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Agrandaditos


Por Florencia Guerrero.


Agrandaditos 

Están a la vanguardia de la tecnología y la moda, y son el objeto de deseo de los medios de comunicación. Son niños, pero actúan y son tratados como adultos. Los peligros de acelerar la infancia.     

Suri tiene 8 años. Desde los 3 usa zapatos con taco alto y, coqueta como pocas, se maquilla cuando la ocasión lo amerita. Para el universo hollywoodense, Suri, hija del matrimonio fallido entre Tom Cruise y Katie Holmes, se transformó en un ícono de la moda, debido a su estilo y determinación. Hasta la llaman “la mini Carrie Bradshaw”.  Hace no mucho tiempo, la prestigiosa revista Vogue París eligió a nenas de la misma edad que Suri para una producción jugada, polémica. Muy lejos de la inocencia y la frescura de quienes caminan sus primeros pasos por este planeta. ¿Será que cada vez más se tornan difusos los límites entre la infancia, la adolescencia y la adultez?
“A lo largo de los últimos años, asistimos a un fenómeno marcado: la adultización de la niñez. Existen diversos factores, aunque, tal vez, el más preocupante haya que encontrarlo en nosotros mismos, los papás”, contesta Luis Pescetti, exmaestro rural devenido en músico y cuentista.

Décadas atrás, los niños eran los consumidores del mañana, pero también eso parece haber cambiado. Ahora, los que sorprenden en las publicidades con frases pícaras son ellos (en muchos casos, ataviados con ropas poco lógicas para su edad). “Para vender productos, subir audiencias o imponer tendencias, la publicidad logró convertir el mundo infantil en un universo de adultos. Esta aceleración de la infancia solo genera una suerte de falsa madurez y eso puede acarrear serios problemas psicológicos”, analiza Gabriela Dueñas, doctora en Psicología y autora de numerosas publicaciones sobre el tema.

Para comprobar lo que estamos diciendo, solo basta prestar un poco de atención. En la actualidad, hasta los juguetes emulan los objetos de los adultos: la oferta va desde celulares y computadoras hasta vestimenta que imita a la de sus padres y espectáculos animados por niños que, en cuestión de segundos, saltan de la inocencia a la picardía. “Todo lo concerniente a lo tecnológico está entre nosotros –consolas de videojuegos incluidas–. Un chico de 2 años sabe que si pasa el dedito por la pantalla de la tableta, el aparato modificará su estado. Es imposible vivir fuera de todo eso, pero sí me parece necesario marcar pautas de convivencia. Por ejemplo, manejar el hecho de que los niños se acostumbraron no solo a pedir, sino también a exigir a sus padres”, sugiere Pescetti. 

A esta altura del siglo XXI, ya no parece tan alarmante decir que los hijos se educan bajo la atenta mirada pedagógica de la televisión, aunque hablar del dominio de la tecnología sobre ellos todavía genera cierto reparo. Entonces, ante este panorama, se impone el interrogante: ¿Para qué apretar el acelerador cuando realmente no hay apuro? 

El nuevo mapa del mundo infantil 

Medios de comunicación, tecnología y mercado: esa tríada es la que influye en este fenómeno actual, que da su puntapié inicial con los adultos. Así lo analiza Beatriz Goldberg, licenciada en Psicología: “En el caso de las mujeres, las madres están obligadas a verse fantásticas, aunque trabajen todo el día. Esto repercute en las hijas, quienes, consecuentemente, terminan adoptando ese modelo de casi mujeres que arroja la pantalla chica”.

En ese “aunque trabajen todo el día” está implícito el factor temporal. Letal: hoy por hoy, los niños tampoco tienen tiempo para ser niños. Aunque parezca un trabalenguas. “A los adultos no nos alcanzan las veinticuatro horas para cumplir con todos nuestros quehaceres. Paralelamente, los chicos cumplen con su rutina escolar y, después, son sobrecargados con actividades extracurriculares. Habría que empezar a advertir esto para después no sorprendernos cuando los especialistas nos mencionan el estrés infantil”, sintetiza Dueñas. 

Las marcas encontraron en el público infantil permeabilidad y velocidad para comercializar sus objetos de deseo. Así es como numerosas empresas nacionales e internacionales lanzaron diseños para jovencitos ávidos de mimetizarse con la imagen de sus padres o de los modelos que encuentra en los medios. Para bien y para mal, no todo es la apariencia. Que los chicos comiencen a vivir como grandes implica que también heredarán más rápido sus pesares. Las últimas investigaciones demuestran que, por las malas conductas alimenticias, cada vez hay más niños obesos, o con diabetes tipo 2 (por su parte, la anorexia y la bulimia arrancan desde los 8 años). Además, se registra una mayor cantidad de casos de depresiones infantiles severas. 

“El crecimiento y la maduración del niño se gestan de acuerdo con la relación que tengan con sus papás y con el entorno familiar y social. En este momento, notamos una erosión en la línea tradicional que dividía el mundo infantil del mundo juvenil y del adulto. Es urgente debatir el nuevo mapa del mundo infantil y cuál debe ser la postura más saludable de los adultos en cuanto a los ideales pasados”, propone Goldberg.

Claves para padres 

Está claro: los tiempos que corren son de transformaciones rápidas. Por lo tanto, el proceso de crecimiento y maduración no está exento de cambios. ¿La clave? No alarmarse. “Muchos padres viven pegados al celular y eso repercute en los hijos, pero también es cierto que nunca antes los chicos estuvieron tan en el centro de la vida familiar. En épocas pasadas, los chicos no participaban de las charlas familiares; en la actualidad, son el centro de atención”, desdramatiza Pescetti, quien defiende la importancia de estar cerca y favorecer la comunicación. 

Conocedor de las profundidades del universo de los locos bajitos, Pescetti insiste con las formas tradicionales de entretener desde la inocencia. Para muestra basta un botón: en sus espectáculos, le pide a los padres que apaguen sus celulares para que dispensen toda su atención en disfrutar de sus hijos, y así divertirse juntos. “Hay un mundo fuera de la tecnología. Está bueno que alguien nos lo recuerde de vez en cuando”, concluye, risueño, Luis Pescetti.

Así, no

Tal vez el extremo lo desnudó aquel concurso que buscaba a la reina de la belleza infantil. En Little Miss Perfect, el súper polémico reality, aparecían niñas vestidas provocativamente, a las que incluso les realizaban tratamientos de belleza. Buscaban reinas en una edad en la que las niñas deben ser princesas…

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