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Viva el diseño


Por Revista Nueva.


Viva el diseño
La diseñadora española Patricia Urquiola, una de las mejores del mundo, pasó por Buenos Aires para participar de un seminario organizado por DArA cuyo lema era “El diseño hace la diferencia”. Apuntes a puro talento de una industria que crece al ritmo de la creatividad.

Buenos Aires se convirtió en una fiesta: la del diseño. Durante tres días, convocados por DArA (Diseñadores de Interiores Argentinos Asociados), seis de los mejores arquitectos y diseñadores del mundo visitaron nuestro país para participar en el Encuentro Internacional de Interiorismo y Diseño 2014. Un evento que se inició a sala llena en la Usina del Arte y que reunió a diseñadores, arquitectos y amantes de la decoración. El cierre estuvo a cargo de la arquitecta y diseñadora asturiana Patricia Urquiola, una de las mejores y más influyentes del mundo. La cita fue en la sala Martín Coronado del Teatro San Martín, en el que se congregaron cientos de admiradores que ansiaban conocer a la creadora que las mejores marcas del mundo se disputan para que les diseñe objetos, muebles y ¡hasta hoteles! Esta mujer de 53 años, con look relajado y juvenil, simpática, vehemente y rebosante de energía, es recibida con un gran aplauso. 

Habla a mil por hora, tropezándose con las palabras mientras  juega constantemente con su pelo largo y rubio. Ella sabe que el tiempo es tirano y que solo tiene una hora para cautivar al público. Por eso ha decidido mostrar una síntesis de sus diseños y contar la historia oculta detrás de cada uno de ellos. No bien empieza, larga su primer latiguillo (habrá muchos más): “La curiosidad es la base de todo”. Y luego: “Me mueven las ideas y, aunque sean complicadas, trato de desandar las dificultades hasta encontrarles la vuelta, la salida”. Cuenta que nació en Oviedo, que estudió arquitectura y que uno de sus profesores fue el pope italiano Achille Castiglione. Agrega que trabajó para las marcas más importantes del mundo, como Alessi, B&B Italia, De Padova, Driade, Kartell, Molteni y Moroso, entre otras, y que acaba de diseñar los interiores de un súper hotel en Barcelona, el Mandarin Oriental. Entre medio revela algunos secretos. “Tengo que sentir lo que hago. Es muy importante involucrarse plenamente en todo el proceso del producción de los objetos, desde el nacimiento hasta el fin”, comenta mientras muestra una de sus creaciones, esta vez un sillón muy mullido con almohadones que parecen en 3D. ¿Cómo hace para tener tantos clientes? “Es que no solo la creatividad es importante, más importante aún es la empatía”.

–¿Cómo y cuándo te surgen las ideas?
–Todo el tiempo; soy una persona esencialmente curiosa. Estoy siempre alerta, miro y observo. Por ejemplo, estando de visita en Japón, mi vista enfocó un utensilio que ellos usan para mezclar el té y eso me disparó el diseño de una lámpara. Otra vez, viajando por los países escandinavos, me inspiré en los fiordos para crear una silla a la que llamé Fiordo. Mientras estaba en la fábrica de vidrio Murano, observé las manoplas que los técnicos usan para manejar las piezas y de allí surgió un cuenco con esas manoplas resignificadas en asas. Otra vez se me ocurrió replicar el smock de un vestido de mi hija para el tapizado de unos sillones. Siempre estoy reinventando cosas.

–¿Hubo algún diseño que fuera un dolor de cabeza?
–Hubo uno que recuerdo especialmente; fue en un estudio de grabación que tenía paneles móviles. Allí se me ocurrió adaptar esa idea para la presentación de unos textiles en Milán. Fue un verdadero dolor de cabeza conseguir que esos paneles rotaran. Pero el efecto valió la pena. ¡Fue muy inspirador!

–¿Que preferís: reformular un diseño o empezar de cero? 
–Las dos variantes me atraen. Son procesos diferentes. Es bueno a veces volver a las raíces. Tal fue el caso de la jarra H2O Bilbao, que nació del tradicional kaiku vasco. Fue un proyecto solidario para valorizar el agua de la ciudad y así apoyar la construcción de pozos de agua potable en Etiopía.  La jarra quedó muy bonita. 

–¿Cómo es tu casa?
–Vivo en Milán, en una casa simple, neta, moderna. En el primer piso tengo el estudio que comparto con mi marido. Arriba tengo mi hogar y en el último piso está el jardín, que me inspira mucho, es mi ilusión. No pongo barreras entre mi casa y mi trabajo, como tampoco las pongo entre mi vida laboral y personal; todo está unido (Prueba de ello es que a Buenos Aires vino con su marido, Alberto, y su hija más pequeña. Los dos estaban en la conferencia y luego viajaban a la Patagonia, Calafate y Tierra del Fuego). A mí me funciona. Hay que derribar mitos y no encasillarse. Todo debe fluir.

–¿Creés que te costó más llegar por ser mujer?
–Quizá sí... Muchas veces dicen que mis diseños son sensuales, pero no creo que sea un tema de género. Creo que las mujeres somos más flexibles, adaptables…. multitask. Tuvimos que esforzarnos y eso nos dio más capacidad de adaptación.

–Tardaste mucho tiempo en abrir tu estudio. ¿Qué te frenaba?
–Mis grandes decisiones me llevan tiempo, mucho tiempo. Al principio, cuando era joven, prefería diseñar para otros, me sentía más cómoda. Abrir mi propio estudio fue algo que pensé mucho. Hubo un momento en que dije “ahora”…y no me arrepiento. Por suerte, me va muy bien.

–¿Materiales preferidos?
–Me gusta tejer una red donde lo que es manufactura industrial se mezcla con lo artesanal. Por ejemplo, mármol y resina o metales y tejidos. Unidos es mejor. Hay que tener siempre la mente abierta. Buscar el placer de los objetos.

–¿Cómo sabés cuando un diseño está terminado?
–De la misma manera que una cocinera sabe que su guiso ya está listo y sabroso. ¿Cuánto tardo en diseñar? Es como en el jardín. A veces una planta tarda varios años en crecer y otras veces aparecen inmediatamente. No hay reglas fijas.

El encuentro

“Gracias a este seminario vemos cómo crece en nuestro país el interés por un sector que busca marcar la diferencia a través del diseño y la creatividad”, comentó el arquitecto Julio Oropel, presidente de DarA, sobre la cuarta edición del Encuentro Internacional de Interiorismo y Diseño que organiza esa institución. El evento, que este año tuvo el lema “El diseño hace la diferencia”, promueve el intercambio de ideas y experiencias entre profesionales de distintas culturas unidas. Participaron los arquitectos Teresa Sapey, de Italia; Vincent van Duysen, de Bélgica; Noe Duchaufour Lawrence, de Francia; Guillaume Torres, de Brasil; Patricia Urquiola, de España, y el diseñador Horacio Gallo, en representación de la Argentina. El éxito fue rotundo: más de mil amantes del diseño se dieron cita para escuchar a estos popes.


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