ENTREVISTA


Diamante en bruto


Por Por Mariano Petrucci.


Diamante en bruto 

Con solo 14 años, Lisette brilla cantando y tocando el bandoneón, el violín y el piano. Grabó su primer disco y la apadrina Raúl Lavié, quien opina que nace una nueva estrella del tango. 

Que hay que saberla lunga, pegarse alguna que otra curdela, buscar el mango para morfar y mamar la cultura del yotivenco. El mundo del tango tiene sus reglas. Para ingresar en él, según los entendidos, hay que haber gastado la suela de los zapatos. Bueno, Lisette derrumba todos los mitos alrededor del 2x4. Con apenas 14 años, cuenta con la venia de pesos pesados, como Raúl Lavié, Esteban Morgado, José Colángelo y el gran Horacio Ferrer. Pavada de padrinos, todos ellos participaron del disco debut (Cantar es vivir) de esta cordobesa que es una verdadera niña prodigio. 

No, no exageramos con esta jovencita: a los 2 años y medio comenzó sus clases de violín; entre los 4 y los 6 estudió francés e inglés; probó suerte con el piano, la flauta (dulce, melódica y traversa) y la guitarra; y, finalmente, a los 10 la maravilló el bandoneón. Su voz asombra, sobre todo porque consigue que uno se olvide por completo el número de su documento de identidad. Porque uno escucha a una tanguera, hecha y derecha. Que entona y dice (“Porque el tango no se canta, porque al tango se lo dice”, dixit Cacho Castaña) perlas como “El último café”,  “Qué buena fe” o “Los cosos de al lao”. Y lo hace a la perfección, con sus casi 15 primaveras a cuestas, sin necesidad de haber puesto un solo pie en el barro del lunfardo.

Ahora: qué fragancia misteriosa y particular debe de tener este género para cautivar a una purreta que bien podría estar saltando al ritmo de un Justin Bieber o una Miley Cyrus. Y no. A ella le tira Aníbal Troilo, Homero Manzi, Astor Piazzolla, Carlos Gardel, Eladia Blázquez, Enríque Cadícamo, Alfredo Le Pera, Roberto Goyeneche, Julio Sosa, Rubén Juárez, Nelly Omar, Héctor Stamponi, Paquita Bernardo, Enrique Santos Discépolo, José María Contursi, Virgilio Expósito… ¡Pucha!

Desenvolverse correctamente, formarse, respetar la trayectoria de los consagrados y brindar lo mejor de sí misma. Las claves de Lisette para ganarse el respeto de los tangueros de ley.

“A los 6 años empecé un taller de canto que era grupal, con chicos de mi misma edad. Hacíamos canciones infantiles. Cuando pude seleccionar el repertorio, opté por temas de Édith Piaf y Frank Sinatra. ¿Cómo me enamoré del tango? Cuando descubrí el bandoneón. Me fascinó su sonido y versatilidad. Sentí que era EL instrumento para mí. Simultáneamente, me impactaron las letras y la historia detrás de la historia; o sea, la del compositor que narra la poesía. Por otro lado, en mi casa siempre sonó todo tipo de música, desde clásica y jazz hasta pop y folclórica. Definitivamente, al tango lo eligió mi corazón”, nos revela Lisette.

–No son pocos los que sostienen que para representar cabalmente semejantes letras, hay que haber vivido y mucho. ¿Qué pensás?
–¿Quién vivió todo lo que canta? No creo en eso. Me parece que la clave es “ponerse” en el lugar de la persona que escribió ese relato, que atravesó esa circunstancia. Obviamente, yo no pasé por lo que mencionan las canciones que hago, pero durante esos minutos me imagino en la situación.

Está bien plantada Lisette, con los objetivos claros. Solo así puede comprenderse cómo con su incipiente (y promisoria) carrera ya pisó escenarios emblemáticos, como el de Los 36 Billares, el del Velma Café o el del Café Homero. O cómo brilla en los diversos festivales nacionales e internacionales que se llevan a cabo fronteras adentro de nuestro país. O cómo la miman las celebridades.“En 2009, estaba de vacaciones con mi familia en La Falda. Cuando me enteré de que Esteban Morgado haría un show con su cuarteto, rogué que me compraran una entrada. Quedé tan deslumbrada que regresé a mi casa, agarré el violín y saqué uno de sus temas. Yo sabía que Esteban volvería en un mes, así que les dije a mis papás que quería mostrarle lo que había hecho. Llegó el día, fuimos a su hotel, pedimos por él y bajó de inmediato. Me escuchó y me ofreció ser parte de su concierto esa noche. Con respecto a Jairo, un periodista cordobés le contó sobre mí. ¡Y me invitó a su casa! Fui, hablamos muchísimo, me enseñó sus cuadros… ¡Es un gran pintor!”, desliza Lisette. 

–¿Tu padrino artístico es Raúl Lavié?
–Sí, siempre fue un referente. Me llena de emoción sentirlo tan cerca mío. En junio de 2012, en el bar Los 36 Billares, estaba probando sonido. Al terminar, noto que Raúl me llama. Nunca nos habíamos visto antes. Me acerco y me propone formar parte del festejo de sus sesenta años con la música en el teatro Ópera. En ese espectáculo hice, en francés, “Venecia sin ti”, con su orquesta y acompañándome con mi bandoneón. Y luego, “Nada”, a dúo con él. Todavía me cuesta creer muchas cosas. Siento que estoy viviendo un sueño y no me alcanzan las palabras para agradecer que enormes artistas hayan confiado en mí… ¡Y que lo sigan haciendo!

