ENTREVISTA


Por un mundo mejor


Por Oscar Armayor.


Por un mundo mejor 
Miguel Brea es un artista, pero no cualquiera, sino uno que trabaja para la integración social y ambiental. Tanto sus dibujos como su música transmiten el mensaje de cuidar el medio ambiente. Su último libro se titula Un mundo de peces.

Para definir a Miguel Brea hay que decir que es un artista urbano, social y ambiental. Y un luchador por la belleza interior. El arte es para él un vehículo de desarrollo comunicacional, o una filosofía visual. Esto queda demostrado en su más reciente libro: Un mundo de peces. Miguel habla mucho y con entusiasmo;?sus palabras están cargadas de ideas y proyectos. En 2007, Al Gore, vicepresidente de los Estados Unidos bajo la presidencia de Bill Clinton, le mandó una carta felicitándolo por su trabajo en defensa del medio ambiente. Comencemos por el principio…

–Dibujante, músico, historietista… ¿Cómo empezó tu carrera?
–De chico me encantaba escribir, hacer poesías, leer y dibujar. Cuando estaba aburrido, siempre dibujaba. En el colegio lo dibujaba al maestro; lo copiaba parecido. Seguía el estilo de Sócrates, un ilustrador que hacía unas caricaturas con muchas rayitas. Más tarde entendí que dibujar tiene que ver con amigarse con la forma en que a vos te sale el dibujo. 

–¿La música comenzó con la guitarra?
–Sí, tocaba la guitarra, pero no supe tocar hasta que una profesora me enseñó las notas básicas. Desde entonces, lo hago todos los días. Y pude ponerles música a las poesías que escribía. Así nacieron las canciones. 

–¿Qué es lo que más te gusta hacer?
–Todo lo que hago lo hago porque me apasiona. Tocar la guitarra es algo que amo. Pero no estudié, fui un poco vago. En mí todo es muy intuitivo. Sé poco, pero sé para dónde ir, qué poner, qué queda bien. Tengo una mente muy visual. Si tengo que cocinar, invento recetas. Me imagino que quiero hacer unos huevos, por ejemplo, y me pregunto: “¿Qué  le pongo?”.?Digo: “Sal”. Pero en lugar de sal, ¿qué otra cosa es salada? La salsa de soja. Entonces, en vez   de ponerles manteca o aceite, directamente frío los huevos en salsa de soja. ¡Es genial y queda riquísimo!

–Sos más creativo porque no te atás a formas, reglas ni modelos.
–Para mí tiene que ver con una libertad  enorme de jugar; y actuando de esa manera en cualquier ámbito o actividad de la vida, siempre encontrás cosas maravillosas. En realidad, no-sotros ya sabemos muchas cosas. Hay cierto “filtro” que hace que las cosas nos sean invisibles, pero si sabemos mirar bien, está todo ahí. Alrededor nuestro está todo el conocimiento para hacer lo que quieras. Vos podés ser lo que quieras. Aunque después termines siendo lo que resulta de la lucha entre esa fuerza interna que te quiere llevar en una dirección y los condicionamientos que te impone el sistema o la historia o la genética. Por ejemplo, si querés ser tenista, podés serlo. Tal vez no seas un Federer, pero el asunto es disfrutar de jugar al tenis. 

–¿Cuál es la respuesta que obtuviste hasta ahora con Un mundo de peces?
–El libro es la primera recopilación de la historieta que publico, desde hace casi seis años, en La Nación.com. Es muy interesante lo que pasa con él porque a los chicos les llama mucho la atención. Lo empiezan a mirar, y automáticamente comienzan a dibujar. No entienden lo que dice, pero no importa. Las situaciones, los personajes, los colores son el contenido para ellos. A la vez, ven que sus papás leen el libro porque les interesa la filosofía que conlleva. Es muy lindo descubrir que el niño ve que a su papá le gusta algo que a él también le gusta. De este modo, los dos disfrutan del mismo objeto, cada uno desde su lugar. Así el libro se transforma en un puente. Es lo más bello que me pudo pasar.

