INVESTIGACIÓN


Misión posible


Por Revista Nueva.


Misión posible
Una buena meta para el 2015: sentirnos plenos en el trabajo. Sergio Sinay sostiene que es uno mismo el responsable de no dejar pasar la felicidad laboral. Claves para lograrla.

De chiquitos, todos queremos ser astronautas o princesas. En los casos más realistas, tal vez, queremos ser abogados, como papá, o decoradoras, como mamá. En la juventud, al elegir una carrera, nos dejamos llevar por esa que creemos o sabemos que es nuestra vocación. Pero recién en la adultez, cuando ya estamos cumpliendo un horario laboral y luchando contra las inclemencias del oficio elegido, se abre paso una pregunta que –tarde o temprano– todos nos hacemos: ¿nos hace feliz nuestro trabajo? Y las respuestas varían de acuerdo con el caso, pero hay más de un estudio que confirma lo que uno sospecha sin ser un avezado analista: son muchas las personas que están disconformes con lo que hacen a diario. En el plano local, un relevamiento del portal trabajando.com detectó que el 82% de los trabajadores argentinos se sienten insatisfechos con su trabajo. ¿La causa más alegada? Que no hacen lo que realmente les gusta.

Sin embargo, Sergio Sinay, autor del libro ¿Para qué trabajamos?, interpone una variable categórica en ese aspecto: todos los trabajos pueden ser disfrutables si uno se propone que lo sean. El bienestar no depende solamente de la profesión en la que nos desenvolvemos, sino en cómo elegimos vivirla. 
“No todos trabajamos en lo que queremos o en lo que nos gusta, y esto obedece a distintas circunstancias. Muchas veces, no hay opción en el momento de elegir el trabajo. Sin embargo, creo que siempre hay una opción que no nos puede ser quitada. La de elegir con qué actitud afrontaremos el trabajo que hacemos”, sentencia este especialista con formación en sociología, psicología gestáltica y psicología transpersonal, entre otras disciplinas. Y agrega: “El filósofo francés Jean-Paul Sartre decía que no somos responsables de la vida que nos dan, pero sí lo somos de lo que hacemos con esa vida. Esto incluye el trabajo”.  Y para encontrar ese porqué, Sinay habla en su libro de entender el trabajo como un acto alquimista, en el que los seres humanos transformamos en algo mejor esa materia prima de la que nos abastecen. 

“Los humanos somos seres transformadores por naturaleza. Transforma el ingeniero que diseña un puente, el albañil que construye una casa, el panadero que hornea pan, la abuela que une ingredientes para cocinar una torta, la mucama que pone orden donde se había instalado el desorden…”. Así, según plantea el autor, el trabajo nos brinda un diamante en bruto que nosotros convertimos en algo mejor, como auténticos alquimistas. Y allí se esconde el sentido más profundo, el que debería hacer que atravesemos nuestro trabajo con felicidad.

Manos a la obra

Aun cuando uno logra descubrir el verdadero valor de su trabajo, las horas de labor cotidiana pueden jugarle una mala pasada a nuestro ánimo. ¿Qué se puede hacer para trabajar con más alegría? Sinay, como primer punto, habla de lograr un equilibrio entre la vida personal y la laboral.
“Se trata de tener un trabajo para la vida y no una vida para el trabajo. Es decir, no separar los territorios, sino integrarlos. Mucha gente pasa horas de más en el trabajo no por necesidades económicas reales, sino porque cuando sale del trabajo le espera un vacío, aunque tenga familia. Si le damos sentido a nuestra vida de familia y a nuestra vida de trabajo, ambas se integrarán de manera armónica”, asegura. 

–Otra de las claves, según explicás en tu libro, es intentar trabajar en algo que realmente nos guste…
–Es probable que las actividades que más nos gratifiquen sean aquellas en las cuales nuestra vocación y nuestra tarea coincidan. La palabra “vocación”  proviene del latín vocatio, es decir, “llamado”. Es un llamado interno, yo diría un llamado del alma, que pide ser atendido. Ese llamado nos guía recordándonos cuáles son nuestros dones, nuestras capacidades y posibilidades, y nos recuerda que busquemos para ellos canales de expresión. 

–En un mercado laboral tan complejo, ¿cómo hacemos para encontrar el trabajo en el que poner en marcha nuestras capacidades?
–Los expertos en temas laborales coinciden en que, en el futuro mediato, cada persona deberá diseñar su propio trabajo y que, cada vez menos, los empleos serán provistos por otros. Frente a esto sería bueno tener una actitud proactiva, imaginar en qué se pueden aplicar nuestros dones y empezar a generar espacios para hacerlo. 

–Uno de los puntos de mayor disconformidad de los trabajadores es la falta de reconocimiento, tanto en lo económico como en lo personal. 
–Eso sucede porque muchas veces se olvida que quienes trabajan son personas y se las ve como piezas de un mecanismo en el que son siempre medios y nunca fines. Las personas deben adecuarse a ese sistema y sus aspiraciones tienen que desaparecer. De esa manera, el individuo se convierte en la pieza de un engranaje y deja de ser irreemplazable. Así, una persona pasa a ser un recurso humano. Y un ser humano puede contar con recursos diferentes, con más o menos recursos, pero jamás puede ni debe ser él mismo un recurso.

–¿Se puede pelear contra eso?
–Las oportunidades de ser felices no nos las dan. Las construimos nosotros con nuestras elecciones, con la manera en la que nos vinculamos con los otros, con la forma en que vivimos nuestros valores. Los seres humanos trabajamos para transformar el mundo. Y todo trabajo ofrece posibilidades de que, mediante nuestra acción, el mundo quede un poquito mejor de cómo lo encontramos al llegar. La responsabilidad de descubrirlo es absolutamente nuestra. Si nos desentendemos, como puede y suele ocurrir, ningún trabajo tendrá sentido. Es hora de preguntarnos si somos lo que hacemos o si hacemos lo que somos. Convertirnos en lo que hacemos degrada la tarea; en cambio, si hacemos lo que somos, podremos ennoblecer cualquier oficio y, a través de él, el mundo. 

Palabras de líder 

Dicen que todos tenemos un don y que descubrirlo es la punta del ovillo para desarrollar una actividad profesional feliz. Steve Jobs, presidente de Apple, gran conductor y muy conocido por su fuerte impronta motivacional, siempre aseguraba: “Tu trabajo va a ocupar una gran parte de tu vida y la única manera de sentirte realmente satisfecho es saber que haces un trabajo estupendo. Y la única manera de hacer un gran trabajo es que te encante. Si aún no sabes qué es, sigue buscando. No te conformes con menos”.

El conferencista danés Alex Kjerulf, director de la web positiveshearing.com, elaboró un proyecto a partir del cual viaja por el mundo enseñando a los trabajadores de las grandes corporaciones cómo ser más felices. Estos son los cinco puntos más importantes de su propuesta:

•Saber lo que me hace feliz o infeliz en mi trabajo es responsabilidad mía.
•Ocurrirá algo cuando yo haga algo.
•Sé que mi felicidad en el trabajo influye en mi salud.
•Cuando soy feliz, trabajo mejor que nunca.
•La felicidad en el trabajo es contagiosa. Voy a ser portador.
 

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