ENTREVISTA


“Hay un ángel que me cuida”


Por Leo González.


“Hay un ángel que me cuida” 
Cecilia Roth es una de las mejores actrices de la Argentina y también muy reconocida en el exterior. Tiene una trayectoria envidiable y un enorme talento. Volvió a la televisión con la tercera temporada de En terapia y con participaciones en Viudas e Hijos del Rock & Roll.

Nunca hubo para Cecilia Roth otro destino que no fuera el de convertirse en actriz. Desde muy chica estuvo vinculada al arte y ya en el colegio armaba y dirigía las obras en las que participaba. De adolescente estudió teatro y dos años después filmó una película. Todo podría haber acabado ahí, pero la actuación ya la había elegido para llevarla a sus filas. Cuando se exilió en España, con su familia, conoció a Agustín Almodóvar y se convirtió en una de sus chicas. Volvió un mes de vacaciones a nuestro país y terminó quedándose a vivir. Participó en varios films argentinos emblemáticos, trabajó en TV en programas que dejaron huella por su calidad y originalidad, fue la musa inspiradora del disco más vendido de la historia de la música argentina, ganó premios por su trabajo, como el Martín Fierro y el Goya. No se puede agregar mucho más, solo sus palabras…

–¿Recordás tu primera actuación?
–A los 16 años empecé a estudiar teatro, y actué en una obra que se dio dos o tres días en el Teatro Lasalle. La dirigían Antonio Mónaco, mi profesor de teatro, y Lía Jelín. En ese momento no me daba cuenta de que era la primera cosa “profesional” que estaba haciendo. Pero fue lo primero que hice.

–Al poco tiempo hiciste una película. ¿Cómo te llegó esa oportunidad?
–A los 17 o 18 años fue la primera vez que trabajé en cine. Mónaco eligió a algunos de nosotros para una película que Juan José Jusid iba a filmar sobre unos adolescentes. Nos mandaron a hacer un casting; éramos como doscientos. Por suerte me tocó a mí y así debuté en la pantalla grande en el film No toquen a la nena (1976).

–Y Adolfo Aristarain trabajó como asistente de dirección. Un director que significó mucho en tu vida.
–Sí, es cierto. Fue en ese largometraje en donde nos conocimos, y por eso empecé a trabajar con él. En esa película me enseñó mucho sobre la cámara y la luz. Creo que Un lugar en el mundo (1991) fue uno de los primeros films que marcó el camino del cine argentino que se hace hoy en día. Adolfo Aristarian es un genio y no entiendo porqué no está trabajando hoy. Es un misterio que él, Marcelo Piñeyro, Lucrecia Martel y tantos otros no estén filmando en la Argentina.

–¿Por qué se exilió tu familia?
–En esa época con mi familia habíamos estado haciendo terapia grupal, y el analista nos recomendó que, por lo que estábamos contando, la Argentina no era el lugar apropiado para quedarse. La decisión fue irse a España. Acá, aunque yo estudiaba teatro, iba a seguir la carrera de Psicología. Me interesaba y me gustaba mucho, y también estaba el mandato familiar de que había que ser profesional.

–¿Y en España empezaste a estudiar?
–No, porque en España, al menos en ese tiempo, no existía la carrera de Psicología. Primero tenías que estudiar Medicina y luego convertirte en psiquiatra. Me pareció poco práctico para mí, aspirante a actriz, estudiar Medicina para después dedicarme a la psiquiatría. No era esa la idea. Justo se abrió una escuela maravillosa de teatro, con algunos profesores argentinos y otros españoles, italianos y norteamericanos, y decidí meterme.

–¿Por qué decidiste volver al país?
–En realidad, nunca decidí quedarme allí. Vine a la Argentina a pasar un mes y me tenía que volver para filmar una película. Nunca llegué a hacerla. Se llamaba Lulú de noche (1986) y era con Imanol Arias. Cuando estaba acá me llamó María Herminia Avellaneda, que era la directora artística de ATC, para protagonizar un programa. Fue la excusa ideal para quedarme. Yo tenía la sensación que acá había como un paréntesis que no se había cerrado. No tenía ganas de irme, quería ver qué pasaba en la Argentina. Seguí yendo y viniendo pero reconquisté mi lugar de origen.

–Repasando tu carrera, está claro que no aceptás cualquier propuesta. ¿Qué evaluás para elegirlas?
–Es verdad, no elijo hacer cualquier cosa. Y tampoco mi elección va por el lado de que crea que la propuesta vaya a ser un éxito. Los trabajos que acepto hacer son porque coinciden con mi visión de cómo me gusta trabajar, dónde hacerlo y con quién.

–Se puede decir entonces que tenés un “ojo” privilegiado.
–La verdad es que tengo la suerte de poder elegir. Y también que, después de un tiempo determinado, conozco por experiencia por dónde van las cosas. Evidentemente, hay un ángel que me cuida.

