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Más (que) caras


Por Marianela Insúa Escalante..


Más (que) caras 

La magia del cine y la TV todo lo puede, pero necesita de genios como Alex Mathews y Andrés Parrilla para convertir la fantasía en realidad. En nuestro país, ellos son pioneros en el arte de la prostética y la caracterización a través de máscaras y maquillajes.

Quien no haya visto alguna vez Tu cara me suena seguro se sorprendió con Fátima Florez interpretando a la presidenta Cristina Fernández. O a Freddy Villarreal recreando a su ya clásico Fernando De la Rúa en Showmatch. Y si a personajes clásicos nos remitimos, quién no se acuerda de la Inesita de Antonio Gasalla, esa fanática de las cirugías que se practicaba las operaciones más disparatadas con tal de mantenerse joven y bella. O al boxeador de Gatica, el Mono, en pantalla grande y dirigido por Leonardo Favio. 

Todos estos personajes tienen detrás un factor común: Andrés Parrilla. Este hombre que salió de la publicidad para meterse de lleno en la prostética y el maquillaje artístico no para de trabajar. Es un referente en su rubro y propios y extraños se pelean por tenerlo entre sus filas. “La parte que más disfruto es la del taller”, reconoce Parrilla.

–¿Cuál es el término correcto para definir tu trabajo?
–En un principio se llamaba “efectos especiales de maquillaje” pero, en rigor, se denomina “prostética”. Se utiliza cuando se quiere transformar a una persona, ya sea para envejecerla o para hacerla gorda. En ese proceso intervienen prótesis –con espuma de látex o silicona– que se aplican y luego se maquilla.
 
–¿Fue complicado prepararte teniendo en cuenta que la Argentina es un país muy joven en esta disciplina?
–Arranqué hace veinticinco años, de una manera totalmente autodidacta, ya que no había escuelas para estudiar esto. Empecé en publicidad, después pasé por efectos especiales en general, y más tarde me metí de lleno en estas disciplinas. Al principio iba probando, leyendo revistas y publicaciones sobre el tema, viendo películas… Eso te lleva al ensayo y error. Por suerte, nunca me pasaron cosas tremendas. 

–¿En TV arrancaste con Gasalla?
–Sí, los primeros trabajos fueron con Gasalla, que se transformaba todo. Simultáneamente, hice la película de Leonardo Favio, Gatica, el Mono. Me encargaba de todas las contusiones cuando boxeaba, la sangre... Iban a llamar a la gente que había hecho Rocky, pero al parecer no les dio el presupuesto, y aparecí yo (risas).

–¿La TV es mucho más exigente que el cine en cuanto a la rapidez?
–Tu cara me suena se graba de una semana para la otra, y en siete días me dan los personajes para hacer. Así que tengo que preparar diez caracterizaciones en ese tiempo. ¡Hace poco hicimos dieciséis porque había dúos! 

–¡¿Dieciséis?!
–No es que todos tenían prótesis, pero todos estaban maquillados. Tengo un equipo que se agranda o se achica de acuerdo con la cantidad de trabajo y cada uno tiene su especialidad. Están quienes se encargan de la parte de prostética y de estructura –que se produce en el taller–, y los que maquillan y aplican las prótesis –que se hace el día de la grabación–. Estos últimos se mezclan con la gente de peluquería, que son quienes saben lo que es caracterizar con un peinado. 

–¿Los actores reciben bien las propuestas que les hacés? 
–A algunos les gusta más y a otros menos, pero la mayoría de ellos se enganchan porque les estás dando una herramienta para que puedan transformarse. El vínculo es fuerte y hasta terminás haciéndote amigos. En Tu cara me suena hay actrices como Florencia Peña o Georgina Barbarossa que, como la mayoría, se matan de risa.  Cuando estuve con Gasalla se trabajaba muy bien porque él es un “capo”. Cuando lo vas caracterizando, ya se va metiendo dentro del personaje. Ser testigo de cómo se logra ese proceso es maravilloso. 

