ENTREVISTA


La sonrisa de América


Por Marianela Insúa Escalante.


La sonrisa de América 
Con una actitud positiva que conmueve y un carisma a prueba de balas, Chayanne conquistó el corazón de las argentinas hace años. Ahora presenta En todo estaré, su nuevo disco, y otra vez propone salir a bailar y enamorarse. Un cantante que ama nuestro país.

La vereda de uno de los hoteles porteños más lujosos es un ir y venir de chicas y no tan chicas con remeras de Chayanne, vinchas, gorros y discos. La entrada al hotel esta vez requiere más control que el de costumbre: todas mueren por cruzar la puerta. Adentro, después de muchos pasillos y ascensores y agentes de prensa y botones y gerentes, detrás de una puerta blanca inmaculada, al lado de un hombre de seguridad que esconde el chaleco antibalas, está él. Chayanne se levanta y saluda. Y justo antes de apretar el botón de Play en el grabador, pide disculpas y pone Stop. Es que le acaban de traer una pila de discos para firmar. 

“Para Florencia”, “Para Clara”, “Para Mariana”... los nombres salen de la boca del hombre de seguridad.  Él escribe y firma. Vuelve a excusarse y explica que para él es muy importante que sus fans reciban los discos firmados de su puño y letra. Que se lo merecen por tantos años de apoyo y cariño. También cuenta que la gente de la empresa en Miami, donde él vive, le propuso generar una especie de stencil o de sello, para que no se canse. ¡Pero no! “¿Qué mejor que cuando lo hace uno mismo?”. Y tiene razón, las chicas de la puerta se lo merecen. 
Elmer Figueroa, tal es su verdadero nombre, suele ser catalogado como un artista romántico, pero sus canciones más exitosas son hits bailables. Este nuevo álbum, En todo estaré, está lleno de temas movidos. 

–¿Te gusta hacer bailar a la gente?  
–¡Me encanta! Con mi nuevo CD quiero mandar una onda positiva y dinámica. Quiero llenar de alegría y ritmo este mundo. Mi show es eso. Por esa razón, los dos primeros cortes, “Madre Tierra” y “Humanos a Marte”, tienen mucha onda positiva. Claro que todos me piden temas de tono romántico, y por eso también hay baladas, pero en el show quiero que la gente se suelte, que cante, que brinque, que baile. A mí me quieren llevar siempre para lo romántico, que también está bien, pero…

–Tus canciones más bailables, a través de los años, se siguen pasando en fiestas y discotecas…
–Sí, empezamos así con “Provócame” y hoy por hoy me dicen: ‘Estuve en una boda bailando esa canción’. ¡Qué increíble! ¿No?

–¿El paso de “Provócame” que bailamos acá era tuyo originalmente?
–¡No! Pero igual me lo aprendí. Con esa canción ocurrió lo mismo que con “Tiempo de vals”, una canción mía que no fue tan conocida y que entró en un disco que era una recopilación de temas anteriores. Y también  pasó con “Torero”, “Salomé”… Son canciones de mucho ritmo. Y con este disco quiero que bailen con “Madre Tierra”, con “Humanos a Marte”. Este álbum tiene un sonido fresco, “de islas” como le llamo yo, porque hay mucha fusión, hay algo de bachata. Tiene un tema que se llama “Bailando dos corazones”. Ahí estamos con la coquetería de este nuevo disco.

–Para “Humanos a Marte”  te despachaste con un video más hot que otras veces. ¿No es así?
–(Risas). Es la historia del fotógrafo con la modelo, y él se lo pasa ahí tomándole las fotos… Y parece que un día fue suficiente para que terminaran juntos. Pero sí, el vestuario de ella es un poco agresivo. ¡Y yo solo saco la foto! Pero al final, bueno…
 
–Volviendo al disco, ¿por qué decidiste fusionar “Madre Tierra” con el viejo éxito colombiano “Oye”, que fue furor en la década del sesenta?
–El éxito que tuvo “Oye” fue enorme. Yo incorporé esa parte que dice “Abre tus ojos, mira hacia arriba, disfruta las cosas buenas que tiene la vida” en la canción titulada “Madre Tierra”. El disco empieza inmediatamente con algo positivo. No es que todo está perfecto en este mundo, todos sufrimos el tráfico por la mañana para ir al trabajo, y luego llegamos cansados, también tenemos tropiezos en la vida... ¿y qué puedo aportar yo? Puedo aportar romanticismo, amor, energía, buena onda –como dicen acá– música de baile. Por eso el disco es así.

–¿Traés de tu casa materna ese espíritu tan optimista?
–Cuando era chico los valores eran el respeto a los demás y a ti mismo. Eso es lo que te enseñan y luego está el modo de vida que tú quieres seguir. Para mí es normal dar las gracias cuando trabajas con gente que está dándote el máximo. Creo que lo mínimo que puedes decir es “Qué rico trabajo hicimos juntos”. Los créditos, los agradecimientos, son muy importantes en un equipo. Cuando te dan un disco de oro es también un trabajo de la compañía… ¿Me entiendes? Ve a hacer algo solo a ver adónde llegas. ¡Pues no creo que muy lejos! Quizás en tu mundo funciona, pero yo no sé, en el mío no... 