–¿Esas buenas elecciones hacen que te lleguen siempre proyectos súper interesantes? 
–No es una idea que me obsesione, de ninguna manera. Elijo lo que hago y después la repercusión que esto tenga por supuesto que sí es importante. Si es bueno y la gente lo ve, muchísimo mejor. Me hace sentir muy feliz y completa sentir que el oficio que elegí me sigue divirtiendo, gustando y que me genere ganas de seguir jugando. Las cosas que no elijo tienen que ver con que pienso que no me van a hacer sentir bien mientras se hacen.

–¿Alguna vez te pasó de no hacer algo y después arrepentirte?
–En realidad, no me afectan esas cosas. Por ejemplo, Marcelo Piñeyro me llamó para trabajar en su último largometraje, Ismael (2013), pero no pude hacerlo porque estaba por empezar con la obra Una relación pornográfica. Se estrenó el film, estuvo muy poco tiempo en cartel y no lo pude ver, como pasa en general con las películas argentinas. Quería hacerla porque me parecía maravillosa, pero estaba totalmente entregada a la obra y era imposible porque la película se rodaba en España.

–Participaste de la tercera temporada de En terapia. El elenco alabó mucho el hecho de que tenían los libros terminados. ¿Eso te ayuda mucho al actuar?
–Es fundamental. Cuando hacíamos Nueve Lunas (1993) teníamos conocimiento de cómo iba a ser la historia, y siete libros siempre adelantados, y era un unitario. Después en la Argentina esto se convirtió en algo más complicado. Salvo por En terapia, donde tuve los libros mucho tiempo antes y la posibilidad de estudiar y preparar el personaje, eso no ocurre. Ahora estoy haciendo un personaje que está en varios capítulos de Viudas e Hijos del Rock & Roll, y lo acepté porque me divirtió la idea de hacer comedia por un ratito. Pero la verdad es que tiene unos “tiempos difíciles”.

–También es cierto que En terapia se emite por la TV Pública, en donde no se está pendiente del rating.
–Yo igual no estoy pendiente de él, pero lo del rating es otro tema. Los otros programas tienen una dinámica que me es desconocida. Esta capacidad que tienen de meterse, zambullirse y tirarse a la pileta no es tan fácil para mí. No me hace sentir segura, para nada. 

–¿Y cuáles pensás que son los motivos de esta dinámica?
–La verdad es que no soy productora y no sé qué es lo que hace que ciertas cosas modifiquen los libros y lo que empezaste a hacer. En un momento, sin que te des cuenta, los personajes terminan siendo de otra manera. No sé a qué se debe. Supongo que en estos momentos la televisión está tratando de buscar algo que todavía quizá no terminó de encontrar. Tal vez tiene que ver con lo económico y yo solo lo estoy viendo desde lo artístico.

–Eso afecta mucho tu actuación.
–Lo que hago es un trabajo técnico-actoral, que tiene que ver con hacer un desglose de todo el personaje y tener la tranquilidad de saber por qué camino lo llevás y cuál es su línea de pensamiento. Cuando todo llega muy rápido y se trabaja con premura, salta otra parte de uno que es: “Me tiro a la pileta”. No tengo esa capacidad de rapidez para estudiar, para entender. No trabajo así. Admiro muchísimo a la gente que puede hacerlo e ir a fondo con todo eso. Yo necesito más tiempo.

–¿Te das cuenta de que sos una de las actrices argentinas más reconocidas? 
–Realmente no me doy cuenta de eso. Te lo escucho decir a vos y también me lo han dicho, pero no está bueno “creérsela”. Soy una actriz y muchas cosas más en mi vida, cosas que el medio desconoce. El público, la gente que no te conoce en tu vida particular puede idealizarte y respetarte, y eso es maravilloso.

–¿Alguna vez pensaste en dedicarte a otra cosa?
–Se pueden hacer otras cosas también. Si no las he hecho hasta ahora es porque me he sentido muy gratificada con mi trabajo, pero no dudo de que en algún momento trataré de hacerlas. Creo que habría sido una buena psicoanalista. Me interesa mucho la gente, lo que le pasa, pero es también parte de mi trabajo como actriz. Me gusta observarla, porque también de eso se toman muchas cosas.

En terapia

Como la serie tiene episodios de 30 minutos, el espectador puede convertirse en voyeur de una sesión de psicoanálisis. Una de las pacientes del psicólogo Guillermo Montes (Diego Peretti) es Gabriela (Cecilia Roth). Interpreta a una famosa actriz que busca ayuda al no poder recordar el guión de su nueva obra. Ese es el punto pero, en el fondo, ella sufre por los conflictos que existen entre las mujeres de la familia. También actúan Darío Grandinetti, como el evangelista Carlos, y Santiago Magariños, que hace de Julián. Julieta Díaz interpreta a una psicoanalista.

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