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La felicidad al alcanze de la mano


Por Agustina Tanoira..


La felicidad al alcanze de la mano 
En la búsqueda incesante de la felicidad, la tecnología se suma con herramientas novedosas y originales. Las apps para aprender a meditar, para pensar positivamente y para sentir gratitud son un boom. Y ayudan.

¡Una hora y media de mi casa al trabajo! Entre la ida y la vuelta, estos ciento ochenta minutos, todos los días, cinco veces por semana, eran  “tiempo perdido”, hasta que tuve una idea genial: aprovechar ese momento para meditar. Simplemente bajé una aplicación en mi celular, que me iniciaba en la técnica del Mindfullness y, además, me ofrecía distintas propuestas para hacerlo. Fue instantáneo; a partir de entonces esas tres horas se convirtieron en un tiempo esperado, es más, necesitado. Desde mi smartphone, una voz serena y profunda me ayudaba a conectarme con mi respiración, guiaba mi mente por mi cuerpo para ayudarme a registrar –y aflojar– las tensiones y, fundamentalmente, me permitía desconectarme por completo de la oficina.

Si bien es cierto que las aplicaciones (o apps) no son ninguna novedad, y que las hay de cualquier cosa que uno pueda imaginar –desde hacer dieta, sacar fotos, planificar viajes, repeler mosquitos, entrenar, asistir a pacientes con diabetes y jugar, hasta aprender ser feliz–, no había recurrido nunca a ellas. Pero millones de personas las descargan por minuto, lo que hace que constituyan un verdadera revolución silenciosa y que estén cambiando nuestra manera de vivir.... ¿Para bien? Seguramente sí, pero ¿pueden –realmente– ayudarnos a ser más felices?.

El boom de la felicidad

En los últimos tiempos este sentimiento sobre el que se han escrito ríos de tinta a lo largo de la histora ha sido objeto de análisis, estudio, marketing y promoción. Tanto, que en algunos países, como Bután, la felicidad ya es una cuestión de Estado. Ese pequeñísimo reino en los Himalaya cuenta con un ministerio que se encarga de proveer a los ciudadanos de las herramientas necesarias para que se desarrollen no solo materialmente –para lo que garantizan el acceso a la atención sanitaria, la educación y la naturaleza–, sino espiritualmente, y que mantengan así el estándar de felicidad que los consagra como “el país más feliz del mundo”. También los economistas se ocupan de ella y ya existe una disciplina, la happynomics –o economía de la felicidad– que se ocupa del bienestar de las personas, no solo de las cuestiones relativas al capital, la producción, las inversiones y demás menesteres. 

El interés y la necesidad de tener vidas más plenas y con sentido llevó a las Naciones Unidas a instaurar el 20 de marzo como el Día Internacional de la Felicidad. En su página web (www.dayofhappiness.net ) declara: “Los anunciantes nos dicen que la felicidad viene de comprar y consumir sus productos. Las celebridades y los medios de comunicación pretenden que viene con la belleza y la fama. Y los políticos afirman que nada importa más que el crecimiento de la economía”. Y agrega que existen infinidad de estudios que demuestran que la felicidad duradera no proviene ni de lo que consumimos ni de cómo nos vemos ni de cuánto ganamos. Sigue: “Seamos honestos, probablemente ¡usted ya lo sabe!”. Sí, sabemos que la felicidad está en las pequeñas cosas y que hay miles de estudios que lo confirman.

Elegir ser feliz 

A eso apuntan los cientos de miles de aplicaciones que podemos descargar en nuestros smartphones y tablets. Algunas, basadas en las neurociencias y en la psicología positiva, proponen actividades y fijan metas; otras, centradas en las terapias cognitivo-conductuales, sugieren llevar un registro de los pensamientos negativos y detectar y entender cómo funciona nuestra mente para poder resetearla positivamente; otras brindan frases para invitarnos a reflexionar; otras ofrecen ejercicios de meditación para relajar el cuerpo y eliminar la ansiedad. 

