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“Tengo la sensibilidad de un niño”


Por Mariano Petrucci.


“Tengo la sensibilidad de un niño” 
Keiko Kasza es una de las autoras/ilustradoras más reconocidas de la literatura infantil actual. Sus obras son furor en el mundo entero, incluida la Argentina, donde fue distinguida hace unas semanas. Charlamos con ella.    

Choco, un pichoncito amarillo, ansiaba conseguir una mamá para que lo cuidase. Le preguntó a la jirafa si podía serlo, pero ella se negó. La misma suerte corrió con los pingüinos y las morsas. Desahuciado, se puso a llorar en medio del bosque. Una osa que recogía manzanas se le acercó, lo escuchó y le ofreció llevarlo a su casa, donde la esperaban sus otros hijos. Al arribar al hogar, salieron a la puerta a recibirlos un hipopótamo, un cocodrilo y un chanchito. “Yo soy la madre de todos ellos”, le dijo la osa. Vivieron felices y comieron… cake de manzana.   

A los padres y maestros del mundo entero, el cuento Choco encuentra una mamá les cayó como anillo al dedo para tratar, por ejemplo, el tema de la adopción, pero de una manera asequible y cálida. Es que las obras de Keiko Kasza son dueñas de narraciones simples, sí, pero de contenidos agudos, trascendentes. Aunque ella no se lo proponga. “En varias oportunidades, mis lectores vislumbran mensajes donde yo no los puse. Con Choco encuentra una mamá, muchas personas creyeron que quise aludir a la adopción. En rigor, lo escribí al llegar a los Estados Unidos: me impactó enormemente la gran diversidad de razas y culturas que allí convivían”, confiesa la propia Kasza.

–O sea que de moralejas, nada.
–Las fábulas habitualmente concluyen con una moraleja, pero esa no es mi intención cuando estoy escribiendo una historia. Considero que un libro debe tener un foco, pero no hace falta que, asimismo, contenga un mensaje. Aunque si lo tiene, mejor…

Nacida en una pequeña isla japonesa –donde creció con sus padres, dos hermanos y se rodeó de abuelos, tías, tíos y primos–, Kasza es una de las autoras/ilustradoras infantiles más reconocidas a lo largo y a lo ancho del planeta. Su veintena de libros fueron traducidos, entre otros idiomas, al inglés, español, chino, francés, alemán, coreano, danés y holandés. En la Argentina, sus títulos se venden desde 1989, a un promedio de dos mil ejemplares por año. Por estos veinticinco años de éxito en nuestras librerías, es que hace un puñado de semanas visitó estas tierras, donde fue distinguida como Huésped de Honor de la Ciudad de Buenos Aires, en un auditorio que la aplaudió de pie. No existe un know how para captar qué tecla tocar en el alma de un niño (o de un adulto, por qué no).

¿O sí, Keiko? “La literatura infantil es diversión: ese es el centro de un relato para niños. No interesa lo bella que pueda ser la ilustración que complementa la letra, ni siquiera lo profundo del texto en cuanto a significaciones. Aunque yo ame que esas condiciones sean innegociables, si no se incluye el elemento lúdico, todo intento será un fracaso”, comenta. Y… ¿Da su fórmula? “Cuando compongo, necesito ponerme en los zapatos de los personajes: tengo que estar sintiendo lo que les pasa o lo que piensan. Ese es mi estilo para enhebrar el hilo narrativo. Me transformo: soy un pájaro buscando a su mamá o un cerdo tratando de deslumbrar a su novia. Creo que puedo hacerlo porque mantengo dentro de mí la sensibilidad de un niño. Por eso soy artista”.

La lamparita se le prendió en 1978, durante una estadía en Ecuador, mientras acompañaba a su esposo norteamericano, un profesor de política japonesa. El despertar de su talento se lo debemos a un amigo que le obsequió Frederick, del holandés Leo Lionni. “Allí, demuestra, de una forma muy sencilla, las cosas que son sustanciales para los seres humanos. Me impresionó tanto que comencé a escribir”, revela Kasza. Quien hoy reside en Bloomington (Indiana), se graduó de diseñadora gráfica en la Universidad de California. Era la década del setenta, pero esa actividad, a la que le destinó catorce años de su vida, empezó a quedar relegada ante una popularidad que fue in crescendo a pasos agigantados. “Después de tener a mis hijos, decidí dedicarme por completo a los libros infantiles. Publiqué siete en paralelo a mi trabajo como diseñadora, pero dos chicos y dos profesiones eran demasiado para mí”, acota. Lo bien que hizo.

