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Una mano llama a la otra


Por Mariano Petrucci.


Una mano llama a la otra
Ayudar. Ayudarnos. Los unos a los otros. Internet se transformó en un espacio ideal para esta misión. En pleno auge de las redes sociales, surgen nuevas herramientas para ponerle el hombro al prójimo. Casos para inspirarse y sumarse a la movida. 

Durante la infancia, uno se anima a soñar. Mejor dicho, está convencido de que logrará todo lo que sus fantasías se propongan. Con los años, el vuelo de las pretensiones se vuelve rasante. Pero, aun en la adultez, siguen quedando locos lindos, de esos que buscan que el mundo mejore y que la gente sea más feliz. 

El planteo suena naif, sí, pero dos amigos lo lograron. O en eso andan. Jorge Cacios y Jorge Reynal se conocen desde niños. Cada uno triunfó en lo suyo: Cacios, licenciado en Administración de Empresas con un posgrado en Desarrollo Directivo, se destacó en empresas multinacionales líderes en el mercado. Por su lado, Reynal es un médico veterinario que brilló, durante más de diez años, en Estados Unidos, Reino Unido y República Checa. A ambos los une algo más que el éxito profesional fronteras adentro y fronteras afuera: el deseo de que las personas se solidaricen entre sí para crecer. Así fue como hace alrededor de dos años, decidieron patear sus tableros, tirarse a la pileta y crear una red social de intercambio de favores. Para que lo comprenda un poquito mejor y no tenga que ir corriendo a pispear el portal: Guillermo tiene una bicicleta que no usa y que le gustaría dar. Por su parte, Juan necesita un transporte para ir al trabajo. Ya lo canta Roberto Carlos: coincidencia total. “Pero no termina ahí, ya que Juan le agradece a Guillermo otorgándole puntos. Con esos puntos, Guillermo puede tomar clases de inglés con María o aceptar la silla que ofrece José. En resumen, el objetivo es ayudar: lo que se pone en marcha es una verdadera cadena de favores”, explica Cacios.

Las buenas ideas surgen en el momento menos pensado. Reynal, triatlonista (completó dos ironman), no podía solucionar un problema que tenía la rueda de su bicicleta. Un amigo, vía mail, le dio la solución definitiva. Reynal quiso devolverle la “gauchada” pero, al vivir en distintos países, el intento fue en vano: su compinche le contestó que le hiciera un favor a otra persona. “Eso quedó dando vueltas en mi cabeza”, confiesa Reynal.  El resultado de la anécdota es Yofavor.com, una herramienta on-line que ya lleva más de trescientas misiones cumplidas. Dar y recibir, de eso se trata. “La mayoría de las personas tienen ganas de ayudar; lo que sucede, a veces, es que no sabemos cómo, a quién, de qué forma, o cómo podernos hacernos el tiempo para llevarlo a cabo. Hay que animarse a poner en marcha nuestras propias acciones solidarias. Todos necesitamos algo, ya sea un bien o un servicio, y qué mejor que recibirlo de un prójimo… y devolverlo de alguna manera”, profundiza Cacios, un apasionado de la pesca con mosca. Y continúa: “Nos basamos en tres pilares: ayudar, ahorrar y reutilizar. Cuando hago un favor, estoy ‘ayudando’. A la vez, estoy dándole un nuevo uso a algo que ya no utilizaba –‘reutilización’–. Quien acepta el favor, está completando un círculo, en el que, además, está ‘ahorrando’”.

Aquí, el interés económico pasa a un segundo plano, ya que no media el dinero. Lo que se pone en juego, aseguran, son las buenas intenciones. Ni más ni menos. Este es un punto clave: el altruismo por el altruismo mismo. ¿Pero cómo funciona exactamente la movida? “Para garantizar la cadena de favores, hacemos uso de las ‘manos’ que cada usuario genera –vendrían a ser como puntos o millas, y son cien por ciento sin cargo–. Cuantos más favores realice, más ‘manos’ recibirá. La cantidad de manos la estima quien da o recibe el favor, según su preferencia –comenta Cacios–. Hay diferentes formas de obtener ‘manos’: al registrarse, al postear el primer favor, al concretarse el favor, cuando se registran los amigos que invitamos al sitio y cuando la comunidad entera llega a una cantidad de favores concretados. Cuando una persona publica un favor que quiere ofrecer, puede decidir la cantidad de ‘manos’ que quiere como agradecimiento –lo denominamos ‘Manos Fijas’–. O puede dejar que la persona que recibe el favor defina la cantidad de manos de agradecimiento –‘Manos a Gusto’–. También está la opción ‘Sin Manos’, para entidades benéficas y empresas que quieran colaborar con organizaciones no gubernamentales”.

