ENTREVISTA


“El cerebro es feliz cuando corre pocos riesgos”


Por Mariano Petrucci.


“El cerebro es feliz cuando corre pocos riesgos”
La neurociencia es un verdadero boom: los libros y las charlas de Estanislao Bachrach son un éxito a nivel nacional e internacional. En su última obra, enseña a dominar la mente para animarse a cambiar y sentirse mejor. 

Maldito cerebro. Conformista, temeroso, cobarde, tramposo, egoísta. Él es el único culpable, y no nosotros, que ansiamos patear el tablero y lanzarnos a una vida plena. Gracias, neurociencia, por venir a sacarnos la venda de los ojos y dar con el responsable de que no comencemos la dieta el lunes, no nos dediquemos a nuestra pasión, ni escapemos de esa relación tóxica. 
Es que, según investigaciones recientes, “No sos vos, soy yo” no es solo la frase predilecta de la pareja que nos abandona, sino también la del cerebro, una máquina preparada naturalmente para proteger lo conocido, repetir lo asimilado y mantener el statu quo. No hay espacio para improvisar: él va detrás de la congruencia para poder sobrevivir. Así que suspiremos tranquilos, y pasemos una Navidad en paz con nuestra conciencia.

Pero no. Siempre aparece un aguafiestas, como Estanislao Bachrach, que nos devuelve la pelota: reeducar al cerebro boicoteador es un asunto nuestro. Así que los que quieran pegar un volantazo, a hacerse cargo. “El cambio es delicado, frágil y caótico. Y los sistemas complejos, como la mente humana, tienden a la homeostasis, es decir, a equilibrar el movimiento en una sola dirección, con mínimas variaciones compensatorias en la dirección opuesta –explica este doctor en Biología Molecular–. La mayoría de los cerebros son propensos a conservarse, a automatizarse, a hacer lo mismo. El cerebro es feliz cuando corre pocos riesgos. Ahora: quizás uno no sea feliz en ese estado o en ese ambiente de estabilidad permanente”. 

“La ciencia revela que cambiar es más factible de lo que creíamos años atrás. Es difícil, pero no irrealizable. Hay que tener ganas. Sentir que podemos. Y?aun así, puede que no sea suficiente”. 

Bachrach cobró popularidad con Ágilmente, un fenómeno editorial sin precedentes: no solo se convirtió en el libro de no ficción más vendido de la Argentina, sino que se mantuvo dos años en los rankings de best sellers. En su flamante En cambio, bucea en los procesos por los que pensamos, sentimos y accionamos. La idea: sortear los hábitos y conductas que nos complican la existencia. “Vivimos queriendo cambiar aspectos que no nos hacen felices. A veces lo intentamos, otras nos da tanto miedo el fracaso que nos quedamos a mitad de camino o ni siquiera empezamos, y luego nos culpamos y castigamos por no generar el cambio tan deseado. Es como estar en piloto automático, reaccionando a las diversas situaciones del día a día, casi sin pensar. Algunos de estos comportamientos nos hacen eficientes, pero otros son detractores de eso que anhelamos. La mente tiene que tomar un poquito más de posesión sobre el cerebro, que no quiere que reflexionemos”, destaca Bachrach. 

Es interesante la analogía del cofundador de la consultora internacional Creative Brains At Work: el cerebro es como un hardware, constituido por neuronas y sus conexiones. La mente es el software: son los pensamientos, las emociones que corren por el sistema operativo –el cerebro–. “Utilizando tu software podés alterar y cambiar tu hardware. La mente  –la posibilidad de pensar a largo plazo– le habla al cerebro –la supervivencia a corto plazo– y lo convence de que le preste todos sus recursos para poder cambiar”, subraya Bachrach. 

Esta época del calendario es propicia para volver a barajar las cartas. Pero eso no significa que sea una tarea sencilla o que uno quedará absolutamente satisfecho con lo escogido. Aquí no hay recetas mágicas: las viejas creencias no desaparecen con un chasquido de dedos, sino que se reacomodan con aquellas que nos van surgiendo al andar.  Como enarbola Bachrach, salir de la zona de confort ocasiona dudas, ansiedades, temores. A él le pasó. Llegó a lo más alto a lo que un científico podía aspirar: Harvard. Recorría el planeta asistiendo a los congresos más prestigiosos, enseñaba en la mítica universidad (en la que sus estudiantes –entre ellos, Natalie Portman y Mark Zuckerberg– lo premiaron cuatro años consecutivos y lo nominaron al renombrado Joseph R. Levenson Memorial Teaching Prize) y su exjefe le había ofrecido perpetuarse en un cargo oficial. Pero se bajó de ese tren. “No siento que sea lo que quiero”, se sinceró. Y  regresó a la Argentina. 
La dicotomía entre el deber y el querer... esa es la cuestión. Al menos para algunos, ya que las estadísticas que maneja Bachrach arrojan que, en nuestra sociedad, entre el 10 y el 20% se anima a hacer algo distinto. Los demás son (somos) animales de costumbres. “La adultez nos pone cómodos con nuestros éxitos. Nos ponemos adversos a la práctica ardua de cosas nuevas, que son las que nos llevan al cambio. Pero cambiar es sinónimo de aprender y mejorar”, agrega este fanático de River (ayudó a calmar la psiquis del plantel que, dirigido por Matías Almeyda, consiguió el ascenso a la Primera División) y del mindfulness (técnica cercana al budismo que consiste en aceptar –sin juzgar– nuestros pensamientos, emociones y sensaciones).

