ENTREVISTA


“Voy para adelante”


Por Aníbal Vattuone.


“Voy para adelante”
Dice que todavía no está de pie, pero que la lucha todos los días. Aún conmocionada por la tragedia de su esposo, Nazarena Vélez apunta al futuro protagonizando una obra teatral con Carmen Barbieri en Mar del Plata.

Débora trae bebidas. Justamente, el nombre que podría haber sido el de ella. Nazarena Vélez, minutos después, está entre nosotros. Aquí, en su casa. A su lado, sobre la chimenea, está el mañana: una foto inmensa junto a sus tres hijos. Nazarena habla con entusiasmo y rabia. Con alegría y llanto. Es un vendaval de emociones. Imposible serle indiferente: tiene una personalidad avasallante. Dice que no es fuerte, que sufre, pero que le hace frente a lo trágico (N. de la R.: Fabián Rodríguez, su marido, se quitó la vida hace casi un año). “La gente en la calle –mis familiares ni te cuento– me dicen: ‘No llores’, pero… ¿qué querés que haga si todos me hablan de mi marido? ¿Qué me ría? No puedo hacer otra cosa. Hay gente a la que el personaje le comió la persona. Yo soy esto”, define quien encabeza, junto a Carmen Barbieri, Leonas, una de las apuestas teatrales más fuertes de la cartelera marplatense. 

Amena y sencilla, Nazarena se tira en el piso para charlar. Entre confesión y confesión, intercala una muestra de frescura con una lágrima. El diálogo viaja entre el ayer y la actualidad, pero no confunde los tiempos. Adrede, recuerda a Jazmín (N. de la R.: su hermana, que falleció en un accidente de tránsito en el año 2010) y a Fabián en presente. Porque a los que se quiere se los lleva en el alma hasta el final. Y porque no se queda en el pasado. Sigue su camino. Como puede. 

“Me cuesta mucho ir al escenario… Tengo muchas ganas de llorar casi todo el día. Lo amo profundamente a Fabián. Con toda mi alma. Todavía no entiendo que no está conmigo. Miro las fotos, las que tengo en la habitación… Además, si vos perdés a una persona tan amada por una enfermedad, no te digo que te duela menos, pero… Lo que ocurrió no podía pasar. Era imposible… pero pasó. Estoy en carne viva”, confiesa. Y la dejamos desahogarse: “Sentí como si me hubiese arrollado un auto. Así y todo, y aunque no quería, tuve que salir a trabajar. Debía tres cuotas de la obra social; o sea, se me enfermaba un nene y no lo podía llevar al doctor para que lo atendieran. Hasta Barbie, que es un ángel, se puso en el rol de mamá. Ahí me dije: ‘Tu hija tiene 20 años; dale, levantate’. Ella y Gonzalo amaban a Fabián. Y Thiago (N. de la R.: de 4 años, fruto de la relación con Rodríguez)… ‘Titi’ sonríe y lo veo a él. No me podía tirar y echarme a morir”.

–Por ellos, vale la pena todo.
–Ellos son el motor de mi vida. Pero siento que quedé en el medio del de-sierto. Todavía no estoy de pie, estoy de rodillas. Me arrastro, pero voy para adelante. 

–Como buena leona.
–Pero yo no soy fuerte. La fuerza me la dan mis hijos. Es más, por lo de Jazmín lloro todavía hoy. Mis papás no se merecían algo así. Están desgarrados. Y lo veo a “Titi” y me desangro, porque nos subimos a un avión y me dice “Vamos al cielo a visitar a papá” o “Vamos a ponerle crema en el cuello para que se cure”. No lo puedo creer… No me canso de preguntarme: “¿Por qué a mis hijos?”. Me duele que mi hijo se despierte llorando cada noche hace ocho meses.

–En tu brazo te tatuaste la frase “Por mi familia vivo, por mi familia muero”. ¿Son las mejores palabras para empezar cada día?
–Tal cual. Cuando estoy cansada me miro el brazo. Tengo otro que dice “Bárbara, Gonzalo, Thiago, Fabián”. Él también se lo hizo. Con eso me terminó de conmover. Él amaba a mis hijos como si fueran suyos. Los llevaba a la escuela a las siete de la mañana… En su última carta, me puso: “Sé fuerte, tenés que seguir”. Y voy a seguir.

“Mis hijos son lo mejor de la vida”, sentencia Nazarena. Y en esta etapa que transita, asegura no guardar rencores. Ni siquiera con algunas de sus exparejas, con las que mantuvo romances rumorosos. “Todas son experiencias. Agradezco a Dios haberme cruzado con Alejandro Pucheta, ya que me dio una hija maravillosa. Todos me felicitan: ‘Qué belleza tu hija, qué perfecta’. Y yo contesto: ‘Si supieran lo que es por dentro, dirían que es fea por fuera’. Me vive dejando cartas en las que me pone que me ama, que vamos a estar juntas. ¡Tengo otro tatuaje por ella! ‘Por la eternidad’, porque pensamos que nuestro amor será así”, desliza. Y agrega: “Y a Daniel Agostini, con todos los líos que tuvimos, también lo amé mucho. Ambos me dieron hijos hermosos, no puedo tener recuerdos malos de ellos”. 

