ENTREVISTA


“Necesitamos más sátira”


Por Carlos Adrián Maslaton..


“Necesitamos más sátira”
Para Ariel Tarico no hay nada como el humor para “pasar” la realidad. Él lo hace a la perfección: sus imitaciones son un éxito, tanto en la radio como en la televisión y el teatro. Ahora, sueña con desplegar una veta actoral en el cine. ¿Por qué no?

Ariel Tarico pareciera posesionarse del alma del imitado, apropiándose de su voz, sus gestos y los matices de personalidad que lo vuelven inconfundible. No ignora que habría podido dedicarse a la estafa telefónica: hay que tener el oído muy entrenado para distinguir a la copia del original. Su camaleonismo proteico es de una versatilidad contundente: puede ser Luis Majul, Claudio María Domínguez, Néstor Kirchner, el papa Francisco, Guillermo Coppola, Diego Maradona, Aníbal Fernández, Jorge Lanata y otras treinta celebridades más. Todos personajes que cohabitan en un cuerpo pequeño y que se materializan mediante un talento mimético que quizá consista, simplemente, en un interruptor cerebral cuyo misterioso manejo solo él domina. 

Como referentes ilustres de su oficio, Tarico se reconoce inscripto en un linaje que integran predecesores como Mario Sapag, Miguel Ángel Rodríguez y Carlos Russo, entre otros. Ha trasplantado sus creaciones al teatro (con el show El multipersonal estuvo tres años consecutivos en cartelera, y acaba de estrenar su nuevo espectáculo ¿Y ahora?) y su hit televisivo más reciente lo encarna la dupla que lleva adelante con Nelson Castro, a quien parodia bajo el nombre de “Nelson K”. En 2004 una convocatoria de radio Mitre lo impulsó a mandar un demo con sus logradas imposturas. Tarico fue el elegido y nunca más se detuvo. Ha trabajado con Lalo Mir, Néstor Ibarra, Dady Brieva y Roberto Pettinato.

Si bien es joven –tiene apenas 30 años–, su rostro luce aniñado, como conservado a fuerza de una cierta candidez que, hay que decirlo, no se refleja en sus intervenciones paródicas: en el teatro, Tarico despelleja a políticos y celebrities locales, e incluso al propio público, recordándole algunas abdicaciones históricas de la clase media argentina. En un bar despoblado del barrio porteño de Almagro, el humorista santafesino transmite una calma imperturbable, de ritmo pueblerino. Se tiene la sensación de que si le anunciaran que el Apocalipsis se acerca, Tarico no entraría en pánico, sino que sacaría de la manga algún chiste que volviera a la situación un poco más llevadera.

–¿Cómo construís un personaje?
–No tengo un método, pero tiene que ver, esencialmente, con la observación. Trato de escuchar. La gente, cuando me ve en una reunión, se sorprende y me dice: “Pero sos callado, eh”. Te imaginan como “chistoso 24 horas”. Intento estar atento, observar. Captar los rasgos principales del personaje, absorber como una esponja y, después, rearmarlo en mi cabeza y empezar a escribir algunas líneas para situarme. Una vez que lo tengo, hablo con los guionistas con los que trabajo, y empezamos a armar el discurso. Pero también hay mucho de practicar, una y otra vez, hasta encontrar el punto donde te sentís satisfecho con la imitación. A veces me grabo, y puedo ver cosas del personaje meses más tarde y corregirme, o agregar algún matiz que inicialmente no advertí. Pero tiendo a ser más caótico a la hora de crear. No es que tengo un método inflexible, una sucesión de pasos. No: se va haciendo al andar.  

–El tuyo es un oficio que no se aprende. Pero está en tus genes:?contaste que tu padre era imitador amateur…
–Sí, él hacía imitaciones, algunas incluso en público, pero no se dedicó a eso. Era comerciante y seguía el mandato de la época de mantener a la familia. Además, murió a los 39 años, cuando yo tenía 6. Son esas cosas que te marcan y que te quedan como legado. Tanto la actuación como el dibujo y la locución los aprendí con él. En algún punto, lo siento como cerrar algo que quedó interrumpido y que asumí como una posta. Siempre estuvo su influencia en casa, y la de los programas humorísticos de esa época, como los de Juan Carlos Altavista y Juan Carlos Mesa.

–En tu web aparece una faceta tuya desconocida: la del humorista gráfico.
–Cuando era adolescente publiqué en diarios de Santa Fe, participé de exposiciones, pero luego el dibujo fue quedando relegado frente al imitador. Cuando vine a probar suerte a Buenos Aires, ya me volqué de lleno a imitar. Ahora el humor gráfico tiene algo de hobby, y cada tanto subo algo en Twitter, como puro divertimento.

–¿Allí cuáles son tus influencias?
–Roberto Fontanarrosa. Mi viejo me regaló una antología suya. Y en casa absorbí toda la cultura de la revista Humor, con el estilo que le impuso Andrés Cascioli. Esa manera de leer la actualidad, de la caricatura, del grotesco. Mucho de lo que ves hoy en Twitter son las frases que funcionaban como cabezales en las páginas de Humor. A los guionistas y dibujantes de aquella época, como Sanz, Litvin, Parissi y Grondona White, los siento como influencias en lo que hago hoy.

–En reuniones sociales, debés ser víctima del “Dale, hacete a…”. ¿No te genera un poco de hartazgo?
–Sí, a veces hay un efecto de saturación pero, al mismo tiempo, también es gracioso. Está bueno que te reconozcan por los personajes. La gente te dice que esos momentos en los que te escuchó o te vio se le quedan guardados como momentos de felicidad. Y, de alguna manera, tenés que ser comprensivo y agradecer ese reconocimiento, aunque te hastíe.

