INVESTIGACIÓN


Eterna


Por Mariano Petrucci.


Eterna 

Mafalda cumple 50 años de vida. Si bien Quino dejó de dibujarla hace tiempo, su genialidad sigue vigente. Aquí, sus mejores frases y el recuerdo de doce personalidades de nuestra cultura que coinciden con nosotros en lo mismo: la amamos.

Una máquina que registre los buenos momentos. Que mida las emociones, las sonrisas, la catarata de muecas socarronas que nos sacó. No existe, pero debería. Solo así podríamos mesurar todo lo que nos dio esa niña preocupada por la sociedad y la paz universal, rebelde por naturaleza, sagaz, un tantito pesimista, amante de Los Beatles, enemiga acérrima de la sopa.  Nos corregimos: todo lo que nos da. Porque Mafalda cumple cinco décadas de vida y, aunque hace tiempo dejaron de dibujarla, continúa entre nosotros. Vigente. Por más que a su creador, Joaquín Salvador Lavado Tejón, eso le parezca “un plomo”. Bendito sea Quino. Y bendito sea ese 29 de septiembre de 1964, día en que su tira más famosa apareció publicada por primera vez. 

“Inteligente, irónica, inconformista, contestataria y sensible. Sueña con un mundo más digno, justo y respetuoso con los derechos humanos”. Así la definió el jurado del Premio Príncipe de Asturias de Comunicación y Humanidades, al otorgarle tal distinción al genial artista argentino, quien inauguró la última Feria Internacional del Libro de Buenos Aires y también recibió la Legión de Honor (máxima condecoración en Francia). “Yo dejé de hacer a Mafalda en 1973. Más de cuarenta años después, muchas de esas viñetas podrían graficarse en la actualidad. Me sorprende: ¡es increíble que sigamos repitiendo los mismos errores!”, se indigna Quino, a sus 82 años. 

Traducida a más de treinta idiomas, es la historieta latinoamericana más vendida a lo largo y a lo ancho del planeta. En Europa, por ejemplo, causó furor en España, Italia, Francia, Portugal y Grecia. Es que es casi imposible no sucumbir ante el ingenuo Felipe, la conservadora Susanita, el ambicioso Manolito, el fantasioso Miguelito, la utópica Libertad o el tierno de Guille. No importan geografías, edad, sexo ni cualquier otra condición. Usted, quien escribe, nuestros entrevistados… sucumbimos todos.
   
“Me constituyó” 

Esa chiquita no pesó en mi escritura, sino en mi vida. Yo tenía entre 13 y 22 años cuando se publicó por primera vez: no es que Mafalda me haya influido, Mafalda me constituyó. Fue parte de mi historia, de mi formación, de mi esencia, de mi argentinidad. Durante nueve años fui 
Mafalda, clase media tironeada entre Susanita y Libertad. Decir que la amé es como decir que me amé a mí misma. En Mafalda no hay malos: Quino tuvo el genio de representarnos a todos con ternura, inteligencia y compasión.
Ana María Shua. Escritora.

“Una irrupción inesperada” 

A Mafalda no la conocí en el momento mismo de su aparición. Fue algunos años más tarde, cuando ya tenía unos 13 o 14 años, a partir de una tía que no vivía en mi pueblo, sino que venía de visita y que me pasó unas cuantas revistas. Recuerdo que fue extraño: no era parecida a Patoruzú; mucho menos, a Superman. Un cómic inteligente, hasta literario, me animaría a decir. Una irrupción inesperada. Quizá de Mafalda provenga la idea de que no importa el envase en el que la encontremos, la literatura es cualquier escritura insoportable.
Federico Jeanmaire. Escritor.

“Me abrió la cabeza a las dobles lecturas” 

Mi primer recuerdo tiene que ver con aquellos viejos diez libritos de Ediciones de la Flor, que debo de haber leído mil veces cada uno, sin exagerar. Lo bueno de ese proceso –lo sé ahora– es que, además de mejor lector, Mafalda me hizo mejor ciudadano; por ende, mejor persona, abriéndome la cabeza a las posibilidades de las dobles lecturas. Sin estridencias innecesarias, me fue enseñando el valor del pensamiento crítico, la belleza musical de Los 
Beatles y el compromiso con –pocas, pero esenciales– convicciones inclaudicables. Hoy se la leo a mi hija, que se cree que es Mafalda –aunque le guste la sopa–, por su precoz nihilismo inconformista. Esa voz inquisidora me ayuda, todavía, a ser cada día más libre.
Fernando Ariel García. Periodista, director del blog “La Bitácora de Maneco” y miembro del grupo “La Bañadera del Cómic”. 