El trabajo para Nazarena empezó a los 14 años, cuando quería comprarse una bicicleta de carrera. Al ingresar en el particular universo de los medios, quedó lejos la fantasía de ser azafata. “Quería viajar por el mundo… ¡gratis!”, se ríe con fuerza. “Empecé de tan chiquita por caprichosa. No por rebelarme contra mis papás, ya que a ellos les hacía caso. No eran de pegarme, pero dos cachetazos me alcanzaron –y sobraron– para saber lo que tenía que hacer y lo que no. Como soy quilmeña, me presenté para Miss Quilmes. ¡El premio era plata y quería la bicicleta de carrera!”. 

–Modelo, conductora, actriz, productora teatral… ¿Qué disfrutás más?
–Productora. Cuando comencé a protagonizar con Gerardo Sofovich, me involucraba en la selección de los elencos. Cuando tuve el respaldo económico, armé JAZ Producciones. 

–Ahora volvés a subirte al escenario. 
–Sí, actuar me hace bien, a pesar de no tener ni una gota de ganas. Hace dos años que quería trabajar con Carmen. Con Fabián ya la habíamos llamado para hacer temporada en Carlos Paz, pero debido a mi estado emocional, preferí Mar del Plata. Viví cinco años con Fabián en Carlos Paz, allí quedé embarazada de Thiago… Estoy poniendo todo de mí para que Leonas sea un éxito. Además, no pudimos titularla mejor. De verdad, me siento una leona herida, que hasta el último momento defiende a sus crías.  

–También la coproducís.
–Sí, me pongo de acuerdo con el director, opino sobre lo que puede hacer Carlín Calvo (N. de la R.: al elenco, dirigido por Marcelo Cosentino, lo completan Daniel Aráoz, José María Muscari, Chichilo Viale y Coki Ramírez). Elegí hasta la escenografía. Para mí, Carmen debía dejar la revista y lanzarse a la comedia, y la convencimos. 

–¿Qué obra de teatro recordás con más cariño?
–La primera, que se llamó Esta noche nadie duerme, en la que trabajé con Tincho Zabala, Florencia Peña y Pablo Alarcón. Fue muy linda aquella experiencia. Y El champán las pone mimosas, bueno, fue como…

–…El boom.
–Y sí… Además, pude ganar una plata considerable… Así que la recuerdo con mucho cariño (risas). Fueron tres años en los que no parábamos de llenar, llenar y llenar. La gente nos transmitía una energía… El teatro tiene esa magia. Ves a los espectadores morirse de risa y pensás: “¿Eso les pasa por las pavadas que digo yo?”. 

–¿Cómo es tu relación con el público?
–Tengo muy buen vínculo con las mujeres. Me puedo quedar horas sacándome fotos, en especial si son señoras mayores, porque me causan mucha ternura. Sobre todo, en la gira que hice con Los Grimaldi. Si mostrara la cantidad de rosarios que me regalaron… El amor que me demuestra la gente es impresionante.

–¿Qué significaron Los Grimaldi? 
–Mi inicio real como productora. Una apuesta muy fuerte y, por suerte, un éxito rotundo. Con las dos obras vendimos más de 250.000 entradas. Cuando veía que éramos primeros en el ranking de comedias nacionales, no lo podía creer. Nos mirábamos con Fabián y nos parecía inverosímil… 

–¿Cómo nació la idea?
–Un día le comenté: “Estoy podrida de tener que pedir permiso para cualquier modificación que quiera hacer… ¿Cuánta plata tenemos?”. Me dijo un número. Me embalé: “Produzcamos”. Fue como un sueño que tiene cualquier pareja. Fue el comienzo de esta faceta de mi profesión y terminó con mi gran amor…

Estilo y vocación 

Obsesiva. Así se define Nazarena. “Nací para ser mamá y para trabajar: son las dos cosas que tengo muy claras. Con mis hijos, quiero que estén siempre limpios, hasta las uñas. Bárbara tiene 20 años, pero no dejo de decirle: ‘No te olvides de ponerte el cinturón de seguridad’. Con el trabajo, lo mismo: descubrí en la producción algo maravilloso que desconocía. Poco me importa estar arriba de un escenario o aparecer en tele; quiero producir. Me encanta el hecho de que se me ocurra algo y verlo plasmado. Me causa una satisfacción enorme. La única contra: tener que contar con un respaldo económico, algo que, en este momento, a mí me falta”.

Debora Dora

Se ríe Nazarena. Se ríe mucho. Es cuando recuerda anécdotas como esta: “Cuando nací, me querían poner Dora, en honor a mi abuela –con sus 85 años, vive con mi mamá en Puerto Madryn–. Al mismo tiempo, mamá soñaba con llamarme Débora. Nací un 24 de julio, justo a las doce de la noche. La enfermera dijo: ‘Ay, cómo Jesucristo. ¿Qué nombre le va a poner?’. ‘Débora… Dora’, contestó mamá. La enfermera la miró sorprendida y le comentó: ‘Señora, le va a quedar Débora Dora Vélez’. Y la partera agregó: ‘Es medianoche… Nazareth… ¿Nazarena?’. ‘Listo, sí, Nazarena Dora’, se convenció mi mamá. De chiquita odiaba el ‘Dora’, pero ahora lo amo. Por mi abuela, que nos ayudó tanto... Igual, le agradezco profundamente a la partera”.

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