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Brazadas de Ilusiones


Por Tamara Smerling.


Brazadas de Ilusiones 

Nadar para superar dificultades y cumplir los sueños de muchos chicos con capacidades diferentes. De eso se ocupa el grupo Los Tiburones del Paraná. El agua une, iguala e incluye, y la natación regala sueños e ilusiones.

Una brazada, otra brazada, meter la cabeza en el agua y sacarla. Ritmo, energía y sobre todo mucha ilusión es lo pusieron a andar más de 140 personas (más de 100 con capacidades diferentes) cuando cruzaron a nado los doce kilómetros que separan la ciudad de Colón, en la provincia de Entre Ríos, de Paysandú, en la República Oriental de Uruguay, sobre el río Uruguay. Esta proeza, que llevó adelante el grupo Los Tiburones del Paraná, quedó registrada en una película: Abrazos de agua, que se estrenó el mes pasado en el cine El Cairo de Rosario y que narra una odisea única. ¿Pero para qué lo hicieron? ¿Qué quisieron demostrar con esta epopeya? Patricio Huerga, uno de sus protagonistas, responde: “La película Abrazos de agua cuenta la experiencia vibrante de nadar y superar todo tipo de barreras”. Huerga es profesor de Natación y dirigió la pequeña expedición. El nadador más joven que participó de la maratón tenía solo 18 meses; el mayor superaba los 60 años de edad, y todos cruzaron a nado el río Uruguay. Una proeza sin igual.

Los Tiburones del Paraná celebraron también más de quince años de trabajo. “En el año 1998, por primera vez en la Argentina, siete chicos con capacidades diferentes atravesaron el río Paraná, en una prueba de un kilómetro. Esa fue nuestra primera experiencia de nado y, por eso, nos llamaron ‘Los Tiburones del Paraná’. A partir de esta prueba, comenzamos a realizar diferentes experiencias de nado en aguas abiertas, con distintas modalidades, distancias y objetivos. Ya llevamos completadas más de dieciséis. Se trata de una suerte de examen final de lo que trabajamos durante el año y, a la vez, un incentivo muy poderoso para los atletas y sus familias. Se creó un sentido de pertenencia muy fuerte alrededor de Los Tiburones, que estimula y moviliza a toda la comunidad”, rememora Huerga sobre los inicios del grupo, que arrancó con un programa orientado a los alumnos de la Escuela Especial Ceferino Namuncurá que, ahora, se encuentran agrupados en la Escuela de Natación Integral Arroyo Seco, donde 153 nadadores con capacidades diferentes y otros 194 realizan habitualmente sus entrenamiento.  

–¿Cómo es trabajar en equipo?
–Desde el inicio nos reuníamos con un grupo de mamás alrededor de la pileta mientras sus hijos aprendían a nadar. Era una especie de terapia grupal, donde se compartían alegrías, sinsabores, experiencias. Al año siguiente, la Municipalidad ayudó en la elaboración de un Plan Municipal de Natación para chicos con capacidades diferentes, que sistematizó toda la experiencia que estábamos llevando adelante hasta ese momento y que intentó mejorar los niveles y la calidad de vida de las personas con capacidades diferentes, desde los bebés hasta las personas de la tercera edad, como un modo de favorecer la integración, la inclusión y la equiparación de oportunidades. En 1998, comenzaron las experiencias de nado en el río, donde nuestros chicos, después de un año de trabajo, demostraban lo que podían hacer en el agua. El evento se convirtió, con el paso del tiempo, en una verdadera celebración. 

–¿Quiénes lo integran? 
–A nuestro complejo asisten alrededor de ciento ochenta personas con discapacidad y doscientas sin discapacidad. Lo bueno es que comparten el mismo espacio, los mismos horarios, el plan de trabajo, los profesores y los mismos objetivos. Nuestro complejo es un lugar de encuentro, de integración social, de fomento de las actividades físicas, deportivas y recreativas, principalmente dirigido a las personas con capacidades diferentes, pero abierto a la comunidad, y ahí reside lo novedoso y revolucionario de la tarea. Porque todos tenemos “capacidades diferentes” y lo hermoso es compartirlo.

–¿Cuál es la búsqueda de “Los Tiburones” al nadar en aguas abiertas? 
–La experiencia del nado en aguas abiertas posibilita que los alumnos alcancen diferentes distancias en el río Paraná, siempre de acuerdo con sus posibilidades. Esto les permite sobreponerse y aprender a superar ciertos obstáculos, como el movimiento en el agua, la profundidad –de 3 a 30 metros–, el cambio de ambiente –de la pileta al río–, la falta de bordes y límites o la temperatura. Todos los años, además, buscamos que los nadadores incrementen las distancias de las pruebas; esto es, que superen sus propios límites. 

