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Querido cine


Por Alejandro Duchini.


Querido cine 
¿Qué película le resultó inolvidable? ¿Cuáles son sus actores preferidos? 
Leonardo D’Espósito se hizo las mismas preguntas en un libro que recorre la historia del séptimo arte. Allí revela datos curiosos y rompe mitos la pantalla grande. 

Leonardo D’Espósito se entusiasma. Y?cuando este periodista se entusiasma, no lo para nadie. Le pasa, por ejemplo, cuando habla de cine. Esa pasión lo llevó a escribir el libro Todo lo que necesitás saber sobre cine, donde devela misterios y rompe mitos. Sorprende. “El cine no comienza con los hermanos Lumière, sino antes o después, con Émile Rèynaud o David Griffith. Por su parte, Marilyn Monroe sería una chica frágil emocionalmente, pero no era tonta. A qué apunto: hay otra manera de contar la historia del cine; existen mil puertas por dónde entrar a las películas”, sugiere D’Espósito.

–Leonardo, ¿qué buscan el espectador y el fanático del cine?
–El cine es, todavía, un enorme arte popular respecto del que no hay que estar “iniciado” ni “enterado” para gozarlo plenamente. Las personas buscan una buena historia narrada de tal modo que los aleje de la vida cotidiana, que les permita experimentar otra cosa. Y eso sucede tanto con la más millonaria película de superhéroes como con Mundo grúa: cuando un film es bueno y te pone en el lugar de otra persona, cuando te hace creer que lo que pasa en la pantalla está realmente sucediendo, encontrás algo que es ancestral; ese lugar de comunión que te da el arte con lo extraordinario. 

–¿Por qué el cine sigue siendo uno de los pasatiempos favoritos?
–En esto hay un doble juego. Por un lado, nuestro imaginario se ha construido alrededor del cine: en un siglo y pico, nos hemos vuelto una sociedad visual; en gran medida, fue gracias a él. Por el otro, vivimos en un mundo forjado por una gran revolución tecnológica, que permitió, entre muchas otras cosas, capturar y reproducir el movimiento. El movimiento, la huella del paso del tiempo, la conservación y reproducción del pasado es uno de nuestros grandes sueños como humanos; el cine concretó ese sueño. De alguna manera, vivimos en el cine, así que, incluso aunque mute el sistema de exhibición hacia lo digital o el video on demand, seguirá siendo en gran medida el entretenimiento favorito. 

–¿Cuál de todas las películas que viste te provocó algo especial?
–Miles. Creo que me volví crítico de cine porque todas las películas me generan ideas sobre el cine, sobre el mundo, sobre mi experiencia. Quizás, una en especial me hizo saber que tenía que escribir sobre cine porque era lo único que podía hacer. Y no fue un clásico ni un film sobre el que haya un acuerdo unánime. Fue El guardaespaldas, de Mick Jackson, con guión de Lawrence Kasdan, del que ya era fanático, igual que de Kevin Costner. Esa película fue destrozada a mansalva por la crítica de los diarios, que la analizaron como un melodramón de fórmula, sin notar que esa “fórmula” era cambiada, modificada, criticada y revalorada, a partir del realismo de los actores, de cierta amabilidad, de un tono que no era artificial. La fui a ver un poco de casualidad, porque tenía esos prejuicios. Y cuando salí escribí una defensa sobre ella. Fue entonces cuando me di cuenta de que tenía una manera de mirar que quería compartir con otros.

–Hagamos memoria:?¿recordás con cuál filme debutaste en una sala? 
–Sí. Fue a los 4 años con La dama y el vagabundo, en el cine Los Ángeles, “única sala del mundo dedicada a Walt Disney”. Los muy malditos cambiaban el programa cada mil años. Los de mi generación recordamos la cuadra y media de cola, de dos horas, a veces de tres, dependiendo de la función que tus padres habían conseguido. Era en Corrientes y Callao. No la vi entera porque, en un momento, la tristeza me hacía llorar y me tenían que sacar de la sala. Era eso: no me asustaba fácil, sino que me daba tristeza lo que veía. Sin embargo, la primera película que vi entera, en el cine Alfil y a los 5 años, fue La fiesta inolvidable, de Blake Edwards. También fue la primera no hablada en castellano. Mis padres  me llevaban mucho: les encanta el cine sin ser cinéfilos. Mi papá solía contarme las películas que había visto, completas, y además me dejaba leer el diario, donde los críticos te contaban el argumento. Eso y los cuentos de hadas fueron mi lectura de primera infancia.

