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Corazón de tiza


Por Aníbal Vattuone.


Corazón de tiza 

Un grupo de jóvenes salteños no deja de asombrar: llegan a los más altos niveles de física en olimpíadas, se gradúan en el Balseiro y también en el exterior. ¿El secreto? Daniel Córdoba, un docente que, desde hace varios años, los educa en un taller de acceso libre y gratuito. Un argentino que muestra el camino desde el camino.

Se llama Daniel Córdoba. Aunque nació en Jujuy, se enamoró de Salta, y allí vive. Y allí ofrece su pasión: la “magia” de la física. Una rama del conocimiento difícil, pero no por ello inasible. Daniel, docente, inició hace más de veinte años un espacio para dar cátedra de su materia favorita. Después, a medida que se sumaban los estudiantes y los buenos rendimientos, su clase se formalizó y comenzó a llamarse “La física al alcance de todos”. Los éxitos se traducen en medalleros y con gente “suya” en el barilochense Instituto Balseiro (un 23% de los que ingresaron el año anterior fueron salteños que estuvieron bajo su tutela). “Dany”, como lo llaman, amén de enseñar a aprender, evoca la muerte de John Fitzgerald Kennedy o un gol de Messi para atraer la atención de sus oyentes. Habla de valores y de sentimientos. Y nos confiesa que está feliz, que vive pensando en cómo mejorar su enseñanza, y cómo introducir nuevas ideas para que la juventud se fanatice con la física. 

–¿Cómo y por qué surge el taller “La física al alcance de todos”?
–Aparece como transgresión a lo instituido. Yo era docente del Instituto de Educación Media (IEM) de la Universidad Nacional de Salta. En el 1991 trabajaba en las Olimpíadas de Física. Empecé con cinco chicos, que después fueron a las olimpíadas nacionales en Córdoba, donde obtuvieron premios. Hasta que en 1994 me dijeron que era una actividad elitista; no era así, ya que varios de los alumnos no eran sumamente destacados. En resumen, no me dejaron seguir. 

–¿Qué hizo entonces?
–Aparte de enojarme, me fui a un aula de la universidad y, sin previo aviso, comencé a dar clases ahí. Los sábados me dedicaba a eso. Tenía dos, tres alumnos… Pasaron los años y aumentó la cantidad. Pero ya no eran chicos de la escuela, sino que venían de otras instituciones, enterados de que había “alguien” que enseñaba física. Los acepté a todos, y les decía que si llegaban a un nivel “olímpico”, genial; pero si no, no había problema. Llegó un año en el que contaba con un anfiteatro para la enseñanza… Las clases cobraron notoriedad en los diarios cuando algunos alumnos entraron en el Balseiro. Así fue como el taller adquirió entidad. Ya pasó tiempo: hablamos de fines de los noventa, principios de 2000.

–¿Cuál es la situación actual? 
–El taller tiene todos los reconocimientos posibles: la Cámara de Diputados de Salta lo declaró de interés provincial; la Cámara de Senadores, de interés nacional... Hoy trabajamos con el Ministerio de Educación de la provincia de Salta y con la Facultad de Ciencias Exactas. En este momento, son como doscientos cincuenta chicos que se juntan los fines de semana. Muchos de ellos no solo pudieron acceder a la universidad, sino que viajaron a Europa, Estados Unidos…  Y lo más lindo es que no perdieron contacto con nosotros. También tenemos una comunidad de exalumnos que colabora permanentemente. Es una situación casi inverosímil, pero funcionamos. Hay alumnos que se levantan a las tres de la mañana para asistir al taller. Eso nos alienta a seguir. Para mí es un verdadero placer.

–¿Qué es lo que tanto le atrae de esta ciencia?
–En nuestro país se da una situación bastante complicada: se estudia física como si fuera matemática. Si vamos a partir de la base de que los chicos no entienden matemática, es lógico que no les guste la física. Siempre lo digo así: la vida ordinaria hace que uno vea en blanco y negro; cuando nos ponemos los anteojos de las ciencias –y particularmente los de la física–, observamos en alta definición. De pronto, aparecen los detalles. El gol de Messi es paradigmático…

–¿Cuál de todos?
–El que le hizo a Nigeria en el último Mundial, de tiro libre. Hay un montón de física ahí. Hay otro gol espectacular de Roberto Carlos…

–Sí, el que le hizo a Francia también de tiro libre…
–¡Claro! De hecho, la pelota hizo una comba mayor que en el disparo de Messi. Entonces, la física está en donde uno menos se lo imagina. También analizamos física forense, aplicada a casos delictivos. Uno de los que más nombro es el asesinato de Kennedy, explicándolo a través de las leyes de Newton. Examinando el video, se puede entender dónde está el tirador, por el movimiento de la cabeza. 