–Empezaste muy joven, con el grupo Los Chicos. ¿Cómo hiciste para no marearte cuando te perseguían incluso chicas más grandes que vos?
–No solo te persiguen… ¡Te enseñan! 

–La fama y el dinero a tan temprana edad, ¿no te afectó?
–Nunca. Eso creo. Siempre tuve el apoyo de mis padres y la orientación de que me dijeran: “Haz las cosas así” o “Cuídate”. Siempre en Puerto Rico se echa la bendición y con eso era con lo que te ibas. Había cariño, había amor en la casa, y así fue cada vez que me fui. Cada uno de mis hermanos tiene su trabajo y todos se respetan y nos apoyamos entre nosotros. Eso ha sido muy, muy bonito. 

–¿Cómo educás vos a tus hijos?
–No es “las cosas se hacen así”. Es conversación, es amor por lo que hacen, es apreciar el día desde que abren los ojos, por poder abrirlos. Todo lo que tenemos obedece a una razón; no hay que dar nada por hecho. Así les hablo a mis hijos todos los días.

–¿Los extrañás cuando estás lejos?
–Sí, es lo peor de cuando uno viaja, las ausencias. Te tienes que ir y estar mucho tiempo afuera, pero por suerte hay Skype y teléfonos. Ahora empezaron la escuela y quizá no pueda estar en la primera reunión para conocer a los maestros, pero ya iré a otra. Poco a poco es también como estás presente. El tiempo que estás es más intenso.

–¿Es cierto que cuando estás en Miami entrenás ocho horas por día?
–¡Ocho horas no! Se malinterpreta. Ocho horas es el día de trabajo. Antes de irte de gira sí tienes que memorizar los pasos y la única manera es la repetición. Es una combinación con la coreografía, con la intervención de los músicos, las luces, a veces elevadores o efectos especiales; todo eso es un colorido para que la gente disfrute de las canciones y tenga un entretenimiento durante el show. Con respecto a lo de las ocho horas, yo empiezo el día a las nueve de la mañana y termino a las cinco o seis de la tarde. En ese tiempo estás oyendo la canción y tratando de hacerla más como una historia con los bailarines: que yo esté cantando y que ellos interactúen conmigo. Descubrir lo que queremos lleva tiempo, y las horas van pasando. Una vez que tienes todo, debes repetirlo y repetirlo. Lo mismo con la banda. El sonido tiene que ser el del último disco; entonces, hay que traer a “Torero” o “Lo dejaría todo” a este nuevo sonido, ver los coros, charlar con el director. Y eso cuando no son entrevistas, viajes, firmar autógrafos tres horas parado...

¿Y tu voz?
–Es un instrumento que debes cuidar cuando estás de gira. En la Argentina, ustedes tienen las cuatro estaciones bien marcadas. Cuando viene una temporada de cambio hay enfermedades, gripe... 

–En tantos años de carrera, ¿te quedaron amigos del mundo de la música?
–Lo que pasa es que todos están muy ocupados. Durante el proyecto vienes, comes, hablas; luego ese corazón de buena voluntad queda ahí y me voy de viaje. Lo que queda es esa energía bonita, ese positivismo, ese trabajo que hicimos juntos. En el caso de Estéfano, que produjo gran parte de mi disco, cada tanto nos volvemos a ver. Y si alguno de los dos está pasando por una situación difícil, está el mensaje o la llamada, aunque a veces puede pasar un tiempo sin vernos. Esa es la relación que tengo también con Afo Verde, que está en Miami. Las personas con las que más me reúno son esas con las que he trabajado mucho. Con ellas se establece una relación. Soy fiel hasta que me demuestran lo contrario.

–¿Y te demostraron lo contrario?
–Algunas veces ha pasado, y luego viene gente nueva y otros se van del negocio. Lo peor es la gente que muestra una cara y cuando te vas tiene otra; cuando comentan cosas innecesarias a tus espaldas, que no son verdad. Quizá para ellos es un modo de vida. Pero cuando son cosas que no son verdad, es como que… ¿por qué? A la larga, sigo caminando porque hago lo que me gusta, lo que he hecho toda mi vida, que es mi música; y luego, cuando juegas el partido, haces el gol, o no, pero es tuyo.

–¿Qué te gusta de este país?
–¡A todos los artistas que vienen les gusta la Argentina! En serio, la gente, los trabajos que he hecho aquí, que los he hecho con muy buenos profesionales: novelas, videos, doblaje de películas. Todas esas cosas me han ayudado en mi carrera también fuera de la Argentina. Todo fue hecho con un gran profesionalismo, con creatividad. Me divierte mucho estar aquí. Cuando hice la telenovela (N. de la R.: Provócame, junto a Araceli González y Romina Yan, entre 2001 y 2002), mis hijos eran súper chicos; Isadora tenía cuatro meses, pero disfruté mucho. También estuve en la Garganta del Diablo, en las cataratas del Iguazú, además de haber viajado por todo el mundo. La verdad, he disfrutado. A partir de allí, mi única preocupación es que la gente disfrute de lo que hago, de mi ritmo. 

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