Cómo

“Hoy, la ciencia nos revela que cambiar es mucho más factible de lo que creíamos años atrás. Es difícil, pero no irrealizable. Eso sí: hay que tener ganas. Sentir que podemos. Y aun así, puede que no sea suficiente. Hace falta esfuerzo, disciplina y hasta herramientas para activar los mecanismos cerebrales que influyen en este proceso”, especifica Bachrach. Por lo tanto, hay una clave para dar el salto: intervenir en la química cerebral del cerebro. No, no es un trabalenguas. Aunque el centro del sistema nervioso se nos figure como impenetrable, existe la llave para destrabar el cerrojo. Y?está en el software. “La mente tiene la capacidad de modificar la fisonomía del cerebro y lograr lo que uno se proponga cambiar”, detalla este distinguidísimo conferencista internacional. 

Para ello hay que emprender un viaje introspectivo, alejarse de esa queja constante, entrar en conflicto con uno mismo... ¡Y equivocarse! Bachrach echa mano a la neuroplasticidad (sí señores: ¡el cerebro no se gasta con el uso!) y enumera una serie de consejos para cruzar la meta. El número uno se cae de maduro: la voluntad, que no es más que la habilidad para controlar la atención, las emociones y los deseos. Para la neurociencia, self-awareness (autoconocimiento): darse cuenta qué hacemos, cuándo y por qué. Otra sugerencia: apretar el botón Stop. “En pausa pensás diferente: no actuás automáticamente, que es el estilo preferido del cerebro. ‘¿Para qué pensar? Mucho gasto de energía. Si vos ya pasaste por esta situación o una similar, repetí’, te dice el cerebro. Lo que él no sabe, pero tu mente sí, es que esa reacción, ese ‘otra vez actué sin detenerme a pensar’, te puede hacer zafar del presente, o a veces hundir más, pero no se condice con tus objetivos a largo plazo”, argumenta Bachrach.

La planificación debe ser clara e incluir expectativas concretas. Dicho académicamente: ni muy muy, ni tan tan. “No cualquiera puede ser, con la educación y la motivación adecuadas, un Messi, un Edison o un Picasso. Pero el potencial cerebral que tenés es bastante desconocido, por lo que es imposible prever qué y cuánto podés lograr con años de entrenamiento, compromiso y trabajo duro”, se puede leer en el libro En cambio. Por otra parte, hay cuestionamientos que rectificar. Por ejemplo, “¿Qué tengo que hacer?” por “¿Cómo me quiero sentir?”, o “¿Por qué no cumplí con mis objetivos?” por “¿Qué necesito hacer la próxima vez para alcanzarlos?”. Para Bachrach, es fundamental la conexión emocional (“Está megacomprobado que las decisiones que tomamos son emocionales, y que con la razón justificamos aquello que hicimos”) y la focalización de soluciones (feedforward: esto es, no debatir tanto sobre lo que no funcionó en el pasado, y explorar lo que, a futuro, puede dar en la tecla). “Esto es un primer paso en la creación de nuevos cables, mapas y circuitos cerebrales que cambian tu forma de pensar”, esgrime el excolumnista del programa de radio Perros de la calle.

¿Más recomendaciones? Ahuyentar la negatividad. Traducido: no rendirse ante los reveses y obstáculos. Cuanto más duros seamos con nosotros mismos, más gris se visualizará el horizonte. La metáfora de este padre por duplicado, que en agosto pasado cumplió 43 años, es efectiva: “El criticarte es como ponerte un chaleco de fuerza que te impide actuar. No te estimula, te encierra”. Y prosigue: “No hay una realidad, solo aquella que decidas ver. La calidad de pensamiento alimenta a tu cerebro. Si pensás que el mundo es un lugar peligroso, tu cerebro buscará la evidencia que lo demuestre. Si pensás que la gente está hablando mal de vos, encontrarás pruebas de que eso ocurre”. 

