ENTREVISTA


“Me encanta fantasear”


Por Ana Claudia Rodríguez.


“Me encanta fantasear” 

Florencia Bertotti celebra con nosotros estas Fiestas. Siempre alegre y con su carisma intacto, la actriz de 31 años vive a pleno su maternidad y delinea proyectos para 2015. ¿Inquieta yo?

Cuando Florencia Bertotti se va a dormir, repasa en imágenes sus deseos más fervientes. Cada noche, en su casa de San Isidro, la actriz que encarnó a la cándida Floricienta lo imagina todo: unas vacaciones paradisíacas en las playas de Brasil, la sonrisa eterna de su hijo Romeo o el éxito de su emprendimiento. “Lo imagino todo. Me encanta fantasear”, cuenta esta tarde primaveral. Viste informal (remera celeste, calzas negras y unas botitas) y la piel está limpia en su cara infantil. La sonrisa se extiende como una sábana blanca y sus ojos recuerdan los dibujos animados japoneses: son enormes. 

Durante la entrevista, la actriz que triunfó desde niña demostrará que ya creció: con sus 31 años parece muy lejano su debut (a los 10 años, en una publicidad de mermeladas) o su paso por ficciones en las que encabezó el elenco con ese estilo suyo tan fresco. Son amores, Floricienta o Niní, por ejemplo, le valieron varios premios; y también tuvo qué decir en el cine (actuó en Igualita a mí con Adrián Suar, entre otras películas) y en el teatro, donde llevó sus éxitos más sonados. Dejó atrás su primer matrimonio (con Guido Kaczka, con quien tuvo hace cinco años a Romeo) y, como contará en esta charla, también se curtió y se apaciguó. Ahora, los días son felices junto a su nueva pareja, el actor Federico Amador, su hijo, sus triunfos profesionales y su nuevo emprendimiento de ropa, Pancha. De hecho, parece que con esa mente fantasiosa Florencia consigue atraer a su vida todo lo que quiere. 

–Una de las páginas de Facebook dedicadas a vos tiene 21000 fans. Dice: “Actriz, cantante, bailarina, madre y dueña de miles de ilusiones”. ¿Por qué conectás tan bien con el público?
–No sé... Siempre trato de mostrarme tal como soy, sin hacer análisis de cómo quedo mejor. Y creo que eso a la larga llega mucho más. Después, me parece que la gente recuerda con mucho cariño el personaje tan querible de Floricienta. Son momentos especiales que te quedan por siempre, como algunos olores. Yo huelo a tostadas con manteca, por ejemplo, y me traslado por un tubo a la infancia. 

–¿Hay algo de tu eterna sonrisa, de tu inocencia, que también atrapa al espectador, no?
–Inocencia, no sé… La sonrisa sí, porque tengo una alegría innata. Creo que a la gente le gusta identificarse con personas alegres, optimistas. Y luego, con respecto a la inocencia, siento que hay muchos que todavía me ven como la niña de entonces.

–¿Y eso lo vivís como un peso? 
–No, no, ni loca. Pero quizá prefiero verme representada por conceptos como la autenticidad o la sencillez. Y después…, qué sé yo, me parece que soy buena mina y eso capaz se ve.

–¿Y te sentís encajonada en algún tipo de personaje? 
–No. Creo que hay algo en el inconsciente colectivo que me pone en el lugar de la eterna niña dulce, pero no reniego de eso, porque la veo a Julie Andrews y quiero que cante la canción de La novicia rebelde. ¿Me entendés? Es inevitable. 

–¿Y de mala hiciste alguna vez?
–Sí, cuando era más chica, hacía una nena mala, una hija malísima. Me encantaba… es como… me encantaba. 

Florencia deja las frases a medias: habla con los hombros, las manos, los ojos. Con su mirada, parece una adolescente risueña o la destinataria feliz de un regalo sorpresa. Su alegría encandila. Tres años atrás, Florencia Bertotti respondía de una sola forma a las ofertas profesionales que le hacían: “No, gracias”. Lo que en realidad evitaba la actriz era alejarse de su casa durante demasiado tiempo: su hijo era muy pequeño. Por eso, pensó en algún proyecto que le permitiera manejar su disponibilidad, y se acordó de las ganas que tuvo siempre de crear una línea de ropa. Puso manos a la obra con su idea: eligió telas, armó moldes, eligió botones y diseñó etiquetas (quería conocer todos las partes del proceso). Al principio le agarró la ansiedad, pero luego vino la calma. Quizás ayudó el nombre de su tienda, Pancha, o la filosofía de su logo, una tortuguita verde. Ya abrió un local en Lomas de San Isidro y  abrirá una segunda tienda el año que viene; además vende sus productos en todo el país.

–¿Cambiar la faceta de actriz a emprendedora fue duro?
–Fue un trabajo muy duro, pero me encantan las cosas que cuestan porque después el placer es mayor. No sé, a lo mejor lo digo de sufrida. (Suelta la carcajada envolvente). Cuando se empieza un proyecto, hay que saber que nada va ser tan fácil como uno se imagina. Porque para mantener vivas las ilusiones son necesarias dos cosas, disfrutar de lo que se hace y saber manejar las frustraciones. 