Ida y vuelta

Nicolás andaba buscando una bicicleta para hacer el camino que va de la estación de tren al colegio. Lo contactó una persona que guardaba una que ya no usaba: ahora, Nicolás no solo se ahorra el pasaje de colectivo, sino que además hace ejercicio. Melina debía reemplazar los auriculares de su mp3, pero necesitaba destinar esa plata en otra cosa… Hasta que encontró a alguien que se los regaló. Roxana aceptó el ofrecimiento de un teclado para poder seguir tocándoles música a los internados del hospital donde es voluntaria. Pedro conoció a Victoria cuando se enteró de que ella precisaba ropa para sus siete hijos: así fue como se puso en campaña y recolectó prendas que les sobraban a distintas familias amigas. A Claudia le costaba encontrar zapatillas para su marido, que calza cuarenta y seis. Un usuario le comentó que tenía varios pares de ese tamaño, usados, pero en buen estado. Claro está,?no hubo mucho más que pensar. 
Como puede comprobarse, los casos se amontonan. Y no se trata de una especie de trueque aggiornado a los tiempos modernos. No. Aquí no tienen que coincidir las necesidades de ambas partes. O, al menos, no es un requisito sine qua non. “Tanto ofrecer un favor como aceptarlo es importante, ya que depende de la urgencia de cada uno. Lo que para algunas personas es primordial tal vez para otras no lo sea tanto. Sí hay un punto de concordancia: todos nos sentimos bien, tanto dando como recibiendo. Es muy reconfortante la práctica. ¡Súper aconsejable!”, exclama Cacios. 

“A mí me conmueve todo el tiempo la capacidad de entrega que tiene nuestro pueblo. La cultura solidaria crece en la Argentina. ¿Qué significa? Que levantamos la mirada, que prestamos más atención, que decidimos transformar la realidad que nos rodea”, reflexiona en voz alta Juan Carr, un emblema dentro de este campo. Quizás así se explique el éxito de Yofavor.com: ya ostenta más de quince mil usuarios de diversos países de Latinoamérica y acumula alrededor de cuarenta mil seguidores en su fan page. “Amén de la Argentina, estamos operando en Chile, Uruguay, Colombia, México y Perú. Y estamos trabajando para expandirnos aún más por el resto del continente americano. De hecho, para potenciar todo lo que estamos emprendiendo, lanzaremos una aplicación mobile. Y el sueño mayor, pero posible: habilitar Yofavor.com en los Estados Unidos, en su versión en inglés. Siempre con este mensaje presente en el horizonte: dar es el primer paso para convertir nuestro mundo en un lugar mejor”, sueña Cacios. Como un niño, él sabe que logrará todo lo que sus fantasías se propongan. 

Entretelones

Jorge Cacios y Jorge Reynal no tenían, previamente, experiencia en redes sociales. Eso no los amedrentó a la hora de lanzarse a la aventura. Ahora bien: ¿nunca se preguntó cómo se gesta un emprendimiento de este tipo? Cacios lo cuenta: “Nuestra dedicación es part time, tercerizando los servicios de hosting, diseño y community management. La inversión inicial fue de cien mil dólares. ¿De qué forma se fondea el proyecto? Básicamente, se sustenta a través de donaciones, de aportes de inversores y de la participación de compañías que apuestan fuerte a la responsabilidad social empresarial, a la sustentabilidad y al cuidado del medio ambiente. La premisa la cumpliremos a rajatabla: nunca se cobrará por participar en YoFavor.com”.

No estamos solos

Aprovechando las bondades de la tecnología, no son pocos los que se congregan en la red de redes. Se reúnen cibernéticamente y aúnanesfuerzos. “Es algo que se está imponiendo en el mundo entero. Con el apoyo de cada actor de la sociedad, todos pode-mos ayudar a que los demás puedan cumplir sus metas. En la actualidad, numerosas organizaciones, empresas, fundaciones y personas físicas se están sumando a esto de dar y recibir”, describe Martín Parlato, licenciado en Administración de Empresas y cofundador (junto a sus socios, Guillermo Pomeranz y Marcos Salas) y CEO de Posibl., una red social solidaria que cuenta con un sinfín de usuarios de diversos países. Y agrega: “Con un pequeño granito de arena, la vida de un individuo puede cambiar y mejorar por completo. Es necesario convencernos de que antes de esperar la ayuda ajena, cada uno debiera dar el primer paso. Pensar en el prójimo y salir del individualismo. Asimilar y fortalecer conceptos como cooperación o solidaridad. Trabajar en equipo. De eso se trata”, concluye Parlato.


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