INVESTIGACIÓN


Pequeños grandes genios


Por Oscar Armayor..


Pequeños grandes genios 

Una nueva generación de teenagers superdotados brilla en el campo de la informática. Tienen menos de 18 años y las empresas y organizaciones más prestigiosas se pelean por ellos. Quiénes son, qué hacen y cómo piensan. Casos de aquí y de allá. 

Con 11 años, Mahmud Wael es el chico más inteligente del mundo. Al menos así lo certifica su coeficiente intelectual de 155 puntos. Cuando tenía 9, este egipcio ya había aplicado en la Universidad Americana de El Cairo; hoy es técnico de Microsoft por su capacidad para resolver complicados cálculos matemáticos y por saber moverse por las redes informáticas como pez en el agua. 

Lo de Mahmud ya no es una excepción a la regla. En la actualidad, existe una tendencia en las grandes empresas vinculadas a Internet: emplear a prodigios cada vez más jóvenes. Compañías como Google o Facebook cuentan entre sus filas con desarrolladores y programadores de entre 13 y 14 años; incluso, algunos de ellos dictan clases en el MIT y en colegios de formación avanzada. El fenómeno se completa con empresas y universidades que reúnen en sus staff a “mentes” brillantes, con escasa o nula experiencia laboral. Michael Sayman tenía 12 años cuando la crisis financiera estadounidense de 2008 obligó a su familia a abandonar su casa y a comenzar una dura batalla por la supervivencia. 

Michael, hijo de padre boliviano y madre peruana, había comenzado a trabajar en el diseño de aplicaciones de juegos, de actividades educativas y de entretenimientos para iPhone y iPad: en pocos años, desarrolló un importante número de esas aplicaciones para App Store. Con ellas, alcanzó los ¡dos millones de usuarios! Durante 2013 invirtió casi todo su tiempo en el desarrollo del juego 4 Snaps, un éxito global, furor en los adolescentes. Así, Michael se convirtió en el principal sostén de los Sayman. Pero la historia no termina allí, ya que, con apenas dieciocho primaveras, llamó la atención de Mark Zuckerberg, quien le ofreció una pasantía en la escuela secundaria de Facebook, para luego contratarlo como uno de los ingenieros más jóvenes de la red social. Precisamente, Zuckerberg fue un joven precoz que, en 2004, creó una red informática que tenía como finalidad compartir fotos, ideas, gustos, hobbies y amigos. Comenzó siendo una red universitaria para sus compañeros de Harvard. Facebook se extendió poco a poco por todo el mundo.

Podría decirse que la generación de niños prodigio arranca en los años ochenta, cuando las computadoras personales comenzaron a llegar a los hogares y a las escuelas. El Apple II, el Commodore 64 o el ZX Spectrum fueron maravillas para la época, que abrieron a los más jóvenes un horizonte infinito de exploración y aprendizaje en el campo de la informática. Chicas y chicos no mayores de 12 años adoptaron las computadoras como si se tratara de verdaderos juguetes electrónicos, con los cuales, a la vez, podían crear programas de entretenimientos desde sus propias habitaciones y venderlos por miles de dólares en Estados Unidos y Europa. Había nacido un ejército de púberes programadores, que, a partir de la aparición de Internet y su desarrollo a nivel mundial, se impusieron como una nueva elite de superdotados. 

Para bien… y mal

A mediados de los años ochenta, Jason Jones y Alex Seropian rondaban los 15 años. Comenzaron siendo programadores de computadoras Apple; luego fundaron Bungie Studios, la empresa que lanzó al mercado famosísimos videojuegos en red, como Minotaur, The Labyrinths of Crete, Marathon, Myth, la saga Halo, y el reciente y explosivo Destiny.

Sin embargo, no todos los niños prodigio logran salir del anonimato. Personalidades complejas –en ocasiones, incomprendidas–, y presiones y exigencias de su entorno por ser superdotados frustran su carrera en la edad adulta. Otros alcanzan notoriedad al cruzar la delgada frontera –que hay– entre lo legal y lo delictivo.  A los 13 años, el inglés Aaron Bond se convirtió en el programador y desarrollador más joven para iPhone de toda Europa (a los 8 había creado su primera página web). Un niño brillante a quien, un buen día, se le ocurrió la traviesa idea de hackear el sistema informático de su escuela, accediendo  a información confidencial relacionada con alumnos, personal docente e, incluso, con una de las máximas autoridades del King Edward VI College. 

Aaron fue expulsado del colegio. Para el King Edward VI College constituyó una medida disciplinaria ejemplar; no obstante, cabe preguntarse si alguien allí no estará lamentándose de haber dejado escapar de sus claustros a un nuevo Mark Zuckerberg. ¿Pero qué es legal y qué es ilegal en Internet? El estadounidense Aaron Swartz es considerado como uno de los hackers más famosos de la historia. Activista e implacable defensor de una Internet libre, a los 14 años colaboró en el desarrollo de la base del código RSS (Really Simple Syndication), un formato XML para compartir y difundir información actualizada en la Web. Fue también cofundador del sitio web Reddit, más tarde editor voluntario de Wikipedia, y, posteriormente, miembro del Centro de Ética de la Universidad de Harvard. 

