ENTREVISTA


Profeta en otras tierras


Por Cristina Noble.


Profeta en otras tierras 
La actriz argentina Fernanda Orazi no necesita presentación en España, donde triunfa y cosecha premios, pero en nuestro país pocos conocen su talento. La presentamos. 

Es raro tener que presentar a Fernanda Orazi al público local cuando en Madrid, cada vez que actúa, el teatro es una fiesta y los aplausos no cesan. Eso ocurrió hace unos meses con su interpretación en Muda, la obra de Pablo Messiez, otro argentino que triunfa en España. Ella siempre recibe el elogio de los críticos y también de sus colegas. De allá, porque acá pocos saben de su capacidad y su arte.

En la entrevista en Buenos Aires, le comentamos esta paradoja, pero ella solo sonríe y se encoge de hombros, como aceptando con levedad las cosas como llegan. Fernanda no solamente actúa con la sutileza propia de los grandes actores –lo demostró en su última gira por Buenos Aires con la pieza La Realidad–, sino que además goza de un buen humor que le quita años: transita la década de los 40 pero bien podrían dársele diez años menos. Más allá del reconocimiento que merece en España, cuenta que siempre extraña un poco la Argentina. “Me fui hace nueve años y vengo de visita con cierta regularidad, aunque a veces entre viaje y viaje pasa demasiado tiempo. Siempre se extraña … y últimamente me ocurre más seguido. Quizá sea porque pasan los años y acá están mis amigos de toda la vida, gente a la que quiero, como Ciro Zorzoli, que es con quien más he trabajado, mi maestro Diego Velázquez, Paola Barrientos, Vanesa Maja… y  Mónica Bonelli, que es como mi hermana y además una gran actriz. Todos son grandes actores y directores”, dice sonriendo.

–En España, ¿hiciste nuevos amigos?
–Sí, claro, pero igual se extraña…

–¿Qué te hizo tomar la decisión de cambiar de país? ¿Algún amor contrariado, el espíritu de aventura, o siempre estuvo en tus planes irte?
–Nunca había considerado la posibilidad de irme. Me había separado y las cosas de la vida me llevaron a España, más precisamente a Madrid.

–¿Qué cosas?
–Me fui de gira con la compañía de Ciro Zorzoli. Acá hacíamos Ars Higiénica, una obra que estuvo dos años y medio en cartel y que tuvo gran trascendencia. La obra era fuerte, con un cruce de humor y crueldad que la gente de acá asimilaba bien. Había buen feeling con los espectadores, intenso, con un clima dramático. En cambio, en España, el público recibió la obra desde un lugar más distante.  

–Aparecen diferencias culturales…
–Claro. Hay vibraciones distintas y uno percibe esas diferencias. 

–¿Se nota en los aplausos?
–No, es una sensación que te llega antes de los aplausos. En cada función no se respira de la misma manera; no sé bien qué es, pero se nota cuando el público recibe la obra desde otro lugar. Eso es lo que sucedió en España  con Ars Higiénica.  

–¿Y porqué te quedaste en España?
–En realidad, nunca pensé quedarme a vivir allá. Se fue dando. Cuando terminé la gira no quería volverme sin visitar un poco más de España y también quería conocer a mis parientes en Italia: mi mamá nació en la zona de Parma y allí tenía un familión.

–¿Alguien en tu familia tuvo relación con el teatro?
–No. El  teatro es algo mío. No tengo recuerdos de haber ido al teatro con mis padres y tampoco al cine. Esta profesión me la inventé solita. Un día se me ocurrió que quería ser actriz y a partir de ahí seguí adelante por las mías. Me ayudaron la constancia y la convicción. En casa tenían pensada otra carrera para mí; siempre los padres piensan que los hijos están hechos para otros destinos distintos a los que ellos eligen. Son cosas con las que hay que lidiar. Pero una vez que vieron que no había vuelta atrás, no hubo discusión. De alguna manera logré que me entendieran.

–¿Y en España, cómo te las arreglaste económicamente? ¿Ars Higiénica te dejó los recursos suficientes para aguantar un tiempo?
–Bueno, ese fue un tema (sonríe). La gira me dejó poca plata. Así que al mes empecé a hacer trabajitos para juntar alguna moneda: fueron changas esporádicas y muy variadas. Hice de todo: animaciones, cosas para chicos en los shoppings, en fiestas… También canté, de caradura. Yo no canto, pero con la actuación me las arreglaba: ponía cara de cantar bien y listo. En determinado momento me dije: “Me parece que ya estoy viviendo aquí; sinceremos la situación”. 

–¿Cuándo decidiste volver a actuar y hacerte un lugar fuera de Argentina?
–Cuando lo conocí a Pablo Messiez. Después de tanto tiempo de no actuar, no sabía si iba a poder retomar lo mío, estaba atravesando una crisis. Por eso, me propuse buscar algo estable. Tímidamente le escribí un mail a Pablo preguntándole si le parecía posible que hiciéramos algo juntos. Me tiré a la pileta, teníamos amigos en común, habíamos charlado alguna vez y lo había visto actuar en obras de Claudio Tolcachir, pero nada más. Me respondió enseguida; me contó sobre Muda, una obra que quería poner en Madrid. Y bueno, así de rápido empezamos y nos hicimos amigos. Nos fue muy bien con Muda y con las demás obras en las que trabajamos juntos: Los ojos, Las palabras y La palabra verde, y una versión de Las criadas, compartiendo escenario con argentinos como Bárbara Lennie, una actriz muy requerida del cine español.