–¿Cómo se diferencia el nado en una pileta cerrada y en aguas abiertas?
–El nado en el río aporta muchísimas cosas en un aprendizaje. Por una parte, se borran los límites, los bordes visuales están muy lejos, y no es, como en una pileta, donde uno con un pequeño esfuerzo llega a la punta. Por otra parte, en el río hay que tener más paciencia para llegar a la orilla. La corriente, el agua en movimiento, la ubicación espacial, la barranca, la costa, el paisaje cambian por completo. Los puntos de referencia también se modifican. La última cuestión es el aspecto físico: el modo en que se preparan los nadadores para un evento como este. En este sentido, les ofrecemos la natación como un deporte, para que lo practiquen habitualmente y dentro de un régimen de entrenamiento pautado, organizado, sistematizado y planificado. Es decir, no importa el nivel de capacidad del nadador, sino el entrenamiento que logre en el agua. 

–¿Cuál fue el mejor aprendizaje de toda esta experiencia?
–Nos dimos cuenta de que los nadadores responden mejor en el río que en la pileta. Es como si se les agregase un plus al trabajo, de entusiasmo, de alegría, de responsabilidad. En el río, se los ve sueltos, seguros, saben lo que quieren. Hay algunos que plantean cosas difíciles, como nadar un rato contra la corriente, por más que nadarán varios minutos y estarán siempre en el mismo lugar. Sin embargo, lo hacen, casi como un desafío. Todo esto les proporciona un grado superior de afirmación de su personalidad, de seguridad en sí mismos. No tienen problema en nadar con el viento en contra, con lluvia o con olas. Es decir, aprenden a superar todos los problemas que se les presentan en el agua.

–¿Por qué se trata de una experiencia “vital y comunitaria”?
–Porque se centra en la inclusión social de las personas con capacidades diferentes a partir de una mirada que los reconoce como capaces y valiosos. A lo largo de todos estos años hemos aprendido mucho: nos enseñan a mirar el mundo desde otro lugar y saben sacar lo mejor de quienes los rodean, disfrutan de lo que hacen sin la conciencia de la competencia, porque saben que lo que realizan son “experiencias” en donde, después de un año duro de trabajo, deben superarse a sí mismos. Al tener los mismos objetivos que los integran, se hacen amigos y se ayudan, se alientan unos a otros, se sienten queridos y lo manifiestan. Ellos no establecen rivalidades, no se atropellan ni compiten; esto hace trizas el “modelo de normalidad” porque se descubre una manera nueva de pararse frente a la vida. Por esto también se desarrollan los vínculos afectivos y de integración.

–¿Cuál es el próximo proyecto?
–El próximo proyecto se denomina “Tiburones” y está planteado para que durante 2015 y 2016, en alianza con varias instituciones de la localidad de Colón, en la provincia de Buenos Aires, se realicen encuentros, actividades, jornadas académicas, sociales y deportivas para abordar la problemática de la inclusión desde la óptica de los derechos humanos. La idea es que toda la experiencia finalice, en 2016, con un nado nocturno, alrededor del faro, en el lago municipal de la ciudad.

–¿Qué dejó esta experiencia del cruce a nado por el río Uruguay? 
–La alegría que transmite la construcción colectiva. El hecho de pautar un objetivo, que se comparta y que se multipliquen los esfuerzos para lograrlo es realmente valiosísimo. 

La película 

Abrazos del agua fue estrenada, con gran éxito, en el Cine El Cairo de laciudad de Rosario. También se presentó en Colón, provincia de Entre Ríos, con dos funciones a sala llena. “Siempre nos pusimos en una posición  horizontal para narrar la historia –dice Juan Mascardi, quien coordinó el rodaje de este trabajo–. Huerga insistió en que quería hacer una película porque iban a unir dos países nadando. Yo no lo creí. Hasta que, faltando muy poco para la prueba, me convenció. Y hacia Colón, Entre Ríos, partimos con los equipos de grabación. En las proyecciones hubo aplausos, carcajadas y mucha emoción. El hecho de ver a los personajes fuera del agua hace que se genere una identificación con ellos, un nexo, un contacto. Como dice Omar Rincón, son ciudadanos celebrities; todos tenemos derecho a ser protagonistas de una gran historia. ‘Los Tiburones’ lo son, sin duda”.



 

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