Pero todas, en el fondo, hablan de lo mismo: de adoptar buenas actitudes, de tener más autoconciencia, de hacer más ejercicio, de comer saludablemente... y todo lo que –sabemos– importa para una vida más saludable. También proponen rodearse de gente con “buen onda”, hacer cosas que nos produzcan placer, pasar más tiempo con la familia y los amigos, volver a la naturaleza, comprometerse con causas solidarias, invertir más en experiencias positivas y menos en cosas materiales, plantearse desafíos, aprender cosas nuevas y, fundamentalmente, reflexionar sobre nosotros mismos y nuestras actitudes. A modo de muestra podemos citar algunas apps: Happier es una aplicación que aspira a enseñarnos a apreciar la vida, y para ello propone poner el foco en lo bueno de las cosas en lugar de detenerse en lo que falta, en lo malo, en lo que no sucedió. En definitiva: es un tutorial para aprender a registrar las buenas cosas y a expresar gratitud. HappyUp, en cambio, fue creada por el grupo de investigación Felicicom Lab, de la Universidad de San Jorge, en Zaragoza (España), para medir el nivel de felicidad y trabajar día a día en el aumento de la satisfacción personal. Se trata de una herramienta gratuita que a través de un formulario básico de veintiún preguntas releva la importancia que el usuario da a diversas cuestiones  Después, le indica el nivel de felicidad a través de un porcentaje. 

En su concepción de felicidad, juegan las emociones positivas, la entrega a los demás, el sentido vital, las relaciones positivas, los logros y el sentido de espiritualidad. Always Bhappy es un proyecto que aspira a incentivar ciertos valores a través de pautas que les propone a los usuarios, día a día, no solo para sentirse más felices sino para hacer felices a otros. “Un abrazo, un beso o una sonrisa pueden alegrar el día a día de muchas personas”, sostienen. La aplicación permite llevar un registro de las actividades “hechas” y las “pendientes” para almacenar aquellas que se realizarán en un futuro. Como no es un secreto que los empleados felices son mucho más eficientes y productivos, también existen apps para aumentar el nivel de satisfacción en la oficina. Great Career, por citar un ejemplo, brinda ejercicios para construir grupos, para elegir las personas con las que vale la pena ir a almorzar, y da herramientas para detectar cuáles son nuestros puntos fuertes y aprovecharlos. Happify y Gratitude Journal hacen hincapié en la gratitud a través de un calendario con un registro de todo lo positivo de nuestras vidas. Y hay miles y miles más. Solo es cuestión de buscar qué nos resulta interesante y realizarlo.

App interior 

Es inútil negarlo: la tecnología afecta nuestras vidas de una manera contundente. Algunos consideran que lo hace para mal, porque nos deshumaniza, nos aliena y es pura evasión; y otros entienden que es para bien, porque nos conecta y nos simplifica la vida en muchos sentidos. Sin duda todos tienen parte de razón y, como en todo, la clave está en el punto medio: en usarla inteligentemente a nuestro servicio y no en adherirse a las pantallas en total desconexión con el mundo real. La felicidad –en sí misma– no está en las apps –no se moleste en buscarla por ahí como tampoco en una computadora más rápida o un celular último modelo–, pero sí en nuestras actitudes. Ya lo dice Max Strom, famoso gurú de la transformación personal en su libro No hay app para la felicidad: “La tecnología debería servir para simplificar nuestra vida y darnos más tiempo libre, no robárnoslo”. Y afirma: “Tenemos todas las aplicaciones que necesitamos dentro de nosotros; solo tenemos que comenzar a usarlas”. 

Mindfullness 

Aprender a meditar es clave. Y qué mejor que aprovechar los viajes largos o las extenuantes demoras en las salas de espera para colocarse los auriculares y hacerlo. Esta es la mejor inversión posible en uno mismo. La meditación favorece el humor, la atención y la sensación de bienestar en general, ayudando a desarrollar técnicas para enfrentar los vaivenes de la vida. Además, hay evidencias científicas de que es una técnica súper efectiva contra la depresión y la ansiedad. Tanto o más que las terapias cognitivas, aunque mucho más barato. También un estudio de la Universidad de Harvard, de 2011, encontró que los participantes de un programa de Mindfullness obtuvieron cambios significativos en sus cerebros luego de ocho semanas de entrenamiento. Autoconciencia, empatía, memoria y menos estrés. Los datos revelaron que la meditación aumenta la densidad de materia gris en el hipocampo, una región asociada con el aprendizaje y la memoria, y la disminución de la densidad en la amígdala, una región del cerebro asociada con las respuestas de miedo, ansiedad y estrés.

¿Qué es una app? 

Es un programa que se instala en un dispositivo móvil –puede ser el teléfono o una tablet– y que provee acceso instantáneo a un determinado contenido sin tener que buscarlo en Internet. Una vez instalada, por lo general, puede accederse a ella sin necesidad de una conexión a la Red y puede actualizarse para añadirle nuevas características. Hay apps de todo tipo y se descargan principalmente de las tiendas virtuales. De acuerdo con cifras publicadas en BBC Mundo Tecnología, en 2010 se descargaron más de 8000 millones de aplicaciones y se estima que para 2015 la industria global de aplicaciones valdrá 30.000 millones de dólares.

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