ACTUALIDAD


Sri Lanka con los ojos de un argentino


Por Carolina Cattaneo.


Sri Lanka con los ojos de un argentino 

Diego Morlachetti es un reconocido Tea Master, fundador y director de la Escuela Argentina de Té. Nombrado por el gobierno de Sri Lanka como Comisionado de Té, nos lleva en un viaje exprés por esa fascinante isla asiática.

Diego Morlachetti estuvo cerca de ser médico. Pero su interés por la calidad de vida de las personas lo acercó a la medicina ayurveda, y esta, al médico y escritor indio Deepak Chopra, de quien fue traductor en sus visitas a América Latina. Por su trabajo con Chopra viajó por primera vez a la India. Allí, digamos, podría haber empezado la fascinación de este rosarino de 38 años por la fusión de hierbas y la preparación de tisanas para aliviar dolores y penas. Allí, digamos, podría estar la semilla que más tarde lo llevó a estudiar una carrera en los Estados Unidos para convertirse en Tea Master, o profesional del té, a crear luego la Escuela Argentina de Té y, más tarde, a que el gobierno de Sri Lanka lo nombrara Comisionado de Té de esa isla asiática en nuestro país. Chopra, la India y las tisanas podrían haber sido el principio si no fuera que entre los más antiguos recuerdos que tiene Diego en relación con el té, aparece la figura de su abuelo materno, un inmigrante italiano relojero que diariamente preparaba su té con la misma precisión que desarmaba relojes.

“Yo lo esperaba a él cuando venía de trabajar a las seis de la tarde –cuenta, tetera y tazas de por medio–. Él tomaba el té de parado en la mesada de la cocina. Usaba siempre la misma taza y un colador de acero inoxidable. Recuerdo cómo las hebras quedaban sumergidas en el agua. Él sacaba las hojas, las ponía en un plato pequeño, yo me paraba en un banquito y, mientras él tomaba, charlábamos. Yo esperaba ese momento puntual, cuando él ponía el colador en el plato y jugábamos a ver qué formas dibujaban las hojas de té”. Los sábados, la abuela de Diego preparaba té para todos sus nietos. Aquello era la posibilidad que tenían los primos de encontrarse y de pasarse horas escuchando historias alucinantes.“Lo importante no era lo que estaba en la taza, sino lo que se generaba alrededor de la mesa”.  Desde entonces, Diego supo algo que jamás olvidaría: “Cuando se sirve té, se genera algo excepcional, que es vivir una experiencia común con gente que no tiene nada que ver con uno. Por eso, el té oficia como elemento de comunión entre las personas. Mi abuela decía: ‘Uy, se nos está acabando el té’. La preocupación era ‘Que no se acabe la comunión’”. 

País de buenos deseos 

Desde 2010, apenas acabados sus estudios en la Tea Master Association de los Estados Unidos, Diego quiso compartir todo lo que había aprendido allí. Con la certificación de Tea Master en mano –la titulación más alta a la que se puede acceder en el mundo académico del té–, creó junto a su madre y a su hermana la Escuela Argentina de Té (EAT), que hoy tiene una sede en el 457 de la calle Italia, en Rosario. Allí forma a profesionales de Santa Fe, pero también recibe a alumnos de otras provincias y del resto de América Latina?(amén de las clases que se dan una vez al mes en el Krista Hotel del barrio porteño de Palermo). El intenso trabajo de formación y difusión llevó a Diego de viaje por  Asia: estuvo en China, la India, Nepal y Taiwán. En 2014, y por segunda vez, viajó Sri Lanka, el país al que, seguramente, volverá una y otra vez como Comisionado de Té?(rol otorgado por el Ministerio de Plantaciones de Té). Su misión es interactuar como conector entre los dos gobiernos para difundir novedades e intercambiar conocimientos. 

