. No le fue nada mal. Trabajó con grandes actores, ganó varios premios internacionales y estuvo en muchos países donde forjó su carrera. Todo eso que deslumbraría a cualquiera parece no haber hecho mella en él. Es un agradecido de la vida y esto se nota en cada una de sus palabras.   

–¿Qué fue lo que te llevó a querer participar de El Polaquito?
–En el hogar donde vivía nos reunieron en una asamblea y nos contaron que el director Juan Carlos Desanzo estaba ahí porque estaba preparando un film en el que trabajarían actores no profesionales. Nos preguntaron si alguno de nosotros quería participar del casting, y me acuerdo de que levanté la mano e hice la prueba. Al tiempo volvió para contratarme y estuvo seis meses preparándome junto a Fernando Roa, el coprotagonista, que era un chico que vivía en la Fundación del Padre Grassi. Tenía 12 o 13 años y no era muy consciente de lo que me pasaba. 

–Entraste al medio como jugando.
–Claro, y eso hizo que me vida tomara otro giro. Se estrenó la película y lo primero que me pasó fue que me llamó la mamá de Gastón Pauls y se ofreció para representarme como actor. Me dijo que veía un potencial interesante en mí. A raíz de eso comencé a recibir propuestas y siguieron viniendo hasta que empecé a darme cuenta de que, si quería, podía ser un actor profesional. 

–¿Qué hiciste para formarte?
–Estudié teatro en la escuela La Guarida, de Alejandra Darín, con el profesor Gabriel Lenn. También estudié canto, expresión corporal, todo lo relacionado con la carrera. Me preparé con Nora Moseinco, hice durante tres años el Profesorado de Teatro en Morón.

–Esa parte de tu vida no se cuenta demasiado.
–Porque me quieren vender como el pibe que estuvo en la calle y ahora actúa en la televisión. Hay toda una cosa amarillista sobre mi vida. 

–¿Ese pasado te ayudó en algo?
–La historia que cada uno de nosotros tenemos es nuestro contenido y nos define, pero nunca utilicé la mía. Además no creo que sea utilizable para vender nada. Me parece que lo que a mí me ayudó mucho fue el haber hecho buenos trabajos. Eso fue gracias a que tuve directores que han sabido trabajar bien conmigo y que sacaron lo mejor de mí. 

–¿Cuándo definiste que querías vivir de esto?
–En el momento en que me fui del hogar, a los 17 años. Fue entonces cuando me di cuenta de que llevaba mucho tiempo trabajando en esta profesión. Y también sentí que tenía que nutrirme para ser mejor. La misma situación me fue llevando a incorporar herramientas nuevas para ser un buen trabajador. También me ayudó mucho haber conocido a actores profesionales en los que vi que la actuación era un oficio importante.

–Mientras trabajabas como actor, ¿cómo era la relación con tus compañeros del hogar?
–Era muy fácil porque estábamos muy bien custodiados por coordinadores, trabajadores sociales y psicólogos. Ellos siempre me cuidaron y nunca hicieron diferencia. Si tuvieron que bajarme los humos, lo hicieron. Me acompañaron en todo: tenía terapia, me administraban la plata y nunca me dejaban hacer cosas que me diferenciaran del resto.

–¿Te quedó algún amigo?
–Sí, muchos. Vivo cerca y cada tanto los paso a visitar. Ya no funciona como un hogar, el lugar se convirtió en un centro cultural. Cuando voy me junto con los coordinadores y me encuentro con chicos que también estuvieron allí. Ves su progreso; ahora son personas con valores, educación, que dejaron las drogas atrás, que se expresan bien, porque antes eran todos chicos de la calle. 

–Hiciste cine y televisión. ¿Tenés preferencia por alguno de los dos medios?
–La verdad es que no tengo predilección ni me importa uno más que otro. Lo que sí me importa es poder actuar. Todos son soportes que me permiten desarrollar mi oficio. Además, vivimos en un país en el que tampoco se puede elegir demasiado. Aun así, sigo siendo un privilegiado porque hasta el día de hoy me va muy bien y no paré nunca de trabajar .

–Teniendo eso en cuenta, ¿cómo manejás tu carrera?
–El trabajo del actor es muy sacrificado y es uno de los trabajos con mayor tasa de desempleo. Hay muchos actores sin trabajo y eso hace que uno tenga que moverse y no esperar siempre que lo llamen. Por eso está bueno desarrollarte de forma independiente. Me refiero a hacer autogestión, escribir proyectos, juntarse con amigos, filmar y ver qué se puede armar. 

–¿Qué te ayudó para desarrollarte profesionalmente?
–De todos y de todo siempre se aprende algo. Me fui contagiando de las personas que tenía a mí alrededor. Mis maestros fueron los grandes actores con los que trabajé, los que me fueron moldeando y logrando que fuera aprendiendo. Casi todo lo que sé lo aprendí de ellos y de los directores a los que me encontré en mi camino. Traté de copiar siempre lo mejor de todos ellos.

–¿Cómo manejaste la exposición que te dio el personaje de Guachín en Sos mi hombre?
–No me considero un actor famoso. La televisión tiene una vidriera muy potente. Sinceramente me gustó esa sensación porque la gente te da mucha energía cuando te ponen atención. Me hizo bien y me dio alegrías. Pero mi meta no es ser un actor famoso sino uno que tenga contenido.

–Contanos de tu familia. ¿Dónde conociste a Patricia, tu esposa?
–La conocí a los 12 años. Vivía en el barrio e íbamos a la misma escuela. Ella estudió turismo y cuando se recibió se fue a vivir a México para montar un hostel en Tulum con un amigo. Volvió de vacaciones a la Argentina y coincidió con que yo también volvía de España, adonde me había ido por trabajo. Nos cruzamos, nos gustamos y empezamos a salir. Yo tenía que volver. Le propuse irnos a vivir juntos a España y se fue conmigo. 

–Es una historia de película.
–Sí, fue increíble. Estuvimos cinco años en ese país. La productora Globomedia me ofreció un papel en una serie llamada Mi querido Klikowsky; era una comedia para la televisión vasca. Tuvo muchísimo éxito y, a raíz eso, hicieron una segunda temporada y me ofrecieron participar. Después me fueron surgiendo otros trabajos en otras cadenas y así pasaron los años.

–De ese amor nació Paloma, tu hija.
–Sí, y ser padre me cambió totalmente la vida. Ahora tengo un gran amor por la vida, por querer vivir eternamente. Quiero trabajar, crecer y proyectar un futuro. Antes vivía el día a día y no pensaba en eso, pero ahora sí. Quiero ser el mejor padre y darle todo lo que pueda a mi hija.

–¿Cuáles son tus próximos proyectos?
–Tengo en carpeta una miniserie con Ernesto Alterio que se va a llamar José 1823 y que comienza a filmarse en enero del año que viene. Él va a interpretar a San Martín y yo, a Manuel de Olazábal. Está la posibilidad de trabajar en El Pampero, una película que va a protagonizar Julio Chávez. Y también estoy armando un proyecto independiente con el director Miguel Miño. El film cuenta la historia de un hombre que termina siendo remisero. En uno de sus viajes entabla una relación muy profunda con un pasajero, que definirá su futuro. Recién se está gestando pero estoy muy entusiasmado. 

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