En el corazón

Federico Amador tiene la camisa entreabierta, una mirada seductora y rulos oscuros. En esta foto que circula por Internet, muestra el pecho con cuatro letras tatuadas. F-l-o-r. El resto se supone. Están juntos desde 2010, y ella lo cuenta sonriente frente al espejo lleno de lamparitas donde la maquillan para las fotos. La actriz explica que quiso construir una vida con vínculos que le permitieran ser fiel a sí misma: “Respeto mucho lo que siento, lo que quiero. Elijo qué trabajos emprender, en qué lugares estar y con qué personas”. Y en 2014, junto a Fede y Romeo, la Bertotti elige transitar “el momento más movido” de su vida. 

–¿Cómo es un día en tu vida?
–Me levanto a las seis, me baño, preparo las cosas del día, lo despierto a mi hijo, le doy el desayuno, lo llevo al colegio; si estoy grabando, me voy a grabar; si no, estoy en el local. Vuelvo a casa, lo busco del jardín los días que puedo, lo llevo a tenis o a natación, me encuentro con amigas o, no sé, lo espero a Fede que termina de trabajar. Por suerte los dos entendemos lo que es la vida profesional de los actores, y cuando estamos juntos aprovechamos al máximo. Dentro de la vorágine, buscamos el equilibrio. 

–¿Y cómo encontrás ese equilibrio?
–Soy tranquila y acelerada: puedo hacer mil cosas y también pasarme una tarde entera mirando un árbol. La calma la fui encontrando en el último tiempo. Y Federico tiene mucho que ver. Me bajó dos mil revoluciones. Él es una paz total. A veces me dice: “Flor, no hace falta decir nada”. Creo que con Fede tomamos el uno del otro lo que más necesitamos. 

–¿Cómo concebís la vida en pareja? 
–Nosotros hablamos mucho. Y no solo sobre lo malo, porque entonces nos transformaríamos en reprochadores profesionales. Yo, a veces, me río porque miro nuestros mensajes de texto y parece que fuéramos novios desde hace un mes. Para mí la familia es el pilar de todo. Es mi fin más importante. Que ellos estén felices y contentos.

–Si tu hijo te dijera: “Mamá, quiero ser actor”. 
–Ay, no, me muero.

–¿Por qué?
–Quiero que tenga una vida normal. Que se dedique a lo que lo haga feliz. Ser actor tiene un costo muy alto: sentirte observado, renunciar al anonimato. Tenés que estar bien rodeado para que no te termine transformando o condicionando. Cuando era más chica no quería desilusionar a nadie, seguía aunque estuviera cansada o triste… 
–¿Y cuándo te empezaste a rebelar?
–Cuando tuve a Romeo no me daba culpa decir que no. Decía: “Disculpame, estoy con mi hijo y no puedo”. Empecé a escuchar mis límites. 

–¿Cuándo te sentiste más invadida? 
– Hay momentos en los que uno elegiría que nadie le diga nada. Por ejemplo: se está casando un primo y todos están en la iglesia, en silencio. Entonces, viene alguien y te dice: “¿Me puedo sacar una foto con vos?”. 

–¿Proyectos para el año que viene?
–Seguir con el emprendimiento, afianzándonos y creciendo. Es un proyecto enorme y a la vez muy cuidado y artesanal, disfruto mucho de la etapa de diseño. Tengo muchas ideas por concretar, como un proyecto musical que anda dando vueltas. Todo el tiempo estoy abierta a las cosas nuevas que vayan surgiendo... Igual, ¡siempre mi mejor proyecto es la familia!

La maquilladora delinea sus labios  –le cuesta: Bertotti habla y esboza su sonrisa fascinante–. A tres metros, la espera un perchero con ropa. Mientras se ocupan de su pelo, terminamos la charla: cuenta que está trabajando en sus canciones (todavía no sabe si habrá disco), que con Federico quieren tener un hijo, y que su énfasis por generar actividades ya lo elaborará en otro momento. ¿Riesgos que se vienen? “A ver. No sé… no se me ocurre ningún riesgo. Por ahora todo tranquilo. Lindo, lindo”. Florencia se mira al espejo, sonríe y se va. Los flashes la esperan. 

Despuntaba el año 1983 y Florencia Bertotti nacía en Buenos Aires. Todavía era una teenager cuando empezó a hacer publicidades y su estreno en la TV fue con Dulce Ana; luego vinieron 90-60-90 y Corazón. En 1998 debutó en cine con Mala época, pero fue con El Faro que se hizo famosa. Después vinieron Verano del 98, Luna salvaje y Culpables. Con Son amores le llegó el prestigio, ya que logró dos premios Martín Fierro a Mejor Actriz de Comedia, en 2002 y en 2003, y con Floricienta se volvió una celebrity. Tiempo después, con su ex marido Guido Kaczka produjo Niní, y en 2010 protagonizó junto a Adrián Suar la película Igualita a mí. Sus dos últimas actuaciones fueron en La Dueña y Guapas.

Créditos: 
Fotos: Inés Tanoira. 
Maquillaje y peinado: Cecilia Ribera para Rapunzel Make Up. Agradecemos a Natalia Antolín, Sathya, Ceilonia, De la Ostia, La Mercería, Loli Van Harden.  
Pancha: Segundo Fernández 1219, San Isidro.

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