–Imagino que le resulta clave echar mano a este tipo de ejemplos…  
–Es que el público que tengo en el anfiteatro no es cautivo. Esto no es una escuela a la que hay que asistir obligatoriamente. A los chicos les comentaron que el taller es libre y gratuito; si no les gusta, al sábado siguiente no vuelven. Hay que “hechizarlos” para que regresen.

–¿Cómo se lleva con la docencia, con ese proceso de transmitir su pasión por la física? 
–Si uno siente entusiasmo por lo que enseña, los estudiantes se dan cuenta. Si tu clase es aburrida, si no te entregás a ella, es poco probable que puedas captar la atención, que sigan tu ritmo, que entiendan lo que se les explica. A medida que los años pasan, también aprendo y trato de mejorar la manera en que doy cada tema. Hay que amar la disciplina. Si eso no se logra, el interlocutor no se fascina. 
 
–¿Qué opina del mote de “genios” que se les da a sus alumnos?
–No me gusta. Queremos desmitificar esa idea de que el científico es un tipo loco, que no tiene amigos, que no quiere interactuar con nadie… Obviamente, hay chicos muy inteligentes, pero siempre repito lo mismo: el esfuerzo es más importante que cualquier otra cosa. En mi oficina tengo un cuadro que reza: “El entusiasmo a largo plazo importa más que ser un genio”. Tuve un caso de un alumno que, al principio, no comprendía la física. Terminó siendo doctor en Física y docente en el Balseiro. Hay un detalle que es esencial: el tiempo. Se dan aprendizajes más rápidos o más lentos, según la persona. El sistema educativo está hecho para enseñar y no siempre está hecho para aprender. Hay una brecha ahí. 

–¿Cómo se acercó a la física?
–Hay una anécdota que repiten en mi casa: en mi adolescencia, no era negocio dejarme solo. ¿Por qué? Porque cuando llegaban mis padres, no había agua ni electricidad (risas). Era muy curioso, trataba de interactuar con el mundo, aunque no fuera de la manera más satisfactoria o exitosa. Siempre quemaba algo (más risas). Mi papá me preguntaba: “¿Qué aprendiste hoy? Mirá que no dormís si no me contás algo”.

–En el corto plazo, ¿cuáles son las próximas metas por alcanzar?
–Nosotros tenemos distintos niveles. Hay olimpíadas provinciales y también participamos en las nacionales. Pero, así y todo, las olimpíadas quedan en un segundo plano, ya que no todos pueden acceder a ese escalafón. Hoy lo que más interesa es que se aprenda la física, que logremos interesarnos por ella.

–Por último, ¿cómo es eso de que Google eligió un proyecto suyo para la enseñanza de la robótica? ¿De qué se trató básicamente?
–Google otorga premios a las experiencias de ciencias tecnológicas. Juan Pablo Carbajal, un exalumno que ahora está en Suiza, vislumbró la posibilidad de juntar la experiencia que yo tenía más todos sus conocimientos, hacer un proyecto y presentarlo en Google. Y ganamos. Gracias a ello, me puedo acercar a un chico del grupo y preguntarle: “¿Pudiste resolver la guía?”. Y que me conteste: “Ah, sí, ya me lo contestó, Fabián”. Y Fabián no está en Salta, sino en los Estados Unidos. Me siento muy feliz cuando ocurre eso. 
El sueño de la fundación titulo

Para Córdoba, uno de los momentos más interesantes y emocionantes es cuando aquellos que pasaron por el taller y a quienes les fue bien en su carrera regresan para darles charlas a los chicos. “Se genera como una suerte de proyección. Eso es lo que los lleva a levantarse un sábado a la mañana. A algunos nunca se les habría pasado por la cabeza iniciar una carrera universitaria”, comenta Córdoba. Y sueña en voz alta: “Hace poco tuve la posibilidad de estar en un congreso. De pronto, aparecieron personas y empresas con la intención de ayudar, y me preguntaban si yo tenía una fundación, ya que eso facilitaría muchas cosas. Fue entonces cuando comencé a madurar la idea de una empresa no gubernamental, un emprendimiento sin fines de lucro que pueda sostener lo que venimos haciendo hace tantos años. Veremos... La motivación mayor es el hecho de saber que hay un chico que, cuando me voy a acostar, sube a un micro para venir a nuestro curso a la mañana siguiente”. 

Misteriosa seducción 

Córdoba cuenta la anécdota de un chico que se inspiró en su taller y terminó graduándose en el Instituto Tecnológico de Massachusetts de Estados Unidos (acaso, el instituto de tecnología de mayor prestigio en el mundo). “Una chica le preguntó cómo era que se había apasionado por la física. Entonces, él le dijo que había un señor que hablaba y hablaba, y que él no entendía absolutamente nada de lo que decía. Pero que notaba cómo el señor seguía explicando con entusiasmo, aunque él siguiese sin comprenderlo. Y le dijo a la chica: ‘Quise averiguar qué era lo que había detrás de ese entusiasmo’. Así fue como ese muchacho, que hoy tiene 38 años, se hizo físico”, cuenta, orgulloso.



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