INVESTIGACIÓN


Escuela innovadora


Por Agustina Tanoira.


Escuela innovadora
Un mundo cada vez más conectado y con la información al alcance de la mano vuelve imprescindible la renovación de la escuela. Cinco especialistas opinan sobre cómo debe ser esta frente al futuro.

La coincidencia es unánime: la escuela prepara a los niños para el mundo de ayer y sus características resultan totalmente obsoletas para el mundo en que vivimos. En detalle vemos que seguimos preservando la lógica de la industrialización, con aulas repletas de niños en fila frente a un gran pizarrón, repitiendo –más o menos de memoria– lo que explicó el maestro que es quien transmite la información. Mientras tanto, la realidad cambia vertiginosamente y todo parece quedar anacrónico para niños hiperconectados cuya facilidad para interactuar con la información desconcierta a todos por igual. Existe una deuda con la educación en el mundo entero y es necesario saldarla. La innovación ya es una exigencia impostergable. Este fue el tema central de la encuesta global que encaró el World Innovation Summit for Education (WISE), acerca de cómo será la escuela en el año 2030, que se realizó durante el mes de julio último y para la que se entrevistó a 645 expertos de todo el mundo. Los resultados fueron interpretados por eminencias de la talla del lingüista estadounidense Noam Chomsky; Julia Gillard, exprimer ministra de Australia y también exministra de Educación, y el profesor Sugata Mitra de la Universidad de Newcastle, Inglaterra, entre otros. Todo parece indicar que en el futuro no habrá clases magistrales; que primarán las habilidades y las capacidades de cada alumno frente al saber académico; que la tecnología modificará radicalmente el rol de los maestros, y que Internet será la principal fuente de conocimiento. Varios expertos argentinos opinan.

Cambiar escuela 

“La escuela atraviesa un gran desa-fío”, confirma Claudia Romero, doctora en Educación por la Universidad Complutense de Madrid y directora del Área Educación de la Universidad Di Tella. “La escuela ya no tiene el monopolio del acceso a la información sino que hay otros agentes muy poderosos para eso”, agrega, y destaca que ni Internet ni los medios de comunicación producen conocimiento sino que ofrecen información y es el sujeto quien hace el paso de esta al conocimiento. “En esto el papel de la escuela es esencial”, explica. Por su parte, Graciela Caldeiro, magíster en procesos educativos mediados por tecnología, docente e investigadora del equipo del Proyecto en Educación y Nuevas Tecnologías (PENT) de Flacso, afirma: “Es evidente que el desarrollo de las tecnologías de información y comunicación (TIC) ha cambiado las formas de producir conocimiento. Hay prácticas que ya no son posibles; más allá de la ideología, se impone la realidad”. “La escuela tradicional con horas y espacios fijos es un fósil institucional”, coincide Alejandro Artopoulos, sociólogo (UBA) y director del laboratorio de tecnologías del aprendizaje en la Escuela de Educación de la Universidad de San Andrés. 

“La escuela no puede cambiar si las personas y el sistema no cambian. Más allá de la discusión sobre desde dónde viene el cambio, está la realidad compleja, conectada, que evoluciona día a día y nos desafía”.

“Así como el trabajo y el tiempo personal se flexibilizaron, la escuela debería dar lugar a espacios y tiempos de aprendizaje autónomo”, agrega. Pablo Bongiovanni, profesor en Ciencias de la Educación por la Universidad Católica de Santa Fe y especialista en TIC afirma, contundente, que es obsoleto tener una educación incoherente entre lo que se enseña, lo que aprenden los alumnos y lo que la sociedad reclama; Juan María Segura, experto en innovación y gestión educativa y autor de Yo qué sé (#YQS). La educación argentina en la encrucijada, agrega que a la hora de pensar en cambios lo que realmente importa es determinar a quién le debe ser útil. “Las escuelas tienen sentido solo si generan aprendizajes significativos para los alumnos. Si estos no activan su curiosidad, no despliegan su capacidad artística y creativa o no encuentran áreas de interés, entonces, no tiene ningún sentido para ellos”. 

