ENTREVISTA


Soy un hombre afortunado


Por Leo González.


“Soy un hombre afortunado”
Por primera vez en su carrera, filmó tres películas en un año. Mientras espera volver a la TV con Nancy Dupláa, presenta Papeles en el viento. De la amistad, de la fama y de los balances: de todo eso habla Pablo Echarri.

Pablo Echarri nunca dejó el barrio. O esa es la sensación que da charlar con este actor y productor nacido en Avellaneda hace 45 años. Pese a la fama y los flashes, quedan en él los resabios de la infancia y la juventud: la crianza en un hogar humilde, la universidad de la calle, o sus trabajos como cadete y empleado en una tienda de ropa para mujeres. 
Pasó el tiempo y, con el resultado puesto, estamos frente a uno de los actores más cotizados de nuestro país. Con cada vez más fuerza en el rol de productor, por estos días se lo puede disfrutar en la pantalla grande, en una adaptación al cine de uno de los mejores libros de Eduardo Sacheri (uno más y van…).

“Me atrapó el relato conmovedor de Papeles en el viento. Es la historia de cuatro amigos que compartieron muchas cosas en la vida, como el amor y la pasión por el mismo club. Durante y después de la enfermedad y la partida del alma máter del grupo, empiezan a intentar resignificar esa relación, ese vínculo. En el trayecto, comienzan a surgir las diferentes visiones que tienen sobre la concepción de la amistad. Y trasunta también cómo la vida lo trató a cada uno”, narra entusiasmado Echarri, quien, dirigido por Juan Taratuto, comparte cartel con Diego Peretti, Pablo Rago y Diego Torres.

–Lo del fútbol es casi anecdótico.
–Esta película no está dirigida exclusivamente a los fanáticos del fútbol. Que lo seas te ayuda a entender el sentimiento que corre por estos cuatro amigos, pero el fútbol es una pincelada, un color que tiene Papeles en el viento. Lo interesante de este film es cómo pone la lupa en la evolución de las amistades a lo largo del tiempo. Están aquellos a quienes la vida les va ofreciendo cosas diferentes, y otros permanecen exactamente igual que hace veinte o veinticinco años. 

–¿Cómo entendés vos eso?
–Creo que nos pasa a todos los que tenemos más de 40 años; cómo vivimos una amistad tiempo atrás y cómo la sentimos en la actualidad, más allá de si la pudimos conservar o no. Los ojos que le ponemos hoy no son los mismos que los de ayer. De mi grupo de amigos yo fui el que “cruzó el charco”, el que se dedicó a algo más estridente, a un oficio más pomposo, más llamativo. Y eso hace que cambie el panorama. Intentar mantener una amistad intacta a través del tiempo es imposible. 

Lo que resulta imposible es que, entre tanta introspección, Pablo no viaje con los recuerdos hasta aquella adolescencia que pasó en Villa Domínico, en el sur del Gran Buenos Aires. “Estudié en la E. E. T N°5 “Dr. Salvador Debenedetti”. Hice muchas cosas: tomé cuatro o cinco clases de plomería, otras tantas de dibujo, hasta practiqué judo. Pero, la verdad, tenía un sueño diferente y dejé todo eso”, revela. 

–Un sueño que te explotó en las manos. Incluso te “escapaste” a Brasil por eso. ¿Qué pasó?
–Fue cuando la fama creció exponencialmente. Me fui un tiempo, ya que quería estar en un lugar en donde no me conociera nadie. Puse un bar. En ese momento había salido de una relación y necesitaba abrirme paso en un lugar diferente. La intención de desaparecer un rato me duró poco. La melancolía, el amor por mi país y darme cuenta de que tampoco me tenía que ir tan lejos para arreglar ciertas cosas me hicieron volver. 

–¿Te sirvió desenchufarte?
–Sí, claro. Me parece que a todo el mundo le puede servir, sobre todo cuando tenés las luces o los focos de las cámaras tan encima. Ahora estoy más grande y paso más desapercibido, pero, en esa época, me seguían mucho los periodistas. El hecho de alejarme, tomar distancia y analizar mejor la situación fue muy bueno.