–¿Recordás la primera imitación?
–Sí, fue en la primaria, en quinto grado precisamente. Teníamos que hacer una obra, y yo hice de Quico, el personaje de El Chavo del 8. Fue la primera vez que me disfracé y me topé con el público, con la risa como devolución. Y fue una experiencia muy fuerte, que en la secundaria se profundizó ya como una vocación.

–El rasgo distintivo de la radio es la invisibilidad de quien habla. ¿Pasar al teatro supuso algún desafío?
–Por supuesto. De alguna manera, ya estaba establecido en lo radial, con personajes fuertes, y lo que pensaba era: “¿Pero si ven el personaje no se van a decepcionar?”. Fue un proceso paulatino. Hablé con distintos caracterizadores, hasta que di con Lucas Rodríguez, que es con quien trabajo, y empezamos a tomar conciencia de que no es cualquier cosa tener una máscara: sacar un molde de tu cabeza y que los rasgos de otro calcen justo, y que eso sea agradable a la vista… y, a la vez, resulte gracioso. El tema del vestuario fue un asunto por resolver. Luego se sumó el director Carlos Signetti, quien me ayudó a desarrollar la parte gestual, cómo ponerles cuerpo a esas voces y sostener una hora de actuación, solo frente al público. Fue una experiencia muy buena: el primer año me presenté en Liberarte, dos veces por semana, y me fogueé. Era un show muy de código, de cosas radiales que se replicaban en lo teatral. Al principio lo hacía muy pivoteado en la máscara, que era un modo de protegerme. Luego me solté y traté de no quedar tan atado a la caracterización, de hablar con el público, o improvisar un monólogo.

–Sos santafesino. ¿Pudiste desarrollar tus imitaciones allí?
–Había un circuito en Santa Fe. Había logrado estar en LT10, que es un AM importante; también en Canal 13 de allá, un canal de aire, en distintas FM, en festivales, en algunas experiencias teatrales... Fueron cinco años de previa, de aprendizaje. Cuando sentí que podía achancharme, vine a probar suerte a Buenos Aires. A los 18 decidí que tenía que buscar otras cosas, aventurarme. No tengo para contar la historia del que dice: “En mi ciudad no me aceptaron”. Había logrado un nombre. Simplemente, quise más.

–¿Experimentaste el abismo que supone un público que no se ríe?
–Hay públicos que son más fríos o tímidos, a los que les cuesta más soltarse. Es un desafío que debés afrontar. Trato de ser efectivo, que todo tenga chiste, que haya un gag detrás de otro. Procuro comunicarme, siempre.

–¿Quién es Ariel Tarico?
–Tengo dos hijos: Camila –de 3 años– y Lisandro –de dos meses–. Y mi mujer. La mayor parte de mi familia vive en Santa Fe. Tengo una vida muy tranquila si la comparás con lo laboral. El vértigo profesional lo compenso con mi familia, que es mi refugio. Entre amigos, soy más parco de lo que quizá se ve desde afuera. Funciono más con el esquema: “Se enciende la luz de la cámara o del estudio, hago lo mío y después se termina”. Me gusta leer, engancharme con las series y viajar. También ir al teatro, pero relajadamente, sin sentarme con ojo crítico ante un colega.

–La última:?¿qué aporta leer la realidad desde la sátira?
–Me parece que mucho. Necesitamos más y más sátira, porque es la única forma que tenemos de poder “pasar” la realidad. Hay momentos en que se vuelve insoportable todo lo que nos rodea, y el humor es una herramienta que aliviana la carga. 
Imitador e imitado titulo

Debe de ser la empatía que nace de entender que en la imitación no hay voluntad de herir sino que, incluso en la parodia menos complaciente, late alguna forma de homenaje hacia el personaje duplicado. Tarico logró que en sus espectáculos participen algunos de los famosos que son objeto de su talento mimético: así, en la plataforma Tarico TV, en YouTube, puede verse a Nelson Castro y a la travesti Electra como inesperados invitados de lujo, quienes no solo se muestran divertidos arriba del escenario, sino que le siguen el juego mordaz. “¿Cuál es tu nombre, querido?”, le dice “Nelson K” al espigado Castro, quien le contesta: “¿Cómo quién soy? Soy vos”. Un intercambio de ironías que, en el caso de la efervescente Electra, desarma todo prejuicio y reivindica la capacidad de reírse de uno mismo, incluso cuando se ha hecho del exhibicionismo feroz un modo de estar en el mundo de la televisión trash.

Lo que viene 

En 2015, Tarico aspira a no dejar de crecer. Amén de su nuevo show ¿Y ahora?, se ilusiona con un programa radial diario conducido por él mismo en el que despliegue toda su paleta de imitaciones (que van de Florencia de la V a Fidel Castro). “También quiero probar suerte en el cine, salir un poco del rol de imitador y desplegar una veta actoral más amplia. Pero no estoy ansioso: soy de dejarme llevar, así que espero que eso también se termine dando”, concluye.  

nueva, todos los domingos con:


El Norte La Capital Nuevo Diario El Día La Gaceta Rio Negro Primera Edición Uno - Mendoza Uno - Entre Ríos Uno - Santa Fe Diario Norte Puntal - Córdoba La Nueva Diario Democracia El Independiente Diario Norte