La escuela del futuro

Steve Jobs afirmó que todos deberíamos aprender a programar computadoras, ya que esto es lo que verdaderamente enseña a pensar. Para Pablo Bongiovanni el pensamiento computacional, junto con el de diseño y otros más, son nuestros nuevos nortes. “Así como en alguna época los procesos de aprendizaje se moldearon para el mundo de la industrialización, así deberíamos moldear ahora los procesos que necesitamos fomentar”, afirma. Según él, el postulado de Jobs reclama enseñar a pensar, a relacionar, a sacar conclusiones, a hacer preguntas. Programar, en todo caso, es una excusa, porque si no enseñamos esto a las nuevas generaciones, condenamos a un número muy grande de jóvenes a vivir un futuro en el que dependerán de un número muy reducido de personas: las que sepan hablar ese lenguaje. Pero él agrega otros tipos de conocimientos, como los vinculados a la creatividad, las habilidades sociales y emocionales, la conciencia social, la conciencia solidaria, el método científico y la resiliencia, que ayudan a enfrentar mejor la vida, sea en el contexto que fuere. “Sin duda, la educación del futuro deberá poner más énfasis en el desarrollo de hábitos de pensamiento y de un conjunto particular de competencias, y menos en los conocimientos como resultado de un aprendizaje memorístico”, agrega Segura. Herramientas concretas y prácticas para enfrentar un mundo complejo, como lectoescritura digital, ciudadanía cosmopolita, pensamiento científico complejo, pensamiento algorítmico, análisis simbólico, creatividad y emprendedorismo, son claves. “La escuela del futuro debe hacer hincapié en el conocimiento aplicado”, propone Artopoulos. Para él es fundamental repensar a fondo las currículas e implementar cambios que permitan reconstruir una escuela más horizontal y menos elitista, que trate a los chicos como seres inteligentes que solo necesitan ordenar sus ideas, descubrir el mundo y saber qué pueden aportar. 

“La currícula de la escuela tiene el gran desafío de ayudar a producir conocimiento, que es básicamente hacer una buena selección de información disponible y enseñar a pensar para poder seguir aprendiendo de manera autónoma”. Claudia Romero

El aprendizaje es uno de los fenómenos más asombrosos que existen, explica Pablo Bongiovanni, y destaca el aprendizaje colaborativo: “Es una clave excelente, porque las tecnologías digitales nos abren posibilidades para crear nuevas formas e intentar enseñar de una manera más óptima para lograr mejores aprendizajes”. En la escuela colaborativa lo importante no es el material que genera el profesor, sino el proceso de aprendizaje que siguen los alumnos y los productos que estos crean en el aprendizaje. "Actualmente los alumnos no esperan que el docente les dé información sino que la buscan en Internet desde sus casas, en bibliotecas, en documentales”, coincide Romero. “El aula es el lugar donde se trabaja con esa información en forma colectiva, usando el potencial irremplazable del contacto personal con otros, de la dimensión social de la escuela”, afirma. 

Adultos responsables 

Si bien es cierto que los alumnos del siglo XXI tienen una extraordinaria facilidad y talento tecnológico, esto no basta. “Nuestras investigaciones han revelado que los niños, aunque tienen mucha habilidad para el uso de la tecnología, solo la tienen para los usos ociosos, pero son analfabetos digitales cuando la PC se usa para actividades intelectuales”, dice Artopoulos, y recalca que el papel de los maestros y los adultos en el proceso de aprendizaje es fundamental. “El docente debe ser el mentor que guía a los alumnos en situaciones problemáticas complejas”, concuerda Romero, quien explica que este rol es mucho más interesante ahora no solo por disponer de la tecnología como una aliada extraordinaria, sino por el gran soporte de evidencias teóricas sobre cómo se producen los aprendizajes, desde las neurociencias a la psicología del aprendizaje. También para Segura la función de los adultos es clave en el nuevo contexto. “Los nativos digitales poseen una elevada tasa de alfabetización digital pero no necesariamente están dotados de autonomía para guiar sus vidas o su propio recorrido exploratorio intelectual o sentimental”, dice. Además, advierte sobre el riesgo de dotarlos de libertad plena creyéndolos autónomos, y sobre la importancia de los adultos como referentes durante el proceso de desa-rrollo de la psiquis y la personalidad.

Caldeiro afirma: “El acceso a la tecnología permite nuevas maneras de aprender que no serían posibles de otra forma, pero no basta con ‘repartir tecnología’”; Romero entiende que los modelos escolares que se basan en el uso exclusivo de netbooks, tablets y tutoriales de YouTube son un error, ya que es sabido que ningún país ha mejorado su educación con la tecnología como mascarón de proa. “Es un empobrecimiento de la escuela revestido de espejitos de colores –explica–. Muchas veces se cambian las formas y el fondo sigue siendo el mismo”. Por eso reivindica otras pedagogías innovadoras, como la Montessori, que son verdaderas alternativas para dar protagonismo a los niños que están aprendiendo.“Ya lo enseñaba Sócrates: lo que vale es la pregunta que se hace el que aprende”, cierra.

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