–Leonardo, ¿cuáles fueron las cosas que te hicieron llorar en el cine?
–Millones. Lloro bastante en el cine, mucho más que en la vida real. El final de El padrino III, la desgarradora secuencia de la camioneta de Los puentes de Madison... Pero el ataque de llanto más grande que sufrí fue con el final de Gatica, “El Mono”. Caminé ocho cuadras sin parar de llorar. Esa película, más allá de que formalmente me gusta mucho, tocaba toda una mitología familiar, relacionada con mi abuelo materno, que se vino de pibe de Salta a Buenos Aires y lo pasó bastante mal. Otro ataque de llanto histórico fue el de los primeros diez minutos de Up!, el film de Pixar. Si no se llora con eso, hay que ir al psiquiatra con urgencia.

–¿Con qué actores sería tu película ideal y por qué? ¿De qué trataría?
–El problema es que la película ideal y los actores que a uno le gustan no siempre son compatibles entre sí. Por ejemplo: yo querría ver una adaptación al cine de La piedra lunar, gran novela de Wilkie Collins, y que la haga Tom Cruise. Pero aunque Cruise da la estatura del protagonista, no podría hacer ese drama de época. De hecho, ninguno de los directores que más me gustan podría hacerla sin caer o en la simplificación o en el adocenamiento, a menos que se la tome en solfa, con lo cual no sería la película que yo querría ver. Puesto a imaginar un film placentero, ya no ideal, porque eso no existe, imagino un western protagonizado por Kevin Costner y dirigido por Clint Eastwood. Ya filmaron una vez, Un mundo perfecto, pero era una historia moderna; aquí sería un western clásico.  

Marilyn, Garbo, Wayne y Chaplin 

–¿Quién fue la persona más influyente en la historia del cine? 
–David Griffith. Sistematizó el cine, se dio cuenta de que era un arte, y que se podían hacer cosas que con el resto de las artes no. Además, tuvo un gigantesco éxito comercial, de público y de crítica. Sin Griffith, el arte cinematográfico habría andado a la deriva unos veinte años más. Él descubrió cómo las películas podían conmover a las personas. Nadie, ni siquiera los que transformaron el cine en el negocio megamillonario actual –merced a los efectos especiales–, ha sido tan influyente como Griffith.

–¿Qué país o cultura fue más influyente en el nacimiento o el desarrollo del cine?
–Es rara la respuesta: el cine nace y se desarrolla como un arte autónomo en los Estados Unidos. Pero no porque lo hicieran los norteamericanos, sino Hollywood. Hollywood es, al mismo tiempo, solo posible en los Estados Unidos. Si uno lee con atención libros como Hollywood censurado o La cruzada contra Hollywood, ambos de Gregory Black, o incluso Hollywood Babilonia, de Kenneth Anger, se da cuenta de que el estado norteamericano, si bien se aprovechó de las películas cuando las necesitó, siempre mantuvo una relación tensa y de desconfianza con la industria del cine. 

–¿Qué actriz, por un lado, y actor, por otro, ejercieron más peso desde la pantalla y más allá de ella?
–Uno está tentado de decir Marilyn y John Wayne, y sería casi justo. Pero también podría decir Greta Garbo y Charles Chaplin. Elijo a los cuatro como ejemplos de cosas diferentes. Marilyn definió el arquetipo del cuerpo femenino moderno en el arte popular, amén de que aprendió a mover ese cuerpo de una manera única. Lo creó ella, como un titiritero que enseña a moverse a su muñeco. Marilyn, la estrella, es una creación de Marilyn, la actriz. Y esa estrella resume a todas las imágenes femeninas anteriores, de Lillian Gish a Ava Gardner, pasando por Betty Boop. Hoy sucede lo mismo: es imposible imaginar a Scarlett Johansson sin que Marilyn hubiera existido. Wayne era un actor que solo podía hacer cine, que se movía dentro de un paisaje, que hablaba con las palabras justas. Era un actor-imagen, como también lo fueron Cary Grant, Gary Cooper o Buster Keaton. Definió la manera en como el hombre se integra, en movimiento, al mundo que lo rodea. 

