ENTREVISTA


“Me encantaría hacer cine argentino”


Por Leo González.


“Me encantaría hacer cine argentino”
Sebastián Estevanez protagoniza junto a Carina Zampini Camino al Amor, otro exitoso producto de una pareja que enamoró al público. El actor, que hizo de la humildad su estandarte y del amor a su familia su razón de ser, se confiesa.

Un pibe de barrio. La definición puede ser simple, obvia y hasta un cliché, pero no hay otra que lo pinte tan bien de cuerpo y alma. No hay posturas, ni divismos, ni delirios de fama; solo un hombre que le pone toda su energía al trabajo y trata de pasarlo lo mejor posible. Sebastián Estevanez está agradecido a la vida y disfruta de cada momento a full.  Trabajó desde chico y en todo tipo de cosas: fue verdulero, vendió entradas en el teatro, trabajó en un taller mecánico... de todo un poco. Pero siempre lo hizo con la misma fórmula: poniéndole el corazón y el alma.  

–Hace un tiempo declaraste que no repetirías pareja protagónica. ¿Por qué cambiaste de opinión?
-Cuando me lo propusieron, me pareció una locura. Pero ya lo había hecho con Mónica Antonópulos, con quien repetí en La Ley del Amor y Herencia de Amor, aunque no durante toda una telenovela. Al principio no estuve de acuerdo, pero todos me pedían –incluso la gente, que era la que más insistía– que estuviéramos juntos de nuevo. Confié en lo que me pedían.

–¿Por qué al público le gustó tanto esta pareja?
–Es que Dulce Amor fue una novela impresionante. Estuvo buenísima en todo sentido: los libros, la dirección, los actores, la producción. Fue algo muy fuerte. Con Carina Zampini nos llevamos bien y nos entendemos con solo mirarnos. Tenemos buena onda para trabajar, somos compañeros y, por sobre todo, nos respetamos.

–¿Cómo es su forma de trabajar?
–Tengo que decir que para trabajar sí somos muy distintos. Ella es muy estructurada con la letra, con la historia, y a mí me gusta improvisar lo que me dan. Si no, me aburro. Al principio había roces, hasta que nos empezamos a sentir cómodos y nos encontramos bien en la forma de trabajar de cada uno. Me parece que eso también es un poco lo que se veía en las escenas, ¿no? Naturalidad…

–¿Fuera de la pantalla cómo se llevan?
–En la parte familiar, somos muy parecidos, además de en cómo vemos la vida, el valor que les damos a la amistad y al compañerismo, o los códigos que tenemos. Somos bastantes simples en lo que queremos: tener una familia, amigos, pasarlo bien y tratar de ser felices. No tenemos muchas más ambiciones que eso. 

–¿Te molestó que se creara la fantasía de que tenían un romance?
–No, para nada. En un punto me hacía sentir que estaba bueno lo que estábamos haciendo, y si la gente quería que estuviéramos juntos, es porque el trabajo que hacíamos estaba bien y era creíble. Además, no me molestaba porque sabía que no pasaba nada. La gente tiene que saber que tengo mujer y dos hijos, y que, por suerte, estoy muy enamorado de ella, como el día que la conocí. 

–Hace veinte años que trabajás en este medio. ¿Notaste grandes cambios en la forma de hacer las tiras ahora?
–Me parece que a medida que pasa el tiempo las telenovelas tratan temas más actuales y son más costumbristas. Todo va avanzando, mejorando: los guiones, la dirección, las actuaciones, los decorados, la edición, la musicalización, la compaginación. Creo que los elencos son cada vez más fuertes, y también se invierte mucho más dinero. De todas maneras, hace veinte años hubo novelas que también tuvieron mucho éxito y se convirtieron en hitos de la televisión argentina.

–La industria se volvió más comercial.
–Claro, y lo que también ayudó es que la Argentina se convirtió en uno de los países que más telenovelas exporta al mundo junto con Brasil, México y Colombia. Por ejemplo, Amor en Custodia, que salió de esta productora, se volvió a hacer al menos en tres versiones distintas en México. Con Dulce Amor se hizo lo propio en Colombia, Chile y también México. Incluso algunas todavía no salieron al aire y ya las compraron. Me parece que esto se debe a que los autores argentinos están entre los mejores del mundo. 

