INVESTIGACIÓN


Así lo veo yo


Por Dolores Gallo.


Así lo veo yo 
Los sonidos tienen formas y colores. Las palabras, texturas o sabores. No nos volvimos locos: buceamos por el mundo de la sinestesia, donde se combinan distintos sentidos en un acto perceptivo. Lea y asómbrese.

Cuando la artista Carol Steen decide empezar una obra nueva, no va a comprar óleos. No. Para elegir los materiales que la inspirarán, visita una tienda de música. Se pone los auriculares y se deja llevar. Entre melodía y melodía, imagina los colores que utilizará. Como si las canciones se lo sugirieran. Es que, para ella, la música tiene color. Los platillos, por ejemplo, son verdes; los violines, naranjas. Escuchar un piano la remite al rojo, y las voces navegan por la escala de los blancos y grises. “A mí, una sinfonía me transporta a observar colores en movimiento. Es espectacular”, describe.

No vaya a creer que Carol Steen no está en su sano juicio. Solo hace referencia al mundo de la sinestesia, donde se asimilan varias sensaciones de diferentes sentidos en un mismo acto perceptivo. De esta forma, la música tiene color, los colores sonido y las palabras sabor. Para un sinestésico, el número 7 puede ser de color amarillo y la letra a, roja. Y no son recuerdos o asociaciones: son percepciones cien por ciento reales.

Por raro que suene, se trata de una condición normal, y no una alteración, como destacan ciertos especialistas. Al contrario, es bastante común. “Una de cada veintitrés personas lleva el gen de la sinestesia, y una de cada noventa experimenta algún tipo de sinestesia. Se trata de un rasgo más que una anormalidad. A los sinestésicos no les pasa nada; solo que nacen con dos, tres o los cinco sentidos combinados de tal manera que, por ejemplo, al percibir mi voz no solo la pueden escuchar, sino también ver, degustar o sentir, como si la pudieran tocar”, explica el neurólogo norteamericano Richard Cytowik, experto en el tema y autor del libro El miércoles es azul índigo.

Lo que ocurre es que la mayoría de los individuos no saben que, en mayor o menor medida, tienen la capacidad de combinar los sentidos. Creen que el mundo es realmente como ellos lo perciben, hasta que, accidentalmente, descubren su condición. Como le ocurrió a Carol. “Tenía 7 años y le dije a una amiga que la letra a era del rosa más bonito del mundo. Me miró fijo y me dijo: ‘Sos rara’. Su actitud me mantuvo callada hasta los 20 años, cuando descubrí que mi extraña habilidad tenía un nombre y encontré a otros sinestésicos dispuestos a responder una fuente inagotable de preguntas”, recuerda hoy. 

El suyo es uno de los tipos más comunes de sinestesia, aunque existen muchísimas combinaciones. “La más habitual es la sinestesia grafema-color, donde las palabras, letras o números se perciben con un color específico. Se cree que afecta al 1% de la población. También es muy común la sinestesia espacio-temporal en la que los días o meses del año se experimentan en una localización espacial”, explica Alicia Callejas, del grupo de investigación de Neurociencia Cognitiva de la Universidad de Granada. 

Según detallan los expertos, las combinaciones son variadas. También las hay menos corrientes, como aquellas que involucran modalidades sensoriales menos sobresalientes, como el olor o el tacto. Tal es el caso del inglés James Wannerton. “Tengo uno de los tipos más raros de sinestesia. Siempre que escucho un sonido, experimento involuntariamente sabores y texturas en mi boca. No es una asociación: realmente siento como si estuviera comiendo algo. Siempre que hablo, leo o escribo, cada palabra tiene un sabor, una textura y una temperatura únicos. Cuando escucho una conversación, percibo un sabor, y luego otro y otro… Cada uno reemplaza al anterior. Algunos sabores son tan fuertes que permanecen en mi boca y me provocan un antojo por esa comida en particular”, relata.  

Vivir con sinestesia

¿Cómo es el día a día de un sinestésico? Wannerton revela que la sinestesia afecta todos los aspectos de su vida. “Tengo que leer muy rápido, ya que así  se reducen las experiencias gustativas y puedo comprender mejor el texto. Solía elegir novias que tuvieran nombre sabrosos: aunque parezca mentira, eso era tan importante para mí como lo es la apariencia física para los demás. Me encanta el color índigo porque es ‘rico’, así que esa es la tonalidad que predomina en la decoración de mi casa, en mi ropa… ¡Y es el color de mi auto!”, exclama. En general, si bien puede tener sus contratiempos –a veces, afecta la concentración–, la sinestesia ofrece sus ventajas a la hora de percibir el mundo. “Suelen tener memorias excepcionales, a veces fotográficas, lo que científicamente se conoce como ‘eidética’”, agrega Citowik. La memoria de Wannerton, por ejemplo, siempre fue una de sus grandes aliadas: “En la escuela, me resultaba muy sencillo aprenderme una lista porque cada elemento tenía su propio sabor, y puedo recordar secuencias de sabores sin mayor esfuerzo”. 

Para un inglés, una de las cosas más complejas es recordar el orden de las estaciones del metro de Londres. A fin de lograrlo, Wannerton recurrió a su extraña habilidad y diseñó un nuevo mapa. En su versión, el nombre de las estaciones fue reemplazado por el sabor que a él le evoca: “Nunca utilizo los nombres de las estaciones”. Los sinestésicos suelen ser muy creativos, ya que echan mano de su extraordinario don para enriquecer sus trabajos. “Uso mis habilidades sinestésicas en el proceso de creación de mis obras. Tengo un excelente sentido del color y del espacio, y los utilizo a diario. Tuve suerte de poder dedicarme al arte, algo que me apasiona”, cuenta Carol Steen. 

No existe un tratamiento para la sinestesia, básicamente porque no es una enfermedad. “Por lo tanto, no requiere tratamiento alguno. De hecho, los sinestésicos nunca querrían dejar de serlo, a menos que se sientan ridiculizados por la gente. Ellos no entienden cómo puede verse el mundo sin sinestesia de la misma manera que nosotros no entendemos cómo ellos ven el mundo realmente”, cierra Callejas, desde la Universidad de Granada.

Alta creatividad

Dada la extraordinaria capacidad sensorial de las personas sinestésicas, no sorprende que muchos artistas famosos presentaran esta condición. Tal es el caso de los pintores David Hockney y Wassily Kandinsky, el poeta Charles Baudelaire, los compositores Nikolái Rimski-Kórsakov y Olivier Messiaen, el escritor Vladimir Nabokov, y los músicos Paul McCartney, Billy Joel y Lady Gaga.

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