ENTREVISTA


Mi presente es muy interesante


Por Nicolás Armellín.


Mi presente es muy interesante
Joaquín Furriel vuelve al cine con El patrón: radiografía de un crimen. Aquí habla también de su lugar como actor, la relación con el público, sus próximos proyectos y la vida junto a su hija.

Mientras reposa en un sillón, y recuerda sus vacaciones en el sur argentino, Joaquín Furriel admite que recién a los 40 años, y con veintisiete de carrera, le llegó el momento de comprometerse todavía más con el cine. “Antes no pude. No me daba el espacio, hacía mucha televisión, quizá como actor no tenía cierta inquietud. También creo que el cine nacional cambió porque los directores están buscando llegar al público, mientras que hubo una época en el que el objetivo eran los festivales internacionales. El foco estaba puesto más en lo cinematográfico, y a mí me gusta hablarle a la gente. Siempre quise trabajar en salas con muchos espectadores: nunca me interesó que me halaguen, ni que me hagan críticas excelentes, ni formar parte de un grupo de calidad. La calidad está en llegar a la mayor cantidad de gente posible haciendo lo mejor que uno puede. Nuestro trabajo es entretener”.

La declaración tiene su porqué. Por estos días se lo puede volver a disfrutar en la pantalla grande gracias a El patrón: radiografía de un crimen, el film de Sebastián Schindel. “Lo que descubro como muy estimulante en el cine es  la posibilidad de involucrarte con ese mundo que estás contando en las semanas en que te absorbe el rodaje. Es lo más parecido a un viaje de mochilero: te vas a descubrir una cultura diferente”, define quien interpreta a Hermógenes Saldivar. 

–¿Fue un proyecto muy movilizador?
–Uno de los privilegios que tiene esta profesión es que te involucra en historias que te amplían tu horizonte cotidiano. No quedás igual después de ponerle el cuerpo a un personaje como Hermógenes. De todas maneras, a veces no sabés qué hacer con eso, pero siempre hay una lección. Está bueno inclinarse por cosas que hablen de uno. El actor se entrena en abstracto, no sabés qué puede llegar. Es importante ir sumando herramientas que te ayuden a estar preparado.

–En los festivales donde se presentó tuvo muy buena repercusión…
–Es un thriller muy entretenido, con mucha acción. Requiere que estés atento, concentrado. Y también deja un mensaje muy fuerte, sin pretender bajar línea. Lo que pasó en los festivales es una buena señal: haber ganado premios del público es más importante que haberlos obtenido del certamen oficial. Es lo que decía antes: a mí me gusta que el público se sienta identificado con lo que hago, y no tanto que se destaque para la opinión de tres o cuatro entendidos. El público lleva su vida a la sala: se moviliza para tener una experiencia colectiva, que no es igual a ver el film en tu casa. Sebastián lo tuvo claro de entrada. Al venir del mundo del documental, tiende a ir hacia el detalle. La película tuvo un trabajo de doce años de producción e investigación.

–¿Te imaginás alguna vez dirigiendo?
–Me interesa, sí. Me doy cuenta de que es algo de lo que estoy pendiente cuando trabajo, sobre todo en teatro. Es interesante la interpretación de textos. Me pasa que, al leerlos, muchas veces los encaro no como actor, sino como director: imagino posibilidades de puestas e ideas.

–¿Cómo te seduce un papel?
–Primero, me tiene que llegar el personaje y lo que se va a contar. Después, el director: creo mucho en ellos. También pregunto por el elenco: es muy importante respetar y admirar a los actores con los que trabajo. Estoy viviendo un presente muy interesante y difícil a la vez, porque me cuesta decidir qué hacer. 

–¿Tenés algún referente en el mundo de la actuación?
–No creo que en el oficio del actor exista la posibilidad de seguir el camino de otro. Al menos no de una manera tan ligada. Creo que hay actores que han abierto posibilidades, han logrado grandes trabajos con historias muy interesantes. Trato de aprender mucho de quienes trabajo: haber tenido la posibilidad de que me dirigiera Alfredo Alcón fue muy importante. Que lo haya hecho de una manera tan exigente, focalizada y dedicada… No tengo dudas de que, con el tiempo, esa experiencia la voy a notar más. Creo que todavía no soy consciente de todo lo que aprendí con Alfredo.