“Aprendizaje antropológico y político-social” 

Mafalda es franca, piensa a fondo las cosas y sabe decirlas con la inmediatez de lo cotidiano. Es irónica, pero no agresiva; además, cree en la justicia, en la responsabilidad de unos hacia otros, en el compromiso para luchar contra la injusticia, la pobreza, la discriminación. Es una adelantada en muchos sentidos, y es auténtica. Otro mérito: interpretar lo más auténtico de las críticas que aparecen en las ideologías y  traducirlas en realidades concretas. Al mismo tiempo, fustiga las costumbres aburguesadas que ya no ven la injusticia que hay en la sociedad. Mafalda produce un aprendizaje antropológico y político-social de gran valor.  
Paola Delbosco. Doctora en Filosofía y profesora en la IAE.

“Desprovisto de toda agresión” 

Quino logró una conjunción genial: la lectura aguda de la condición humana y una bellísima simplicidad de su expresión artística a través del dibujo. Y esto, desprovisto de toda agresión y de toda forma baja de provocar el humor. Periódicamente, vuelvo a sus páginas por la lealtad con que señala la urgencia de valores necesarios para la convivencia humana. La fuerza de Mafalda es su capacidad de reconciliarnos con una mirada crítica y esperanzadora de la realidad, rescatando el valor de las cosas simples y pequeñas de la vida.
Julio César Labaké. Psicólogo, doctor en Psicología Social y miembro de la Academia Nacional de Educación.

“Sin sus amigos se habría enfermado de melancolía”

Mafalda no podría pensarse sin sus amigos. Sin ellos, se habría enfermado de melancolía. Por eso, es importante señalar que ella, a la que todos amamos, contaba con un entorno que era más que un mero “grupo de apoyo”. Por ejemplo, las realidades más encarnadas y prosaicas 
de Manolito y Susanita, le daban a Mafalda un lazo más cotidiano con la existencia. Ellos tomaban la vida como era, sin tanto cuestionamiento. Y eso también tiene un valor, además de lo que pueden ser los aportes críticos que maravillosamente hacía Mafalda desde su lugar de niña cuestionadora.
Miguel Espeche. Psicólogo, psicoterapeuta, coordinador del Programa de Salud Mental Barrial del Hospital Pirovano. 

“Es un símbolo” 

La llegada de uno de sus fascículos era un momento especial. Tengo la imagen de mi padre, leyéndolo a la noche. Recuerdo todos los tomos, de distintos colores, en un lugar especial, en la biblioteca de su cuarto. Algunas veces, leíamos las historietas en la cena. ¡Cuántas noches le decíamos a mi mamá que no queríamos la sopa! ¡Y cuántas otras jugábamos a hablar como Guille! Tal vez, en ese momento, no lograba captar en toda su profundidad la aguda percepción de Quino. Mafalda todavía hoy me acompaña. Es un símbolo y lo será por siempre en esta Argentina que tanto queremos y que, por momentos, también tanto nos duele.
Patricia Mejalelaty. Directora ejecutiva de la Fundación Leer.

“Es una conciencia inquisitiva e incómoda”

Mafalda es mi contemporánea. Cuando Quino la crea, ella y yo te-
níamos aproximadamente la misma edad y nos pasaban cosas similares. Siempre estuvo ahí: una amiga genial, marchando a contrapelo de la estupidez humana, mostrando la ridiculez de tantas cosas que se dan por sensatas y sabidas. Mafalda es una conciencia inquisitiva e incómoda, aunque el sentido del humor y la ingenuidad con que se brinda al juego de la vida (al fin y al cabo, es una nena) le permiten volver a empezar cada vez con energía reparadora. Más que mi compañera, es mi maestra. Envejecí; ella no. Hoy necesito aprender de su vitalidad alegre.  
María Rosa Lojo. Escritora.

“Creación perfecta”

Me marcó para siempre. Me ayudó a pensar y, con su forma de hacerme reír, descubrí un humor que, junto con el de Fontanarrosa y Les Luthiers, se convertiría en una gran influencia. Con Quino entendí que ese espacio de genialidad no solo se alcanza con talento, sino con esfuerzo y sacrificio. Muchos deberíamos tratar de imitarlo, aunque sepamos que nunca podremos alcanzarlo. Mafalda es la creación perfecta.  
Fernando de Vedia. Autor de literatura infantil.

