ENTREVISTA


Dibujando ilusiones


Por Daniela Calabró..


Dibujando ilusiones 
Hace nueve meses que Iván Kerner llenó su mochila de lápices y se propuso dibujar con chicos de todos los continentes. Su proyecto, Pequeños Grandes Mundos, busca que los niños se expresen a través de las ilustraciones. Desde Japón nos cuenta su historia.

Unos viejos trompos de madera giran a toda velocidad sobre una calle de tierra de Coroico, en Bolivia. Dos niños que juegan con ellos están orgullosos de lo mucho que los hacen girar y se lo quieren mostrar a Ivanke, ese muchacho simpático de la Argentina que visitó su pueblo para dibujar con ellos. Ríen, juegan, lo invitan a probar sus habilidades con el trompo, se sacan unas cuantas fotos con él y lo despiden con un abrazo de esos bien lindos. Su nuevo amigo tiene que partir rumbo a Perú, la tercera parada de un sueño que comenzó en marzo en el norte argentino. 

Se hace llamar Ivanke, pero su nombre es Iván Kerner. Tiene 34 años, es ilustrador, diseñador gráfico y docente. Su cercanía a los niños fue una constante en los diez años que lleva de profesión: fue ilustrador de Paka Paka, trabajó en proyectos editoriales infantiles y también realizó talleres de dibujo para chicos. No bien uno comienza a hablar con él descubre que, del otro lado, hay alguien especial. Muchos de los mensajes de su muro de Facebook están dirigidos a Tai, de quien uno presume –a priori– que se trata de un amor que quedó en la Argentina. No, Iván le habla a su perro. Esa misma sensibilidad que muestra sin tapujos en la vida y en las redes sociales fue la que lo llevó a crear Pequeños Grandes Mundos, un proyecto con el que planea dibujar junto a niños de cuarenta países, en 550 días. Ya pasaron 278.

“La idea nació por la pasión que me genera dar clases para chicos y por las ganas de compartir con niños de otras culturas la alegría que se da en los talleres”, cuenta Iván desde Japón, con entusiasmo. “Otro de los objetivos es conocer las diferencias y similitudes del imaginario infantil de cada rincón del mundo y poder acercar la ilustración a los chicos como herramienta de expresión”. 

El proyecto, avalado por la Organización de Estados Iberoamericanos y los ministerios de Cultura, Educación, Justicia y Relaciones Exteriores de la Argentina, culminará con un libro y un documental. Para esa tarea, Ivanke cuenta con la ayuda de Sofía Nicolini Llosa, una cineasta que lo acompaña en la aventura. “En cada pueblo, realizamos entrevistas, en las que los niños cuentan sus concepciones sobre lo que significa una familia, reflexionan sobre su país, sus miedos o sus juegos preferidos”, comenta. 

–¿Recordás el momento en el que se te ocurrió emprender este viaje por Latinoamérica, Europa, Asia y África?
–Fue una noche, esperando un colectivo. De golpe, tuve una idea muy fuerte, casi una certeza: debía viajar dando talleres de dibujo gratuitos por todo el mundo. De todas maneras, supongo que ya se venía gestando silenciosamente dentro de mí. Hace años que, aparte de ilustrar para chicos en libros, revistas o juguetes, decidí estar más cerca, dando talleres, dibujando con ellos, abriéndoles un espacio de expresión y de escucha.

–¿Cómo es un día de tu travesía?
–En cada lugar al que llego, doy talleres en escuelas, hospitales, centros culturales, bibliotecas, orfanatos; en fin, me tocó estar en todo tipo de espacios. Muchas veces, la visita ya está pactada de antemano y otras directamente voy. Por suerte, el proyecto siempre es bien recibido. También dibujo con chicos en un parque, en la calle, en cualquier lugar donde de pronto surge un encuentro... Me acerco porque me da mucha curiosidad saber lo que piensan.

–¿Creés que enseñarles a dibujar es una manera de ayudarlos a conectarse con sus ilusiones?
–Justamente, una de las actividades que hacemos es un taller de sueños, donde luego de charlar sobre sus deseos, los ilustran. Está buenísimo ver cómo chicos y chicas que, en muchos casos, pasaron por situaciones terribles de violencia, abusos y abandono pueden proyectarse de un modo diferente y permitirse soñar con un futuro mejor.

–Dibujar es terapéutico…
–¡Lo es! Así como la música, el teatro o la escritura, el dibujo es un canal de expresión y de creación de nuevos mundos. Nos permite trasladar sentimientos a otras esferas, conocer aspectos desconocidos de nosotros mismos. Un niño que puede expresarse es infinitamente más saludable que uno que no lo puede hacer. Por eso, aunque Pequeños Grandes Mundos busca ser lo más plural posible, me gusta particularmente brindar espacios a chicos que, por lo general, no tienen la posibilidad de acceder a lugares artísticos o lúdicos. 

–En Buenos Aires, diste talleres en Ciudad Oculta y en Villa Soldati. ¿Cómo fue esa experiencia?
–Tanto allí como en el resto de los lugares que he visitado conocí muchos chicos que atravesaron carencias tremendas, sobre todo de afecto. Por eso, hay algo que cada día me queda más claro: lo que necesita el mundo es más amor.

–Y más unidad, otro de los aspectos de tu proyecto. 
–Sí, en los talleres hablamos mucho sobre los chicos de otros países y les mostramos sus ilustraciones o los videos que vamos grabando en el camino. Me parece relindo poder conectar, de algún modo, a chicos que viven en la selva, en la montaña, en la playa, en una gran ciudad o en un pueblo remoto. Por eso, también hacemos  una cadena de regalos: varios chicos reciben un regalo de un niño del país anterior y me dan otro para que le dé a uno del país siguiente.

–¿Te vas de cada encuentro con la sensación de “misión cumplida”?
–La tarea está cumplida si, al menos, queda una marca, una pequeña huella. Un momento en donde pudieron encontrarse consigo mismos. Muchísimas veces se sorprenden de lo que son capaces de dibujar, se encuentran con algo propio, se divierten y también conocen más a los niños que están a su alrededor.  

–¿Qué te llevás de cada pueblo?
–Muchísimas cosas: la alegría de haber podido conectarme con otro; la satisfacción de sentir que gracias a ese ratito se abrió una nueva puerta; la riqueza de haber conocido nuevas miradas, nuevas costumbres. 

–¿Cómo hacés para no encariñarte con los chicos?
–¡Es que me encariño! Y no sabés cómo los extraño. Todos los días me pregunto cómo estarán. Porque detrás de cada uno de ellos, hay una historia que merece ser descubierta, escuchada y valorada. También me acuerdo siempre de las abuelas que voy conociendo, como la entrañable Juanita, de Purmamarca, con sus 107 años, sus coplas, su receta del locro ideal y su increíble fortaleza. Cada charla, cada encuentro, es un regalo que viajará conmigo por todo el mundo, es un recuerdo que me llevo para siempre. Cada día agradezco esta posibilidad. Me siento un privilegiado.

–¿Estás con un pie en China?
–Mañana viajamos a China y allí me encontraré con Mey Clerici, que se sumó a esta aventura. Ella también es ilustradora y da talleres de arte para chicos. Era mi amiga, pero la amistad derivó en romance. Con ella vamos a recorrer Asia, África y Europa en 2015. A fin de lograr financiamiento para esta movida, más de veinte ilustradores amigos, entre ellos Isol, hicieron dibujos inspirados en nuestra historia de “amor chino”. 

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