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Lo mío es tuyo estés donde estés


Por Dolores Gallo..


Lo mío es tuyo estés donde estés
El consumo colaborativo es un fenómeno global que no para de crecer. Gracias a la tecnología, hoy podemos compartir o comprar cosas de otros desde cualquier lugar del mundo. Aquí, las razones de este fenómeno. Roberto está cansado de manejar tantos kilómetros al día; además, ¡qué gasto desmesurado! Va solo. ¿No sería bueno encontrar alguien que lo acompañe y dividir los costos?  Mónica, por su parte, se va de vacaciones, pero en lugar de cerrar la casa por quince días, piensa por qué no alquilársela a alguien mientras ella no está. A Alberto lo que le sobra es espacio en su oficina: ¿podrá alguien aprovecharlo? 

Consumo colaborativo –sharing economy (su nombre en inglés)– significa conectar, tecnología mediante, a personas que tienen para ofrecer algún producto, servicio o espacio ocioso con otras –sea donde fuere que estén– a quienes les sirva y que puedan aprovecharlo sin necesidad de comprarlo. De paso, por qué no, se puede ganar algo de dinero, y utilizar los recursos de una manera más eficiente. “Ir a dormir a casa de un amigo o pedirle prestado el coche a un familiar no es nada nuevo: compartir y colaborar se ha hecho toda la vida. La diferencia es que, ahora, estas iniciativas usan la tecnología permitiendo que adquieran una escala y velocidad sin precedentes. Los servicios de consumo colaborativo facilitan el encuentro entre la oferta y la demanda, y ponen en contacto a desconocidos, a la vez que proporcionan los mecanismos necesarios para generar un nivel de confianza suficiente para que los intercambios tengan lugar”, explica Albert Cañigueral, fundador del blog Consumo colaborativo. 

Este fenómeno de la economía colaborativa está alcanzando grandes dimensiones: solo el año pasado movió, según Forbes, 3500 millones de dólares, un 25% más que el año anterior. Constantemente aparecen plataformas nuevas que abarcan los rubros más variados, desde turismo hasta espacios de trabajo compartido, cofinanciación o creación grupal. De hecho, el mayor directorio global de proyectos de consumo colaborativo llamado Mesh, creado por Lisa Gansky, autora de La malla: el futuro de los negocios es… compartir, ya agrupa a 9138 compañías en 130 países de varios continentes.   

Para entender cómo funciona la sharing economy, Gansky explica que existen tres tipos de propuestas: “Primero, están los servicios entre personas, que son los más conocidos. La gente directamente ofrece algo a través de una plataforma. AirBnb sería un ejemplo (es una plataforma comunitaria que conecta a personas que tienen alojamientos disponibles en diversas ciudades con otras que buscan un lugar donde quedarse). También hay empresas que proponen algo basándose en el modelo de compartir, como Areatres, que ofrece oficinas para alquilar en América Latina con el sistema co-working. Por último, están los sitios que juntan comunidades para un proyecto en común. Son las que se conocen como crowdsourcing o crowdfunding, como Kickstarter o Quirky”, concluye. 

La Argentina no es ajena a este fenómeno, tal como comenta David Sucar, conector de Ouishare, una comunidad global que busca crear una sociedad colaborativa conectando a personas, organizaciones e ideas, y cuya comunidad en Buenos Aires ya tiene más de doscientos miembros. “En el país, esta tendencia está tomando mucha notoriedad. Entre las propuestas más interesantes están Idea.me (crowdfunding), Afluenta (préstamo entre personas), Educabilia y Acamica (e-learning), Sincropool (carpooling), Mercado Libre, Alamaula, CookApp, AreaTRes (co-working)”, comenta Sucar. 

El porqué de este crecimiento 

Son varios los factores que hacen posible, e incluso determinan, el crecimiento del consumo colaborativo. “Se estima que en el año 2050 más del 75 % de la población vivirá en ciudades. Esto implica que tendremos menos espacio físico que antes y que no nos será posible poseer cosas solo por si algún día las necesitamos. Además, la última crisis mundial nos hizo poner un freno en el consumo. Nos dimos cuenta de que mucho de lo que tenemos en realidad no lo usamos tanto. Por otro lado, el impacto en el cambio climático nos está volviendo más respetuosos y más conscientes de cómo utilizamos los recursos y cómo nos relacionamos con el medio ambiente. Por último, está la tecnología. Y gracias a ella hoy la distribución tiene un costo mucho menor que antes. Estamos más conectados con más personas de todo el planeta y de una manera más eficiente. La tecnología hoy nos permite ‘compartir’ o ‘acceder’ fácilmente a muchas cosas de otros. Nos movemos hacia un mundo en el que el acceso a los bienes, servicios y talento superarán a la propiedad”, asegura Lisa Gansky. 

¿Pero cuáles son los motivos que mueven a la gente a probar y a repetir estas experiencias? Según Albert Cañigueral varios estudios afirman que la motivación principal es la económica. “O bien puedo ahorrar dinero y tiempo al contratar uno de estos servicios, o bien puedo generar ingresos extras al ofrecer mis bienes a los demás. Lo interesante es que, después, la persona que probó este sistema se engancha y quiere repetir la experiencia. Les gusta pertenecer a una comunidad, sentirse parte de un movimiento y ser un consumidor inteligente y responsable”, concluye Albert. 

Piedras en el camino

Aunque el crecimiento de la sharing economy es imparable, como todo nuevo fenómeno, son varios los obstáculos que la frenan. Uno de los temas que preocupa es la manera de verificar la autenticidad y buena fe de las personas en el entorno on-line. “La mayoría de las plataformas usa Facebook como un filtro para darte de alta y tener más confianza. Es decir, si el usuario se registra usando Facebook es más confiable... Aunque esto es relativo en algunos casos. Otras startups certifican tu domicilio, la cuenta de banco, tarjetas de crédito, celular, etc.”, explica David Sucar. 

Otro de los escollos es que a nivel global aún no hay leyes para regular la economía del compartir. “Hace diez años, la gente decía lo mismo sobre el e-commerce. Pero luego los gobiernos supieron cómo modificar y adaptar las leyes. Hoy nos encontramos en los primeros estadios de la sharing economy. A medida que vayamos entendiendo mejor cómo funciona este modelo, se crearán leyes para regularla. ¡Incentivemos la innovación en vez de, indirectamente, intentar matarla!”, concluye la experta Lisa Gansky. 

Plataformas colaborativas en la Argentina 

www.sincropool.com, www.carpoolear.com.ar y www.hagamospool.com: pools de autos.
www.vamosalacancha.com.ar: conecta hinchas para ir juntos. 
www.noblezaobliga.com: para recaudar fondos con fines benéficos. 
www.eventdoo.com: eventos pre financiados y difundidos colaborativamente. 
www.afluenta.com: préstamos entre personas. 
www.areatresworkplace.com: co-working.
www.educabilia.com.ar: comunidad de aprendizaje.
www.acamica.com: e-learning.3www.cookapp.com: comer en casa del chef.

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