Diego cuenta que antes de su primer viaje a la antigua isla de Ceilán, esperaba encontrarse con una nación parecida a la India, por aquello de que Sri Lanka recibió una gran inmigración de miles de personas procedentes del sur de ese país, pero no... “Me encontré con un país muy amable y pequeño, que entra cincuenta veces en la Argentina. Lo primero que me impactó fue que en el aeropuerto leí en letras muy grandes la palabra ‘Ayubowan’. Pasé por Migraciones, y la persona que me atendió me dijo: ‘Ayubowan’. Todos los que me cruzaba me decían ‘Ayubowan’. Significa: ‘Feliz y larga vida’. Te conozcan o no, todos te desean ‘Ayubowan’. Extraordinario”, recuerda.

En su recorrido por más de cinco ciudades, entre ellas Colombo, la capital, Diego visitó organismos oficiales, fábricas y cientos de hectáreas dedicados al cultivo de té, donde las mujeres, vestidas de azul, recolectan las hojas a mano y las cargan en un recipiente liviano que llevan en sus espaldas. Ahí constató por qué los srilankeses se llaman un smiley people country, o sea, un país de gente sonriente. “Para ellos es una cortesía sonreír cuando los mirás a la cara. Tienen problemas, es un país pobre, pero si los mirás, te sonríen”, cuenta.  Allí la gente se levanta a las cuatro de la mañana para comenzar sus actividades. La rutina laboral tiene una ceremonia. “Todas las mañanas, los trabajadores prenden velas y le piden a su dios del fuego claridad y luz para tomar buenas decisiones. Luego cantan el himno nacional y, durante cinco minutos, se dicen buenas palabras entre ellos. Nadie puede tirarse una pálida, como ‘Anoche dormí mal’”.

Diego se apasiona cuando cuenta que el territorio fue codiciado por Portugal, los Países Bajos y el Imperio británico. Y que el lugar del té lo ocupaba el café, pero que una plaga cambió la historia y que un escocés, James Taylor, fue quien hizo las primeras pruebas para convertir al país en el segundo exportador de té del mundo.  El rosarino enfatiza sobre sus comidas especiadas y picantes, y destaca que los funcionarios, por el calor, visten túnicas blancas y suelen andar descalzos.  En las ciudades puede haber un templo budista enfrente de una capilla católica y una mezquita. Y sorprende que  se mantenga aún el sistema de castas y que los matrimonios, en las familias más tradicionales, todavía sean acordados entre los padres. O que los hijos, cuando se despiden de sus padres por unos días, se tiendan boca abajo en el suelo, en una reverencia porque ellos les dieron la vida. “La pureza de corazón de esas personas tan humildes me resultó conmovedora, en especial la de quienes trabajan silenciosamente en un campo de té cortando hojas a mano, para luego elaborar esas hojas que millones de consumidores beben en diversos países. Gran parte de ellos son budistas e hinduistas. El rol de la religión es vital, es su principal sustento frente a cualquier situación de la vida. La gente practica ser buena. Creo que eso hace a las personas más sencillas de corazón y de mente”.  

Sri Lanka, bajo la lupa de Diego Morlachetti

•La isla tiene forma de pera, con 600 km de norte a sur y 350 km de este a oeste.
•Portugueses y holandeses llegaron al territorio en 1505 y 1624, respectivamente, interesados por las especias, sobre todo la canela. Inglaterra lo hizo en la década de 1790, cuando se cobró una ayuda militar a Holanda con los puertos de Colombo y de Trincomalee. Fue colonia del Imperio británico hasta 1948, cuando logró su independencia.
•La venta del té mantiene el modelo británico de las subastas, donde participan brokers que representan a las fábricas y compradores de té que representan a las grandes empresas. Venden un millón y medio de kilos semanales.
•Sri Lanka tiene 710 fábricas de té, con unos 10.000 a 15.000 tés distintos.
•Su gastronomía está basada en vegetales bastante especiados y picantes, legumbres, arroz, pescados y té. Los platos se sirven casi siempre fríos o tibios por el calor reinante en la isla. 
•Las vestimentas más tradicionales son el saroon para los hombres grandes, y el sari para casi todas las mujeres. Las más jóvenes visten más a la manera occidental.

nueva, todos los domingos con:


El Norte La Capital Nuevo Diario El Día La Gaceta Rio Negro Primera Edición Uno - Mendoza Uno - Entre Ríos Uno - Santa Fe Diario Norte Puntal - Córdoba La Nueva Diario Democracia El Independiente Diario Norte