Cinéfilo

En el último tiempo hay más Echarri dedicado al séptimo arte. No es casualidad. Es un trabajo que se tomó con ahínco. “Cuando hacés teatro o televisión, los productores cinematográficos no hacen mucho foco en uno. Te ven al aire y creen que no tenés el tiempo físico para hacerlo. Hay algo de verdad en eso: para poder filmar, hay que relegar algunas de las actividades que realizás. Venía de hacer tiras, como El elegido –que además había coproducido con mucho esfuerzo–, y obras de teatro, como El hijo de puta del sombrero. Para que aparezcan títulos en cine, tenés que frenar esa vorágine”, define quien hizo Arrebato y empalmará Papeles en el viento con El encuentro de Guayaquil, una película de Nicolás Capelli que trata sobre el encuentro entre José de San Martín y Simón Bolívar. “Creo que fue el primer año de los casi veinte que llevo en el medio que pude filmar tres películas. El año 2014 fue muy prolífico para mí”.

–¿Te molesta tener que dar explicaciones sobre tu postura política?
–Voy a todos lados y me gusta hablar abiertamente. Lo que pasa es que, si bien trato de expresar mi idea política y no rehusarme a la pregunta, hay espacios que ya se transforman en una emboscada. Vos sabés que la respuesta ante una pregunta va a traer cola y eso llama más la atención que el trabajo que estás presentando. Termina siendo un arma de doble filo. 

–¿Cómo te manejás ante eso?
–Trato de opinar con argumentos y, si es posible, no irritar al que piensa diferente. Si en un momento de la charla tengo la oportunidad de apuñalarte, lo voy a evitar. Es costoso hoy estar promocionando algo en lugares donde sabés que te van a apalear. Pero nunca me caractericé por ser moderado o cuidadoso, así que a veces me sale más patear el tablero. Pero es un arrebato que después termino pagando.

–Si hacés un balance de tu vida, ¿te considerás una persona con suerte?
–Sí, soy un hombre afortunado al cien por ciento. Siento que lo que obtuve es consecuencia de la búsqueda. Busqué y encontré los mejores tesoros, tanto a nivel laboral como personal. Sinceramente, no le puedo pedir más a la vida.

Un largo camino 

Hincha de Independiente, empezó a los 18 años a estudiar actuación con Lito Cruz. En TV se destacó en Alta comedia, Inconquistable corazón, Por siempre mujercitas, Mía, solo mía, Los buscas de siempre, Resistiré, Montecristo y El elegido, entre otras participaciones. En teatro hizo El hombre almohada y El hijo de puta del sombrero. En cine, El desvío, Plata quemada, Apasionados, Peligrosa obsesión, El método, Crónica de una fuga y Las viudas de los jueves, entre otras películas. Ganó tres Martín Fierro.

Lo que viene

¿Explotará el minuto a minuto del rating? Motivos no faltarán, ya que Pablo Echarri volverá a la pantalla chica. ¿Su compañera? Nada más y nada menos que Nancy Dupláa, madre de sus dos hijos (con quien ya compartió película, obra de teatro y programas de tevé). “Con mi productora, El Árbol, volvemos un poco a lo que fue la estructura de El elegido o Montecristo. Esperemos tener suerte”, adelanta Pablo. Al parecer, Duplaá será una delegada gremial que defiende los derechos y obligaciones de sus compañeros trabajadores. ¿Echarri? Un abogado oportunista. La telenovela, que todavía no tiene nombre, reemplazaría a Viudas e Hijos del Rock & Roll. A esperar.
 

nueva, todos los domingos con:


El Norte La Capital Nuevo Diario El Día La Gaceta Rio Negro Primera Edición Uno - Mendoza Uno - Entre Ríos Uno - Santa Fe Diario Norte Puntal - Córdoba La Nueva Diario Democracia El Independiente Diario Norte