“Crecí con Mafalda” 

Un amigo me dijo: “¡Qué suerte que somos contemporáneos de Messi!”. Es cierto. Si uno hubiese nacido cien años antes, se lo habría perdido. Una de las cosas más importantes por las que me siento afortunado es haber crecido con Mafalda. Como las grandes obras de arte, tiene la capacidad de acompañarnos y transformarnos según pasan los años: cuando era chico, disfrutaba de los diálogos y las peleas entre Susanita y Felipe. Ya más grande, me fue interesando ese costado social e irreverente de Mafalda, esa reflexión filosófica de la historieta en sí misma. Ahora que soy padre, disfruto de las nuevas bocas que se ríen con ella: la de mis hijos, que reinauguran el círculo. Ellos también se sienten afortunados de ser contemporáneos de Mafalda… ¡Como si fuese toda de ellos!Facundo Manes. Neurólogo, neurocientífico, director de la Fundación INECO y rector de la Universidad Favaloro.
 
“Me llenaba de oxígeno” 

Ingresó en mi vida cotidiana cuando practicaba la neurocirugía y, al mismo tiempo, avanzaba con entusiasmo en la literatura. Mafalda me proporcionaba un contacto intenso con la realidad. Ella y sus amiguitos me mantenían unido al ancho mundo. Leerla a diario me llenaba de oxígeno, me reconciliaba con la vida y sus interminables problemas. Me llenaba el espíritu con una luz equivalente a la de los grandes clásicos y un humor que, sin duda, se remonta a las cantarinas fuentes de Aristófanes, Rabelais, Cervantes y Molière.      
Marcos Aguinis. Escritor.

“Inspiró a generaciones” 

Geniecilla, loquita del alma, brillante, provocadora, revolvedora de mentes y corazones. Mi hija Amma, de 6 años, se me está imponiendo como otra Mafaldita. Es una gran maestra que embelleció e inspiró a muchas generaciones. Va para ella y su creador un inmenso “gracias” por animarse a difundir que una vida mejor siempre es posible. 
Claudio María Domínguez. Conductor de radio y TV. Su último libro se llama Mitos del alma.

Algunas de las mejores frases 

*Hoy quiero vivir sin darme cuenta. 
*No es cierto que todo tiempo pasado fue mejor. Lo que pasaba era que los que estaban peor todavía no se habían dado cuenta.
*Hoy he aprendido que la verdad desilusiona a la gente.
*Como siempre: lo urgente no deja tiempo para lo importante.
*Una cosa es un país independiente y otra un país in the pendiente.
*He decidido enfrentar la realidad, así que apenas se ponga linda me avisan.
*Mamá, ¿qué te gustaría ser si vivieras?
*Yo, lo que quiero que me salga bien es la vida.
*Admitir que se está equivocado es el harakiri del orgullo.
*¿Qué importan  los años? Lo que realmente importa es comprobar que al fin de cuentas la mejor edad de la vida es estar vivo.
*Sería lindo despertar un día y encontrarse con que la vida de uno depende de uno.
*¿No será acaso que esta vida moderna está teniendo más de moderna que de vida?
*La vida no debería despojarlo a uno de la niñez sin antes darle un buen puesto en la juventud.
*¡Sonamos, muchachos! Resulta que si uno no se apura a cambiar el mundo, después es el mundo el que lo cambia a uno.
*Buen día, señor; vengo a que me haga la llave de la felicidad. 
*La vida comienza a los cuarenta. ¡¿Y entonces para qué cuernos nos hacen venir con tanta anticipación?!
*¿Y Dios habrá patentado esta idea del manicomio redondo? Realmente… Ha sido uno de esos días en que lo malo de uno son los demás.
*Se habla mucho de depositar confianza, pero nadie dice qué interés te pagan.

De festejo 

Para celebrar este cumpleaños tan especial, se llevan a cabo diversas actividades en torno a Mafalda. En la Usina del Arte, en el barrio porteño de La Boca, una muestra evoca los cincuenta años de la tira y los sesenta de la primera publicación de Quino (usinadelarte.org). Por otra parte, se puede disfrutar de otras exposiciones alusivas en la Biblioteca Nacional (www.bn.gov.ar) y en el Museo del Humor (www.museos.buenosaires.gob.ar/muhu).

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