Cantar como Malena (como ninguna) 

No todo es música en su cotidianidad. Y es lógico. Pese a su insondable talento, no deja de ser una adolescente en estado puro. “Además de ir al colegio, hago otras actividades: me gusta salir con mis amigos, andar a caballo y amo las ‘charlas de café’.  Además, me divierto jugando al ping-pong y practicando natación, que lo alterno con mis clases de inglés, francés, computación, bandoneón, piano, canto y composición. Mi prioridad es estudiar e instruirme lo más que pueda para, en el futuro, poder afrontar las responsabilidades que se me presenten, pero sin dejar de disfrutar las distintas etapas de la vida”, asegura. Y se (nos) entusiasma: “Estoy muy contenta, ya que, gracias a los conocimientos que estoy adquiriendo, escribí mi primer tango. ¡Con letra y música, eh!”.

–¿El tango aggiornado o el arrabalero hasta la médula?
–Y… El arrabalero, porque es el que define las raíces del género. Pero, atención, porque es un placer deleitarse con aquellas joyas que hoy ya no tenemos, y mejor aún es realizar nuevas versiones de tangos que se hicieron hace mucho tiempo… y darles un toque de “siglo XXI”. Todos queremos que el tango nunca muera: para que eso no ocurra, hay que insistir creando tangos inéditos y, paralelamente, interpretar las clásicas obras que nos van a seguir conquistando, aunque pasen los años.

–¿Explorás otros estilos? 
–Sí, por supuesto. De cada uno se aprende algo diferente. Están los que tienen armonías muy complejas, los que se lucen por melodías bellísimas, y los que, a pesar de ser “simples” musicalmente, poseen letras con un gran significado. De todos, el que reúne las tres características –y muchas otras más– es el tango. 

–¿Tu pieza predilecta?
–Hay muchas que me encantan. Pero me quedo con “Malena”. 
                                           
–Te codeás con figuras de primer nivel, pero una de tus mayores satisfacciones son los proyectos de tango que encabezás en escuelas primarias. 
–Es una experiencia conmovedora, y una excelente ocasión para comprobar que cuando los niños tienen la oportunidad de vincularse con el tango, lo aprecian. Es hermoso verlos bailarlo, o cómo se interesan por los grandes exponentes, o por empaparse del fileteado, el lunfardo, los conventillos, la Guardia Vieja… 

–El mañana es tuyo. ¿Con qué soñás?
–Fantaseo con estudiar periodismo y locución. Pero no sé… Estoy muy enfocada en la música: me preparo para, algún día, poder dirigir una gran orquesta, haciendo mis arreglos para cada tema y cada instrumento. Pero hay algo más importante aún: continuar siendo feliz con lo que hago. 
Lisette se gana los aplausos cantando. Declarando, también.

Las máximas figuras del tango suelen invitara Lisette a compartir el escenario en algunas de sus presentaciones por el país. Así sucedió con el actor Juan Darthés (hicieron una versión de “Como dos extraños”), con Jairo (“Nada”)?y con Guillermo Fernández (“Silbando”).

Y lo que falta todavía…

•Lisette nació el 21 de enero de 2000 en Córdoba capital. 
•Dos años más tarde, asistió a un concierto de un cuarteto de cuerdas. Flasheó. Al mes siguiente, le regalaron un violín de juguete. A la semana, pidió que le compraran uno de verdad y comenzó sus clases para aprender a ejecutarlo. Al mismo tiempo, se divertía tocando el piano de su abuelo. 
•A los 4 años, debutó en el teatro San Martín (Córdoba). A los 7, obtuvo el primer premio en el concurso de canto organizado por la escuela El Faro, en la ciudad de San Francisco. A la vez, participó en una comedia musical en el teatro Mayo. 
•En 2010, en el teatro Real y en el marco de la Feria del Libro, interpretó “No llores por mí, Argentina”. A partir de allí, inició sus estudios de bandoneón con el maestro Carlos Nieto, quien la empezó a acompañar en vivo con su orquesta. 
•Son recordadas sus actuaciones en el Festival Lunas de Tango, en la gala del Bicentenario en el auditorio Carlos Gardel (La Falda), en el teatro Real de la ciudad de Córdoba, en el Festival Internacional de Tango en Justo Daract (San Luis), en el auditorio de la Universidad Católica de Córdoba, y en el Festival Nacional de Tango y Milonga de La Falda.

Dónde escucharla

En Cantar es vivir, Lisette grabó tangos clásicos, de diferentes épocas y estilos, como “Qué buena fe”, “Toda mi vida”, “Barrio pobre”, “Cuando tú no estás” y “Bien de abajo”. La acompañan Esteban Morgado (“Nada”), Raúl Lavié (“El último café”), José Colángelo (“Malena”) y Horacio Ferrer (“Libertando”). Perlitas: su solo de bandoneón en “Anclao en París” y su bellísima interpretación de “La vie en rose”, de Édith Piaf. Más info: www.lisettegrossoschmid.com

nueva, todos los domingos con:


El Norte La Capital Nuevo Diario El Día La Gaceta Rio Negro Primera Edición Uno - Mendoza Uno - Entre Ríos Uno - Santa Fe Diario Norte Puntal - Córdoba La Nueva Diario Democracia El Independiente Diario Norte