–Acá no debutaste en cine pero sí afuera. Contame esa experiencia.
–Alejandro Vanelli, mi representante, me avisó que había un casting para una película danesa llamada Superclásico (2011). Cuando leí cómo era el personaje me encantó y decidí hacer la prueba. Personifico a Juan Díaz, un jugador de fútbol, ídolo de Boca, que tiene como representante a una mujer danesa que también es su novia. Su marido viene con su hijo a la Argentina a recuperarla; soy el tercero en discordia. Fue una gran film que compitió por entrar a los Oscar como Mejor Película Extranjera. Quedó dentro de las primeras nueve preseleccionadas.  

–¿Por qué no hiciste más películas?
–No tengo tiempo. Desde que arranqué en este medio casi no tuve tiempo de incursionar en el cine. Había hecho un casting para la película La fuga (2001) y quedé, pero por un tema de fuerza mayor no pude estar. En ese momento había una figura del canal que producía la película que quería que el protagonista fuera otro, aunque el director me quería a mí. Ahora estoy por participar en la filmación de Al azote del diablo. Me encanta la película porque aborda un tema social como es el de la AMIA. 

–¿Recibís propuestas para filmar?
–Una vez me llamaron para hacer una película y justo estaba trabajando en una telenovela y me fue imposible aceptar por cuestiones de tiempo. Es muy difícil combinarlo. Creo que también hay un tema con los actores que trabajamos en televisión. La mayoría de nosotros no hacemos cine y no porque no queramos. No sé qué pasa, pero no nos llaman. La verdad es que me encantaría hacer cine argentino y trabajar con los mejores. No depende de mí, sino del destino. Si te tiene que tocar, te toca. Y si no, está todo bien. Lo que tenga que ser. 

–Tu vida siempre gira en torno a la familia. Trabajaste con tu padre en todos los emprendimientos que tuvo, incluso fuera del medio.
–Sí, puede ser. Pero también estudié Derecho dos años, trabajé como profesor de paddle, fui profesor de gimnnasia, hice la mía también. Hice de todo y nunca me dio vergüenza. Más allá de lo que estuviera haciendo, le ponía toda la garra. Para mí el trabajo es lo mejor que te puede pasar en la vida. Mientras uno lo hace está bárbaro. Por eso, no me molestaría trabajar de lo que sea. 

–Pero ser actor fue lo que te apasionó.
–Mi padre fue actor cuando era más joven. Habrá trabajado unos doce años a la vez que tenía el taller de chapa y pintura. Quizá de ahí vino mi vocación, no lo sé. Lo que sí sé es que cuando empecé a trabajar como actor descubrí que me gustaba muchísimo. Soy muy feliz haciendo esto. En realidad, soy feliz trabajando. Ahora tengo a mis hijos y a mi mujer, y aprendí a estar con ellos, con mis amigos, con mis seres queridos. Estoy más grande, más maduro y aprendí a disfrutar la vida y lograr un equilibrio.  

–La fama no es algo que te mareó.
–Siempre fui un apasionado en todos los trabajos que hice. Esa fue la enseñanza que tuve de mi padre, de mi familia. Ahora soy actor y el protagonista de un programa al que le va muy bien, pero soy solo una herramienta más de las que se necesitan para hacer una telenovela.

–¿La humildad es la clave de tu éxito?
Puede ser. Lo que te puedo asegurar es que soy casi igual a lo que ves. Cuando veo a alguno que está mareado pienso: “Pobrecito”. Si te la creés, perdiste. Somos todos iguales y lo importante no pasa por ahí. Lo importante es que haya buena onda y tratar de ser feliz. Me toca estar en un lugar importante en la novela; entonces, tengo que tratar de ponerle garra y ser positivo para que mis compañeros se sientan bien y podamos trabajar bien en equipo. El equipo sirve para todo: para la familia, para los amigos, para el trabajo, para la vida. 

–¿Qué pensás que vas a estar haciendo en el futuro?
–Creo que nunca voy a dejar la actuación. Me gusta mucho producir y, de hecho, lo hago. Antes de empezar cada tira estoy metido “en la cocina” y me ocupo de ayudarlo a mi padre. De hecho, participé en el piloto de Dulce Amor y me encanta armar el elenco, pero no podría dejar de actuar porque creo que me moriría.

Sebastián empezó su carrera casi de casualidad cuando a Arnaldo André, que protagonizaba la novela Gino (1996), se le ocurrió que podía dejar de ser utilero y ponerse a actuar. Se animó y desde entonces no paró. Entre sus éxitos más renombrados están Franco Buena-ventura, el profe, Herencia de Amor, Pensionados, Amor en Custodia y Dulce Amor. Trabajó en la película danesa Superclásico.

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