Animales de costumbres 

Como Leo Lionni, Maurice Sendak, premio Hans Christian Andersen (vendría a ser el “Nobel” de las narrativas infantiles), también marcó huella en Kasza. Pero la carita se le ilumina con otro nombre y apellido: Arnold Lobel, célebre por su serie Sapo y Sepo. “Él es quien ejerció mayor influencia en mí. Cuando estoy desanimada o pierdo la confianza, suelo regresar al sutil humor y la calidez de sus libros. Y, mágicamente, la inspiración se me renueva”, concede esta mujer, de espíritu fresco e inocente, que se ganó su fama en buena ley con No te rías, Pepe; El día de campo de don Chancho, Mi día de suerte, Cuando el elefante camina, Los secretos del abuelo sapo, El más poderoso, El estofado del lobo y Dorotea & Miguel.

–¿Por qué animales, Keiko?
–Porque me permiten introducir de inmediato al lector en el espacio de la fantasía, en la ficción. Los animales me sirven para reflexionar sobre los grandes temas de la humanidad: la amistad, el amor, la soledad, los temores… Y, aceptémoslo, ¡no dibujo muy bien a los seres humanos! (se ríe).

–En su caso, la ilustración manda. ¿Por qué le resulta tan relevante?
–En un dibujo, un elefante puede trasladarse en dos patas y lo tomamos como si fuese algo normal: en ese momento, el lector está sumergido en otro universo. La ilustración es una rueda de auxilio para que los niños comprendan mejor lo que está sucediendo. Además de su poder atractivo, transmite matices imposibles de decir a través de las palabras. Así que no es relevante… ¡es esencial! 

–¿En qué se inspira?
–Depende… Los disparadores surgen de aquello que acontece a mi alrededor o en la sociedad misma. Por caso, quise abordar el tema del bullying, que es algo que está muy en alza en los Estados Unidos. Pero me planteé cuatro o cinco historias distintas y ninguna funcionó… De modo que aún no lo logré. Por otro lado, cuando les leo a los niños, presto atención a sus reacciones; al observarlos, aprendo cosas que, luego, trato de incorporar. En ocasiones, hasta usé expresiones de mis hijos. 

–¿Cómo es eso?
–Sí, sí. Uno de ellos tuvo una pelea con otro niño y le reprochó: “Tú no eres mi amigo”. Utilicé exactamente ese diálogo en La rata y el tigre. Mi último libro trata sobre un sombrero viajero. Estaba caminando por el patio de mi casa hasta que, de pronto, me pregunté qué haría un sombrero si pudiera viajar... Y fluyó.

–De sus libros, ¿cuál es el favorito? 
–No hay uno en particular que me satisfaga más que los otros. Para mí son todos iguales. Soy muy exigente conmigo misma: sinceramente, si tuviera que evaluarlos, a ninguno lo puntuaría con un diez. Son muchas las veces que repaso mis obras y encuentro palabras o detalles en las ilustraciones que me gustaría rehacer. ¡Y eso que me tomo mis tiempos antes de publicarlos! Cada uno puede dzemandarme cerca de dos años. 

–¿A qué aspira, Keiko? 
–Mi ambición no es generar infinidad de libros, sino poder crear uno que sea tan bueno que perdure en los estantes de las generaciones futuras.

–Ya que hace mención a ellas, ¿qué opina de la injerencia de las nuevas tecnologías en relación con la lectura y los niños?
–La lectura es fundamental porque ayuda a construir la imaginación. No importa si los jóvenes leen en papel o en una pantalla de computadora… Lo primordial es que lean. Eso sí: si en vez de figurarse como maúlla un gato o como relincha un caballo, se limitan a apretar un botón que reproduce ese sonido… eso no me parece bien.

–¿Qué le leería a un niño?
–A mis hijos les leí de todo, tanto mis obras como las de otros autores. Era gracioso, porque en nuestra biblioteca, a diferencia de cualquier otra, la mayoría de los ejemplares estaban firmados por quienes los habían escrito, ya que eran conocidos o amigos nuestros. No es fácil inclinarse por uno o por otro. En lo único que hay que fijarse –y me repito en esto– es que sea un llamado a la recreación, al esparcimiento. Si, a la vez, ese libro nos deja una lección, bienvenido sea. 

Keiko Kasza, en breves

•No te rías, Pepe es uno de los cuentos más famosos de la autora. 
•Sus textos son utilizados como material de estudio en las escuelas. Se leen en las aulas y después se debate alrededor del tema en cuestión. A veces, ella misma se hace presente ante los alumnos.
•En su adolescencia, se escapaba de las clases de arte. Tampoco le gusta el sushi.
•Semanalmente, juega tres o cuatro partidos de tenis.
•Su mensaje para los escritores infantiles venideros: “Escriban pensando en los niños”.
•Ha ganado los siguientes premios: Jóvenes lectores (de California),  Foto Libro (de Illinois) y Premio del Libro Infantil (de Carolina del Norte). Fue nominada al Book Award (de Washington) y al Choice Award (de Pensilvania).

Más información:
www.keikokasza.com

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