Para la ciencia de la informática, Swartz se perfilaba como un genio deslumbrante. Pero en julio de 2011 fue acusado de hackear la base de datos de JSTOR (Journal Storage), uno de los mayores archivos digitales de importantes revistas científicas de todo del mundo. Utilizando la red informática del MIT (Instituto Tecnológico de Massachusetts), sustrajo casi cinco millones de artículos y documentos con el fin de compartirlos en sitios web de descarga gratuita. Los cargos en su contra preveían una condena de más de cincuenta años de prisión, pero, antes del juicio, Swartz se suicidó. Fue en 2013, tenía 26 años.

Hay quienes adoptan una actitud diferente en relación con los hackers. Son los que sostienen el lema: “Si no puedes contra ellos, únete a ellos”. La compañía Apple se destaca por contratar a quienes vulneran sus sistemas de seguridad. ¿Un ejemplo? El joven hacker apodado “Winocm”, de tan solo 17 años, participó en la creación de un jailbreak (literalmente “fuga de la cárcel”),  un proceso que permite a los usuarios acceder libremente al sistema operativo de la empresa, y descargar aplicaciones y extensiones no disponibles a través de la tienda oficial de Apple. En otras palabras, hackear App Store oficial.

En casa, también

“Cuando sea grande, me encantaría dirigir una empresa de software”, decía, en 2010, Kouichi Julián Andrés Cruz. Por aquella época, tenía 12 años y terminaba el secundario con un promedio de 9. Kouichi no es japonés (su nombre sí y significa “brillante único”): nació en Neuquén. Y fueron sus padres, Ana y Rolando, los primeros en asombrarse por la capacidad de aprendizaje de su hijo: con apenas 2 años, el pequeño manejaba perfectamente el mouse de la computadora; a los 3, ya leía con fluidez. Para la Organización Mundial de la Salud (OMS), una persona que supera los 130 de coeficiente es un superdotado. A los 4 años, a Kouichi el test de inteligencia le dio 145.

A comienzos del año 2011 ingresó en la licenciatura de Ciencias de la Computación e Ingeniería Informática en la Facultad de Astronomía, Física y Matemática de la Universidad Nacional de Córdoba. Kouichi tenía 13 años. Al terminar su primer año universitario, había aprobado quince materias. Él asegura no tener ningún método de estudio especial: “Con prestar atención en las clases y leer los apuntes,  me queda todo en la cabeza”.Ya a los 15, y manejando casi seis idiomas, Kouichi recibió propuestas de empresas y fundaciones argentinas relacionadas con el software y la informática. Pero él siempre privilegió el estudio. Actualmente, con dieciséis primaveras, cursa tres carreras vinculadas a la ingeniería informática.

Hay otro caso fronteras adentro. Es el de Santiago Aranguri. Con apenas 14 años desarrolló una aplicación para celulares que ayuda a buscar gente extraviada. “Comencé a interesarme por la programación a los 12 años. En la escuela ORT aprendí bastante del tema, ya que participo en la olimpíada de informática. También tengo mucho de autodidacta, con cursos y video tutoriales en Internet. Pero, fundamentalmente, destaco el aprendizaje que uno tiene mientras está realizando una plataforma. En mi caso, con el desarrollo de la aplicación Personas Perdidas, me enriquecí muchísimo”, desliza Santiago, acreedor de varios premios.

¿Cómo funciona Personas Perdidas? Él mismo lo explica: “Comienza cuando un familiar de una persona perdida la reporta en la plataforma. Luego de que estos datos son verificados, se alerta a todos los usuarios que están cerca del lugar de extravío, para que así puedan ayudar en su búsqueda. La idea es armar una red de usuarios interconectados, para que, en conjunto, se pueda cumplir el objetivo de dar con la persona extraviada lo antes posible, y, de esta manera, reducir la gran angustia en sus familiares”.

Santiago comenzó a desarrollar Personas Perdidas a principios de 2014. En octubre ya tenía una versión final. “Para la difusión, tomé contacto con una ONG especializada. Así comenzamos a darle un carácter de seguridad y funcionalidad a la plataforma. En este momento, ya estamos bastante avanzados. El desarrollo lo estamos haciendo para los tres sistemas operativos de celulares más conocidos: Android, iOS y Windows Phone. Esta aplicación también es web; es decir, se puede entrar desde cualquier celular con acceso a Internet”, agrega. Y termina: “Aunque fue difícil y muchas veces me trabé, pude llevar a cabo un gran proyecto. Al principio pueden existir prejuicios y miedos, externos e internos, pero cualquiera, con dedicación y perseverancia, puede hacer realidad sus pasiones”.
 

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