–Y después vino La Realidad. ¿Cómo surgió este proyecto?
–Después o, mejor dicho, mientras tanto (se ríe)… Denise Despeyroux me había propuesto trabajar en una obra de ella y yo no podía. Luego me llamaron del festival Fringe, que se empezó a hacer en Madrid hace tres años, para ver si quería hacer algo… Pensé que era una buena oportunidad para hacer un proyecto con Denise. Corría el año 2012 y estaba tapada de trabajo: estrenaba Las criadas con Pablo y enseguida tenía que dirigir una obra mía. En un mes debía actuar en cuatro obras distintas y en tres países diferentes: España, México y la Argentina. ¡Para colmo cada obra tenía mucho texto monologado! Interpretaba a un personaje de Las criadas; al de Muda –que era monólogo puro– y al de La Realidad. Además, en Los ojos, hacía otro personaje con mucho diálogo. Todo eso, en un mes y una semana. Una verdadera locura, pero a mí me gustan esos desafíos…

–¿No tuviste miedo de confundirte y decir la letra de un personaje en una de las obras donde no correspondía? 
–Esa es una fantasía que los actores tenemos, pero lo cierto es que no ocurre: la cabeza se sitúa solita y no mezcla. La memoria está en el cuerpo y en relación con las cosas.

–¿Por qué creés que lograste tanto reconocimiento en España como actriz y en tan poco tiempo?
–Bueno, no soy la única actriz argentina a quien le va bien en España. Los argentinos que se destacan en los escenarios de Madrid representan la expresión de un teatro innovador. Además, sorprendíamos con una mecánica de producción autogestionada que antes de que la crisis económica azotara la península era mirada con asombro –allí estaban acostumbrados a producir con importantes subsidios que les proporcionaba el Estado–. Pero la situación cambió con la crisis, y hoy el modelo de autogestión de las compañías teatrales argentinas les sirve de modelo.

–De modo que el teatro argentino es un referente en España…
–Sin duda. La programación de las salas madrileñas, oficiales, independientes y comerciales cuenta con una nutrida presencia de artistas argentinos. Ahí están Silvia Luchetti, Pablo Messiez, uno de los grandes referentes; Noelia Noto, ganadora del Premio Max; Tomás Pozzi; Zenón Recalde, convertido en una de las figuras del musical español; Adriana Roffi, que se afianza con sus textos y dirección como una realizadora muy destacada, y Carolina Román. Son muchos…

–¿Qué es lo que les fascina del teatro argentino a los españoles?
–Creo que lo que atrae –no solo en España– es la relación carnal que tenemos en el escenario. En España se trabaja con estructuras muy pensadas; en la Argentina se arma a partir de la relación de los cuerpos, desde el ensayo, desde el sudor. A veces, los artistas europeos parecen más teóricos que creativos.  

–¿En Madrid te espera algún proyecto interesante?
–Varios. Cuando me pongo en movimiento no paro (se ríe). No bien llegue, tengo que empezar con los ensayos de A-Creedores, con dirección de Claudia Faci, para el Festival Temporada Alta de Girona; y en diciembre seré Daisy en Rinoceronte, de Ionesco, con versión y dirección de Ernesto Caballero, en el Centro Dramático Nacional de Madrid.

–¿Y si te llamaran de Buenos Aires para algún proyecto?
–No lo sé, quizá, me gustaría, pero hasta ahora…
 
 La creación de La Realidad 

Fernanda Orazi y la autora de La Realidad, la uruguaya Denise Despeyroux, anduvieron de gira por Buenos Aires y la Banda Oriental para presentar esta obra difícil de interpretar por el doble rol de la protagonista: el espectáculo incorpora la comunicación virtual posibilitando a una misma actriz hacer dos personajes casi al unísono. La resolución de este desafío les valió críticas muy elogiosas. La Realidad se estrenó en el festival Fringe y luego estuvo en cartel en el Teatro Fernán Gómez. Ganó el Premio Max Revelación, el galardón ibérico de teatro más prestigioso. También fue seleccionada por un jurado para dos candidaturas en los Max 2014: Mejor Autoría (Denise Despeyroux) y Mejor Actriz (Fernanda Orazi).

La conquista de España 

Egresada de la Escuela Metropolitana de Arte Dramático de Buenos Aires, Fernanda reconoce a Ciro Zorzoli como uno de sus principales maestros. Trabajó ocho años en su compañía e hizo tres obras que dieron que hablar en el ambiente del off: Living, último paisaje (1999), A un beso de distancia (2001) y Ars Higiénica (2003), por la que fue nominada a los premios Teatro del Mundo como Mejor Actriz. En España, de la mano de Pablo Messiez, actuó en Muda, Ahora, Los ojos, Las criadas y Las palabras. Por su trabajo en La Realidad, con Denise Despeyroux, mereció una nominación a Mejor Actriz en los Premios Max 2014. Su primera pieza como directora fue Teo con Julia (Buenos Aires, 2003). En Madrid estrenó Susana en el agua y con la boca abierta, para el Festival de Otoño 2010; El rumor analógico de las cosas y El futuro. Tiene su propia compañía, El Rumor, donde investiga el lenguaje escénico desde la actuación.

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