INVESTIGACIÓN


Hoyos son amores


Por Mariano Petrucci.


Hoyos son amores 
El golf gana más y más adeptos. A los niños y las mujeres, se suman los deportistas profesionales que ya se retiraron y los que todavía están en actividad. La disciplina funciona como una terapia que mantiene el espíritu competitivo, moldea el físico y reduce el estrés. Entretelones del fenómeno.

Lo gastan, lo “verduguean”, como se dice. Alberto Federico Acosta se transforma en el centro de todas las burlas cuando sus amigos leen desde la pantalla de su smartphone: “¿Sale golf hoy?”. Qué le van a hablar al “Beto” de los trescientos goles que gritó en San Lorenzo, Boca y Universidad Católica, entre otros clubes de su prolífica trayectoria. No, señor: una vez por semana despunta el vicio en los green, bien lejos de los arcos que lo vieron brillar. “Me apasiona”, confiesa el exdelantero sobre la práctica que se le volvió una adicción.

No es el único. En la actualidad, son varios los deportistas de elite que, ya retirados, optan por esta disciplina para saciar la sed de competencia. Por estos pagos, abundan los casos. Entre los más emblemáticos, están Gabriel Batistuta, David Nalbandian y Diego Maradona. En lo que respecta al excapitán de la Selección, llegó a jugarlo desde muy temprano a la mañana hasta caído el atardecer, cuando ya la poca luz le impedía continuar. “Obvio que no siento lo mismo que cuando jugaba al fútbol, pero me encanta. Hasta me despierto de noche pensando en un mal golpe. Me hace entrenar como un animal y, encima, es como una terapia”,  subrayó el “Diez” al hablar del golf. 

“Ellos, como tantos otros, buscan un deporte donde puedan recrearse y mantenerse en movimiento, pero con menor nivel de exigencia, alto rendimiento o impacto. Se da un fenómeno curioso: una vez que empuñan los palos, comienzan a subir la apuesta y a prepararse más para afinar su performance”, expresa Ramón Gauto desde la asociación civil Profesionales de Golf de Argentina (PGA). Matías Castaño, master y licenciado en Alto Rendimiento Deportivo, y profesor nacional de Educación Física, coincide en el diagnóstico, y agrega: “Aquellos con perfiles competitivos hallan aquí dos ventajas: el desafío y la relajación. El ambiente ayuda a estar calmo pero, a la vez, no se abandona ese apetito por superarse. Entonces, termina siendo una alternativa excelente”.

El boom excede a nuestras fronteras. A la movida se suman el brasileño Ronaldo, el ruso Yevgeny Kafelnikov y Michael Jordan, quien no solo participa de diversos torneos, sino que, anualmente, lleva a cabo el propio con fines benéficos (“Michael Jordan Celebrity Invitational”). Andriy Shevchenko, ex-capocannonieri del Milan y el Chelsea, fue más allá: después de colgar los botines, se convirtió en un jugador profesional. 

Al boom de los que empiezan a jugarlo se suma el público que, cada vez más, asiste a los torneos. Las mujeres no se quedan atrás.

Pero no solo les pica el bichito a quienes ya dieron las hurras. Aun en actividad, son bastantes los que se inclinan por los fairway. Entre ellos, el multimedallista olímpico Michael Phelps, Rafael Nadal y nuestro Carlitos Tevez. “La presión del tenis no es la del golf. No es lo mismo enfrentarse contra otro que con uno mismo. A mí me distrae, no me cansa… Cuando asisto al Masters de Indian Wells, en Estados Unidos, llevo conmigo la bolsa de palos por la cantidad de canchas que hay allí”, adujo Rafa. 
En lo que se refiere al artillero de la Juventus, no solo pule a menudo su swing, sino que hasta supo ser caddie de Andrés “El Gato” Romero. “Cada día amo más este deporte tan lindo”, tuiteó “El Apache”, quien manifestó, cuando quedó afuera de Brasil 2014: “Durante el Mundial, estaré con mi familia, tomaré sol y jugaré al golf”. Y cumplió. Al igual que uno de los mejores basquetbolistas de la historia, también se puso al frente de la organización de su propio certamen: en junio pasado, realizó, en España, el “Fuerte Apache Open”. ¿Qué tal? Al parecer, la clave radica en lo que deslizó Maradona. Se lo recordamos: “Me hace entrenar como un animal y, encima, es como una terapia”. Es que, según estudios recientes, intentar hacer hoyo en uno es ideal para sacarle punta al estado físico (sobre todo si ya se pasó la barrera de los 40). Contrariamente a lo que supone el inconsciente colectivo, las investigaciones médicas demuestran que el golf resulta un ejercicio aeróbico con múltiples beneficios. 