–Joaquín, ¿qué es lo que más disfrutás de un proyecto?
–Me di cuenta de que disfruto cuanto más tengo para hacer. Por ejemplo, en los cinco meses previos a La vida es sueño, tuve que prepararme física, vocal e intelectualmente para poder acercarme a esos textos. Me gusta esa metodología de trabajo.

–Tu escuela es la del teatro…
–El teatro es un lugar histórico para mí: empecé a los 13 años con la comedia Almirante Brown. Hicimos clubes, sociedades de fomento, plazas. Es una actividad que me conecta mucho con aquella edad. Siempre que actúo en verano, tengo en el cuerpo la memoria de la primera obra que estrené: fue un 22 de diciembre.

–¿Cómo es tu vínculo con la TV?
–La tele fue lo que me dio la posibilidad de vivir de mi profesión a partir de los 24 o 25 años. El vínculo con el público es muy diferente porque no lo ves. Diría que es un vínculo directo, pero de no voluntad. En el teatro o en el cine, dependés de la voluntad de otro para que vaya a una sala, mientras que el público de la tele elige haciendo zapping. La televisión es un espacio realmente efímero: los programas que anduvieron muy bien de rating nunca los viví con mucha euforia, como tampoco me deprimí por los que anduvieron mal. 

–En el futuro, ¿qué?
–Estoy por empezar a grabar con Juan José Campanella su primera tira diaria, Entre caníbales. En mayo, empiezo a ensayar una obra de Neil Labute. En este caso es una comedia, algo que nunca hice en teatro. Voy a volver a trabajar con Javier Daulte en la dirección, y con Muriel Santana y Gloria Carrá. Con Muriel hicimos juntos La vida es sueño; fue un encuentro profesional muy interesante. Y Gloria es una actriz que me encanta. En diciembre probablemente filme la próxima película de Alejandro Montiel.

–¿Qué haces para desconectarte?
–Cualquier deporte al aire libre me desconecta, sobre todo los acuáticos. Me gusta hacer wakeboard e intento seguir aprendiendo un poco más de kitesurf. Si tengo una semana libre, con la posibilidad de viajar, me inclino por el trekking y el montañismo. Cualquier deporte en relación con la naturaleza es un buen punto de fuga de mi universo cotidiano.

–Supongo que tu hija, Eloísa, es otro cable a tierra…
–Desde ya. Me dedico a lo que me gusta hacer: eso hace que esté en un estado que me permite disfrutarla mucho más que si estuviese enojado con mi realidad. Estoy en un cuerpo que me gusta habitar, mi cotidianidad me hace sentir bien. Cuando hago teatro, mis sábados y domingos son los lunes y los martes. Son días excelentes para ir al cine o a la plaza. Es hija de padres actores (N. de la R.: su madre es Paola Krum), así que entiende la realidad y me acompaña. También fui padre para aprender de ella, no solo para ponerme en el lugar de enseñar: juntos vamos viendo. No somos amigos, pero tenemos un vínculo cálido, informal, relajado. 

Mal acostumbrados

El patrón: radiografía de un crimen lo hace reflexionar a Furriel. “Tratamos de contar una historia de esclavitud contemporánea. Las personas en situación de calle le están poniendo el cuerpo a lo que nosotros estamos haciendo mal como sociedad. Nos acostumbramos a que fueran parte del paisaje urbano. Se pueden hacer muchas cosas para mejorar y cada uno tiene su propia responsabilidad”, define quien hizo en TV El sodero de mi vida, 099 Central, Soy gitano, Jesús, el heredero, Sos mi hombre y Sres. Papis. En teatro, brilló en Sueño de una noche de verano, El rey Lear, Final de partida y Lluvia constante.?En cine hizo Verano maldito y Un paraíso para los malditos.

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