Con 2015 a la vuelta de la esquina, a dar el puntapié con algo pequeño, para evitar la frustración. “Es probable que, durante un lapso, no haya recompensas. Es bueno comprenderlo para no caer en falsas esperanzas. La mente tiene que persuadir al cerebro para que atraviese ese proceso. El cerebro tratará de impedirlo, como cuando queda preso de placeres instantáneos, como fumar o comer mal. Eso pasa porque es él quien determina, sin consultarnos, muchas de las cosas que hacemos o dejamos de hacer. No nos pregunta si queremos seguir haciéndolas, si aún son beneficiosas o si se condicen con nuestros objetivos. El cerebro no sabe del largo plazo”, cierra Bachrach. 

Quién es Estanislao Bachrach

Nació en Buenos Aires, el 20 de agosto de 1971. 
Es doctor en Biología Molecular por la Universidad de Buenos Aires y por la Universidad de Montpellier 
(Francia). Además, posee múltiples especializaciones en el extranjero –en Liderazgo, Innovación y Cambio– y una maestría en Dirección de Empresas de la Universidad Torcuato Di Tella. Enseñó e investigó en la Universidad de Harvard durante cinco años. Antes de volver al país publicó doce trabajos científicos enQuién es Estanislao Bachrach Nació en Buenos Aires, el 20 de agosto de 1971. Es doctor en Biología Molecular por la Universidad de Buenos Aires y por la Universidad de Montpellier (Francia). Además, posee múltiples especializaciones en el extranjero –en Liderazgo, Innovación y Cambio– y una maestría en Dirección de Empresas de la Universidad Torcuato Di Tella. Enseñó e investigó en la Universidad de Harvard durante cinco años. Antes de volver al país publicó doce trabajos científicos en prestigiosasrevistas. En la Argentina, codirigió programas de posgrado de Harvard Medical International y de Columbia Business School para América latina. Son reconocidas sus conferencias en TEDx y WOBI. En 2013, el Círculo de Creativos Argentinos le otorgó el premio Diente al Creativo del Año. prestigiosas revistas. En la Argentina, codirigió programas de posgrado de Harvard Medical International y de Columbia Business School para América latina. Son reconocidas sus conferencias en TEDx y WOBI. En 2013, el Círculo de Creativos Argentinos le otorgó el premio Diente al Creativo del Año.

Perdón, agradecimiento y risa

Hay más puntos que engrosan el CQ (Coeficiente de Inteligencia de Cambio): perdonar, agradecer y sonreír. “Según los estudios del doctor Fred Luskin, de la Universidad de Stanford, perdonar estimula el sistema inmune, baja la presión arterial, reduce la ansiedad y la depresión, y mejora los patrones de sueño. Lo mismo sucede con la gratitud. Aquellos que agradecen reportan una vida de mayor bienestar y además son mucho más optimistas. Reíte: el humor disminuye la tensión muscular y suprime la liberación del cortisol, la hormona del estrés. Si se trata de cambiar para un mayor bienestar, el perdonar, agradecer y el humor ya no solo son conceptos espirituales, religiosos o del sentido común, sino que existen evidencias científicas de sus efectos en las personas”, escribe Bachrach en En cambio.

Siempre se puede

Bachrach destierra el mito de que con los años es difícil alterar nuestro proceder. En realidad,la que lo puede asegurar es la capacidad plástica del cerebro: se puede cambiar a la edad que uno quiera. Los experimentos con hombres y mujeres que pasaron la barrera de los 70 comprueban que, en esa etapa de la vida, todavía “nacen” neuronas. Claves: la actividad física y cognitiva (a través de juegos, lectura, etcétera).

Estabilidad dinámica

Se trata de la disposición que tiene el cerebro de cambiar… para bien. Y hay una fórmula para lograrla: “El cambio positivo se logra por una combinación de las expectativas que nos creamos –nuestro futuro– y las experiencias que vivimos en nuestra vida –nuestro presente y pasado–, multiplicadas por la densidad de la atención positiva –a qué y cómo y cuánto le prestamos atención–, multiplicadas por el poder de vetar –nuestra capacidad consciente de decidir ‘no’ hacer algo que el cerebro de manera involuntaria decidió hacer–”, enseña Bachrach.




nueva, todos los domingos con:


El Norte La Capital Nuevo Diario El Día La Gaceta Rio Negro Primera Edición Uno - Mendoza Uno - Entre Ríos Uno - Santa Fe Diario Norte Puntal - Córdoba La Nueva Diario Democracia El Independiente Diario Norte