–¿Y Garbo y Chaplin? 
–Greta Garbo hizo algo increíble: creó eso que se llama “versatilidad”, y lo hizo de una manera muy moderna. Cualquiera que vea incluso sus melodramas mudos notará que, mientras todos gesticulan, ella hace el “menos es más”. Parece la vecina de al lado, de nuestros días, “trasplantada” al pasado. Creó la manera de actuar moderna, sintética y capaz de todo registro. Y Chaplin, que no es santo de mi devoción, definió como nadie la noción de personaje, de arquetipo. Sin él, no existen los grandes personajes cómicos, sean hechos por actores o animados: imaginen a Bugs Bunny sin Chaplin. No hay manera, no se puede. 

–¿Quién fue el peor villano de la historia del cine?
–Sin dudas,?Hans Gruber, interpretado por Alan Rickman en Duro de matar. Tiene el charme del James Mason de Intriga internacional, la capacidad de mentir de un psicópata absoluto, la imprevisibilidad que obliga al espectador a temerle todo el tiempo. ¡Uno no puede dejar de mirarlo actuar! Aclaremos que si Duro de matar es una obra maestra, se lo debe, en gran medida, a Rickman. 

–¿Cómo imaginás el cine del futuro?
–Un cine grandote con más 3D, más tamaño y más sonido. Un cine medio que tendrá pantalla en los sistemas de video on demand, y un cine de festivales, en un circuito de arte y ensayo que tiende a museificarse. Lo mismo sucedió, en cierto modo, con la música, que se dividió entre el pop, los géneros cultos y lo más experimental. Es una pena, aclaro: el gran cine de Hollywood era masivo, inmersivo y experimental al mismo tiempo. En Designios de mujer, de Vincente Minelli, queda demostrado. 

Quién es LeonardoD’Espósito 

Nació en 1968. Es periodista y docente especializado en cine. Escribió en varias revistas, tanto de la Argentina como de los Estados Unidos y Francia. En Todo lo que necesitás saber sobre cine, recorre desde los primeros tiempos de esta industria hasta los actuales. Aquí revela varios misterios, como el hombre que inventó el cine antes que los Lumière, la cruzada sindical que emprendió Marilyn Monroe, el señor que hacía películas con ceniceros y polillas, los fundadores austríacos y alemanes de Hollywood, la revolución de los críticos contra el cine francés, el secreto de la máquina de crear estrellas, o el arte despreciado de Disney.

El Oscar y los festivales 

“El Oscar es un premio industrial, no es un premio estético. Los festivales permiten conocer las tendencias estéticas del cine internacional. Tienen un sistema diferente: es una verdadera competencia, casi deportiva, mientras que el Oscar es una suerte de campaña electoral”, opina D’Espósito. Y ejemplifica: “Titanic es un gran logro estético y un enorme éxito comercial. Vivir al límite, un brillante logro estético y un fracaso comercial. El sabor de la cereza es una genialidad estética y un film que, fuera del público más enterado, pasó inadvertido. Y hablamos de dos Oscar a Mejor Película y una Palma de Oro. Por otro lado, un premio, en el circuito de festivales, depende en gran parte de negociaciones diplomáticas y discusiones poco cercanas a lo estético: Fahrenheit 9/11, un film espantoso, ganó Cannes porque Tarantino era presidente del jurado. ¿Lo importante de los premios? Que acerquen al público un film que provea una experiencia nueva. Lo demás es nada”.

Star Wars, eterno 

La séptima entrega de este clásico se estrenará a fines de este año. ¿Por qué, a casi cuarenta años de su creación, tiene cada vez más faná-ticos? D’Espósito contesta: “Porque necesitamos mito. A fines de los setenta, y cuando Disney ya no servía para proveer fantasía, George Lucas lo hizo combinando la invención más disparatada con un realismo propio del cine moderno. Requeríamos más perfección y más credibilidad en la fantasía; el dibujo animado ya había dejado de funcionar para eso. A lo largo de cuatro décadas, el mito de la saga se fue multiplicando, ayudado también por el merchandising”.


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