A ver: dieciocho hoyos implican una caminata aproximada de cinco a ocho kilómetros, quemando cuatrocientas calorías por hora con los palos a cuestas, y trescientos si se usa un caddie. “Se fortalecen los miembros inferiores y superiores, así como la cintura. El swing, por ejemplo, es un gesto de fuerza explosiva comparable a un puntapié en fútbol o a un drive en tenis. Por lo tanto, optimiza la potencia muscular y la coordinación neuromuscular. Asimismo, un recorrido por un campo de golf registra diferentes intensidades de trabajo cardiovascular, reduciendo el riesgo de padecer enfermedades de este tipo o, inclusive, diabetes o cáncer”, dilucida Gauto, instructor nacional de golf. 
Lo de la terapia se asocia al concepto del “cable a tierra”, a la calidad de vida, a dejar la ansiedad de lado. “Hay quienes, por falta de voluntad, no pueden caminar quinientos metros seguidos. Con el golf lo revierten, porque hacen un ‘clic’ y se motivan”, aporta Castaño. “Normalmente, se juega en espacios verdes, al aire libre, en entornos oxigenantes, silenciosos y muy distendidos. Fundamentalmente, se minimiza el estrés, nos desestructuramos, y acondicionamos el cuerpo y la mente. Es de una gran utilidad para aquellos que no disfrutan ejercitarse en un gimnasio o en lugares cerrados”, esgrime Gauto. 

Para todos  

Hay más de trescientas canchas desperdigadas a lo largo y a lo ancho de la Argentina. En PGA, precisamente, se desempeñan alrededor de setecientos profesionales que se emplean como profesores o prueban su suerte en el plano nacional e internacional. La explicación se basa en un punto contrastable: cada vez hay más público ávido por este deporte. ¿El secreto? Su carácter democrático. “En un campo podemos encontrar a un niño de 6 años o a un hombre de 70. Cada uno a su ritmo, pueden practicarlo sin problemas”, comenta Castaño.

“El golf es para todos. No es aconsejable solo durante la infancia –porque aumenta la capacidad de tolerar la frustración, uno de los grandes dilemas en los jóvenes del siglo XXI–, sino que cada vez más mujeres se animan a experimentarlo –señala Gauto–. Cabe resaltar que hay muchas personas con discapacidad que están eligiéndolo como entretenimiento. Incluso, hay una tendencia a achicar el número de hoyos para modificar el tiempo que demanda el juego y que, de esta manera, más individuos puedan lanzarse a la aventura sin que ello signifique ‘perder’ todo el día”.

Así que quienes le hayan hecho la fama de aburrido, tedioso o falto de adrenalina… ¡a abstenerse! “Puedo asegurar que quienes afirman eso nunca, pero nunca, jugaron al golf. Cuando empezás, y lo noto con cada uno de mis alumnos, no podés dejarlo. Es distinto a cualquier otra disciplina: aquí la competencia es con uno mismo, y la necesidad –porque es una necesidad– de superación es propia e interna. ¡Además, es tan divertido tratar de levantar una pelotita que está en el piso! Es atrapante desde el inicio hasta el final”, admite Gauto. Castaño concuerda y suscribe cada una de sus palabras: “La emoción está presente en el golf, solo que es más personal. El momento en el que uno sigue cómo la pelota se dirige al hoyo para confirmar si entra o no es suspenso, exaltación, excitación, más allá de que no haya un reloj corriendo o una hinchada a puro canto y aliento”.  

Ramón Gauto concluye compartiendo una anécdota que agiganta lo que sucede con el golf: “Una vez, Vicente Fernández me dijo algo que comprobé con los años. El ‘Chino’ sostiene que este deporte permite descubrir la integridad de un ser humano. Su frase fue: ‘Si querés conocer a alguien, invitalo a jugar al golf’”.

Footgolf 

El golf se puso tan de moda que hasta empezaron a aparecer variantes del mismo deporte. Un ejemplo es el footgolf, que se juega con las mismas reglas… pero con una pelota de fútbol. La disciplina nació en Holanda y su éxito se expandió rápidamente por el mundo. El nuestro no es solo uno de los países en donde más se practica, sino que cuenta con la Asociación Argentina de Footgolf. Son varios los compatriotas que se desempeñan en torneos a nivel nacional e internacional. 

Más información en www.footgolf.com.ar

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