–¿Hay alguna caracterización que admires?
–Dick Smith es una de las personalidades que admiro y abrió un camino con El exorcista. Fue uno de los que impulsó ese tipo de trabajos y de herramientas que antes no existían. Por ejemplo, cuando Boris Karloff hacía de Frankenstein, se pegaba papelito sobre papelito en la cara, como una cartapesta (N. de la R.: Técnica que utiliza trozos de papel cortados a mano y unidos mediante un adhesivo). Pasó tiempo hasta que llegaron quienes arrancaron con las prótesis de goma.

El inglés de las pampas 

Tiene nombre y apellido inglés, pero nació en Buenos Aires. Es uno de los pioneros de un arte muy popular en los países del norte. Él también llegó de la mano de la publicidad, poniéndoles maquillaje artístico a los actores comerciales de las marcas más importantes. Desde su taller-escuela, hoy admite estar cada vez más alejado del mundo de los comerciales, y más cerca del cine y la docencia. Alex Mathews, de él hablamos, fue el responsable de que Gasalla (sí, otra vez) fuera la abuela en Esperando la carroza. Asimismo, hizo de las suyas en Camila y en la súper producción británica Highlander II. Su último éxito fue nada más y nada menos que El secreto de sus ojos, la ganadora del Oscar. En teatro brilló con las caracterizaciones de Guillermo Francella en El joven Frankenstein, y de Pepe Soriano y Leonardo Sbaraglia en Contrapunto. 

Mathews es autodidacta, pero en 1982 estudió con el mejor en los Estados Unidos: Dick Smith. (Sí, ¡otra vez! Todo es un círculo). Antes se había empapado de la experiencia de Horacio Pisani, jefe de maquillaje del viejo Canal 9, que tenía a cargo Obras maestras del terror, de Narciso Ibáñez Menta, entre otras genialidades. Aunque no del todo formal, su preparación estuvo influenciada por maestros que tocaron el cielo con sus manos. Quizás ellos sean los que lo inspiraron a fundar su propia escuela.“Crecí con la tele y el Drácula de Bela Lugosi, o el Frankenstein de Karloff”, dice con entusiasmo quien desarrolló una línea de maquillaje (Make-Up Lab), que incluye componentes para caracterizaciones y efectos especiales. Mathews agrega: “No debemos olvidar que el make up tal como lo conocemos nació de la mano de los actores, para luego convertirse en una disciplina en sí misma. Yo veía películas y pensaba: “¿Cómo se hace?”. Entonces, jugaba con arcilla y probaba filmando en súper ocho. Así empecé a abordar el tema”. 

–¿A qué edad te planteaste seriamente ser un profesional?
–En 1974, a los 17 años, hice mi primer curso formal de make up. Todo lo demás lo aprendí solo. Por suerte, hablo inglés, así que podía leer mucho en revistas y publicaciones extranjeras. 

–¿Cómo es el trabajo con los actores?
–En función de lo que haya que hacer se convoca a los actores al set con muchísimas horas de anticipación. Todo tiene que estar muy bien planeado ya que hay una cadena de sucesos. Si necesitás tres horas y el actor llega una hora tarde, es un problema. Encima, suele suceder que para cuidar el clima del rodaje, no retan a los actores sino que se la agarran con nosotros. Es ridículo, pero ocurre mucho. 

–En El secreto de sus ojos trabajaste en la caracterización de Ricardo Darín, Guillermo Francella, Soledad Villamil y Pablo Rago. ¿Es más fácil cuando los actores tienen tanta experiencia?
–Depende. Hay actores a los que les resulta imposible cumplir con el horario pautado. Me pasó con Darín, que invariablemente llegaba tarde. Y en este ambiente, las presiones son bastante extremas, aunque uno no sea el responsable directo. Lo cierto es que nosotros no somos irreemplazables. Básicamente, ¡nadie va a querer cambiar al protagonista! 

Mathews sigue dando clases en su taller de Buenos Aires, y Andrés Parrilla planea una nueva incursión en el cine. Ambos saben que son los mejores en lo suyo, pero como buenos consagrados, no temen contar los entretelones de sus éxitos. Cada uno con su estilo, y en cada una de sus creaciones, siguen haciendo escuela en una industria única y mágica, en la que vale la pena dejarse llevar por las apariencias. Aunque engañen.

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