–¿A través de las criaturas marinas del libro buscás concientizar sobre el cuidado del medio ambiente?
–Es inevitable para mí que cada cosa que pienso tenga en cuenta la naturaleza. Cada uno de nosotros fue diseñado de una forma determinada para bajar un tipo de información a este mundo. Están quienes son artistas, educadores, líderes u otra cosa, y haciendo lo que hacen son felices, porque se sienten plenos. Eso es porque fueron diseñados para eso y no para hacer otra cosa. Yo siento eso: a mí me sale todo muy fácil porque creo que soy un instrumento para bajar esa información, que no es otra cosa que todo lo que se me va ocurriendo, lo que percibo, lo que observo. 

–Tus trabajos como muralista están casi siempre vinculados a la ecología.
–Insisto desde hace mucho tiempo con el tema de la ecología, lo que me llevó a hacer muchas cosas en cada ámbito. Como muralista hice obras que sirven para integrar a la gente, o a personas con discapacidades. Yo trabajo por la integración social y ambiental, y, a la vez, integro todas las artes para este trabajo. Me interesa el encuentro, el contacto, el intercambio, el diálogo entre los niños, padres, abuelos. Después, las ONG que no quieren que se contamine el mar o que haya más violencia utilizan mi arte para su tarea.

–¿Cómo hay que dirigirse a un niño?
–Los niños son grandes maestros, enormes, y al observarlos podés  aprender un montón. Ellos tienen algo que, en general, los adultos hemos perdido, y es el orden lúdico. Ellos se meten en esa dimensión donde todo es posible y las cosas tienen significados diferentes. Poseo la bendición de poder entrar en ese lugar. Hay que escucharlos: si estás atento, encontrás la materia prima para entablar el diálogo con ellos. 

–¿Por qué en tu historieta los personajes son peces? ¿Qué representan?
–No soy fanático de los peces; dibujo animales. Para mí, el mar es la mente del hombre y los peces hablan sobre lo que pasa ahí dentro, sobre la relación del hombre consigo mismo, con el otro y con el medio que lo rodea. Eso crea un lenguaje. Los peces son como pensamientos. Por eso, Un mundo de peces no es una historieta de humor gráfico, de chistes. Hay de todo, pero no busco el chiste cada vez que pienso una historia. La búsqueda tiene que ver con una reflexión. Me interesa que la gente sea consciente de que existe la posibilidad de mirar las cosas desde otro lugar. 

–¿Sentís que el mensaje se entiende o además necesitás explicarlo?
–A veces se entiende; otras no. Cuando empecé la historieta tome una decisión: “Apta para todo público”. No sé si lo logro, pero lo intento, ya que si quiero hablarles a todas las generaciones, mi mensaje tiene que ser fácil y sencillo. Trato de ser lo más amplio posible. 

–Esta historia de peces, ¿continuará?
–Sí, me interesa ahondar en el trabajo de los peces y en el de la música. Pero también estoy trabajando en otra historieta que tiene como personaje a un cactus. Es un cactus que está solo en el desierto y habla sobre las relaciones humanas, los valores. En fin, tengo mil cosas para hacer. Me gustaría tener clones de mí mismo, muchos Migueles, para que hagan las cosas que yo no puedo hacer.

• Miguel Brea, que disfruta de las cuatro décadas, estudió Administración de empresas, como su padre, sabiendo que esa no era su ruta. Con el tiempo unió sus dos pasiones: la artística (música e historieta) y la empresarial. Su foco es el cuidado del medio ambiente y la promoción de los valores humanos; por eso, colabora con organizaciones como Unicef, WWF, Alianza Árboles, Techo, Manos Abiertas y Cascos Verdes, entre otras. En 2010 Brea realizó una intervención artística para la presentación del cambio climático ante la ONU en Buenos Aires. Sus fuentes de inspiración son Xul Solar y Mafalda.


nueva, todos los domingos con:


El Norte La Capital Nuevo Diario El Día La Gaceta Rio Negro Primera Edición Uno - Mendoza Uno - Entre Ríos Uno - Santa Fe Diario Norte Puntal - Córdoba La Nueva Diario Democracia El Independiente Diario Norte