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“Yo necesito crear”


Por Revista Nueva.


“Yo necesito crear”
Teresa Sapey es italiana y estudió en Turín, pero habla perfectamente castellano, con tonada madrileña. Esta diseñadora, con infinidad de premios ganados y que se codea con los grandes del mundo, estuvo de paso por Buenos Aires. Dio una charla magnífica en el Encuentro Internacional de Interiorismo y Diseño organizado por DArA (una asociación sin fines de lucro, constituida para desarrollar y promover temáticas afines al diseño y la decoración de interiores), y cautivó a la audiencia con su humor y su creatividad. Estos dones, sumados a su profesionalidad y buen gusto, la llevaron a ocupar un puesto súper destacado en el mundo del diseño. Hablamos de su humor, porque es algo que tiene a raudales. Nos cuenta, por ejemplo, que su estudio en Madrid funciona en un antiguo tablao flamenco, justamente donde nació el romance entre Dominguín y Ava Gardner. Estudió Arquitectura en la Universidad Politécnica de Turín, es licenciada en la Parsons School of Design, y también tiene un máster en La Villette, la Escuela Nacional Superior de Arquitectura de París. 

Hace unos meses se inauguró en el Beefeater London District, ubicado en la Estación del Norte de Madrid, el hotel más pequeño del mundo (tiene solo 15 m2), un proyecto personal, realizado para Room Mate Hotels. “No hay que hacer cosas grandes para hacer cosas buenas”, apunta quien se hizo famosa en 2005 al diseñar el estacionamiento del hotel Silken Puerta América (en esta obra se codeó con arquitectos de enorme reconocimiento, como Jean Nouvel, Zaha Hadid y Norman Foster). El resultado fue alucinante y sus acciones subieron increíblemente en el mercado del diseño. 
 
–Convertiste un viejo y oscuro estacionamiento en un lugar luminoso y súper agradable. ¡Cuánta magia! ¿Cuál es la clave? ¿Dónde hay que poner el foco de un proyecto?
–En la persona. Gracias por lo de la magia, me encantaría ser bruja... mala (risas). Hablando en serio, creo que es más profesional poner el foco en las personas. Más preocupados por los premios o por salir en las revistas, los arquitectos se olvidan de ellas. Olvidan al hombre, que es lo más importante.
 
–Esa obra fue tu salto a la fama junto a popes como Hadid y Foster. ¿Hoy le cambiarías algo a ese diseño? ¿Te siguen emocionando tus trabajos después de haberlos terminado?
–Con mucha humildad, tengo que decir que sí: aún me siguen emocionando. En cuanto al estacionamiento, como se está volviendo atemporal, no cambiaría nada. No está envejeciendo y además sigue siendo trendy... Es un sueño, estoy encantada.
 
–En algunos de tus proyectos, en vez de decorar los árboles con detalles tradicionales, se te ocurrió recurrir a círculos de luces de colores que parecen un aviso publicitario. ¿Hay que dejar siempre de lado la obviedad?  
–No, para nada. A veces, las cosas más bellas son las más sencillas. En la obviedad está el genio: si te fijas bien, son una interpretación de las clásicas bolas de Navidad. ¿Qué hay más representativo que eso?

–Buscás que tus obras emocionen. ¿Qué te emociona a vos?
–La vida misma, la luz… Observar el mundo de otra manera. Mirar lo que nadie mira. Hay cosas tan simples, tan pequeñas, que uno cree que no merecen la pena. Todo lo contrario. Una hoja seca, la sonrisa de una persona, un buen café… Trabajo con espacios para provocar emociones. La arquitectura debería producir una variedad de sentimientos para que emocione y sea, a la vez, funcional.

–Sos diseñadora y arquitecta. Son carreras que van de la mano. En tu caso, ¿cuál prima más?
–Realmente no veo tanta diferencia; se trata tan solo de una cuestión de dimensiones. El arquitecto es un creador de espacios y/u objetos estéticamente agradables. En función de la dimensión podemos cambiar el nombre: puedo ser un diseñador de interiores, un arquitecto o un urbanista si diseño para una ciudad. Pero la esencia es siempre la misma.

–¿Creés en el azar?
–No, no creo en el azar de la vida. En el bridge, el comodín no existe. Yo creo en la persona, en el esfuerzo, en cada uno de nosotros.
 
–¿Cómo interpretás lo que te pide el cliente? ¿Hay algún tipo de know how establecido?
–No sé si se puede decir que llegamos a comprender al cliente del todo. Desde luego, es nuestra meta, y de ese entendimiento depende el éxito del proyecto. Cada cliente es único, así que me gusta tratar a cada uno de forma exclusiva.

–¿Podés contarnos alguna extravagancia de tus clientes?
–Hice una casa para una clienta con una cocina con dos hornos, tres microondas y seis máquinas de café… Pero la dueña no sabía cocinar.

–Teresa, ¿cuál vendría a ser el hilo conductor en tus obras?
–Reinterpreto una historia que, como todas, tiene un principio y un final. Para ser coherente conmigo misma, tengo que convertirme en la sombra de mi cliente. Lo analizo e intento comprender, incluso mejor que él, qué es lo que busca, para transformar así el volumen y el espacio en un lugar bonito donde pueda vivir feliz.
 
–¿Qué te inspira?
–Más bien, yo diría qué no inspira. Hasta dormir inspira. En mi caso, parece que estoy genéticamente programada para estar conectada las veinticuatro horas del día.

–¿Tu frase de cabecera?
–Siempre hay que ir a lo más simple. O también: siempre hay que tener proyectos. Cuando uno no tiene proyectos, se aburre.
 
–¿Hacia dónde se dirige el futuro de la arquitectura? 
–Hacia el respeto por el mundo, por la naturaleza. Hacia una arquitectura más humana, menos perfecta, pero más humilde, con raíces locales. El futuro será más local, como en la maravillosa Argentina, con una arquitectura ligada a las tradiciones, a su cultura, su arte y sus colores... ¡Preciosa!

Teresa Sapey

Estudió Arquitectura en el Politécnico di Torino, donde se graduó en 1985. Luego, obtuvo otra licenciatura en la Parsons New School for Design de Nueva York, y un máster en La Villette de París. Es profesora de Investigación plástica en la Universidad Camilo José Cela de Madrid. Fue profesora en la McGill University de Montreal, la Carleton Universtity de Ottawa, la University Waterloo de Toronto y la Domus Academy de Milán, entre otras. Ganó infinidad de premios.

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